Tu rastro.

sábado, 4 de mayo de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 10.



|Narra _____|

''Buenos días, pequeño diario. Algo me atormentaba y me he levantado muy temprano. Sé que hace tiempo que no te escribo y antes estaba acostumbrada a hacerlo todos los días, pero te prometo que no volverá a pasar. Aquí estoy. Quizás es ahora cuando más te necesito porque… creo que me estoy empezando a enamorar. Nunca había escrito algo parecido, ¿verdad? Resulta extraño.
Su nombre es Justin. Es un poco más alto que yo, guapo, atractivo, sexy, de piel bronceada y tiene unos ojos color miel que hipnotizan. Por no hablar de sus labios… de vez en cuando se inflan y cogen el color de una roja manzana, de esas a las que pegarías un gran y apetecible mordisco. Va a mi clase (para variar) y tenemos la misma edad. Esa es una de las pocas cosas que tenemos en común. En el momento en que lo vi por primera vez supe que era un imbécil, y mi sexto sentido no me engañó. Lo es, y hasta él mismo es capaz de admitirlo. Empezó sacándome de mis casillas, molestándome, haciendo que perdiera los papeles e incluso le marqué con mi mano en toda su mejilla. ¡En 2 días consiguió todo eso!
Pero luego algo ocurrió. Algo improbable. Algo que no esperaba. Poco a poco se iba colando en mis pensamientos sin avisar y cuando lo tenía cerca algo se accionaba dentro de mí. Me preocupaba, me sigo preocupando. Estas cosas nunca las he sentido, por eso estoy tan confundida. Todavía sigo hablando en presente, si te das cuenta.
Es el típico que va de flor en flor, que se folla (hablando en vulgar) a cualquier chica que lleve una minifalda y gran cantidad de maquillaje. Los sentimientos le dan igual, eso dicen. Es el chico malo de la universidad, resumiendo.Pero es que luego veo su carita y... todo eso desaparece.
¿Te cuento un secreto? Sus besos saben al mejor caramelo que puedas probar. Además tienen algo que los hacen adictivos. Y su sonrisa es increíble, sobretodo cuando se produce contra mis labios. Es algo que no puedo describir. Se está adueñando de mis pensamientos… y no quiero.
Es hora de ir a clase, odio los lunes, ya lo sabes. Me despido de ti hasta mañana.
Pd: tengo ganas de escuchar su voz cerca de mi oído, por muy cursi que suene.''

Cierro el bolígrafo con la tapa y escondo el diario donde siempre. ''Nadie tiene que saber que existes, pequeño'' me digo a mí misma hablando sola. Es mejor eso que decir mis pensamientos en alto a un ser que ni siquiera tiene vida. Me encojo de hombros y reviso mi móvil. Como siempre… no hay nada importante. ¿Alguien pensará en mí alguna vez? ¿Tan rara soy para que la gente ni se atreva a saludarme? Llevo mis pensamientos a un rincón apartado y hueco. Es inevitable sentirme sola, ya estoy acostumbrada.

Mi vista localiza el uniforme que Pattie dejó sobre mi mesita recién limpio. Me visto y por último coloco los zapatos perfectamente encajándolos en mis pies. Esta vez arremango mi falda, dejándola más corta, un palmo más arriba de mis rodillas. Pasito a pasito, con miedo, me  acerco al espejo donde puedo verme reflejada completamente. Noto una punzada en mi vientre. Algo es diferente. Luzco bien. Mis piernas son finas y tienen una bonita forma. Nunca había percibido eso, siempre tenía ese miedo interior de esconder todo de mí.

Estoy sonriendo… no lo puedo creer. Dejo mi mente en blanco y olvido quién soy por un instante. ¿Qué ves? Una chica traviesa con ganas de ver mundo y vivir experiencias únicas. Con edad de despreocuparse de los diminutos problemas que con el paso del tiempo tendrán más importancia. 

Mi melena recogida en un moño despeluchado me hace reír. No combina nada con el polo y la falda de cuadros, por no hablar de los calcetines que me cubren hasta un poco más debajo de las rodillas.

Sonrío avergonzada al espejo por mis propios pensamientos. Realmente no soy tan mala por fuera como creo. Además, Justin no estaría con una chica fea. Espera. De nuevo aparece en mi cabeza, dominando.

Intentando sacarlo de ella me decido a hacer la cama. Extiendo bien las sábanas y puedo notar el olor dulce que desprenden. Coloco todo de manera adecuada y ordenada sintiéndome orgullosa de mí misma. He tenido tiempo para escribir, ordenar la habitación y estar lista. Es raro pues suelo ser la típica que llega a tarde a todos los sitios y esta vez me he sorprendido a mí misma estando preparada antes de hora.

Vuelvo a situarme frente al espejo con valentía y sonrío. Hoy me veo mejor que ayer. No sé a qué se debe, o quizás si… Entonces justo en ese momento alguien golpea mi puerta y percibo su voz un poco ronca.

-¿Justin? –pregunto extrañada a ese ser que se encuentra tras mi puerta.
-Sí, ese soy yo. –dice el estúpido entrando sin pensarlo dos veces. Me observa haciéndome sentir incómoda y arruga su frente. -¿Ya estás vestida?
-No, estoy desnuda. –hago una pausa conteniendo mi risa. -¿No lo ves?
-Quiero decir… esperaba que todavía estuvieras en pijama.
-Me levanté pronto. –elevo los hombros y al segundo los dejo caer. –Eso es todo.
-Muy bien, nena. –susurra.
-¿Qué?
-Que muy bien. –dice rascando su nuca.
-No, lo último.
-No sé qué dije.
-¿Nena? –río y me tapo la boca escondiendo eso que parece ser le encanta de mí.
-Eh, ¿algún problema?
-No, no… Bueno, ¿qué es lo que querías? –muevo mis pies con disimulo impacientemente.
-Darte los buenos días.

Se acerca a mí y mi cuerpo comienza a experimentar esas sensaciones que sólo él sabe producir en él. Se moja los labios y remueve su pelo dejándolo desordenado y de punta. Ayuda, es demasiado irresistible. Coloca las palmas de sus manos haciendo hueco en mis mejillas y deposita un húmedo beso en mi frente. Sonrío inconscientemente ante el hecho. Despega sus labios de mi piel e inclina la cabeza para rozar lentamente su nariz con la mía provocándome innumerables escalofríos.

-Buenos días. –susurro.
-¿Has soñado conmigo, bicho? –percibo su aliento cerca de mí.
-Para tu desgracia… no. –esbozo una sonrisa.
-¿Cómo te atrev… -le corto.
-Shhh… -digo bajito realizando con mi dedo índice un recorrido por sus labios. -¿Sabes qué?
-¿Qué? –abre los ojos atravesándome con su mirada.
-Me gustan tus hinchados labios cuando despiertas.
-A mí… -coloca sus manos en mi cadera aproximándome hacia él. –me gustas tú. A cualquier hora del día.

Mis mejillas comienzan a arder ante sus palabras. Por muy estúpido que sea me encanta y, aunque me cuesta asumirlo, cada vez más. Quiero besarle, es más, estoy desesperándome por tenerle cerca y no poder hacerlo.

-¡Justin! ¡_____! –los gritos de Pattie interrumpen nuestro momento.
-¿Si? –alza la voz Justin apartándose lo más mínimo de mí.
-¡Vais a llegar tarde! –se escucha más cerca.
-Ups. –él presiona sus dientes contra su labio inferior. –Será mejor que me vaya antes de que nos pillen.
-Si no estábamos haciendo nada. –digo confusa.
-Da igual.

Me lanza un guiño antes de cerrar la puerta y dejarme plantada en la habitación.


-----------------------------------------------------------------------------------------


Llegamos por separado a la universidad. Buscando mi taquilla alguien me sorprende por detrás tirando de mi brazo.

-¡Te olvidaste de mí ya!
-¡Vanessa! Pensé en llamarte ayer.
-Deja de mentir y vamos a clase. –sonríe.
-No he mentido. –hago un puchero con mi boca bromeando. –Lo pensé.
-Está bien.

Cojo mis libros y nos dirigimos a la clase de Castellano. Nada más entrar me encuentro a la estúpida de Sarah con su grupito de amigas. Enseguida me lanza puñaladas con su mirada y yo no dudo en poner una expresión de asco ante ella. Todavía recuerdo lo que esa niñata me hizo, y no sé por qué me daba la impresión de que esto no acabaría ahí.

-Espere, yo quería ser la protagonista. –dice una voz que no identifico muy bien. Entonces logro ver a una chica rubia con largas extensiones en el pelo ponerse en pie.
-Sarah, no siempre tienes que serlo, deja la oportunidad a otras personas. –esta vez habla una voz masculina. Empieza a armarse un inmenso jaleo y todos se rebotan. Incluso algunos comienzan a entablar una discusión.
-¡Silencio! –grita el profesor con apariencia de estar cabreado. -_____ será la protagonista, pero hay más papeles que ocupar. A partir de mañana podréis apuntaros.
-Pero, ¡yo no quiero tener un papel secundario! –ataca de nuevo la rubia.
-¿Hace falta que se lo repita? –dice de nuevo un poco más cabreado.

Sarah se dirige hacia a mí con muy mal genio y me da un toque fuerte en el hombro antes de salir de clase. Casi caigo al suelo pero me estabilizo y me quedo sorprendida. 

No puedo evitar mi mal humor después del flashback que vino a mi cabeza. Parece que Vanessa se da cuenta y tira de mi mano arrastrándome hasta mi sitio.

-Eh, ¿qué pasa? –pregunta sentándose sobre la mesa dejando colgar sus largas piernas.
-Nada. –murmuro. –Tan sólo que me acabo de acordar de lo que pasó con Sarah.
-Esa es una zorra. No te preocupes.
-Lo sé, pero… no me gusta la idea de tener que respirar su aire todos los días.
-Ya… verás… a mí me encanta, eh. –carcajea dejando ver sus dientes perfectamente colocados.
-¡Choca! –digo mostrando la palma de mi mano para que junte la suya haciendo un pequeño chasquido.

Aprovecho que Vanessa se distrae tocándose el pelo para escanear la clase con mi mirada. Ni rastro de Justin. ¿Dónde se habrá metido? Al que sí logro diferenciar es a Ryan. Es guapo también. Está charlando con más chicos.

En poco menos de un minuto llega la profesora. Saco el libro, el estuche y una hoja y coloco todo sobre la mesa. Vanessa se sienta a mi lado y realiza los mismos pasos que yo.

-Buenos días.
-Buenos días Señorita Laurent. –responde la mayoría al unísono.

La Señorita tira descaradamente su bolso sobre la silla y tose fuerte para que el silencio se apodere del ambiente.

-Comenzaremos analizando frases como sabemos. ¿Algún voluntario para escribir en la pizarra?
-¡Yo! –se pone en pie un chico con una gorra divertida que deja ver parte de su cabello.
-De acuerdo Chaz. –afirma la Señorita Laurent.

Al escuchar su nombre recuerdo de quién se trata.

-Te pillé. –Vanessa baja de un saltito y apoya sus manos en la cómoda mesa. -Chaz Somers. Ha repetido curso. Le encanta el basket y es uno de los mejores jugadores de la universidad. Va con los populares, pero es diferente a los demás. Dicen que en el fondo es muy sensible.
-¿Y bien? -digo con discreción.
-Te gusta, eh. –me apunta con el lápiz y me separo un poco riendo.
-Es guapo. –admito.
-Tiene su punto. –dice mientras eleva los hombros.

Sale a la pizarra obedeciendo a la profesora y cuando está a punto de escribir algo en ella se escucha crujir la puerta. Todas las personas presentes dirigen la mirada hacia él.

-¿De nuevo tarde, señorito Bieber?
-Como puede observar sí, Laurent.
-¡Señorita Laurent! –reniega ella.
-Como sea. –se encoge de hombros. -¿Puedo pasar?
-Si es educado sí. Pase.

Camina con chulería como él sabe y pasa por mi lado rozando su mano con la mía como si fuera sin querer. El contacto de nuestras pieles hace que un escalofrío erice el poco vello de mis brazos. Sin mirarnos, ambos conectamos rápidamente. Y va y el estúpido se coloca detrás de mí.

-¿Viste cómo Sarah le miró el culo? –susurra Vanessa tan bajito que casi ni la escucho.
-No, ¿lo hizo? –elevo una ceja.
-Sí, y se pasó.
-Jum… -me rasco la barbilla. –pareces molesta.
-No, no. –echa un mechón de pelo tras su oreja. –Es sólo que…
-¿Qué? –pregunto intrigada.
-Olvídalo.

Su palabra resonó en mi mente. Algo en mí me dijo que había algo que me ocultaba, así que decidí dejarlo pasar. Ella tampoco sabe ''nada'' de mi vida. Aunque sospecho que algo pasa… Y me interesa porque tiene que ver con Justin.

Me noto observada, como si mi espalda tuviera ojos y viera que el estúpido no me quita la mirada de encima. Tras unas interminables horas suena el timbre.

|Narra Justin|

Nos sentamos en nuestro rincón del campus. Mis colegas y yo lo dominamos. Saco del bolsillo de mi pantalón el paquete de cigarros. Cojo uno de ellos  y lo prendo antes de colocarlo entre mis labios.

-Mira Ryan. Aprende.

Pego una gran calada, contengo el aire y más tarde dejo escapar el humo con mi boca creando aros perfectos. Todos ríen.

-Ha estado bien. –carcajea Chaz.
-No impresionas tanto, bro. –añade Ryan y sé que por dentro se muere de rabia por no saber hacer lo que yo.
-Sí lo hago. Impresiono a cualquiera y lo sabes. –bromeo.
-Nunca cambiarás, eh. –dice Logan pegando un mordisco a su bocadillo.
-No, nunca. –pego otra calada esta vez más floja.

Me aparto un poco de los chicos y se quedan hablando mientras en pie saco mi móvil para escribir un mensaje.

Para: Bicho.
Hey, ¿dónde te escondes? Quiero verte.

Me desespero al ver que no responde en unos minutos. Pero enseguida mi móvil vibra. Es ella.

De: Bicho.
En cualquier árbol. Soy un bicho ¿recuerdas?

Para: Bicho.
No bromeaba. Quiero verte de verdad. Dime dónde estás o te busco.

De: Bicho.
No hables como si me estuvieras amenazando ;)

Para: Bicho.
No lo hago. ¿Me quieres decir de una maldita vez dónde estás?

De: Bicho.
En uno de los bancos de madera frente al lago.

Para: Bicho.
¿Con quién estás?

De: Bicho.
Con Vanessa.

Para: Bicho.
¿No puedes deshacerte de ella y venir conmigo?

De: Bicho.
Mmm… ¿tanto interés en verme por qué?

Para: Bicho.
Creo que es obvio.

De: Bicho.
Yo creo que no. Al menos yo no entiendo nada.

Para: Bicho.
Deja de hacerte de rogar, bicho. No suelo ir detrás de las chicas, ellas vienen detrás de mí.

De: Bicho.
Bueno… pues vete con las demás chicas.

Para: Bicho.
¿Qué dices? Aunque podría, no somos nada.

De: Bicho.
Verdad.

Para: Bicho.
¿Quieres verme?

De: Bicho.
Sí. ¿Dónde acudo?

Para: Bicho.
A la entrada. ¿Te acuerdas dónde hablamos con el conserje? Pues ahí.

De: Bicho.
Sí. Ya voy.

Para: Bicho.
De acuerdo. Nos vemos.

Guardo el móvil en el bolsillo de mi pantalón y me acerco a los chicos mientras me rasco la parte trasera de la cabeza.

-Voy a por unos apuntes. No me esperéis. –digo a todos en general.
-Mentira. Vas a follar seguro. –ríe Logan.
-Capullo. –bromeo. –Me van a cerrar, me voy.
-¡No olvides usar protección! –escucho a Ryan a lo lejos.
-¡Eso! ¡No queremos mini-Bieber’s! –añade Chaz. Puedo escuchar sus risas.

A mí también se me escapa una risa. A follar dicen… si ellos supieran que eso no es lo que busco ahora mismo se sorprenderían.

Logro ver a _____ apoyada en la pared con los brazos cruzados bajo su pecho. Wow. Esa pose me pone mucho. Me acerco a ella y percibo su nerviosismo.

-Vaya, ¿ya estás contento? –esboza una tierna sonrisa.
-No, todavía no. Sígueme. –le hago un gesto con mi mano para que me acompañe.
-¿Dónde vamos?
-Donde no nos vea nadie.

Se sitúa detrás de mí y caminamos hacia la parte trasera de la universidad durante un silencio un tanto incómodo. No hay nadie, como esperaba. Es una zona totalmente desierta.

-¿Cómo has conseguido huir de Vanessa? –río entre dientes.
-Mentí. Simplemente eso. –fija su mirada en el suelo y luego la centra en mí.
-Chica lista. –digo aproximándome a ella.
-¿No has notado algo diferente en mí? –dice dando una vuelta sobre sí misma.
-Tú entera. –guiño mi ojo para que capte mi broma. –No, no realmente.
-¿Enserio?
-Enserio. –tiro de su mano para quedarnos cerca. –Y no quiero ver algo diferente en ti. ¿Lo entiendes? Me gustas así.

Sé que por dentro se está muriendo de vergüenza. Esconde un mechón de pelo tras su oreja y eso significa que lo está. Estoy empezando a conocer cosas de _____ que ni ella misma conoce. Me asusta por un lado y me agrada por otro. En ningún momento se ha esfumado ese miedo contenido que llevo dentro. Y todavía estoy sorprendido por haberle mostrado una pequeña parte de mis sentimientos hacia ella. Esconde sus labios en su boca presionando fuerte y muerde el inferior haciendo que desate mi locura hacia ella. Acaricio con mi dedo pulgar su barbilla y luego planto un beso ahí. Y otro. Subo poco a poco sin rozar sus labios.

-Para. –dice seca y mi corazón se detiene.
-¿Por qué?
-Porque no quiero ser como las demás. –murmura mientras me pierdo en su mirada.
-No lo eres. –sonrío intentando tranquilizarla.
-Para ti si. –sus ojos cobran un brillo especial.
-¿Quién ha dicho eso? –elevo una ceja.
-Nadie, pero lo sé. –sitúa una mano en mi pecho. –Y tú también lo sabes.
-Te equivocas. ¿De verdad crees que te buscaría cómo lo hago?
-No lo sé…Pero es que para ti todas son iguales.
-Tú no.
-Seguro que a todas las has traído aquí, para follártelas. -me sorprende escuchar esa palabra de su boca. Continúa. -Y no me hace gracia, porque yo no soy así. No soy como un objeto de usar y tirar, ni tampoco soy nadie para satisfacerte, ¿lo entiendes?
-_____. –la expresión de su cara cambia al escuchar su nombre de mi boca. –Confía en mí. –hago una breve pausa. –No te estoy mintiendo.

No espero una respuesta por su parte y capturo sus labios al instante. Al principio se niega pero luego su lengua acepta adentrarse en el juego. Pongo mis manos sobre su cintura y ella alrededor de mi cuello. Subo por su espalda haciendo que nuestros cuerpos se peguen. Sonríe divertida al verse tan cerca de mí. Un nudo se crea en mi estómago ante esto. Me aparto un poco de su boca y justo cuando está a punto de volverme a besar me quedo quieto observando su cara de deseo y sus ojos cerrados esperándome. Su boca tiene una forma de O y sus labios son tan… magníficos. Río al ver cómo abre los ojos y se percata.

-Estúpido. –murmura.
-Así que… -trago saliva. –quieres más besos.

De nuevo no espero una contestación y la beso con unas infinitas ganas. Presiono fuerte mi boca contra la suya casi cortando su respiración y para hacerlo más intensamente coloco mis manos detrás de su cuello acercándola más hacia mí.  Me gusta juntar nuestras lenguas y luchar para ver quién se apodera de quién. Nos pasamos largos segundos compitiendo entre nosotros y a medida que pasa el tiempo comienzo a arder por dentro. Una especie de fuego me calienta y mis manos sudan pero se mantienen fijas en su apetecible cuello.

Decido apartarlas de ahí y dejar ese espacio para mi boca. Sujetándola por la cintura deslizo mis labios rozando su cuello. Desde abajo hacia arriba y repitiendo esto unas dos veces más. Está tensa, sé que le gusta. Es uno de sus puntos débiles y estoy orgulloso de ser el primero en comprobarlo. Beso despacio su piel y deslizo mi lengua desde su cuello hasta su mandíbula.
En ese momento el timbre suena avisando que es hora de volver a clase.

-Maldita sea. –refunfuño bajito.
-Buf. –suspira. –No tengo nada de ganas de…
-Bicho, -la corto. –no me tientes a quedarme más contigo.

Arruga su frente con una expresión que me hace bastante gracia. ¿Por qué me encantas de esa manera? ¿Por qué haces que se detenga todo lo demás? ¿Por qué no dejo de pensarte cuando no estás y cuando te tengo cerca me pongo nervioso? Soy Justin Bieber, nunca me pasa esto. Pero has tenido que llegar tú por alguna razón.

-Vamos, tenemos que volver.

Junto mis labios con los suyos dulcemente. Sin lengua. Sólo acortando la distancia.

-Justin…
-¿Qué?
-¿Qué pasa si nos ven juntos?
-Nada. –sonrío. –Saben que somos ''hermanos''. –enfatizo la última palabra.
-Pero es que no somos ''hermanos''. –eleva su ceja derecha.
-Lo que seamos seguro que todo el mundo habla de ello. Soy Justin Bieber, es lo que hay. –me encojo de hombros.
-Me refiero a… -hace una pausa. –Bueno, déjalo.
-¿A que nos besamos? –pregunto sorprendiéndola.
-Sí. –admite vergonzosa.
-Tranquila, no nos verán.
-Está bien.

Sonríe y noto un pinchazo en mi estómago. Camina traviesa delante de mí siguiendo los pasos  que anteriormente habíamos dado. Me doy cuenta de que lleva la falda más corta y los pensamientos pervertidos parpadean en mi mente. Sus piernas tienen una forma perfecta y delgada. Y yo me pregunto por qué insiste en ir tan tapada en comparación con las demás. No consigo apartar mi mirada de su trasero.

-Oye, bicho. –digo y se gira divertida.
-¿Qué pasa?
 -No recuerdo que te quedara tan bien el uniforme.

Otra sonrisa avergonzada escapa de su boca y da media vuelta siguiendo el camino. De nuevo se hace el silencio y la sigo hasta que llegamos a la entrada de la universidad. Parece que todos han desaparecido. Será un poco tarde. Subimos las escaleras cuando una voz golpea en mis oídos.

-Bieber y Blair, esta vez no os escapáis.

Me muerdo el interior de mi mejilla al reconocerla. La directora. Maldita sea, me olvidé del castigo que nos tenía preparado como nos dijo mamá.

-Saltándoos las reglas de nuevo. –da golpes en el suelo con sus zapatos bastantes pasados de moda. Diría que tienen varios siglos de antigüedad. -¿Creéis que esto son horas de ir a clase?
-Acaba de sonar el timbre. –rechista _____.
-No me lleves la contraria, señorita.
-Ella sólo ha dicho la verdad. –la defiendo. –No ha mentido, acaba de sonar.
-Pues deben tener un retraso porque ya han pasado 10 minutos. –se coloca las gafas más arriba. –De todas formas os recuerdo que tienen un castigo pendiente.

_____ y yo nos miramos a la vez, lo que hace que se me escape una breve risa.

-¿De qué se ríe ahora, señorito Bieber?
-De nada. –murmuro bajo, deseando que se vaya ya.
-Bien. Vamos a mi despacho y os informo.

Nos situamos detrás de ella mientras nos regalamos unas cuantas sonrisas. Me siento bien siendo un rebelde mientras la tengo a mi lado, eso hace que las cosas se relajen. Y por un momento me empiezan a gustar estas sensaciones.

Entramos. Demasiadas visitas hago yo a este despacho.

-Sentaos. –nos ordena la maldita directora.

Así hacemos mientras ella posa su gran culo en su sillón de piel y apoya la espalda en el respaldo.

-Los dos vais a encargaros de que el musical salga a la perfección. –junta sus manos encajando los dedos.
-Bah, eso está hecho. –digo quitándome un peso de encima.
-Vosotros seréis los protagonistas. –sonríe malévolamente.
-¿Qué? –me levanto de la silla.
-Que seréis los protagonistas. –vuelve a sonreír de la misma manera.
-De eso nada. Ella… bien. Pero ¿yo? –digo en alto. –Yo no voy a ser el protagonista de un musical.
-Lo serás, señorito Bieber.
-¡No me llame así! –digo cabreado colocando mis manos en la mesa de madera.
-O acepta o será expulsado de una maldita vez.

Sus palabras recorrieron por mis venas en forma de pinchos. Mi cuello comenzó a cobrar un color rojo intenso. Presioné fuertemente mi mandíbula. La rabia se estaba acumulando en mi interior y necesitaba descargarla contra alguien. Y ese alguien era la zorra de la directora. Pero no podía hacer nada delante de _____. Tampoco podía permitir que me expulsaran de la universidad, mamá se decepcionaría bastante conmigo y no quería que eso sucediera. Pero me costaba contradecirme a mí mismo.

-Justin…

_____ se percata y trata de empujarme delicadamente hacia la silla. Me siento y dirijo mi mirada a ella apretando mis puños, dejando mis nudillos completamente blancos a causa de la fuerza.

-No te dejes llevar por los impulsos… -susurra bajito. –Cálmate, no pasa nada.

Sus palabras acarician mi oído en forma de melodía. De nuevo consigue calmarme con esos ojos marrones y hace que me relaje aunque sea un poco. Está bien, lo haré por ella.


RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.



1 comentario: