Tu rastro.

sábado, 26 de enero de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 4.



|Narra _____|

''Querido diario. Gracias por ser mi mejor amigo, por aceptarme, por permitir que me exprese lo mejor que puedo sin tener que darle explicaciones a nadie. Tú me entiendes. ¿Sabes? Hay veces en las que quisiera desaparecer de este mundo, pero luego me paro a pensar en las cosas que me quedan por hacer y retiro mis pensamientos a un lugar oscuro de mi mente. Quiero subir a lo alto de la Torre Eiffel y notar la ciudad bajo mis pies, quiero emborracharme en la playa, despertar con la persona que quiera estar a mi lado y ver amaneceres juntos, bailar un vals empapada mientras llueva, sentir mariposas revoloteando por mi estómago al tenerle cerca, fotografiar cada rincón del mundo. Necesito que alguien me haga creer en los sueños. ¿Dónde estás? ¿Dónde te escondes? Una vez alguien me dijo que hay ocasiones en las que tienes tan cerca algo que te cuesta verlo. Nunca le di importancia a mis complejos, lo sabes, pero por eso me pregunto día a día ‘¿Por qué nadie me acepta tal y como soy?’. Hoy especialmente te escribo porque me ha sorprendido algo, mi profesor me ha escogido para ser la protagonista del musical de la universidad. ¡Es la primera vez que alguien hace una cosa así por mí! Si dijera que no estoy emocionada me crecería la nariz al mentir como a ese tal Pinocho. Sólo que existe una gran diferencia, él está hecho de madera y yo soy puro sentimiento en cada centímetro de mi piel. Me tengo que despedir, papá me llama desde abajo para que vaya a cenar. Te quiero, pues, si tú no me escucharas, ¿quién lo haría? ¡Hasta mañana!''

Clic. Cierro el bolígrafo y lo guardo en mi estuche que está a punto de estallar. Me gusta tenerlo lleno de rotuladores de diferentes colores y formas. Aspiro. El olor a pizza llega hasta los orificios de mi nariz provocándome aún más hambre. Agacho mi cabeza y me doy cuenta de que todavía voy en ropa interior. Acabo de salir de la ducha y mi cabello permanece un poco mojado. Aplico crema corporal por cada poro de mi piel y a continuación me hecho colonia. Una de las pocas maneras de sentirme libre. Fresca. Sana. Recojo la ropa que hay tirada por mi habitación y la clasifico donde corresponde. Ante todo soy ordenada. Odio ver las cosas donde no toca, por eso, mamá debería estar aquí con nosotros. Siento una punzada en mi interior y retomo lo que estaba haciendo. Será mejor. Rebusco bajo la almohada para ponerme el pijama. Sí, ahí lo guardo. Manías, supongo. Me coloco frente al espejo del baño, lavo mi cara despejando mis pensamientos y después la seco con la toalla.

-¡_____, te estamos esperando! –otro aviso desde lo más profundo de la garganta de papá.

Bajo las escaleras al compás y lo más rápido que  puedo. Incluso se me cae una de las zapatillas por el camino. Los veo ahí, a los tres sentados esperándome. La primera cena ''familiar''.

-Por fin. –murmura Justin que me mira detenidamente.
-Lo siento. –toso con fuerza adrede. –No puedo hacer mil cosas a la vez.
-No lo jures. –ríe él.

También lleva puesto un pijama gracioso. Nunca pensé que al chico malo le gustarían los pantalones de Super Mario Bros. Lo conjunta con una camiseta básica blanca. Vaya. Sé que en realidad esconde algo. Tiene una parte misteriosa que me inquieta. Me siento frente a él. Pattie me sirve un vaso de agua y se lo agradezco con un tímido ''gracias''. Bebo despacio. En realidad estaba sedienta. No me gusta el gas y además no bebo alcohol. Ni tan siquiera lo he probado. Como dije, una adolescente de 17 años que no se emborracha no se ve todos los días. Soy una especie en extinción.

Están callados y me incomoda ese silencio. Apenas tres palabras se cruzan en la mesa desde que me he sentado. Limpio mi boca con la servilleta que tengo a la izquierda de mi plato. Ese que no he usado, por cierto.  ¿Desde cuándo la pizza lo necesita? Dos bocados y acabo. Recojo lo que puedo con ayuda de Pattie.

-¿Puedes colocar los vasos en el lavavajillas?
-Por supuesto.

Papá y Justin parecen haber escapado de la cocina. Observo cómo Pattie se quita un curioso delantal color rojizo y enciende una pequeña radio situada al lado del microondas.

-Nunca viene mal un poco de música para relajarse. –me dice mostrando sus dientes en una curvada sonrisa. -¿Qué sueles escuchar?
-Pop. Sobretodo pop. ¿Y  usted? –maldigo a mi conciencia. _____, ¿qué haces? Sabes que a las mujeres no nos gusta que nos traten de ‘’usted’’.
-Oh, discúlpame. Háblame como… -su expresión se vuelve algo triste. Lo noto. –Como si fuera una amiga, _____.
-Lo siento, no pretendía…
-Tranquila. –se acerca a mí a un paso lento. –Sé que no puedo actuar contigo como tu madre, pero si lo deseas, me meto en el papel.

Mis ojos comienzan a cobrar el típico brillo que cuando están a punto de derramar agua. Me muerdo en labio inferior para evitar romper a llorar. Mamá, sigues estando tan presente en mi vida como el primer día…

-Muchas gracias.

Son las únicas palabras que salen de mi boca en ese momento. Pattie me acaricia la mejilla y echa hacia atrás de mi oreja un mechón de pelo. Le agradezco el gesto con una sonrisa fingida y rota.

Una hora más tarde me encuentro tirada en la cama. Mi iPod a todo volumen hace que me relaje y crea un mar de pensamientos dentro de mi cabeza. Por supuesto, me decido a navegar en ellos. Cierro los ojos y me adentro en ese viaje.

Batería baja. Momentos como este son odiosos. Desconecto los auriculares y los pongo en la mesita de noche. Seco con la punta de los dedos algunas pequeñas lágrimas que asoman por mi rostro. De repente escucho algo golpear suavemente el ventanal de la habitación y me levanto con curiosidad para ver de qué se trata. Abro decidida y una corriente de aire choca bruscamente contra mí revolviendo mi pelo y dejándolo como si acabara de pelearme con un gato callejero. La puerta se cierra fuertemente ante el impacto causando un estruendo. Cierro rápidamente el ventanal y me dirijo a comprobar si se habrá roto algo cuando lo encuentro frente a mí.

-¿Qué ha sido ese ruido? –me pregunta un Justin con los ojos entrecerrados y el pelo revuelto mientras desliza su mano por él. 

Noto una pequeña explosión en mi entrepierna y me odio a mí misma. Así está malditamente bueno. _____, mira hacia el suelo. Clava tu mirada ahí. No lo mires. Stop. Mis hormonas se revolucionan en un abrir y cerrar de ojos, ¿a qué se debe esta reacción?

-¿Contestas? –vaya, me he quedado embobada y de nuevo me pregunta levantando una ceja.
-El… el aire. –tartamudeo nerviosa. Qué hago, interrogo a mi mente la cual no encuentra una respuesta. –Ha sido el aire.
-Pues me has despertado. –dice como si le debiera algo.
-¿Y?
-¿Te gusta que te despierten?
-No. Bueno… adiós.

Me incomoda un poco la situación y le empujo con delicadeza hacia fuera, pero no se mueve ni un centímetro. Sus pies están clavados en el suelo. Me mira desafiante y noto un pinchazo en mi interior. Parece que mi cuerpo me esté advirtiendo de algo.

-Bieber.
-Blair.
-¿No vas a salir?
-No, me quedo aquí un rato. Ahora te toca aguantarme, sino haberte pensado eso de hacer ruido.
-Ni que lo hubiera hecho con mala intención… -digo bajito.

Cierra la puerta despacio y se toma la mayor confianza del mundo para sentarse sobre mi cama. Le observo con una expresión curiosa y tiro mi pelo hacia atrás. Me doy cuenta de que he dejado mi diario sobre el escritorio y lo aparto de allí rápidamente para meterlo en el primer cajón que localiza mi vista.

-¿Qué es eso?
-Ah, nada…
-Creía que ''la nada'' era invisible, y he visto algo.
-Unos apuntes de Historia. –humidifico mis labios en un rápido segundo. –Por cierto, ¿no asistes a clase? Eres un auténtico chico malo. –escupo la última palabra.
-Tú eres un bicho raro. Eso es peor. –alza la vista y vuelve a centrarla en la pantalla de su iPhone. –Mañana me tienes en tu misma clase, por desgracia.
-Si al final acabarás enamorándote de mí. –digo en un tono burlesco.

Lanza una carcajada y me mira de nuevo con esos ojos de lince. Algo tiene esa mirada que no logro descifrar. Pero sigue siendo un auténtico capullo.

-Tu cama es más cómoda, me quedo aquí. –y se tumba boca abajo escondiendo su cabeza entre los brazos.
-¿Qué? No. –respondo inmediatamente. Vale, yo soy la ''nueva'' aquí, pero no me va a echar de la que ahora es mi habitación. –Sal de ahí, que luego tendré que dormir con tus huellas en mis sábanas.

Escucho su dulce risa. ¿Dulce? Sí, es extraño. Como yo, vaya. ¿Por qué hablo de esta manera sobre él si es un gilipollas inmaduro? ¿Ahora qué hago? Me aproximo  y me planto de rodillas ante el individuo que se ha colado en mi cama. Le doy un golpecito en el brazo a la vez que rebotan pensamientos en mi cabeza que no lograría calificar. Gira su cara para clavar su mirada en mí y me incomoda el hecho de estar tan cerca de él, por lo que decido alejarme un par de centímetros. Eleva la ceja y entrecierra los ojos.

-Desde aquí pareces menos bicho. –dice y muerde su labio. Una acción que provoca un yo que sé en mí.
-Desde cualquier perspectiva pareces un niñato. –sonrío divertida.
-Vaya piropo. –exclama irónicamente. –Dame tu número de móvil.
-¿Para qué?
-Dámelo.

Cojo un bolígrafo del primer color que pillo, morado, y le tomo la mano para apuntárselo allí. El contacto de su piel con la mía crea que un escalofrío recorra por mi médula espinal.

-Es mi color favorito. –me siento a su lado.
-¿De verdad? –parece sorprendido.
-Claro.
-También es el mío. –se levanta y eleva sus brazos estirándose después de lanzar un largo bostezo. –Ya tenemos una cosa en común, Blair.
-La única, afortunadamente.

Me mira desafiante y me inquieta.

-Tengo sueño. –dice mientras camina lento y  arrastrando los pies en dirección a su habitación.
-¿Buenas noches? –elevo una ceja. Maleducado.
-Sueña conmigo. –está de espaldas, pero se gira. –Por cierto, bonito pijama, Blair.
-Gracias. –me decanto a decir en un tono borde.


----------------------------------------------------


Alguien me tambalea por los hombros mientras escucho su voz de recién levantado. Tengo las manos bajo mi mejilla derecha y no las quiero despegar de ahí.

-_____, despierta. En 5 minutos tenemos que estar en la universidad. Vamos.

En un segundo pego un salto rápidamente y la primera imagen que capto de buena mañana es su cara.

-¡5 minutos! –vuelve a repetir.
-No me grites ya a estas horas. –mi voz suena un poco ronca. -¡Y salte de aquí que me vista!
-De acuerdo. Te espero bajo. No tardes.

Me desvisto a toda ostia y me coloco el uniforme que se encuentra colgado recién planchado en la silla. Con complejo de coche Ferrari voy hacia el cuarto de baño para peinarme el cabello pero me acabo decantando por una coleta. Sonrío al espejo. Papá siempre me ha dicho que tengo una sonrisa preciosa. Llevé aparato de dientes, y es hora de mostrarla. Cargo la mochila en mi espalda mientras bajo las escaleras. Doy un saltito en el último escalón y debido a esto casi beso el suelo. Corro hacia afuera donde me espera Justin montado en su moto.

-2 minutos, me has sorprendido. –se coloca el casco y me tiende otro para mí.
-¿Me vas a llevar tú? –pregunto todavía adormilada rascándome el ojo izquierdo.
-Sí, ¿algún problema?
-Tu compañía, pero casi nada. –bromeo.
-Otra cosa más que tenemos en común, no nos soportamos.

Coloca las llaves y el motor comienza a escucharse fuertemente. Subo apoyando mis manos en su cintura y logro contemplar su sonrisa a través del retrovisor.

-Sujétate bien, porque llegamos tarde. No quiero más problemas. –parece duro. -Y ponte el casco.
-Vale. -lo coloco en mi cabeza obedeciéndole.
-Ahora agárrate a mí. 
-¿Me vas a obligar?
-Si no quieres matarte, agárrate.



RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.





jueves, 17 de enero de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 3.



|Narra _____|

Me muerdo las uñas debido a los nervios que recorren mi interior y coloco la mochila sobre mis piernas dejando un hueco libre en el asiento de al lado. Saco del bolsillo más pequeño una caja de chicles y a continuación introduzco uno de menta en mi boca. Mastico discretamente mientras intento perderme en la música que desprenden mis cascos, pero no puedo dejar de pensar en lo que me espera, la universidad. No quiero dar una imagen que no muestre quien soy, pero tampoco quiero ser la rechazada por su propia personalidad. El cielo está completamente azul y no hay apenas nubes. Sin duda, hace un buen día. Espero que el tiempo acompañe a mi estado de ánimo, pues siempre suele fallar.

-Perdona, ¿puedo sentarme aquí? –me interrumpe una chica con una alta y larga coleta.
-Claro. –le sonrío.
-¿Eres nueva? –me pregunta.
-Sí, acabo de mudarme.
-Oh, pues encantada.
-Igualmente, ¿cómo te llamas?
-Vanessa, ¿y tú?
-_____. Bonito nombre.
-¿No conoces a nadie aquí?

 ¿De verdad está mostrando interés hacia mí? Resulta muy extraño. Me acomodo un poco en el asiento y resoplo.

-No. –hago una pequeña pausa tragando saliva. –Sólo a un estúpido, pero eso no cuenta.
-Entonces es fácil que lo conozca, ¿cuál es su nombre? –me pregunta intrigada mientras con su mano en la barbilla pone cara de pensativa.
-Justin. Justin Bieber.
-¿Justin? –eleva la voz y los de delante se giran. Creo que le ha escuchado todo el mundo.
-Shhhhh. –le hago un gesto para que baje la voz. -Sí, seguro que tiene el récord de los estúpidos.

Nos quedamos en silencio el resto del trayecto, unos diez minutos. El autobús se detiene poco a poco y me detengo a observar por la ventana. Parece ser que hemos llegado. Si lo que ven mis ojos es la universidad, es gigante.  Me recuerda a un museo que visité cuando era pequeña, tiene una estructura muy similar. Qué momentos aquellos en los que se podría decir que era feliz.

-¿Es eso?
-Sí. Es bonita, ¿verdad?

Afirmo con la cabeza. Me levanto situando la mochila tras mi espalda y me bajo un poco más la falda hasta la altura de mis rodillas. No me gusta nada este uniforme, me siento incómoda. Salimos poco a poco mientras se amontona la gente en el pequeño pasillo. Contemplo caras de cansancio, de pocas ganas, incluso se me escapa algún que otro bostezo debido a esto. Un chico de casi dos metros se coloca enfrente mía y no logro ver nada. Entonces Vanessa me coge de la mano y por fin salimos fuera de ahí.

-Gracias. Comenzaba a agobiarme.

Le sonrío y me devuelve la sonrisa. Me guía hacia dentro mientras observo los grupitos de niñas pijas que se van formando. Unas se miran las uñas e incluso se las liman en conjunto, otras cuchichean cosas que parecen ser interesantes y otras tan sólo se dedican a hacer un escáner con la vista a los chicos que se les pasan por delante. Vamos a donde se encuentran las listas con las clases indicadas. Tendré que estar por aquí. Persigo con mi dedo índice el recorrido de cada letra. Busco mi nombre, pero no lo encuentro por ningún lado. Volteo para ver si alguien se ha percatado de que ando perdida y ¡ajá! _____ Blair. Aquí estoy.

-¿Y bien? –me pregunta con los brazos en jarra.
-Modalidad B. –respondo insegura.
-¿Sí? ¡Aw, _____ que vamos juntas! –dice Vanessa entusiasmada. -¡Vamos!

Otra vez tira de mí y corriendo entre risas llegamos a la clase.

-Siento informarte de que toca ahora historia.

Abre la puerta y mis nervios comienzan a fluir aunque intento disimularlo lo mejor que puedo. Todos se quedan en silencio y me miran como si fuera lo más extraño que habían visto en sus vidas. Sí, soy nueva, ¿algún problema? Pero quitarme la mirada de encima. Visualizo un sitio y camino rápido hacia la última fila. Vanessa se queda hablando un instante con algunas compañeras y al rato se sienta sobre mi mesa balanceando sus pies. Comienzan a entrar chicos, chicos guapos, para qué mentir, pero el profesor todavía no ha aparecido.

-Te pillé. –baja de un saltito y apoya sus manos en la cómoda mesa. -Chaz Somers. Ha repetido curso. Le encanta el basket y es uno de los mejores jugadores de la universidad. Va con los populares, pero es diferente a los demás. Dicen que en el fondo es muy sensible.
-¿Y bien? -digo con discreción.
-Te gusta, eh. –me apunta con el lápiz y me separo un poco riendo.
-Es guapo. –admito.
-Tiene su punto. –dice mientras eleva los hombros.

‘Señoritos y señoritas, todos a sus respectivos sitios’. Se escuchan las palabras del profesor, un señor de estatura mediana con un bigote blanco y poco pelo, acompañado de unas palmas. Al segundo todos obedecen. Preparo el estuche junto con varios folios y me dispongo a atenderle cuando se acerca hacia a mí.

-Preséntese. Venga, póngase en pie.
-¿Yo?
-Sí, usted.

Vaya, me habla a mí. Un escalofrío hace un recorrido por mi cuerpo y me levanto despacio ante la mirada de todos mis nuevos compañeros. Algunas risas me desconciertan, pero me coloco frente a la pizarra y bajo de nuevo un poco más mi falda, no me gusta enseñar mis piernas. A continuación me arremango el suéter de lana tras echar para atrás mi melena. Aclaro mi voz. Nervios. Miedo. Un nudo en el estómago.

-Hola a todos. Me llamo _____, _____ Blair. –miro a la nada y un cúmulo de palabras se atrofian en mi mente. –¿Qué digo? La verdad es que no conozco a nadie ni tengo amigos, pero me gustaría crear amistades y tener un buen ambiente entre todos. -silencio. -Soy muy torpe para estas cosas, no sé continuar…
-Señorita Blair, ¿podría decirnos cuáles son sus aficiones?  
-Adoro la fotografía y la edición.
-¿Le gusta actuar?
-Nunca lo he hecho, pero me encantaría.
-¿Y cantar? Su padre me dijo que lo hacía bien.
-Sí, pero… no frente un público.
-Está bien. Le voy a plantear una cosa, -ante esta frase todos prestan la máxima atención. –nuestro centro va a realizar un musical y yo soy el encargado de organizar todo para que salga lo más perfecto posible. Competiremos contra otras universidades y la ganadora tendrá premio. Nada más ni nada menos que cuatro becas para estudiar en la mejor universidad de Londres con residencia incluida. He visto algo en usted, señorita Blair. Tiene el perfil apropiado para ser la protagonista, es lo que necesitamos. Dígame, ¿aceptaría?

Me quedo en blanco unos largos segundos y no reacciono. ¿A mí? ¿Me están proponiendo algo a mí? Me falta el aire y aspiro antes de asimilar las cosas. Mis piernas se enfrentan a pequeños temblores. _____, relaja.

-Está bien. Acepto. –digo con claridad.
-¡Perfecto! –exclama él.

Me siento un poco más calmada. De nuevo se produce un largo silencio que alguien se encarga de romper.

-Espere, yo quería ser la protagonista. –dice una voz que no identifico muy bien. Entonces logro ver a una chica rubia con largas extensiones en el pelo ponerse en pie.
-Sarah, no siempre tienes que serlo, deja la oportunidad a otras personas. –esta vez habla una voz masculina. Empieza a armarse un inmenso jaleo y todos se revotan. Incluso algunos comienzan a entablar una discusión.
-¡Silencio! –grita el profesor con apariencia de estar cabreado. -_____ será la protagonista, pero hay más papeles que ocupar. A partir de mañana podréis apuntaros.
-Pero, ¡yo no quiero tener un papel secundario! –ataca de nuevo la rubia.
-¿Hace falta que se lo repita? –dice de nuevo un poco más cabreado.

Sarah se dirige hacia a mí con muy mal genio y me da un toque fuerte en el hombro antes de salir de clase. Casi caigo al suelo pero me estabilizo y me quedo sorprendida. Unos chillan ante la escena mientras otros piden pelea. Qué equivocados están, no me conocen, no entraré en su juego. Vanessa viene corriendo preocupada.

-¿_____ estás bien? 
-Sí, sí. No te preocupes.
-Ella es así, ya te acostumbrarás. Te lo dice una de sus enemigas.
-¿Eres su enemiga? –río tontamente.
-Se podría decir que sí. Me odia.
-¿Pero le hiciste algo?
-No, nada. –coge su teléfono móvil que suena con una melodía bastante movida y se lo coloca en la oreja. Miro al suelo mientras habla apenas unos segundos. –Me tengo que ir, he quedado. –Me da un beso en la mejilla y se aleja sonriente. -¡Hasta mañana! Ah, y suerte con Física.

|Narra Justin|

Apoyado en la pared me desabrocho la chaqueta y la lanzo a mi moto como si de un trapo se tratara. El efecto de la gravedad casi hace que caiga al suelo, pero se muestra a mi favor. Me quedo en manga corta mostrando mis brazos cada vez más musculados. Esta camiseta me queda realmente bien y si fuera una tía, me follaría. Tengo un poder de seducción increíble. Saco del bolsillo de mi pantalón un cigarro para que se me haga más amena la espera y lo enciendo.

Pasa frente a mí una pareja de unos 30 años. El chico acaricia la enorme barriga de la que parece ser su mujer. Ella me mira con una cara extraña mientras doy una calada. Hay veces en las que desearía que mi vida diera un giro de 360 grados, pero sé que sólo no puedo. Ni tampoco quiero en estos momentos. Soy joven, tengo un físico que muchos envidian, y no me falta el dinero. Aunque me vendría bien una lección de vez en cuando.

Por fin baja los escalones de ese lugar que tanto odio. Debería estar ahí dentro atendiendo en las clases como un chico ''normal'', pero no me va ese rollo. Tiro la colilla al suelo y la apago con la suela de mi supra. Viene corriendo hacia mí con una sonrisa dibujada en la cara y pega un salto  para acabar enrollando sus piernas en mi cintura. La cojo lo más rápido que puedo y le transmito un poco de mi saliva en ese largo beso. A continuación y sin soltar palabra subimos a mi moto. Le presto mi casco y se agarra a mí al escuchar el motor. Arranco.
El mismo destino de siempre. Un lugar abandonado, donde nadie nos pueda ver. Hora de divertirse. Freno bruscamente para que nuestros cuerpos se peguen más en un pequeño choque entre sus pechos y mi espalda.

-Todavía no me has dado los buenos días. –susurra en mi oído. Bajo en un segundo y la agarro en brazos.
-Buenos días, sexy.
-¿Sabes? He conocido a una amiguita tuya.
-¿Una amiguita?
-Sí. _____ es muy maja.
-¿_____? Estás bromeando, ¿verdad?
-No, me dijo que te conocía, aunque creo que no le caes muy bien.
-Entonces el sentimiento es mutuo.
-Parece buena persona.
-No lo sé, sólo sé que aquí la que está buena eres tú.

Entonces aprieto su trasero y empiezo a calentarme. Mucho.

-Espera, una última cosa.
-Vanessa, dime rápido, no puedo esperar.
-Va a nuestra clase, y…

Le corto con un beso. No más palabras. Y menos que se refieran a ese bicho. Acción. Me mira provocadora mientras se desabrocha uno a uno los botones de su blusa. Me desprendo de mis pantalones y le muerdo los labios. Empieza el juego.  Meto mi mano por dentro de su corta falda y realizo un recorrido con mis dedos en sus partes íntimas. Me pone a mil por hora que me bese el cuello mientras le hago maravillas. Justin vuelve de nuevo a la carga. ¿Preparada? Queda menos para hacerte gritar de placer. 



RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.




lunes, 7 de enero de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 2.



Comienza un nuevo día. _____ ha pasado la primera noche en su nuevo hogar. Se levanta sobresaltada de la cama, pues acaba de tener una pesadilla. Además, de las peores. No empieza con buen pie, pero se le escapa una sonrisa traviesa al pensar en las cosas que tiene que hacer hoy. Por la noche escribió una lista de planes que realizar. Es una persona indecisa pero cuando quiere tiene las cosas claras y bien asentadas en la cabeza. Baja de la litera por la escalerita que le parece tan graciosa. Cree que todo está diseñado a su gusto, como si fuera la protagonista de algún cuento de princesas de esos que le contaba su madre para dormir. Camina descalza hacia el cuarto de baño, se desnuda, y se adentra en la ducha. Se deja empapar por el agua caliente mientras se enjabona y realiza algunos pasos de baile. También canta, a pesar de que no se logra escuchar ni ella misma ya que tiene puesta la radio a todo volumen. Es su momento de liberarse y desconectar. Pensamientos un tanto rebeldes andan perdidos por su mente. Sale y se seca con la toalla rosa que tanto le gusta. La otra, de un color más oscuro, la enrolla en su pelo. Una canción más lenta y triste. Se mira al espejo. Odia lo que ve reflejado ahí. No quiere hacerlo. Siente impotencia una vez más. Rompe a llorar. Quiere sentirse segura con ella misma, quiere quererse, pero lo ve tan imposible como tocar la Luna con la punta de los dedos. El cristal está empañado de vaho y dibuja un corazón en él. Amor. Todo lo que necesita. Pero ella no lo quiere saber. Está acostumbrada al fracaso y teme entrar en ese juego. Se seca las lágrimas con el puño de sus manos y sale corriendo hacia el pasillo directa a su habitación. No se hace todavía la idea de que vivirá ahí. Abre el armario y coge la primera camiseta que pilla. Pantalones de chándal anchos y deportivas. Cómoda, pero no lo suficiente. Carga con su réflex colgando del cuello decidida a perderse entre los alrededores de la inmensa urbanización.

|Narra Justin|

No hay nadie en casa. ¿Dónde se han metido? Me doy una ducha rápida y bajo corriendo a desayunar. Abro la nevera y cojo un zumo que voy bebiendo sujetándolo con  una mano mientras con la otra me peino. Abro el grifo y mojo un poco más mi pelo. Listo. Irresistible. Saco el móvil de mi bolsillo y reviso mi agenda. Me detengo en la letra V. Vanessa. Linda. Muy linda.

''Preciosa, ¿mañana nos pelamos química? Creo que lo haremos mejor tú y yo. Solos.''

Me muerdo los labios y los mojo con mi lengua. Me pongo el casco, subo a mi moto y tomo dirección al parque de los pinos. Allí nos solemos reunir todos. En unos pocos minutos me encuentro allí. Aparco y voy hacia ellos.

-¿Qué pasa, bro? –digo saludando a Ryan con un choque de manos, y luego un golpecito en la espalda.
-Te estábamos esperando.

Da una calada a su cigarro y me lo pasa. Saludo a los demás. Me siento a su lado y tiro el humo de mi boca mientras todos me miran.

-¿Ya has conocido a tu nueva hermana? –me pregunta Chaz desde una esquina del banco donde estamos sentados.
-Sí, tío. No me lo recuerdes.
-¿Por qué? ¿No está buena?

Me entra algo parecido a un ataque de risa. Ryan incluso se preocupa y me da toques en la espalda para que pare.

-Ya, ya. -toso un poco. –No, no está buena, y parece ser muy rarita.
-¿Rarita?
-Sí, no habla normal. Dice palabras extrañas.
-Pues yo quiero verla.
-Y yo.
-¡Yo también! –se suman todos a la idea espontanea.
-Eh, frenar. No sabéis lo que decís. Es… -digo con una expresión graciosa.
-Descríbenosla.
-Es como un bicho de monte. Viste con ropa ancha y de colores feos. ¡Seguro que ni le gusta el morado!
-¿Bicho de monte? –carcajea Ryan.
-Yo puedo enseñarle un poco de estilismo. Seguro que no le viene nada mal. –añade Cloe.

Cloe es mi mejor amiga. Estuvimos liados hace un par de años y es que es la típica chica rubia que llama la atención con su espectacular cuerpo. Tiene unas curvas increíbles y si no fuera porque mantengo una amistad muy especial con ella, quizás me atrevería a hacerla volar de nuevo. Bueno, eso junto con que su novio me partiría la cara. Le encanta la moda y sueña con tener sus propios diseños. Seguro que algún día lo consigue. Es una buena chica, y buena estudiante también. En realidad, es la única que estudia del grupo. Los demás paseamos los libros por la universidad y al llegar a casa dejamos la mochila abandonada en cualquier rincón.

Se escucha el ruido de un motor. Va montada en su Vespa rosa. Baja de la moto y se quita el casco delicadamente. Contemplo sus lindas piernas mientras se acerca de una manera que pondría a mil por hora a cualquier tío. Todos se quedan expectantes. Se para a unos cuatro centímetros de distancia de mí y se moja los labios.

-Hola, nena.
-Hola, Bieber.

No le quito la mirada de encima y tira de mi brazo sin decir nada más. Escucho murmullos entre las chicas. Me lleva a la parte trasera donde hay una pequeña fuente y césped ideado para tumbarse sobre él. La agarro por la cintura y le planto un beso en la boca. Enrolla sus brazos en mi cuello y me da un pequeño mordisquito en el labio inferior. Otro beso. Me empuja y se pone encima de mí mientras ríe divertida. Mis manos van hacia su trasero y ella devora mi cuello como si se tratara de su helado favorito.

-No deberías, ¿sabes?
 -Empezaste tú.
-Me provocaste, Sarah.
-Es inevitable. Del  1 al 10 me vuelves loca un 20.
-Shhhh. –la silencio situando mi dedo índice contra su boca.
-Pero te necesito.
-No somos nada, aunque me encantas.

Siempre acabamos sacando el mismo tema. No quiere que ande con otras chicas, es demasiado posesiva y no soy ni su novio. Novio. Esa palabra ya me produce escalofríos. Si yo sólo quiero divertirme, ser libre. Me canso de estar con la misma. A veces resulta hasta agobiante. Me giro y ahora soy yo quien se pone sobre ella. Le atrapo con mi cuerpo presionándola y le deposito un húmedo beso bajo el cuello.

|Narra _____|

Este lugar es precioso. Desde esta perspectiva puedo captar las más bonitas fotografías del paisaje. El Sol me pega en la cara y molesta lo suficiente a pesar de que los árboles me protegen un poco de los rayos. Reviso mi cámara. Vaya, 130 fotos en el poco tiempo que llevo paseando por aquí. Visualizo un caminito de piedras que parece llegar a un sitio lo suficientemente interesante como para captar mi atención. Lo sigo mientras no pierdo detalle de la naturaleza que me rodea. Escucho el canto de los pájaros y me paro un segundo para perderme en ese sonido que me transmite tanta paz. Creo que más de una vez me escaparé aquí para inspirarme y desconectar de todo. Echo un mechón de mi pelo atrás de mi oreja y paso la lengua por mis labios para humidificarlos. Continúo en mi pequeño viaje y a lo lejos logro diferenciar una especie de parque rodeado de altos pinos. Aspiro el aroma puro que desprenden. Me siento en un tronco de un árbol que parece haber sido cortado para eso. Las risas de unos adolescentes me interrumpen los pensamientos. Ahí los veo. Jugando. Besándose. Pasando el tiempo. El chico le hace cosquillas y ella le susurra algo al oído. A continuación es ella quien se aleja y le ayuda a levantarse. Una vez en pie se dan un tierno beso. Siento un pinchazo en mi interior, creo que se llama envidia. ¿Cuándo viviré yo algo así?
Foto. Clic. Nada mejor para deprimirme que captar imágenes perfectas de enamorados. Conecto los auriculares a mi móvil y pongo una de mis canciones favoritas. Despejo mi mente. Otra instantánea. Vaya. Centro un poco el objetivo. Un poco de zoom. Y otra. Magnífica. Observo esta última y me sorprendo. Acerco más. Logro diferenciar su rostro. ¿Ese es Justin? Miro a mi frente y puedo afirmar que es él. Nunca llegaría a pensar que un idiota llegaría a tratar tan bien a una chica.

Más tarde llego a casa y deposito la funda con la cámara en el recibidor. Cierro la puerta.

-¿Hay alguien?

Pregunto alto para ver si me escuchan, pero nadie responde. Qué raro. Es la hora de comer y mi estómago ruge pidiendo algo de comida. Voy a la cocina decidida y abro la nevera. Cojo algo para calentar, lo introduzco en el microondas y a los 5 minutos está listo. Preparo la mesa para mí sola. Entonces escucho el sonido de las llaves y los pasos de una persona acercándose a mí. Se apoya en el marco de la puerta con toda la prepotencia.

-¿No está mi madre?
-No, Justin.

Voltea la mesa y me mira.

-¿Hay algo de comer?
-Bueno… en realidad no.

Abre la despensa indeciso y al fin acaba por hacerse un sándwich. Me sorprende este chico. Se sienta justo en frente de mí y enciende la televisión.

-Antes te he visto. –le comento.
-¿Dónde?
-No lo sé, pero estabas con una chica. ¿Es tu novia, verdad?
-¿Novia? –ríe y a continuación pega un trago de agua. –Yo no tengo de eso.
-¿No? Parecíais muy felices.
-No, vaya, se nota que no me conoces.
-No me extraña. Sabía que no eras de esos chicos.
-¿A qué te refieres?
-Vale. Déjame adivinar…
-Te dejo.
-Eres el típico chico rompecorazones que se lía con mil y una chicas sin importarle los sentimientos.
-Creo que acertaste. –pone cara de circunstancia.
-Sabía que serías así.
-¿Y tú? ¿Algún amor por ahí o estás empezando a volverte loca por mí?

Creo que se está riendo en mi cara. Retiro lo de ‘creo’. Lo está haciendo.

-Lo siento, no suelen gustarme los chulitos como tú.
-Pues algún día cambiarán todas esas expectativas. Ya lo verás. –eleva sus cejas y se levanta recogiendo su plato junto con algunos cubiertos.
-Me temo que te quedarás con las ganas. –recojo el resto y después coloco todo en el lavavajillas. –No soy como las demás, ¿sabes?
-Eso se ve, eres un bicho raro.
-Justin, las apariencias engañan. –finalizo. 

Me quedo de brazos cruzados contemplando como se aleja poco a poco mientras juega con la pantalla táctil de su móvil. No le vendrían mal unas clases de educación, me ha dejado con la palabra en la boca y ni tan siquiera se ha dignado a contestarme. Pero yo misma me pregunto el porqué me preocupo por él. Que haga lo que quiera, no cambiará, ni soy nadie en su vida como para decirle lo que está bien y lo que está mal. ¿No ha tenido una profesora en la escuela? Lo único que sé es que va a ser el objeto de mi aburrimiento.



RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.


jueves, 3 de enero de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 1.



|Narra _____|

Nos mudamos. ¿Cómo será Toronto? ¿Cómo será mi nueva vida? Lo que tengo muy claro es que no voy a cambiar. Papá está muy ilusionado con su chica, a pesar de ello creo que es demasiado pronto como para irnos a vivir a su casa. Aunque yo lo llamaría mansión. Es gigante, o al menos eso parece en las fotos. Punto positivo. Lo malo es que tiene un hijo de mi edad o un poco más mayor. Sólo lo he visto en fotos y parece el típico chico chulo-prepotente.  No me va ese ‘’rollo’’ a mí. Suelo tener un sexto sentido y algo me dice que será como los demás. Quiero decir, me tratará mal o simplemente seré invisible para él.

-¿Estás lista, _____? –pregunta papá reduciendo la velocidad del coche.
-No. La verdad es que no.
-Tranquila, las cosas irán igual o mejor.
-Espero que mejor… ¿No crees que esto es un poco precipitado? ¿Te olvidarás de mamá?
-Eso nunca, cielo. –frena bruscamente y me mira a los ojos con una expresión algo triste que no lograría calificar. –El primer amor es el verdadero, y ella fue el mío. Nadie la reemplazará, ni creo que existan historias como la nuestra.
-¿Cómo os conocisteis? No he escuchado todavía la historia.
-Verás… las mejores cosas suceden cuando menos te lo esperas. Nos presentaron. No te voy a mentir y si te soy sincero, no me llamó la atención a primera vista. Al principio tu madre era demasiado vergonzosa, coincidíamos pocas veces al quedar con los amigos. Hasta que un día me choqué con su mirada y vi en ella algo especial. No me preguntes el qué. Y a partir de ahí notaba que mi corazón latía con más fuerza cuando la tenía cerca. Incluso me ponía nervioso y en cierta manera no era el mismo cuando estaba presente. Entonces me declaré, por la vía rápida. No aguantaba más sin decírselo. Y cuando ella me dijo que también sentía lo mismo, juraría que fui el hombre más feliz del mundo.
-Hoy en día las cosas son diferentes. Yo quiero que alguien sienta eso por mí…
-Algún día. No saben apreciar el tesoro que eres.
-Tú mismo lo has dicho. Y el tesoro se guarda dentro…

La gente no suele apreciar lo que valgo por dentro, porque nadie se detiene a hacerlo. Miran el maldito exterior en vez de lo que hay en el corazón de uno mismo. Si fuera un chico, me enamoraría de mí. ¿Por qué no? Soy una adolescente que sueña con que alguien lo haga algún día, pero no la típica que no aguanta sin estar una semana besando a chicos a diestro y siniestro.  

Lo abrazo. Fuerte. Al fin y al cabo es con la única persona que puedo hacerlo. Arranca de nuevo y continúa recto. Una rotonda y tira hacia la derecha dónde se pueden contemplar grandes chalets con sus respectivos jardines. Una zona completamente pija. ‘Señor, ¿dónde me han metido’ pienso en mis interiores mientras papá sigue conduciendo ahora más despacio buscando nuestro próximo destino. Juego con mis dedos a moverlos sin parar debido a los nervios. Un juego extraño, lo sé. Apreto con fuerza mis dientes y el miedo comienza a apoderarse de mí. Miedo al rechazo. Aunque ya estoy muy bien acostumbrada. Saco mi móvil para verme lo más mínimo en el reflejo y me peino un poco la coleta.

-Aquí es.
-¡Aw!

Lanzo un pequeño chillido desentonado y a continuación río sola. Papá me mira extraño. Recórcholis, lo admito. Soy demasiado rara. Se abre una gran puerta de garaje y yo alzo la vista flipando tan sólo mirando a través de la ventanilla. Entramos. Menudo garaje. Yo viviendo en esta planta ya sería feliz. Descargamos las maletas y demás trastos. Entonces se oye la voz de una mujer llamando a mi padre. Es ella, Pattie. Su novia. Se me hace extraño decir eso.

-¡Cariño! –me llama, me giro y les pillo dándose un beso.  Siento cómo me duele ver esa escena. -_____, esta es Pattie.
-Encantada. –digo dándole dos besos y con una sonrisa.
-Igualmente, ¿tú eras _____, no?
-Sí.

Es bastante guapa y más joven que mamá. Sus ojos de un color verde azulado me llaman la atención. Tiene un pelo largo, liso y bonito. Y le saco casi una cabeza, es demasiado bajita. Haré como me gusta que hagan conmigo, juzgaré su interior cuando la conozca.

-¡Justin! ¡Baja a ayudar con las cosas! ¡Ya han venido! –grita aunque suena fino debido a su dulce voz.
-¡Voy! –se escucha a lo lejos.

|Narra Justin|

Maldita sea. En estos momentos odio tener una casa de tres pisos. Hoy estoy un poco vago, así que con toda la tranquilidad del mundo me dirijo al baño y me lavo los dientes mientras observo lo guapo que me encuentro hoy. Bueno, como todos los días. Uno se acaba acostumbrando. Echo un poco de fijador en mi cresta y ¡hostia! ¡que voy a conocer a la famosa _____! Digo famosa porque mamá no para de hablarme de ella. Que si le trate como una hermana, que si le respete, que si le presente a todos mis amigos, blablablabla… ¿Y si está buena? Sería lo mejor poder divertirme con ella en mi propia cama sin que nadie lo pudiera impedir. O devorarla en cada rincón de la casa. Buscarla por las noches para… Seguro que cae en la tentación y no se resiste a mis encantos. Bajo las escaleras a toda hostia mientras imagino todas las maravillosas expectativas sobre ella. Creo que incluso me he puesto nervioso y algo contentillo. Casi resbalo en el último escalón, pero todo controlado. Abro la puerta al bajar y ahí están. Me acerco a ellos.

-Hola. –dice algo simpática.

¿Pero qué clase de bicho es este? Encima me sonríe. Deaj. Menuda decepción.

-Justin, saluda. –me dice mamá mientras casi exploto en un estallido de risa.

¿Está de broma? ¿Quiere que salude a eso? Muy a mi pesar no me queda más remedio que darle dos besos. No sabe lo afortunada que es en este momento. Le doy la mano a Mathew, su padre,  e intento huir de allí lo más rápido posible.

-¡Justin! –otra vez me llama la pesada.
-¿Qué quieres?
-Que ayudes. Venga.
-Mamá… -rechisto y pongo mi mejor cara de no haber roto en la vida un plato.
-Enséñale a _____ la casa mientras ayudo a Mathew con todo.

Lo que me faltaba, ahora no me podré despegar ni un segundo del bicho este. Acepto con la cabeza y le hago un gesto para que me siga. Subo las escaleras de nuevo, tratando de estar lo más lejos posible de ella. Sí, como si tuviera una enfermedad contagiosa. Primer piso. Me rasco la nuca y noto como me observa.

-¿Qué miras?
-Nada.
-Vale. –aclaro mi voz y continúo. –Bueno… este es el salón. Allí está la cocina, -digo señalando el final del pasillo. –y a la derecha un servicio.
-Es muy bonita la casa…

‘Justamente lo contrario que tú’, pienso. Pero me quedo en silencio. Quiero acabar ya con esto, como si fuera un completo infierno, y ni tan sólo estamos dos minutos juntos. Se apoya en la pared y cruza sus brazos como si tratara de esperar algo.

-¿Te aburres? –le pregunto.
-Sí. Me has pillado.
-¿Subimos ya?
-Sí.

Parece que sigo sus instrucciones. No, Justin, tú haces siempre lo que te da la gana. Me giro para ver si me sigue mientras subo las escaleras y casi me estampo contra el pilar de arriba. ¿Qué me pasa? Se da cuenta y suelta en una bocanada de aire la risa que llevaba dentro. La rabia recorre mis venas. No me gusta que se rían de mí, y menos monstruos como éste. La escucho cada vez más cerca. Vaya, parece un pato mareado andando. Aprovecho la distancia. Ahora o nunca. Paso desapercibido de ella. Voy directo a mi habitación sin más cuando me llama.

-¡Eh! ¡Eh!

Pero sigo ignorándola. Me tumbo en mi cama boca arriba y me acomodo poniendo las manos en la nuca. Cómoda posición. Me quedo un instante contemplando el techo azul de mi habitación. Y aparece por la puerta.

-¿Qué haces aquí? –pregunto sin apenas realizar ni un movimiento.
-Me has abandonado, ¿qué quieres que haga?
-Tu habitación está ahí al lado. Izquierda. Adiós.
-¿Y ya?
-¿Qué más quieres?
-Qué simpático eres, exploraré la casa yo sola.

¿Exploraré? Ni que esto fuera un viaje en submarino. Se va, por fin. Me quedo solo. Enciendo mi televisor de pantalla plasma y decido viciarme un poco a los videojuegos. 



RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.

martes, 1 de enero de 2013

-Descripción. ''Improbable dirección''.


|_____ Blair|





Hola, me llamo _____, _____ Blair, aunque me suelen llamar ''bicho raro''. Acabo de cumplir los 17 años y aunque parezca vergonzoso para esta sociedad, todavía no he tenido ningún novio a estas alturas. Odio ir de compras mientras se me presenta un libro enfrente. Se puede decir que prefiero leer y escribir antes que salir de fiesta. No me preocupo por lo que pueda pensar la gente de mí, soy como soy, diferente a las demás chicas de mi edad, me lo dice hasta papá. No puedo acostarme sin escribir en mi diario, hasta hago relatos y dibujitos graciosos. También pego las fotografías que suelo hacer con mi cámara réflex. Soy una completa fanática de ello. Las edito a mi manera y cuelgo las mejores en mi blog. Recibo muchas visitas por ello.
Respecto a mi físico diré que no gusto ni al chico más feo del instituto, aunque tengo un buen tipo, tan sólo por no vestir con unos escotes hasta la cintura. Quizás tenga un estilo que no gusta a la gente. Todos se burlan de mí, pero yo sonrío porque soy más fuerte que ellos. Soy la excepción de todo aquello que puedas imaginar. Insegura, con mil defectos, pero valiente y luchadora. No soy el prototipo de chica perfecta. Tengo miedo a enamorarme, pero lo quiero hacer algún día.
Mamá murió hace 3 años por el maldito cáncer y desde aquel día no he vuelto a ser la misma. Sonrío forzadamente. Me hace mucha falta en mi vida. Eso sí, me ayudó a saber apreciar más lo que tengo. Papá también cambió, aunque de diferente manera. Encontró a otra mujer…
En definitiva, música, lectura, escritura y fotografía son mi vida. 


|Justin Bieber|




Soy el niño consentido de mamá, lo admito. Me tiene protegido a la vez que me deja hacer lo que me venga en gana. En mis ratos libres salgo con los colegas y me baso en buscar a las mejores pavas de la ciudad. Las chicas se vuelven locas por mí tan sólo con verme. Normal. Las entiendo. Soy irresistible. 
¿Amor? ¿Qué es eso? Yo sólo quiero divertirme. Fiesta. Sexo. Alcohol. Algo de deporte. Soy un chico malo y no consigo descubrir mi lado sensible. Creo que por mucho que lo busque no lo encontraré. Espera. No me detengo ni a buscarlo. Disfruto cada segundo de esta vida, o eso creo. Tengo tiempo para lo que quiero. Me gustan las cosas arriesgadas y no creo en los imposibles. Soy capaz de conseguir lo que me propongo. Además, teniendo dinero se tiene todo, y nosotros tenemos una gran fortuna. No todo ha sido tan fácil en mi vida. Ese al que se le suele llamar ''padre'' nos abandonó a mamá y a mí cuando yo tan solo tenía unos pocos meses de vida. Me alegro porque ahora ella parece haber encontrado a un hombre que la hace feliz.
Por cierto,  odio la universidad. Odio estudiar y todo lo relacionado con ello. Lo único bueno de allí son las piernas largas que llevan minifaldas. Lo demás, debería estar prohibido.




TRAILER AQUÍ.