Tu rastro.

lunes, 11 de agosto de 2014

''Improbable Dirección'' Capítulo 53.


|Narra _____|

De vez en cuando necesitamos cerrar viejos capítulos de nuestra vida y emprender nuevos caminos. Yo ya he tomado la iniciativa gracias a él. Atrás quedan los ''bicho raro'' con desprecio y las miradas de desaprobación por los pasillos de la universidad. Soy una nueva _____ Blair y me siento mejor ahora. Los días se afrontan más fácilmente y es que, en parte, necesitaba un cambio de los grandes en mi vida. Y así ha sido mi Big Bang con esa mirada caramelizada y esos labios carnosos que me regalan las mejores sonrisas. Todo un placer que mi corazón, hoy en día, pertenezca a él.

Me levanto por fin de la cama renegando por lo bajo y apago el maldito despertador que me taladra la cabeza. Subo la persiana y los rayos de sol se cuelan contentos por mi habitación. Me apresuro a darme una buena ducha que consiga despejarme y activar un poco mi cuerpo. Así es, me seco y me coloco el uniforme. Me miro al espejo y tras hacer unas cuantas muecas graciosas decido lavarme los dientes. Mi cabello todavía empapado refresca parte de mis hombros y decido secarlo un poco. Miro la hora. Me sorprendo. Aún es demasiado pronto y yo creyendo que hoy llegaría tarde a la universidad.

Aplico unas gotitas de colonia por mi cuello y marcho corriendo a la habitación de Justin. La puerta está cerrada y doy unos golpecitos contra la madera. Escucho su voz en el interior murmurando algo que no logro entender, pero lo interpreto como un ''adelante, pasa''. Entonces entro. Y ahí se encuentra tirado en la cama sin camiseta y con unos pantalones largos de chándal. Trago saliva. Algo en mi estómago comienza a activarse automáticamente. Joder. Me mira y me dedica una sonrisa muy matutina. Se refriega un ojo con la mano y apoya la cabeza de nuevo en la almohada. Me aproximo a él y me arrodillo en el suelo observando su rostro de recién levantado. Es tan precioso que no asimilo que sea real, y sobre todo, mío. 

Acaricio su delicada mejilla y cierra los ojos como si fuera un bebé, sintiendo mi tacto.

-Lo siento pero… es hora de levantarse. –susurro en bajito con una voz muy templada. Él ''contesta'' con una sonrisa y todavía con los párpados relajados. –Se va a hacer tarde, Justin.
-Podrías haber venido antes. –reniega como si fuera un niño pequeño. Yo alzo una ceja.
-¿Antes?
-Sí, llegas tarde.
-Tarde vamos a llegar los dos como no levantes el culo de la cama… -le planto un tierno beso en la frente y me levanto. Él tira de mi brazo haciendo que me siente a su lado.
-No me has entendido, nena.
-La verdad es que estás delirando pero eso nos pasa a todos nada más nos levantamos. Tú tranquilo, mi amor.

Él me mira con una sonrisa tirando de sus labios. Despega la cara de la almohada y se coloca a la altura de la mía. Observa mis labios descaradamente y después me mira a los ojos como si nada.

-Siempre llegarás tarde porque siempre querré que llegues antes. –dice, mirándome de esa manera tan suya y a la vez tan incómoda porque altera todo mi organismo.
-Vale. –es mi única respuesta, lo primero que pasa por mi cabeza. Joder, qué torpe soy para esto.

Él se ríe y se acerca a mi cuello. Coloca mi pelo a un lado y aspira mi aroma.

-Oye, hueles muy bien. –añade, aplicando después un beso en mi piel que me electrocuta por completo.
-Me dio tiempo a ducharme. –me encojo de hombros. –Cosa que a ti no te da tiempo. –miro el reloj de mi muñeca. –Exacto. Vístete que yo preparo el desayuno.
-Parecemos un matrimonio. –ríe.

Me encanta su risa, ojalá pudiera escucharla a todas horas. Yo levanto mi fina ceja incrédula.

-Eres una mandona.
-Todos tenemos nuestros pequeños defectos. –aclaro, mirándole mal adrede.
-Pero yo estaría dispuesto a recibir sus órdenes –hace un gesto gracioso. -, sargenta.

Yo estallo en carcajadas. Ese lado, gracioso e inesperado, de él es el que más me gusta. Pero, joder, es como si fuera un jodido cuadrado porque cada lado me encanta.

-¿Sabes qué, Justin?
-¿Qué?

Atrapo su mano y la acaricio con delicadeza. Él entrelaza nuestros dedos.

-Ayer papá me dijo que para saber si una persona está enamorada tienes que soñar cada noche con ella.
-¿Sí?
-Sí. –afirmo. –Y yo he soñado esta noche contigo.
-Yo también he soñado contigo. –dice acercándose a mi boca. –Y no es la primera vez que lo hago.
-Yo tampoco.

Me besa. Me besa con delicadeza y ternura.

-Tienes que vestirte, ¿vale? Voy a hacer el desayuno. –hago el intento de levantarme pero su voz me detiene.
-De acuerdo, sargenta. Pero antes… -vuelve a tirar de mi brazo. Caigo en la cama. Y volvemos a estar muy cerca. –déjame que te bese por última vez antes de vestirme.

Y le dejo. Captura mi labio inferior y después se apodera de mi lengua. Me encanta su forma de llevarme a otro lugar quedándome quieta y sin moverme. Nuestras bocas se separan. Sonreímos.

-Déjame que te bese por última vez antes de ir a preparar el desayuno.
-A sus órdenes, sargenta.

De nuevo su cama se convierte en una batalla de besos y me olvido de la hora. Lo único que sé es que si miro las jodidas agujas del reloj deseo estar cada segundo a su lado.

--------------------------------

-Ha sido un infierno la mañana…
-Ya te digo, Vann. ¿De verdad ha sido solo una mañana o todo un año? Se hizo eterno…
-No pongo en duda tu pregunta, eso fue terrible.

Vanessa y yo bajamos por las escaleras de la universidad. Sarah nos adelanta y aprovecha para darme un pequeño y cruel golpe con su bolso.

-Será estúpida… -gruño bajito. Vanessa me detiene y exhalo varias respiraciones.
-Todo es envidia, deberías sentirte halagada. –me dice mi amiga en un intento de tranquilizarme. -¿Quién está con Justin, ella o tú?
-Yo. –contesto tajante.
-Pues ya está, no hay más _____. –mueve ligeramente mis hombros, relajándome.
-Eres la mejor. –le doy un beso a Vanessa en la mejilla.
-¡Tú sí que eres la mejor!

Nos fundimos en un abrazo y consigo sentirme mejor. Ahora Vanessa es como mi diario, si me siento mal, sé que puedo recurrir a ella. Pase lo que pase está ahí.

Continuamos caminando hacia la salida. Por fin hemos acabado las clases por hoy y hasta dentro de tres días no volvemos a pisar la universidad. Los descansos vienen bien, aunque no siempre se vuelven descansos. Puede que esos pequeños y rápidos días se muevan más deprisa de lo habitual.

-Tenemos que hacer planes, nena. –concluye Vanessa, a la salida de la universidad.

Una ráfaga de aire mueve mi pelo. A unos pocos metros puedo distinguir a Justin y a Ryan en sus respectivas motos.

-Creo que ya han hecho planes por nosotras. –añado, señalándolos.

Vanessa se ríe y tira de mi mano mientras corremos hacia ellos. Nos miran y sonríen casi en una décima de segundo. Ella se lanza en los brazos de Ryan y yo en los de Justin.

-¿Qué tal, chicas? –pregunta Justin, mientras me abraza por detrás y asoma su cabeza por mi hombro.
-Ha sido una mañana bastante aburrida y más sin vosotros. ¿Dónde os metisteis? –contesta Vanessa, poniendo una mano en su cintura.

Ambos ríen. La risa de Justin acaricia mi oído y me hace sentir tan bien que me quedo callada.

-No habéis acudido a clase y eso está muy mal. –continúa Vanessa. –Estamos a finales de curso ya y eso no os favorece, después se ve reflejado en vuestras notas.
-Fue por una buena causa. –añade Ryan, tratando de acercar a su chica a sus brazos, pero ella le ignora completamente. A mí me causa risa la situación. –Tenemos una sorpresa para vosotras.
-¿Un premio por aguantar vuestras estupideces? –ataca Vanessa. Justin y yo nos reímos a la vez. -¡Vaya!
-Vann, relax. –intervengo entre risas.
-Hemos alquilado estos días una cabaña al lado de un lago precioso, nos merecemos unas mini-vacaciones antes de acabar el curso. –termina Ryan.
-¿De verdad? –pregunta Vanessa.
-¿En serio? –miro a Justin sorprendida y él mueve su cabeza afirmando.
-Claro. –contestan a la vez.

Vanessa exclama un ''¡genial!'' en voz alta y yo abrazo fuertemente a Justin que sonríe sin parar. Le beso en los labios y me aparto enseguida, asimilando la situación. Pero la realidad es que él muerde mi labio inferior capturándolo y pidiéndome que no me aleje. Entonces me regala un beso y nuestras lenguas se vuelven juguetonas sin querer. Él lleva su mano hacia mi trasero y yo presiono más mi boca contra la suya. Al final nos apartamos con la comisura de los labios ensanchada a más no poder.

-Te quiero tanto… -susurro en su oído.
-Yo supero ese tanto. –me contesta.

Ryan y Vanessa se nos quedan mirando y me siento un poco bastante espiada. Aún no me acostumbro a estas muestras de cariño en público. Mis mejillas se sonrojan un poco.

-¿Cuándo nos vamos? –pregunto yo para romper el momento incómodo.
-En una hora. –responde Ryan.
-¿En una hora? A mí no me da tiempo hacer la maleta. –protesta Vanessa. –Necesito más tiempo.
-Lo que necesitas es una ayuda… -intervengo.
-¡Y tiempo! –reniega mi amiga.
-Tienes una novia un tanto quejica, amigo mío. –bromea Justin, dándole una palmada en la espalda a Ryan.
-¡Oye! ¡Que estoy aquí delante! Te he escuchado. –exclama Vanessa.
-Yo te ayudaré con la maleta. –Ryan le planta un tierno beso en la mejilla a su chica y ella sonríe.
-Creo que alguien debería hacer lo mismo conmigo… -insinúo yo, tocando mi pelo. Justin me agarra por la cintura y me aproxima a él.
-Me presento voluntario, cariño. –susurra Justin con su voz ronca contra mi oído. Una ráfaga eléctrica sacude todo mi cuerpo. –Entonces en una hora nos vemos, ¿no?
-En una hora, pareja.

Ryan y Vanessa se despiden y se marchan con la moto. Me alejo comprobando cómo se van. Justin me mira de arriba abajo y arruga su frente.

-Eres a la chica de la universidad que mejor le queda el uniforme. Vas a hacer que me guste y todo.
-¿No te gusta?
-Si lo llevas puesto tú sí.

Me acerco nerviosa. Observa mis piernas y sube lentamente su mirada hasta llegar a mis caderas. Trago saliva.

-Cuando me miras así me pones muy nerviosa.
-Lo sé, pero no puedo evitarlo. –ahora me mira a los ojos. El Sol da de lleno en su cara y su mirada se convierte en un color miel más claro de lo habitual.
-Sí puedes, simplemente no me mires. –elevo una ceja y me cruzo de brazos.
-No juegues a estar enfadada porque sé que te encanta que lo haga. –dice colocándose en la moto. –Venga tonta, sube que tenemos que hacer tu maleta.
-Te odio. –me río.
-Yo también. –contesta.

Subo a la moto y me coloco tras su espalda. Juraría que pocas cosas me encantan tanto como esta. Arranca el motor y cierro los ojos. Sigo sin superar ese miedo a la velocidad. Bueno, mejor dicho, a la velocidad que alcanza Justin. Es un bruto sin piedad. Le gusta ir rápido y llamar la atención. Le gusta que me agarre fuerte a él y mirarme por el espejo retrovisor sin que me dé cuenta. Le gusta que le apriete tan fuerte como grande sea el terror que tenga. Y a mí, me gusta cada cosa que le guste a él.

En pocos minutos llegamos a casa. Frena bruscamente, haciéndome rabiar, y aparca donde siempre. Bajo primero yo de la moto y después él. Entramos en casa y me dirijo a la habitación mientras él se detiene a hablar con su madre. Mierda. ¿Qué vamos a decirle a papá y a Pattie? Abro la maleta. Joder. Siempre hay un problema en cada esquina. Abro mi armario. Demasiada ropa que no me gusta. Otro problema. Llevo las manos a mi cabeza. Llaman a la puerta.

-¿Puedo pasar?

La voz de Justin consigue animarme lo suficiente.

-Sí. Adelante.

Entra y me mira extraño.

-¿Qué te pasa? –me pregunta.

¿Cómo sabe que me pasa algo? Aunque en realidad no me pasa nada. Bueno, sí. Estoy agobiada.

-Tenemos que contarle a nuestros padres que estamos juntos, Justin.
-Yo también lo había pensado… -se rasca la nuca.
-Y lo peor es que les hemos estado engañando todo este tiempo. Ellos creen que nos odiamos. –suspiro y me siento en la cama apoyando mi espalda contra la pared.
-Bueno, ha sido entretenido fingir odiarte. –Justin se acopla a mi lado.
-Al principio no tuviste que fingir mucho. –una sonrisa se me escapa al recordar esos momentos. –Me odiabas de verdad.
-Yo nunca te he odiado. –aclara él. –Odiaba que fueras diferente, que me ignoraras, que no te comportaras como las demás. -hace una breve pausa. -¿Tú me odiabas?
-Un poco… bueno, no. Odiaba que el típico chulito de turno, que encima tenía que aguantar día tras día, me hiciera sentir cosas raras en el estómago cuando yo detesto a ese tipo de personajes. He conocido a muchos como tú, Justin. Pero a la vez, a ninguno como tú. –le miro y le dedico una sonrisa nerviosa.
-¿Así que chulito de turno? –se acerca peligrosamente. -¿Cuándo te diste cuenta de que te gustaba?
-Eso no me lo has preguntado nunca. –me río sin querer. Él también se ríe. –Pues… cuando me besaste. Sentía algo, pero ese momento me hizo saber que realmente te estabas convirtiendo en mi perdición.
-Te besé porque no aguantaba más. –dice contorneando mis labios con su dedo pulgar. –Tenía muchas ganas de hacerlo. Me intrigabas, quería saber qué había detrás de esa fachada de ''chica rara odia a chico prepotente y guapo''.
-¿Eso de guapo te lo dices tú solito? –carcajeo.
-Sí. He cambiado, nena, pero es difícil bajarme el ego.
-Lo sé y me encanta.
-¿Te encanta bajarme el ego o que haya cambiado por ti?
-Ambas cosas.

Beso sus labios. Me apetece hacerlo a todas horas. Me corresponde rozando su lengua con la mía. Me río y me separo lentamente.

-¿Sabes que tenemos que hacer dos cosas importantes en un tiempo récord?

Justin me mira frunciendo el ceño.

-La maleta y contarle a papá y a Pattie lo nuestro. –aclaro.
-Lo había pillado, nena.
-Tengo una idea. –llevo el dedo índice a mi barbilla. –Yo me hago cargo de la maleta y tú de lo otro.
-Me dejas la parte complicada. –reniega.
-Es que a mí eso se me da muy mal. Tú suenas más convincente y, además, a ti te da igual todo y transmites más seguridad.
-Joder, tengo una novia que me define a la perfección.
-Así es. –rozo sus labios rápidamente y me pongo en pie. –Déjanos en el lugar que nos corresponde, campeón. –muestro la palma de mi mano y al instante la choca.

Se levanta y camina hacia la salida de la habitación.

-¡Espera! –exclamo haciendo que se detenga antes de salir por la puerta. Se gira y me mira divertido.
-¿Qué pasa, nena?
-Estoy confundida, no me gusta la ropa, no sé qué llevarme… ¿A ti qué te gusta? –le muestro mi armario. Él lo mira unos segundos y enseguida dirige a mi cuerpo su mirada.
-Lo que más me gusta es lo que habrá debajo de esa ropa, así que ponte lo que quieras. Todo te va a quedar bien.
-¿Esto bien? –le enseño un jersey rojo que sujeto en la mano.
-Tu piel mejor.


Y se marcha. Abandona mi habitación y me quedo un largo rato sonriendo al armario.  

------------------
Siento muchísimo la espera,
espero que comentéis la novela y el capítulo.
¡UN BESAZO!

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.

No hay comentarios:

Publicar un comentario