Tu rastro.

viernes, 27 de diciembre de 2013

''Improbable Dirección'' Capítulo 43.


|Narra Justin|

Cloe me lleva a una sala que desconocía completamente. Mis latidos aumentan a cada paso que doy. Estoy más cerca de ver el resultado, de verla a ella. Percibo unos cuantos flashes de cámaras y varios focos de colores claros apuntando a una chica. Está de espaldas. Parece una modelo. Sus piernas delgadas y perfectamente delineadas me hacen saber que es ella, mi chica. Me acerco más a paso lento. Cloe me empuja despacio por la espalda.

-Vamos, acércate. Pero no hagas ruido que ella no sabe que estás aquí.
-¿No lo sabe? –digo en un susurro.
-No, queremos ver cómo actúa cuando te vea.

Estamos perdidos. Locamente perdidos y sin salida. Nos van a pillar. Van a saber que no estamos actuando, que nos queremos, porque al menos eso es lo que reflejan mis ojos y no lo puedo evitar. Y también conozco su mirada, ella no me mira como mira a los demás. Entonces sí, nos van a pillar.

La tengo cerca, pero todavía no me puede ver. Remueve su pelo justo como le dice la chica que sujeta una cámara de fotos profesional y echa la parte superior de su cuerpo hacia delante, dejándome unas vistas magníficas de su estupendo trasero. Joder. Me muerdo el labio sin poderlo evitar y me aproximo más. La sangre empieza a arder por mis piernas, subiendo y concentrándose en mis partes íntimas. Definitivamente inevitable. Me voy a poner cachondo en una sesión de fotos para un musical. Qué raro suena eso.

-_____, ahora alza las manos y enróllalas en tu propio cuello de manera sexy.
-Pero yo no sé hacerlo sexy.
-Hazlo, tú puedes.

_____ hace justo lo que le dicen. Y a mí me falta el aliento. Me aproximo más y aprovecho para atacar. Me planto justo detrás de ella y aspiro su aroma sin que se dé cuenta. Joder. Soy el tío más afortunado del mundo. Mis latidos empiezan a cobrar vida demasiado rápido. Todavía no se ha percatado de que estoy aquí, tras su espalda.

-¿Lo estoy haciendo bien? –pregunta con un aire de inocencia que me encanta.

Yo tomo aire y engancho sin permiso mis manos en su cintura. Entonces me atrevo a susurrar en su oído.

-Lo estás haciendo perfecto, bicho.

En ese instante me mira y puedo notar cómo se queda sin aliento. Acaparamos el centro de las miradas y los flashes salen disparados hacia nosotros de dos en dos. Me mira como si no pudiese creer que estoy ahí, mientras yo me pierdo en sus ojos. Joder, qué guapa está. No… no parece ella, pero en verdad sí. Está cambiada, la observo, y es ahí cuando me doy cuenta de que la quiero de todas las maneras posibles. Arreglada, sin arreglar, con una coleta alta o con el pelo suelto cubriendo sus desnudos hombros, con sus jerséis anchos o con vestidos ajustados que, como decía Cloe, me dan ganas de hacerla mía ahí mismo.

-Estás preciosa. –le susurro bajito, sólo para que ella me escuche.
-Gracias. –contesta tímida regalándome una corta sonrisa. -¿Qué haces aquí?
-¿Qué te parece que hago aquí? –detengo mi mirada en sus labios cubiertos de un rojo que me encantaría destrozar a mordiscos. Me acerco más a su cuerpo enrollando mis manos en su cintura y miro a una de las cámaras. Flashes de nuevo.
-Pues no lo sé. –dice tras mostrar una dulce sonrisa a la cámara a la que yo mismo prestaba atención para que nos realizasen otra captura. –Quizás esperaba más que cayera un meteorito en medio de todo esto que han montado a que tú te presentases aquí como si nada. –ríe.
-Lo lógico y lo normal está de más. –digo tras mojar mis labios. –Prefiero lo raro y lo improbable. –me decanto a decir cerca de su cuello mientras deslizo mi nariz por ahí. Ella se estremece y puedo sentir como en su piel comienza a sentirse la electricidad.
-¡Genial, chicos! –exclama Cloe. -¡Lo estáis haciendo genial!

Ahora giro a _____ por la cintura y la coloco frente a mí. Nos quedamos unos pocos  segundos observándonos detenidamente. La aproximo a mí y ella coloca sus manos en mis respectivos hombros.

-Nunca imaginaba verte con una americana, chico malo. –dispara en voz baja.
-Yo nunca imaginaba ver con mis propios ojos un cuerpo de escándalo en ese vestido tan… -muerdo mi labio inferior y la miro como sólo la miro a ella. –provocador. –dirijo mi mirada a su escote. Joder. ¿Pretenden que le haga el amor aquí mismo o qué?
-No me mires así. –dice ella ahora jugando con el nudo de mi corbata. –Que yo también sé hacerlo, pero me reservo. –desliza sus dedos por mi abdomen y vuelven hasta mi corbata. Sabe jugar, sabe jugar bien.
-Por Dios nena, no me digas esas cosas aquí.
-¿Por qué?
-Porque no creo que quieras ver como estallan mis pantalones aquí mismo mientras estamos rodeados de personas con sus camaritas.

Lanza una risa inocente y se separa de mí con toda la inocencia del mundo. Me quedo hipnotizado observando su figura caminar hacia una pequeña terraza que se encuentra fuera. Los fotógrafos la siguen y cuando me doy de bruces con la realidad decido a seguirlos.

_____ me espera ahora en un escenario completamente diferente. Más… exótico. Y espero que no suponga a su vez algo más caliente. Temo no controlar mis ganas de ella delante de toda esa gente, porque si estuviéramos solos, no sé qué habría sido de nosotros. Apoya su espalda en el tronco de una pequeña palmera y posa indiferente ante las cámaras mientras yo me acerco y me mira de una manera atrevidamente sexy que me encanta. Abre un poco la boca y trata de decirme algo, pero no lo permito, cubro su boca con mi dedo índice y me acerco más. Flashes impactando de nuevo en nuestros cuerpos.

-Justin, cógela en brazos.

Me giro para reconocer la voz de una señora con gafas de pasta negra y una alta coleta que recoge toda su melena.

-¿Qué? –pregunto arrugando mi frente.
-Que la cojas en brazos, queremos capturar varias instantáneas así.

Vale, he captado el mensaje. Esbozo un largo suspiro desesperado y tomo a _____ por la cintura para sostenerla en mis brazos. Ella instintivamente enrolla sus piernas alrededor de mi cuerpo. Nunca habíamos estado… en esta postura. Es extraño, pero me gusta. Aunque estaría mejor si desapareciera toda esa gente con sus objetivos puestos en nosotros.

-Ahora ______, tú tienes que enrollar tus brazos en su cuello. –vuelve a decir aquella señora esta vez a mi chica.

Mis brazos tiemblan y no se debe al hecho de que esté sosteniendo el peso de _____ en ellos. Tiemblan porque la vuelvo a tener ahí, su boca a escasos centímetros de la mía. Vuelvo a perder mi mirada en sus gruesos y apetecibles labios cubiertos de rojo.

-Quiero quitarte el pintalabios, nena.
-Cuidado, Justin. –me susurra bajito  para que nadie pueda escucharla.
-Tranquila, no te voy a besar. –afirmo yo.
-Acercaros un poco más. –ordena Cloe. –Como si os fuerais a besar.
-Mierda. –maldigo en voz baja. -Creo que alguien me ha escuchado.
-¿No me quieres besar? –pregunta ella elevando una ceja. Yo sonrío al ver la expresión de su cara.
-Maldita sea, claro que quiero.
-Pues hazlo y punto. –dice mirándome fijamente después de mirar mi boca como si fuera un caramelo que está a punto de devorar.

Me aproximo a su boca olvidando todo lo que nos puede caer encima y fijo mi mirada de nuevo en sus labios con el objetivo de besarlos. Mis brazos ahora tiemblan más. Ella acopla sus manos en mis mejillas, entonces sin pensarlo más rozo mis labios con los suyos. Cierro los ojos, perdiéndome en su dulce tacto. Mi corazón se acelera y un nudo en mi garganta no permite el paso de saliva. Tampoco lo necesito. Sólo el contacto de sus labios con los míos me hace sentir bien. Y nunca me había sentido así. La verdad es que… acojona. Acojona como todas las primeras veces.

Entonces, cuando el minutero del reloj se detiene, cuando en la cabeza no cabe lugar para sueños, unos aplausos nos detienen. Separo mis labios de los suyos y observo como _____ esboza una sonrisa impresionada. Todos los fotógrafos han dejado sus cámaras en el suelo y nos funden en aplausos con sus manos.

-¡Qué grandes actores!
-¡Vais a hacer un gran musical!
-¡Increíbles! ¡Sois increíbles!

Entre muchas otras cosas. ______ y yo nos miramos, no sabemos lo que nos espera.

-¿Eso es que lo estamos haciendo bien, verdad? –me pregunta en un hilo de voz.
-Claro. –contesto encogiéndome de hombros. –Supongo que sí.

Un señor con el brazo derecho cubierto de tatuajes me felicita dándome unas cuantas palmadas en los hombros.

-No hacía falta besarla, pero tú lo hiciste, qué grande. Bien hecho, Bieber.
-No ha sido para tanto, de todas formas gracias por el cumplido. -contesto yo absorto de todo lo que está sucediendo a mi alrededor.

La señora de las gafas de pasta negra y la alta coleta ahora también se acerca a nosotros despegando el móvil de su oreja.

-Me temo que estáis haciendo un gran trabajo, enhorabuena.
-Gracias. –respondemos al unísono.
-Acabo de hablar con la empresa de producción del musical y he dado una opinión muy subjetiva sobre vosotros. Me gustaría que dierais un paso más, confío en vuestra complicidad en el escenario aunque me han comentado que no os lleváis precisamente de la mejor de las maneras. Por tanto, lo que habéis hecho es admirable. Así que dejarme ir un poco más allá con vosotros. Venid conmigo.

Hace un gesto con su mano y la seguimos atónitos, impacientes por saber qué es lo que nos espera ahora. Pero únicamente _____ y yo. Toda esa gente en compañía de sus cámaras de fotos profesionales se quedan charrando entre ellos. ¿Por qué no vienen?

-Podéis esperarme aquí, en unos minutos estará todo preparado.

Llegamos a la parte superior del edificio, es un ático bastante amplio donde se pueden contemplar las mejores vistas de la ciudad. Las barandillas que lo rodean son de un cristal apto para la gente que no tiene vértigo. Parece un poco arriesgado asomarse, así que eso está hecho para mí. 

-No Justin, no te acerques. –escucho su voz tras mi espalda y juraría que mi corazón se vuelve de cristal. Me giro y sin signo de preocupación en mi cara le dedico una sonrisa.
-¿Por qué?
-Simplemente porque me preocupo por ti y no quiero que te mates cayendo al vacío.

Río. Doy un paso más acercándome para ver con mis propios ojos la ciudad a mis pies mientras el aire da de lleno en mi cara. Me acerco más, al borde de apoyar mi mano en la barandilla, cuando su mano fría me detiene tirando de mi brazo. Otra vez me giro a observar su cara de preocupación. Consigue hacerme reír de nuevo.

-No es gracioso. –balbucea intentando hacerme creer que está enfadada.
-Sí que lo es. Venga bicho, que no pasa nada, ¿acaso crees que me va a pasar algo? Si no fuera seguro no estaríamos aquí.

Cruza sus brazos bajo su pecho y frunce el ceño.

-Nena, no te enfades. Va… -la atraigo hacia a mí y ella hace amago de apartarse. Pero no funciona porque está atrapada entre mis brazos. -¿Quieres que nos asomemos juntos?
-Ni se te ocurra. –contesta refunfuñona. Trago saliva. Sabe perfectamente lo mucho que me pone con esa actitud.
-Vamos, nena…
-Que no.

En un segundo la cojo en brazos mientras patalea y dice cosas sin sentido, pero consigo hacerlo. La mayoría de los edificios están bajo nosotros, apenas se pueden distinguir los coches que son conducidos por las largas carreteras y ni hablar de las personas que intentan cruzar los pasos de peatones. _____ y yo nos quedamos en silencio observando todo aquello. Ella me agarra fuerte, sus brazos apretando fuerte mi cuello, pero no me importa. Me importa el hecho de estar viendo una maravilla teniendo una maravilla a mi lado, aunque esté al borde de ser estrangulado.

El viento acaricia nuestros rostros despacio, revuelve un tanto mi pelo y el suyo también. Pero es una agradable sensación.

-Justin, bájame. Muy bonito todo pero bájame, por favor. –dice cubriendo mis labios de delicados besos rápidos.
-Precioso, ¿verdad?
-Sí, precioso, pero bájame ya que estoy a punto de desmayarme.
-No dejarás de ser un bicho raro, eh. –digo sonriendo al horizonte. –Mi bicho. –recalco, presionando mis labios en su mejilla.
-Eres malo conmigo. Bájame, por favor. –vuelve a repetir, cubriendo de nuevo mis labios con los suyos. Sabe que así va a ganar ella. –Venga, nene… bájame. –muerde mi labio inferior con ternura y cuando está a punto de soltarlo lo vuelve a atrapar entre sus dientes. –No seas tan malo, no aquí.
-Joder… -me lanzo a su boca y le robo un par de besos. –Está bien. –la bajo de mis brazos y al tocar con sus pies el suelo puedo ver el alivio en su cara.
-Gracias, estúpido. –dice tirando de mi corbata mientras recorta los centímetros que nos separan. Me mira a los ojos y se muerde el labio descarada. –Es que tenía vértigo.
-¿Sí? ¿Vértigo? –pregunto yo aguantando mis ganas de besarla.
-Ajá, -afirma jugando con mi corbata. –así es.
-Yo también siento vértigo, ¿sabes de qué?
-¿De qué?
-De tu escote.

No sé cómo sus labios se acoplan perfectamente a los míos en un segundo. No hay tiempo para respirar, ni para tomar un poco de aire, nuestras lenguas pelean por salir vencedoras en una batalla de dos. Abandono sus labios y me dirijo a su cuello, donde implanto algunos mordiscos desesperados. Bajo un poco más, dejando húmedos besos por su clavícula. Joder, qué bien sabe. Y mejor si deja estampar su entrecortada respiración en mis oídos. Puedo escuchar cómo gime en voz baja y eso consigue ponerme a mil por hora. El corazón se me va a salir del sitio y tendré un serio problema. Eso si no se me sale antes otra cosa del pantalón.

-Me encantas, te lo juro. –murmuro contra su dulce piel.

Y prosigo con los besos. Absorbo la piel de su cuello, vuelvo a morder. Delicias de la vida. Soy un jodido afortunado por poder hacer esto. Y me doy cuenta de que lo quiero seguir haciendo mucho más tiempo. No más chicas. Sólo ella. Sólo la quiero a ella. Deslizo mi lengua hacia la parte baja de su cuello, muerdo. Un poco más hacia abajo. Y ahí está su escote. Me detengo. Me falla la respiración. La sangre está al borde de quemar todo mi cuerpo. Mi miembro ya está contento para toda la semana. No la he hecho mía y ya estoy duro. Muy duro. Beso su piel sin parar, olvidando todo y olvidándome de todos.

 -¿Ensayando un poco, Blair y Bieber? –la voz de la directora nos interrumpe.

Los ojos casi salen de mis órbitas. ¿Qué está haciendo aquí? ¿No se supone que debe estar en su despacho de la universidad? Sí, en ese que conozco a la perfección gracias a sus innumerables castigos. Noto como _____ se tensa a mi lado.

-No estáis solos aquí, señoritos. Espero que mi mente borre esa escena de mi cabeza, ha sido… repugnante. –mueve su muñeca con desdén. -¿Estaban ensayando, verdad?
-Claro. –afirmo yo rascándome la nuca.
-Por supuesto, señora directora. –contesta _____ dando un paso hacia ella.
-Sí que se toman enserio el trabajo… -dice mientras crea círculos imaginarios mientras camina. –De todas formas olvidaré lo que acaban de ver mis preciados ojos. Todo sea por un buen musical.

¿Qué le pasa a esta mujer? Ella sabe cómo soy, sabe que me tiro… bueno, me  tiraba a todas las tías buenas de la universidad. ¿Y ahora hace como si no sucediera nada? Es extraño. Pero sin duda, es bueno.

----------------------
Gracias a todas esas personas que capítulo a capítulo comentan y consiguen sacarme sonrisas, y sobretodo, me animan a compartir aquí lo que me gusta hacer.
Espero que estéis disfrutando las Navidades.
Intentaré subir lo más pronto posible, pero también tengo vida social, familia, y muchas cosas que hacer aparte de esto así que perdonarme, ¿vale?
Besitooooooooooooos.

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.

domingo, 22 de diciembre de 2013

''Improbable Dirección'' Capítulo 42.


|Narra _____|

Las paredes de la sala son blancas y pálidas, mientras los muebles son de colores oscuros con adornos en un tono gris. Me gusta la combinación. Es un lugar donde perfectamente podría acomodarme a leer un libro y evadirme del mundo. Sí, porque aparte ese ventanal tiene unas vistas geniales y en compañía de un café caliente…

-¿_____ Blair?

Una señora con unos tacones que aumentan notablemente su estatura se sienta en el sofá rojo ovalado situado justo delante de mí.

-Sí, soy yo. –afirmo tras mojar rápido mis labios.
-Bien. –dice con claridez colocándose las gafas de pasta negra un poco más arriba de su diminuta nariz. –¿Es necesario que le hable de usted?
-No. –sonrío. ¿A qué viene eso?
-Perfecto, así me sentiré más cómoda. –me devuelve la sonrisa. Hace una pausa y carraspea. -¿Puedes hablarme sobre tu vestuario? Quiero decir, sobre cómo vistes en tu día a día. Quizás no lo creas, pero es importante.

Y es ahí cuando me planteo seriamente qué estoy haciendo sentada frente a una mujer que acabo de conocer y está empezando su particular interrogatorio conmigo.

-Pues… me gusta vestir discreta. –añado sincera.
-¿Discreta? Hmm… -se lleva el dedo a la barbilla y me inspecciona con su vista. -¿Y eso a qué se debe, _____?
-No soy como el resto de chicas, soy diferente y esa es mi manera particular para distinguirme de las demás. –digo, encogiéndome de hombros.
-Una buena respuesta, pero la vestimenta tampoco puede estar reñida con tu carácter, cariño. Creo que tienes un buen cuerpo para lucir.
-¿A qué viene todo esto?

Me desespero. No entiendo estas preguntas sobre mi forma de vestir. ¿A ella qué le importa? ¿Le molesta? ¿Por qué esto tan de repente?

-Verás, queremos que causes una buena impresión. Y para ello deberás cambiar tu vestuario, por eso te hemos traído aquí.

Elevo una ceja confundida. ¿Esto es real? ¿Me han traído aquí para… cambiarme?

-No voy a cambiar. –digo decida, cruzando mis piernas.
-Tan sólo es cambiar esos jerséis anchos por otros más bonitos y estéticos. Ven conmigo. –se levanta y tras su gesto la sigo.

Llegamos a un salón lleno de prendas de vestir colgadas en amplios percheros. Vaya, creo que aquí están escondidos todos los colores del mundo. Realmente me impresiona ver todo esto.

-Este azul eléctrico sentará muy bien con tu color de piel. –dice tendiéndome un vestido. Lo cojo. –Ahí puedes probártelo. –señala hacia una puerta entreabierta.

Afirmo con mi cabeza y me dirijo allí. Entro y me observo detenidamente en el espejo. ¿De verdad necesito un cambio? Cierro mis ojos y exhalo un suspiro. Sí, en el fondo sé que sí. En parte ya no soy la misma. Ahora soy un poco más valiente y no necesito esconderme del mundo. Puedo mostrar mis piernas sin miedo a nada, puedo enseñar mis muñecas y mis brazos. Porque no hay nada que temer. El mundo que antes estaba ahí tan arriba, ahora está a mis pies. Y lo sé porque he aprendido a volar. Vuelo alto, no tengo vértigo.

Somos lo que pensamos, lo que vivimos. Mi vida antes era… una mierda. Por eso me ocultaba, vestía oscuro, ocultando bajo la tela de mis jerséis cada milímetro de mi piel. ¿Y por qué hablo en pasado? Quizás porque sí tengan razón. Quizás debo dejar atrás esa etapa oscura de mi vida.

-¿Ya estás lista, _____?
-¡No! ¡Un momento!

Me desprendo del uniforme y me coloco esa prenda azul eléctrico.

Es increíble pero… ¡he cabido en ese vestido tan ceñido! Me miro de nuevo en el espejo y volteo observando como ese trozo de tela se ajusta perfectamente a mi piel. Aunque… es demasiado corto. Salgo y hago un peculiar y cutre pase de modelos mostrando mi modelito.

-Genial. Te queda genial, _____.
-Gracias. –me sonrojo.
-¿De verdad sigues pensando que te ves mejor con un jersey de esos anchos tuyos?

Bajo mi mirada y la entierro en el suelo mientras muerdo delicadamente mi labio pensativa.

-No… supongo. –susurro.

Enseguida el ruido de unos tacones se percibe cerca. Me giro y me encuentro con Cloe mirándome detalladamente de arriba abajo sorprendida.

-Menudo tipazo, amiga.
-Bah, exageras Cloe. –digo con una risita.
-No exagero. Estás estupenda con ese vestido, así que…
-Temo tu pregunta. –bromeo.
-¿Te gustaría llevar eso para la sesión de fotos que te vamos a realizar?
-¿Qué? ¿Sesión de fotos? ¿A mí? –pregunto sorprendida casi atragantándome con mis palabras.
-Claro.
-¿Y eso a qué se debe? –pregunto extrañada.
-Eres la protagonista del musical, nos estamos jugando el puesto a la mejor universidad del estado y tú estás al cargo de ello. Depende de ti, _____.

Joder. Menudo marrón. Me encantan las fotos, pero con mi cámara y yo manejando el objetivo, no quiero acaparar yo el centro de todas las miradas.

-Nunca me han hecho una sesión de… fotos. –me cuesta pronunciar la palabra.
-Pues esta será la primera vez, además no será difícil. 
-¿Seguro? Pero si yo no… -me corta.
-Escúchame _____, -Cloe se acerca a mí y me mira con una sinceridad reflejada en sus ojos que sabría descifrar cualquiera. –aunque no lo creas eres hermosa. Todo empieza por algo y tú vas a empezar hoy a ser una chica más atrevida, más dispuesta a la vida y te vas a enfrentar con toda la valentía del mundo a esas cámaras. Sólo si aceptas el reto de continuar con el musical, es algo importante. Pero nada de esto funcionará si no te comprometes con nosotros, así que… ¿aceptas?

Trago saliva y en un segundo veo toda mi vida pasar por delante. Veo a mi madre y veo lo orgullosa que estaría de mí si aceptara esta oportunidad y dejara a un lado la rutina que llevo cargada en la espalda muchos años. Siento todo mi cuerpo tambalearse y un escalofrío me reconforta. Suspiro y muevo mi cabeza afirmando.

-Acepto.
-¡Genial!

Cloe me funde en un abrazo y por un momento creo que finaliza una etapa en mi vida y comienza otra.

{20 minutos más tarde}

-Ya puedes abrir los ojos, _____.

Así hago. Abro los ojos. En ese espejo veo reflejada a una chica que me resulta familiar aunque consta de cierta lejanía. Tiene los ojos color avellana y resaltan por la sombra de ojos oscura en sus párpados, sus pestañas son infinitamente largas, sus labios gruesos están pintados de un color rojo sensual, sus mejillas discretamente coloradas se ven de un tacto suave justo como su pelo largo y perfectamente liso. Cuesta creer que esa sea yo.

-¿Te gusta el resultado?

Noto como mis pupilas se dilatan y empiezo a ver un poco borroso. No, _____, no llores. Pero es que verdaderamente me emociona.

-¿De verdad que… esa… -tartamudeo.- soy… yo?
-Por supuesto que eres tú. Te estás mirando con tus propios ojos.

Hago muecas extrañas frente al espejo. Sí, soy yo. Sonrío. Pocas veces en la vida me he visto sonreír de esa manera. Por una vez me siento bien conmigo misma y nunca pensé que lograría algo así.

-¿Lista para tu sesión? –Cloe parece incluso más emocionada que yo. Aunque eso no supone algo muy difícil.
-Por supuesto.

|Narra Justin|

Salgo del probador listo, encontrándome con Cloe que me mira como nunca me había mirado. No sabría interpretar de qué manera lo hace.

-Ese traje te sienta bien, Jus.
-Todo me sienta bien. –digo chulo tocando la fina seda de la manga de la americana negra que llevo puesta.
-Bueno, quizás todo menos esos aires de prepotencia. Eso te sienta como una patada en el culo.
-Sólo bromeaba, Cloe.
-¿Seguro? –se cruza de brazos y se apoya en el marco de la pared. Joder, está en una postura bastante sexy pero no dejo de pensar en _____ y en lo que están haciendo con ella. Me intriga. –Eres un salido de mierda, ¡deja de mirarme las tetas! -¿Enserio? ¿Eso estaba haciendo? Pues sí que llevo tiempo sin mojar… -¡Justin! ¿Hace cuánto que no… -lo sabía. Sabía que me iba a preguntar eso. Pues bastante, demasiado creo yo. Y todo por culpa de la bicho.
-Mucho. –contesto sin ningún signo de estar bromeando en mi cara. Cloe parece sorprenderse y se acerca a mí.
-Mierda Justin, ¿hablas enserio?
-Claro que hablo enserio.

Cloe me mira con una ceja elevada y se echa el pelo hacia un lado, apartando las greñas de su cara.

-¿Qué te ha pasado? Eso es muy extraño.

Mi estómago se revuelve en cuestión de segundos. Es muy fácil encontrar una respuesta, lo peor es formularla y mentir. Porque nadie puede saber que ella es la responsable de todo, la que me está cambiando, la que acelera mi corazón como si fuera un puto motor en la carrera de la Fórmula 1.

-Nada, sólo que me estoy dando cuenta de las cosas que realmente merecen la pena en esta vida.

Y esa es mi contestación. No es del todo clara, pero en mayor medida cuenta la verdad.

-¿Me estás diciendo que has cambiado?
-Algo así. –digo acoplando las manos en los bolsillos del pantalón vaquero oscuro y rasgado.
-¿En qué sentido?
-En el sentido que te das cuenta de que puedes ser feliz sin hacer gilipolleces.
-Tú siempre has hecho gilipolleces, perdóname.
-Lo sé, Cloe. Yo jugaba con las tías como si fueran… muñecas. Sí, muñecas sin corazón.
-Entonces detrás de todo esto tiene que haber una chica que te haya hecho abrir los ojos.
-Quizás. –mojo mis labios. Joder. No puedo soltar nada fuera de lugar.
-¿Quién es, Justin? –Cloe me mira como si no me reconociera, como si tuviera frente a sus ojos a un completo desconocido.
-Pronto lo sabrás.

Ella me abraza inesperadamente. Es una buena amiga y respeta mi decisión de no contarle lo que no debo, aunque ella no lo sepa.

-¿Pues sabes qué? –Cloe se separa de mí y ríe mientras sostiene una mano en su cintura. –Yo creo que por mucho que hayas cambiado aún sigue algo de ese Justin Bieber en tu interior y no sé quién es esa chica misteriosa pero ahora cuando veas a ____ vas a querer hacerla tuya ahí mismo. Así que contrólate, que te conozco.

Mi boca se seca. La saliva se desvela en mi garganta. Mi estómago se contrae. Ha sido escuchar su nombre y todo el mundo ha caído encima de mí. Joder. Ponerme nervioso es todo lo que ha conseguido.

-¿Por qué dices eso? –pregunto curioso. Bueno, más bien muriéndome de ganas por que me conteste ya. –Si es un bicho raro.
-Lo era.
-¿Qué estás diciendo, Cloe?
-Ven, ahora lo verás tú mismo.

-------------------
Espero vuestros comentarios
¡Feliz navidad!

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.

viernes, 13 de diciembre de 2013

''Improbable Dirección'' Capítulo 41.


|Narra _____|

Llegamos a casa. Como siempre camina con su peculiar andar y lanza las llaves a la mesita del recibidor. Consigue hacer ruido y le empujo débilmente bromeando en señal de protesta. Él se gira vacilante, atrapando mis manos y aprisionándome contra la pared, dejándome sin escapatoria y me da un largo beso que termina con un mordisco en el labio inferior.

-A la próxima aprende a callarme así. –dice con esa prepotencia tan típica de él que me vuelve loca.

Afirmo con mi cabeza anonadada mientras sigo impregnada de la sensación de flotar entre las nubes y otras cursiladas que pasan por mi cabeza cuando lo tengo ahí, a unos pocos centímetros de mi boca. Su respiración choca contra mis labios, que piden otro beso más. Y como si escuchara mis pensamientos lo vuelve a hacer. Me besa otra vez de aquella manera tan lenta, suave y tierna a la vez. Nuestras lenguas rozan con cuidado, intentando sellar un pacto.

Se escucha un ruido arriba y separamos enseguida nuestras bocas.

-Joder. –murmura rodeando los ojos.

Yo lanzo una risita desentonada y consigo escapar de sus brazos, sintiéndome traviesa por unos segundos. Corriendo subo las escaleras y arriba me encuentro a papá que me mira de arriba abajo apoyado en el marco de la puerta de su habitación.

-Es tarde. –musita volviéndome a mirar de esa manera. Yo frunzo mi ceño como si no tuviera ni idea de la hora que es. Aunque en realidad sé que mi padre lleva precisamente la razón.
-Lo siento, no controlé la hora de llegada… -digo moviéndome nerviosa sobre mis tacones.
-Deberías haberme llamado, estaba preocupado. –dice con un tono de voz serio que no me gusta nada.
-Perdona, papá. A la próxima lo haré. –añado encogiéndome de hombros.
-Si no eres más responsable no habrá próxima vez.
-¿Qué? ¡Papá! ¡Pero si es la primera vez que hago estas cosas!
-Por eso mismo, tienes que aprender a imponerte unos horarios y no andar por ahí como si nada.

Lanzo un suspiro pesado y echo mi pelo hacia un lado mientras mi padre sigue diciéndome cosas sin sentido. ¿Y Justin? ¿Se ha quedado bajo? Espero que no esté escuchando todo esto. Me moriría de la vergüenza.

-¿De acuerdo? –me pregunta, aunque no tengo ni idea de qué habla.
-De acuerdo, papá. Buenas noches.

Deposito un beso mojado en su mejilla y me encierro en mi habitación. Me quito los tacones y los coloco al lado del zapatero para devolvérselos a Vanessa. Me quito el vestido y me meto en mi pijama calentito. Algo vibra en la chaqueta de cuero que me ha prestado Justin, mi móvil. Lo cojo y abro un mensaje.

De: Estúpido.
Eso no se hace, bicho.

Se forma una sonrisa en mis labios sin explicación y lanzo el móvil a mi cama. Cojo la chaqueta de Justin y aspiro su aroma. Me encanta. No sabría explicar lo que… que sí, que me encanta y no hay explicación.

Me tiro en mi cama metiéndome entre las sábanas y alcanzo el móvil con mis manos.

Para: Estúpido.
¿No se hace el qué? *carita sacando la lengua*

De: Estúpido.
Escapar de mí y dejarme con más ganas de… *carita sonrojada*

Para: Estúpido.
¿De qué?

De: Estúpido.
De ti…

Para: Estúpido.
Así que me estás confesando que ya me echas de menos.

De: Estúpido.
Algo así, nena. Tampoco te lo creas tanto.

Para: Estúpido.
No soy yo precisamente la que se lo tiene creído.

De: Estúpido.
Pues podrías empezar a creértelo un poco más, porque nena… *carita sonrojada*

Para: Estúpido.
No digas eso.

De: Estúpido.
Ya te he sonrojado.

Para: Estúpido.
No.

De: Estúpido.
No niegues lo que es obvio.

Para: Estúpido.
Está bien.

Nos quedamos unos minutos sin decir nada, tan sólo me dedico a mirar la pantalla del móvil esperando… algo.

Para: Estúpido.
¿Estás ahí?

De: Estúpido.
Sí. Oye, ¿qué te ha dicho tu padre?

Para: Estúpido.
Idiota. Me ha reñido por tu culpa.

De: Estúpido.
Eso es lo que pasa cuando una chica buena se junta con alguien como yo.

Para: Estúpido.
Pues… ¿entonces yo también soy una chica mala?

De: Estúpido.
No, tú tienes un punto de inocencia que me encanta.

Y otra sonrisa resbala por mis labios.

Para: Estúpido.
Oye Justin, me muero de sueño.

De: Estúpido.
Oye bicho, y yo de ganas por dormir contigo. ¿Me haces un hueco?

Para: Estúpido.
Mmm… no.

De: Estúpido.
No te hagas la dura, que sé que tú también te mueres de ganas.

Para: Estúpido.
No estás en lo cierto.

De: Estúpido.
¿Tampoco me dejas darte un beso de buenas noches?

Para: Estúpido.
No te vas a morir por eso. Buenas noches, Justin.

De: Estúpido.
Buenas noches chica que se sonroja por todo. *símbolo corazón*

Para: Estúpido.
Eso es mentira.

De: Estúpido.
Eso es verdad, pero te quiero así. Descansa.

Para: Estúpido.
Yo… también te quiero. Hasta mañana.

---------------

_____ se levanta tarde, como siempre, pero consigue arreglarse rápido y darse una ducha refrescante antes de ir a la universidad. Llega al bus y teme encontrarse a Carlo, pero por suerte no aparece por ningún lado, o al menos ella no consigue verlo. Al bajar se encuentra con Vanessa y entre charlas llegan a las taquillas donde _____ se encuentra algo que no esperaba. Alguien ha escrito sobre su taquilla LLUEVE y ella sabe perfectamente quien es el responsable de todo eso. Esboza una sonrisa de buena mañana, parada frente a esas letras que realmente narran en secreto una historia. Su historia.

Algunos curiosos se detienen a observar el pequeño grafiti y otros se parar a reír, gesto que _____ ignora completamente, tomando ejemplo de lo que suele hacer con las voces de su cabeza.

-¿Y eso? –pregunta Vanessa señalando a esas letras pintadas de un color rojo capaz de llamar la atención de cualquiera.
-Nada. –sonríe _____ en forma de respuesta.

Su amiga, extrañada, decide dejarlo pasar.

-Eres tan extraña a veces.
-No estás diciendo nada nuevo. –carcajea _____.

Llegan a clase y acaparan miradas furtivas llenas de veneno por parte de Sarah y su grupo de amigas. Incluso una de ellas deja de pintarse las uñas y presta atención a las dos amigas que acaban de entrar, lo cual supone un gran avance para la humanidad.

-¿Sabes qué, Blair? –pregunta Vanessa sentándose a su lado y cruzando sus piernas, situando una encima de la otra.
-¿Qué?
-No he conocido a una chica tan misteriosa como tú. Enserio. –carcajea.
-¿Y eso es bueno? –pregunta _____ elevando una ceja, tras dejar su bandolera encima del pupitre.
-Es… curioso.
-Vaya. –ríe.
-No te lo tomes a mal, eh. –dice Vanessa besando la mejilla de su amiga y luego esboza una de sus sonrisas.
-No, tranquila. –ahora sonríe _____.

La profesora de literatura entra y el silencio empieza a hacerse presente.

-Abrid vuestros libros por la página…

|Narra _____|

Y como siempre, alguien interrumpe. Alguien con esa sonrisa pícara marcada en sus labios y el cabello un tanto revuelto que… mejor enterrar mis pensamientos en un lugar fuera de aquí. Justin entra sin pedir permiso desafiando a la profesora que se da por vencida con él. Avanza acercándose a mi sitio y empiezo a ponerme nerviosa. Tan nerviosa como siempre cuando se trata de él.

Pasa por mi lado y roza mi mano queriendo sentir el calor que desprende mi piel en estos momentos.

-Bueno, continuemos. –prosigue la profesora escribiendo unas oraciones en la pizarra. –Escribirlas en vuestros cuadernos.

Abro mi cuaderno y hago lo que ordena la profesora.

-Muy bien, ¿algún voluntario que quiera…

Y de nuevo es interrumpida. Esta vez es… Cloe. Sí, si no recuerdo mal se llama así. La mejor amiga de Justin. Es realmente guapa, tanto que incluso sentiría celos de ella cada vez que se acercara a él.

-Siento interrumpir, pero tengo que secuestrar a dos de sus alumnos. –dice lo más risueña posible. -¿Me permite?

La profesora de Literatura afirma moviendo la cabeza.

-De acuerdo. Venir conmigo los dos protagonistas del musical, Justin Bieber y ______... –dirige su mirada hacia una hoja que sostiene en sus manos. –Blair. Justin Bieber y _____ Blair.

Mi cara enseguida se vuelve como un tomate, precisamente por el color similar. No me gusta escuchar mi nombre en público y menos delante de toda la clase. La mayoría de las miradas van a parar a mi rostro y yo… me quiero esconder debajo del pupitre. Sí, sería una buena idea.

Justin se levanta y yo rápido recojo mis cosas y le sigo mientras esquivo de nuevo miradas llenas de furia como la de Sarah.

Avanzamos por el pasillo en absoluto silencio, hasta que Cloe decide romperlo.

-Vamos a hacer con vosotros algo genial.

Justin y yo nos miramos y enseguida separamos la mirada.

-¿Algo genial? –pregunta Justin tratando de aguantar la risa. Me encanta cuando lo hace.
-Sí. –afirma Cloe pasando su brazo por los hombros de Justin. Trago saliva. –Ya te dije que me encargaron para ser la estilista del musical.
-Cierto, no lo recordaba. –musita Justin.
-¡Pues así es! –exclama ella mientras deja un efusivo beso en la mejilla de Justin. -Vais a ser los primeros con los que vamos a trabajar, ¿os parece bien? –Cloe se detiene a mirarme mientras yo me muerdo el interior de la mejilla con rabia.
-Sí. –me decanto a decir.

Justin se percata de que no me siento muy cómoda y me regala una sonrisa calmada como sinónimo de ''no te preocupes por nada que todo está bien''.

Bajamos las escaleras mientras Justin y Cloe charlan de cosas que no me importan lo más mínimo, o quizás sí, pero no les presto atención y me pierdo un rato en mis pensamientos. Llegamos a la zona de bajo y me pregunto qué mierdas hacemos aquí, en un garaje el cual no había pisado en mi vida, rodeado de coches de diferentes tamaños, marcas y colores.

Nos detenemos y Cloe camina en línea recta hasta encontrarse con un hombre bastante alto y con los brazos musculados llenos de tatuajes. Me recuerda a un guardaespaldas de esos de las películas de acción, me impresiona porque nunca había visto a un hombre así con mis propios ojos.

-¿Quién es? –le pregunto a Justin en voz baja, tan baja que apenas se escucha en forma de susurro.
-Alguien que ha ido mucho al gimnasio.
-Idiota, eso ya lo veo.

Él carcajea y se aproxima a mí, pero sin dejar de medir la distancia de seguridad entre nosotros.

-Te has puesto celosa antes, eh. –dice acompañando la frase con un guiño de ojos. Y recuerdo el pinchazo que sentí en mi vientre la primera vez que lo hizo. Sabía muy bien cómo jugar conmigo.
-No. –niego orgullosa. -¿Por qué tendría que estarlo?
-Tu cara lo decía todo. Y tus morritos también. –vuelve a carcajear.

Suspiro pesadamente esquivando su mirada y me giro dándole la espalda.

-Eres una refunfuñona. –susurra cerca de mi cuello.

Joder. Eso ha sido… electricidad pura. Lo odio.

-¿Has pasado por tu taquilla hoy? –suena sexy. –Alguien te ha dejado un regalo.

Trago saliva. Sus manos se acoplan indecisas en mi cintura y vuelve a suspirar en mi cuello, dejando su aire estampar contra mi piel.

-Sí, ya he visto como alguien ha escrito unas cuantas cosas sin sentido.
-Joder, bicho. Me encanta cuando te pones así.
-¿Así cómo?
-Así de rabiosa.
-Pues no te encantaría tanto verme más rabiosa, así que déjame en paz un rato.
-Vale, fea.

Se separa de mí y se sienta en un escalón a jugar con su iPhone. Yo me quedo quieta, tratando de apaciguar el zoológico que ha revolucionado Justin en mi estómago en unos pocos segundos.

Después de unos largos minutos, Cloe se acerca a nosotros.

-_____, tú te vienes conmigo ¿vale?
-¿Dónde? –interviene Justin, poniéndose en pie. Yo me quedo paralizada.
-Yo me encargo de su vestuario, Justin. Tú ve con aquel señor.

Cloe agarra mi brazo como si fuéramos amigas íntimas, de esas que pasan las noches viendo películas de amor mientras consuelan sus penas con unas cuantas palomitas dulces, y subimos a un coche estacionado a pocos metros. Me siento en el asiento de copiloto, y vaya, ella por lo visto ya sabe conducir. Me sorprende. Abrocho mi cinturón y me miro en el espejo retrovisor mientras salimos de allí.

-Nunca había hablado contigo _____, ¿eres muy amiga de Justin?

Su pregunta consigue ponerme un tanto nerviosa y me muevo sobre el asiento incómoda.

-Bueno… -es lo único que puedo llegar a decir.
-¿Bueno? –sonríe mientras sigue prestando atención a la carretera. –Me habló de ti únicamente el día que llegaste a su casa, no sé si os lleváis bien o por el contrario…

Eso significa que Justin no ha contado nada de lo nuestro. Perfecto. Justo como le dije. Suspiro aliviada.

-Nos llevamos, simplemente nos llevamos. –sintetizo.
-Eso está bien, pero ya sabéis que para el musical al menos debéis fingir… ¿Cómo lo llamaría yo? –dice llevando su dedo índice a su barbilla y luego lo devuelve al volante. –Como que estáis enamorados.

Un escalofrío pasa por mi columna vertebral a velocidad de infarto. Me tenso. Me muerdo el labio incómoda.

-Tratamos de actuar lo mejor posible. –miento. Al menos yo no actúo, me he metido tanto en el personaje que diría que es el personaje el que se ha metido en mí. Realmente no sé si estoy enamorada, quizás es demasiado pronto para llamarlo así, pero de lo que estoy segura es que estoy a punto de quemarme porque el fuego está muy cerca.
-Eso está bien. ¿Sabes qué? Yo siempre he soñado con ser la protagonista de un musical y enamorarme de mi compañero. Tienes mucha suerte.
-Bueno a mí me escogieron, yo no escogí serlo. –añado clara.
-Entonces te lo pusieron a huevo, amiga. –carcajea y me dispara una sonrisa. Pues es más simpática de lo que pensaba.
-¿Por qué? –simulo yo una sonrisa.
-Porque Justin es el chico más deseado de la universidad y seguro que el 99% de todas las chicas quieren ocupar tu lugar.

Le contestaría un ''joder, pues si ellas supieran….'' pero decido actuar, sí, actuar, como si fuera el principio de todo y no sucediera nada entre Justin y yo.

-Bah, -suspiro. –no es para tanto.
-Tu sonrisa no dice lo mismo, eh. –dice risueña. Joder, me ha pillado. ¿Tanto se me nota?

Decido ignorar su comentario y ponerle fin con una sonrisa. Ella enciende la radio del coche y suena una canción bastante movida, pudiendo percibir como Cloe la tararea en voz muy bajita. Bajo un poco la ventanilla y el aire frío resbala por mi piel también haciendo un tanto rebelde mi cabello desordenado. Cierro mis ojos e imagino, una vez más. Adoro la sensación de visitar las nubes y volver de nuevo a la Tierra como si nada. Antes solía odiar esto de imaginar tanto. Es una gran putada cuando lees, piensas e imaginas más de lo que vives. Pero el día menos esperado todo cambia, modificando incluso tus expectativas. La vida nos sorprende cuando menos creemos, por eso me gusta vivirla. A pesar de tanto bache, señales de STOP y semáforos en rojo que me decían que subiera ahí arriba y me quedara con mamá para siempre. Pero eso es pasado. Ahora todo va mejor, en parte gracias a él. El estúpido. Mi estúpido. 

¿Sabes qué? Odiaba los truenos, los rayos y esas cosas que me causaban tanto terror y me hacían cobijarme bajo mis sábanas. Pero ahora todo ha cambiado. Que sí, que amo la lluvia. Sobretodo amo cuando me dices que está lloviendo. Porque sí. Llueve.  Sí. Ya creo que llueve y eso significa que me quieres. Y por ese simple hecho sostengo en mis labios una leve sonrisa sin explicación. Bueno, quizás la explicación a todo interrogante eres tú. Suena ahora una canción más lenta y me percato de que es esa misma que bailamos ayer. ¿Casualidad? Otra sonrisa escapa de mis labios y no lo puedo permitir. ¡No! ¡Basta! Me voy a volver loca, bien si ya no lo estoy lo suficiente.

-Hemos llegado.

Cloe pisa el freno y mientras yo me quedo observando el gran edificio gris que presencio a mi derecha. A través de la ventanilla observo su fachada y me quedo realmente impresionada.

-¿Qué vamos a hacer aquí? –pregunto fascinada.

-Ya lo verás. –dice colocándose las gafas de sol.


RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.