Tu rastro.

jueves, 28 de agosto de 2014

''Improbable Dirección'' Capítulo 54.


Maleta hecha. _____ suspira profundamente, engancha un bolso color marrón viejo en su hombro y arrastra la maleta hacia abajo. Escucha voces en la cocina y está nerviosa. No sabe si su padre se habrá tomado bien su relación con Justin. No sabe ni siquiera si van a dejarles marchar unos días, aunque no descarta la idea de escaparse sin más en el caso de que fuera así.

Coloca la maleta en la entrada, cerca de la puerta, y se percata de que sus manos están temblando. Su corazón también bombea muy fuerte y necesita quitarse las dudas que atormentan su cabeza en todo momento.

Tira un mechón de pelo tras su oreja y despacio se acerca a la cocina. Pattie está ocupada preparando una especie de tarta casera, Mathew está sentado mirando la tele fijamente y Justin se encuentra de pie bebiendo un vaso de agua.

En cuanto descubren la presencia de _____ se detienen a observarla en silencio. Ella se pone incluso más nerviosa que minutos antes y exhala una sonrisa mal dibujada mientras su cara es un completo poema con los versos desordenados.

-Hola. –se decanta a decir _____.

Justin nota la angustiosa situación en la que se encuentra su novia, deja el vaso de agua en la encimera y se acerca a ella. Pasa su brazo por los hombros de ______ y las mejillas de ella arden como el mismísimo fuego.

-Qué bien os veis así. –afirma Pattie, mirándolos expectante.
-Esto es… más complicado de lo que parecía. -_____ se ríe nerviosa.
-Tranquila, hija. –dice Mathew dirigiéndose a _____. –Estamos en familia ya, no tiene porqué ser complicado nada.
-¿Se… se lo has dicho? –le pregunta _____ a Justin. Él afirma con la cabeza con esa sonrisa tan alejada de problemas que parece irreal. –Bueno -_____ se encoge de hombros. -, pues eso…

Pattie le sonríe agradable. _____ no sabe lo que tiene esa mujer que resulta ser un encanto en todos los niveles.

-Nos vamos ya. –informa Justin, después de mirar la hora. -¿Tu maleta…?
-Ah, sí, ahí. –señala _____ hacia el pasillo.

Justin funde en un abrazo a Pattie y después a Mathew le da un apretón de manos antes de acudir a por las maletas. Justin desaparece y únicamente es _____ ahora la que se tiene que despedir.

-Pasarlo bien, _____. –rompe el hielo Pattie, acercándose a ella. –Y controla a Justin, ya sabes que a veces su comportamiento no es el adecuado…
-Lo sé. No os preocupéis por nada, en cuanto lleguemos os llamaré, ¿de acuerdo? –ahora _____ se dirige a los dos.
-Perfecto. –contesta a la vez.

Los tres se abrazan fuerte.

{1 hora más tarde}

Ryan conduce y Vanessa le acompaña de copiloto. Justin y _____ ocupan los asientos traseros. La música está alta, tanto que Justin le pide a su amigo que baje el volumen ya que _____ está relajada en su hombro intentando dormir. El viaje se está haciendo un poco largo.

Justin saca con cuidado un cigarrillo de su bolsillo y lo enciende tan rápido como siempre. Baja la ventanilla y expulsa el humo hacia fuera para no molestar a nadie. Observa como todo pasa tan rápido a esa velocidad. La ciudad se ha quedado atrás enseguida. Ahora todo lo que ve son campos, árboles con fuertes troncos, terrenos vacíos, naturaleza. Pero de nuevo todo pasa muy rápido. Como en la vida. Hace nada vacilaba a cada chica que pasaba por su lado en la universidad, qué curioso, ahora solo tiene ojos para una y lo único que desea es que no se marche de su lado ni un maldito segundo. Antes se agobiaba si la chica con la que se acostó la noche anterior le hacía una llamada al móvil… ¿y ahora? No imagina no ver el nombre de _____ entre las últimas llamadas recibidas.

Por eso, todo pasa, todo cambia, todo se modifica, todo lo que acaba empieza en otra parte. Y qué afortunado se siente.

-¿Ya llegamos? –pregunta _____ después de un largo bostezo.
-Estamos cerca, pero aún no. –contesta Justin después de lanzar el cigarrillo por la ventana. Observa a su chica y acaricia su muslo. –Esta noche no vas a poder coger el sueño, dormilona.
-Tío, frena un poco. Es la primera noche todavía. –carcajea Ryan. Vanessa le sigue.
-Eh, no penséis mal. –vocea Justin. –Es solo que con todo lo que ha dormido ahora no le quedará sueño para esta noche.
-Claro… -sisea _____, tímida.
-Aunque tampoco creas que te voy a dejar dormir mucho, eh bicho. –añade Justin en el oído de ella.
-Estoy preparada para que así sea. –dice _____ convencida. Justin traga saliva y mueve la pierna nervioso.
-Joder, nena. –suspira Justin. Ella se acerca a su oído y consigue calentarle más.
-Por cierto, el otro día me compré un tanga nuevo y lo coloqué en la maleta… -informa _____ con voz seductora.

Justin se muerde los labios y ella se detiene a mirarlo. Ella no deja de reír como si nadie la escuchara, pero todos lo hacen. Y Justin sigue sin quitarle el ojo de encima.

-Ryan, enciende el aire que hace calor. –le suplica su amigo.
-Mierda Justin, si yo estoy muerta de frío… -interviene Vanessa. –Abre la ventana y que te dé el aire.
-Pues aquí detrás nos morimos de calor. –Justin mira a su chica. -¿A que sí, nena?
-Un poco. –sonríe pícara. -¿Te trajiste ropa de abrigo?
-Lo justo, ¿y tú?
-Mmm… lo que pude, Justin. Ten en cuenta que no tuve mucho tiempo para revisar mi ropa. –contesta _____. Justin se ríe.
-Ten en cuenta que conmigo no vas a pasar mucho frío. –añade él.

Unas cuantas turbulencias hacen presencia en el coche y de repente Ryan frena en seco.

-Es aquí. Hemos llegado.

Diversas cabañas de madera se apiñan a unos cuantos metros. A la derecha un pequeño riachuelo pinta de un azul casi transparente el terreno y los árboles que lo rodean dan al paisaje un color más bonito.

Ambas parejas sonríen, han llegado a su destino. Bajan del coche y los chicos cargan con las maletas mientras ellas se apresuran a buscar su cabaña. _____ tiene las llaves.

-Tenemos la número 24. –informa ella.
-¡Allí está! –exclama Vanessa, señalando hacia el frente.

Las chicas corren rápido directas a su nueva residencia o como quieran llamarle. Tienen el presentimiento de que van a ser unos grandes días solo por la sonrisa que se ilumina en sus rostros.

La cabaña tiene una pequeña porchera tras subir unos cuantos escalones de madera. _____ introduce la llave y abre la puerta. A la derecha una pequeña salita con el televisor, una mesa, un pequeño sofá acolchado y cuatro sillas. A la izquierda la cocina, una auténtica cocina que parece de muñecas, en un espacio reducido. Todo está decorado rústicamente. Al frente está el cuarto de baño, que separa ambas habitaciones. Las dos se miran a la vez y estallan en carcajadas.

-¿Habitación derecha o izquierda?
-A mí me da igual, Vann. Son las dos iguales.
-Pues entonces nosotros la izquierda.
-De acuerdo, Justin y yo la derecha.

_____ entra en la habitación que le corresponde. Es bonita. Bueno, bajo su punto de vista lo es. Una colcha color salmón se extiende sobre la cama matrimonial. _____ la acaricia con la yema de sus dedos como si se tratara de seda. Una mesita con un jarrón encima ocupa la parte izquierda y a la derecha una ventana ofrece unas vistas increíbles. Ella se acerca y la abre con cuidado, como si tuviera miedo de que se rompiera en mil pedazos, y en una décima de segundo una brisa de aire revuelve todo su pelo. Suelta su melena y cierra los ojos sintiendo el aire acariciar su piel delicadamente. Y sonríe. No olvida sonreír.

-Cuidado no rompáis la cama, Justin es un salvaje.

Vanessa entra a la habitación carcajeando.

-No me urge la información acerca de cómo es mi chico en la cama. –replica _____, molesta con el comentario.
-Estaba bromeando, no te enfades. –Vanessa le da un codazo a su amiga. –Bueno no, contigo seguro que es todo un caballero y aún te lo hace con cuidado. A mí como solo me quería para eso pues…
-Basta. Ya comprobaré yo cómo es, Vann. No más detalles.
-Vaaaaaale… -suspira Vanessa. -¿No me vas a preguntar si ya me he tirado a Ryan?
-Sonaría evidente la respuesta, seguro que lo has hecho.
-¡Oye! –Vanessa se lanza en la cama. _____ se ríe. –No seas vengativa. Me has llamado zorra en toda la cara.
-Con cariño. –sonríe ____. –Te quiero a pesar de ello.
-Y yo a ti. Por cierto, cuando lo hagáis quiero saberlo todo.
-¡Serás cotilla! -______ le pega un codazo bromeando. –Si quieres lo grabo y te lo enseño nada más acabar.
-¡Cochina!
-Bromeaba.
-Yo no.
-¿No?
-Es que te imagino contándomelo… -Vanessa pone una mano en su boca tratando de ocultar la risa. –''Oh, fue tan estupendo… Es maravilloso… Es perfecto…'' –imita a su amiga.
-¡Basta! ¡No te burles de mí, Vann!
-Me haces gracia, nena. Además, ya sabes que yo envidio tu relación… y eso que estoy estupendamente con Ryan.
-Pues no deberías de envidiar nada. Tú tienes a tu chico, con él puedes ser como yo soy con Justin…
-Pero ese no es el problema… ¿Tú sabes con qué ojos te mira Justin? A mí un tío no me mirará así en la vida. –Vanessa hace una mueca triste.
-No digas eso… Ryan te quiere, sino no estaría contigo.
-Eso espero.
-Estás muy tonta. Dame un abrazo.

Se funden en un abrazo. A Vanessa incluso se le escapa una lagrimilla que rápidamente intenta secar su amiga. Y al segundo ríen. Y pasan los minutos volando.

-¿Reunión de chicas?

Justin se apoya en el marco de madera de la puerta.

-Lo siento si he interrumpido algo. –tose.
-La que interrumpe ahora mismo soy yo. –aclara Vanessa. –Voy... voy a ayudar a Ryan con las maletas. –se gira y le guiña un ojo a _____. –Gracias por todo.
-Ya sabes que estoy aquí para lo que necesites, Vann.

Cuando Vanessa desaparece, Justin cierra la puerta y pega su espalda en ella. ______ le mira con una sonrisa divertida y él se muerde el labio observando a su chica.

-¿Es esta nuestra habitación? –pregunta él, con la voz rasgada y a la vez dulce.
-Sí, ¿a que es genial?

_____ se levanta de la cama de un salto y corre hacia Justin. Se planta a tan solo unos pocos centímetros de su boca.

-Genial es la chica que tengo delante… y bueno, la habitación también.

Justin vacila aproximándose a los labios de ______.

-¿Y quién es más genial? –ella se toca el cabello sensualmente. -¿La habitación o… yo?
-Espera que lo piense un poco… -Justin envuelve sus brazos en la cintura de _____. –Tú.

_______ se inclina hacia delante y le besa suavemente. Él se acelera en el beso y nota esa presión en el pecho. Su corazón está a punto de estallar en mil pedazos. Dicen que los besos lentos que acaban con una mordida en el labio inferior son los mejores. Bien lo saben ellos.

-Llueve. –se atreve a decir _____ muy cerca de él.
-¿Que si llueve? Cae el diluvio universal, nena.

Ella sonríe inevitablemente y él divertido se da cuenta de lo mucho que le gusta esa sonrisa.

-Tengo hambre. –informa ella.
-¿Quieres que te haga la comida? –se ofrece él.

Se aparta de la puerta y sale disparado hacia el pequeño salón. _____ le sigue segundos más tarde, se sienta en una silla de madera y cruza sus piernas posando una sobre la otra. Se limita a observar a Justin que saca de un cajón una cazuela, la llena de agua y la pone a hervir.

-Ni siquiera has esperado una respuesta. –aclara ella.

Justin se gira, como si nada, y le pregunta.

-¿Pasta?
-Te quiero.
-¿Pasta con salsa de tomate?

_____ se levanta y camina despacio hacia él. Él no aparta ni un segundo la mirada de ella.

-Te quiero mucho, Justin.

Y empieza a besar su barbilla delicadamente. Justin mira a un punto invisible y se queda quieto mientras _____ sube hacia sus mejillas. Aplica unos cuantos mordiscos suaves en ellas hasta que Justin sonríe, quizás sin querer. Es entonces cuando baja hacia sus carnosos labios.

-Creo que no aguanto el suficiente tiempo estando lejos de ti.
-Si estabas a un metro como máximo… -Justin se muerde el labio inferior.
-¿Y eso es cerca?
-Cerca es… -él se aproxima a su cuello. –esto… -aspira su olor, su perfume. –Eres como una droga.

Justin desliza sus labios por el cuello de su chica. Los dos cierran los ojos, sintiéndose, cuando apenas se rozan.

-Y yo me estoy volviendo drogadicto… -susurra él con la respiración entrecortada.
-Pues entonces pruébame.

Justin abandona su cuello y acopla sus manos en las mejillas de _____. Ambos se miran con los ojos brillantes y el corazón bombeando a velocidades prohibidas.

-No quiero hacerte daño nunca.
-Justin… aunque me hicieras daño, nada cambiaría esto que siento por ti.
-Pero yo no podría perdonármelo.
-No me vas a hacer daño, tú mismo lo has dicho.
-Eso nunca se sabe.
-Sí que se sabe. –ella le silencia situando el dedo índice contra su boca. –Yo creo en ti. Incluso cuando tú mismo no creas en ti, yo seguiré creyendo en ti. 

Ryan y Vanessa entran en el salón mezclándose entre besos y risas.

-¿Y a qué viene esa felicidad? –pregunta _____, rodeando con su brazo el abdomen de Justin.
-Nena, que esta noche Ryan me lleva a cenar por ahí. –responde su amiga exaltando alegría.
-Eso suena genial.
-Os dejamos la cabaña para vosotros solitos. –Ryan guiña el ojo a Justin. Éste sonríe de lado. –Vamos a dar una vuelta, luego venimos.

Se despiden y se marchan.

_____ da saltos de alegría por todo el salón y Justin se apoya en la pared sonriendo como si tuviera 8 años y acabara de marcar un gol delante de todos.

-¡¿Pero has escuchado?! ¡Nos quedamos solos! –exclama ella entre risas. -¡Suena genial!
_____ se detiene un segundo a mirar a Justin.
-¿Te pasa algo? –pregunta.
-No, no me pasa nada. ¿Y a ti?
-Me pasa que estoy muy feliz. -_____ avanza unos pasos hacia él. –Y el destino me ha sonreído de cara. Por cierto, me gustaría proponerte algo.
-Adelante.
-Bueno, más que una proposición es una invitación a que lo hagas.
-¿Entonces me estás obligando? De acuerdo. –añade él, cruzándose de brazos.
-Verás… -_____ saca un plastiquito de su bolsillo y lo mete en el bolsillo trasero de él. –Es para esta noche.

Él la observa asombrado. Palpa su bolsillo y se queda perplejo. Absolutamente sin palabras. Ella le ayuda.

-Sí, Justin… -envuelve las manos alrededor de su cuello. Justin lleva las suyas al trasero de ella y las inmoviliza allí. –Quiero que esta noche te reserves para mí.


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lunes, 11 de agosto de 2014

''Improbable Dirección'' Capítulo 53.


|Narra _____|

De vez en cuando necesitamos cerrar viejos capítulos de nuestra vida y emprender nuevos caminos. Yo ya he tomado la iniciativa gracias a él. Atrás quedan los ''bicho raro'' con desprecio y las miradas de desaprobación por los pasillos de la universidad. Soy una nueva _____ Blair y me siento mejor ahora. Los días se afrontan más fácilmente y es que, en parte, necesitaba un cambio de los grandes en mi vida. Y así ha sido mi Big Bang con esa mirada caramelizada y esos labios carnosos que me regalan las mejores sonrisas. Todo un placer que mi corazón, hoy en día, pertenezca a él.

Me levanto por fin de la cama renegando por lo bajo y apago el maldito despertador que me taladra la cabeza. Subo la persiana y los rayos de sol se cuelan contentos por mi habitación. Me apresuro a darme una buena ducha que consiga despejarme y activar un poco mi cuerpo. Así es, me seco y me coloco el uniforme. Me miro al espejo y tras hacer unas cuantas muecas graciosas decido lavarme los dientes. Mi cabello todavía empapado refresca parte de mis hombros y decido secarlo un poco. Miro la hora. Me sorprendo. Aún es demasiado pronto y yo creyendo que hoy llegaría tarde a la universidad.

Aplico unas gotitas de colonia por mi cuello y marcho corriendo a la habitación de Justin. La puerta está cerrada y doy unos golpecitos contra la madera. Escucho su voz en el interior murmurando algo que no logro entender, pero lo interpreto como un ''adelante, pasa''. Entonces entro. Y ahí se encuentra tirado en la cama sin camiseta y con unos pantalones largos de chándal. Trago saliva. Algo en mi estómago comienza a activarse automáticamente. Joder. Me mira y me dedica una sonrisa muy matutina. Se refriega un ojo con la mano y apoya la cabeza de nuevo en la almohada. Me aproximo a él y me arrodillo en el suelo observando su rostro de recién levantado. Es tan precioso que no asimilo que sea real, y sobre todo, mío. 

Acaricio su delicada mejilla y cierra los ojos como si fuera un bebé, sintiendo mi tacto.

-Lo siento pero… es hora de levantarse. –susurro en bajito con una voz muy templada. Él ''contesta'' con una sonrisa y todavía con los párpados relajados. –Se va a hacer tarde, Justin.
-Podrías haber venido antes. –reniega como si fuera un niño pequeño. Yo alzo una ceja.
-¿Antes?
-Sí, llegas tarde.
-Tarde vamos a llegar los dos como no levantes el culo de la cama… -le planto un tierno beso en la frente y me levanto. Él tira de mi brazo haciendo que me siente a su lado.
-No me has entendido, nena.
-La verdad es que estás delirando pero eso nos pasa a todos nada más nos levantamos. Tú tranquilo, mi amor.

Él me mira con una sonrisa tirando de sus labios. Despega la cara de la almohada y se coloca a la altura de la mía. Observa mis labios descaradamente y después me mira a los ojos como si nada.

-Siempre llegarás tarde porque siempre querré que llegues antes. –dice, mirándome de esa manera tan suya y a la vez tan incómoda porque altera todo mi organismo.
-Vale. –es mi única respuesta, lo primero que pasa por mi cabeza. Joder, qué torpe soy para esto.

Él se ríe y se acerca a mi cuello. Coloca mi pelo a un lado y aspira mi aroma.

-Oye, hueles muy bien. –añade, aplicando después un beso en mi piel que me electrocuta por completo.
-Me dio tiempo a ducharme. –me encojo de hombros. –Cosa que a ti no te da tiempo. –miro el reloj de mi muñeca. –Exacto. Vístete que yo preparo el desayuno.
-Parecemos un matrimonio. –ríe.

Me encanta su risa, ojalá pudiera escucharla a todas horas. Yo levanto mi fina ceja incrédula.

-Eres una mandona.
-Todos tenemos nuestros pequeños defectos. –aclaro, mirándole mal adrede.
-Pero yo estaría dispuesto a recibir sus órdenes –hace un gesto gracioso. -, sargenta.

Yo estallo en carcajadas. Ese lado, gracioso e inesperado, de él es el que más me gusta. Pero, joder, es como si fuera un jodido cuadrado porque cada lado me encanta.

-¿Sabes qué, Justin?
-¿Qué?

Atrapo su mano y la acaricio con delicadeza. Él entrelaza nuestros dedos.

-Ayer papá me dijo que para saber si una persona está enamorada tienes que soñar cada noche con ella.
-¿Sí?
-Sí. –afirmo. –Y yo he soñado esta noche contigo.
-Yo también he soñado contigo. –dice acercándose a mi boca. –Y no es la primera vez que lo hago.
-Yo tampoco.

Me besa. Me besa con delicadeza y ternura.

-Tienes que vestirte, ¿vale? Voy a hacer el desayuno. –hago el intento de levantarme pero su voz me detiene.
-De acuerdo, sargenta. Pero antes… -vuelve a tirar de mi brazo. Caigo en la cama. Y volvemos a estar muy cerca. –déjame que te bese por última vez antes de vestirme.

Y le dejo. Captura mi labio inferior y después se apodera de mi lengua. Me encanta su forma de llevarme a otro lugar quedándome quieta y sin moverme. Nuestras bocas se separan. Sonreímos.

-Déjame que te bese por última vez antes de ir a preparar el desayuno.
-A sus órdenes, sargenta.

De nuevo su cama se convierte en una batalla de besos y me olvido de la hora. Lo único que sé es que si miro las jodidas agujas del reloj deseo estar cada segundo a su lado.

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-Ha sido un infierno la mañana…
-Ya te digo, Vann. ¿De verdad ha sido solo una mañana o todo un año? Se hizo eterno…
-No pongo en duda tu pregunta, eso fue terrible.

Vanessa y yo bajamos por las escaleras de la universidad. Sarah nos adelanta y aprovecha para darme un pequeño y cruel golpe con su bolso.

-Será estúpida… -gruño bajito. Vanessa me detiene y exhalo varias respiraciones.
-Todo es envidia, deberías sentirte halagada. –me dice mi amiga en un intento de tranquilizarme. -¿Quién está con Justin, ella o tú?
-Yo. –contesto tajante.
-Pues ya está, no hay más _____. –mueve ligeramente mis hombros, relajándome.
-Eres la mejor. –le doy un beso a Vanessa en la mejilla.
-¡Tú sí que eres la mejor!

Nos fundimos en un abrazo y consigo sentirme mejor. Ahora Vanessa es como mi diario, si me siento mal, sé que puedo recurrir a ella. Pase lo que pase está ahí.

Continuamos caminando hacia la salida. Por fin hemos acabado las clases por hoy y hasta dentro de tres días no volvemos a pisar la universidad. Los descansos vienen bien, aunque no siempre se vuelven descansos. Puede que esos pequeños y rápidos días se muevan más deprisa de lo habitual.

-Tenemos que hacer planes, nena. –concluye Vanessa, a la salida de la universidad.

Una ráfaga de aire mueve mi pelo. A unos pocos metros puedo distinguir a Justin y a Ryan en sus respectivas motos.

-Creo que ya han hecho planes por nosotras. –añado, señalándolos.

Vanessa se ríe y tira de mi mano mientras corremos hacia ellos. Nos miran y sonríen casi en una décima de segundo. Ella se lanza en los brazos de Ryan y yo en los de Justin.

-¿Qué tal, chicas? –pregunta Justin, mientras me abraza por detrás y asoma su cabeza por mi hombro.
-Ha sido una mañana bastante aburrida y más sin vosotros. ¿Dónde os metisteis? –contesta Vanessa, poniendo una mano en su cintura.

Ambos ríen. La risa de Justin acaricia mi oído y me hace sentir tan bien que me quedo callada.

-No habéis acudido a clase y eso está muy mal. –continúa Vanessa. –Estamos a finales de curso ya y eso no os favorece, después se ve reflejado en vuestras notas.
-Fue por una buena causa. –añade Ryan, tratando de acercar a su chica a sus brazos, pero ella le ignora completamente. A mí me causa risa la situación. –Tenemos una sorpresa para vosotras.
-¿Un premio por aguantar vuestras estupideces? –ataca Vanessa. Justin y yo nos reímos a la vez. -¡Vaya!
-Vann, relax. –intervengo entre risas.
-Hemos alquilado estos días una cabaña al lado de un lago precioso, nos merecemos unas mini-vacaciones antes de acabar el curso. –termina Ryan.
-¿De verdad? –pregunta Vanessa.
-¿En serio? –miro a Justin sorprendida y él mueve su cabeza afirmando.
-Claro. –contestan a la vez.

Vanessa exclama un ''¡genial!'' en voz alta y yo abrazo fuertemente a Justin que sonríe sin parar. Le beso en los labios y me aparto enseguida, asimilando la situación. Pero la realidad es que él muerde mi labio inferior capturándolo y pidiéndome que no me aleje. Entonces me regala un beso y nuestras lenguas se vuelven juguetonas sin querer. Él lleva su mano hacia mi trasero y yo presiono más mi boca contra la suya. Al final nos apartamos con la comisura de los labios ensanchada a más no poder.

-Te quiero tanto… -susurro en su oído.
-Yo supero ese tanto. –me contesta.

Ryan y Vanessa se nos quedan mirando y me siento un poco bastante espiada. Aún no me acostumbro a estas muestras de cariño en público. Mis mejillas se sonrojan un poco.

-¿Cuándo nos vamos? –pregunto yo para romper el momento incómodo.
-En una hora. –responde Ryan.
-¿En una hora? A mí no me da tiempo hacer la maleta. –protesta Vanessa. –Necesito más tiempo.
-Lo que necesitas es una ayuda… -intervengo.
-¡Y tiempo! –reniega mi amiga.
-Tienes una novia un tanto quejica, amigo mío. –bromea Justin, dándole una palmada en la espalda a Ryan.
-¡Oye! ¡Que estoy aquí delante! Te he escuchado. –exclama Vanessa.
-Yo te ayudaré con la maleta. –Ryan le planta un tierno beso en la mejilla a su chica y ella sonríe.
-Creo que alguien debería hacer lo mismo conmigo… -insinúo yo, tocando mi pelo. Justin me agarra por la cintura y me aproxima a él.
-Me presento voluntario, cariño. –susurra Justin con su voz ronca contra mi oído. Una ráfaga eléctrica sacude todo mi cuerpo. –Entonces en una hora nos vemos, ¿no?
-En una hora, pareja.

Ryan y Vanessa se despiden y se marchan con la moto. Me alejo comprobando cómo se van. Justin me mira de arriba abajo y arruga su frente.

-Eres a la chica de la universidad que mejor le queda el uniforme. Vas a hacer que me guste y todo.
-¿No te gusta?
-Si lo llevas puesto tú sí.

Me acerco nerviosa. Observa mis piernas y sube lentamente su mirada hasta llegar a mis caderas. Trago saliva.

-Cuando me miras así me pones muy nerviosa.
-Lo sé, pero no puedo evitarlo. –ahora me mira a los ojos. El Sol da de lleno en su cara y su mirada se convierte en un color miel más claro de lo habitual.
-Sí puedes, simplemente no me mires. –elevo una ceja y me cruzo de brazos.
-No juegues a estar enfadada porque sé que te encanta que lo haga. –dice colocándose en la moto. –Venga tonta, sube que tenemos que hacer tu maleta.
-Te odio. –me río.
-Yo también. –contesta.

Subo a la moto y me coloco tras su espalda. Juraría que pocas cosas me encantan tanto como esta. Arranca el motor y cierro los ojos. Sigo sin superar ese miedo a la velocidad. Bueno, mejor dicho, a la velocidad que alcanza Justin. Es un bruto sin piedad. Le gusta ir rápido y llamar la atención. Le gusta que me agarre fuerte a él y mirarme por el espejo retrovisor sin que me dé cuenta. Le gusta que le apriete tan fuerte como grande sea el terror que tenga. Y a mí, me gusta cada cosa que le guste a él.

En pocos minutos llegamos a casa. Frena bruscamente, haciéndome rabiar, y aparca donde siempre. Bajo primero yo de la moto y después él. Entramos en casa y me dirijo a la habitación mientras él se detiene a hablar con su madre. Mierda. ¿Qué vamos a decirle a papá y a Pattie? Abro la maleta. Joder. Siempre hay un problema en cada esquina. Abro mi armario. Demasiada ropa que no me gusta. Otro problema. Llevo las manos a mi cabeza. Llaman a la puerta.

-¿Puedo pasar?

La voz de Justin consigue animarme lo suficiente.

-Sí. Adelante.

Entra y me mira extraño.

-¿Qué te pasa? –me pregunta.

¿Cómo sabe que me pasa algo? Aunque en realidad no me pasa nada. Bueno, sí. Estoy agobiada.

-Tenemos que contarle a nuestros padres que estamos juntos, Justin.
-Yo también lo había pensado… -se rasca la nuca.
-Y lo peor es que les hemos estado engañando todo este tiempo. Ellos creen que nos odiamos. –suspiro y me siento en la cama apoyando mi espalda contra la pared.
-Bueno, ha sido entretenido fingir odiarte. –Justin se acopla a mi lado.
-Al principio no tuviste que fingir mucho. –una sonrisa se me escapa al recordar esos momentos. –Me odiabas de verdad.
-Yo nunca te he odiado. –aclara él. –Odiaba que fueras diferente, que me ignoraras, que no te comportaras como las demás. -hace una breve pausa. -¿Tú me odiabas?
-Un poco… bueno, no. Odiaba que el típico chulito de turno, que encima tenía que aguantar día tras día, me hiciera sentir cosas raras en el estómago cuando yo detesto a ese tipo de personajes. He conocido a muchos como tú, Justin. Pero a la vez, a ninguno como tú. –le miro y le dedico una sonrisa nerviosa.
-¿Así que chulito de turno? –se acerca peligrosamente. -¿Cuándo te diste cuenta de que te gustaba?
-Eso no me lo has preguntado nunca. –me río sin querer. Él también se ríe. –Pues… cuando me besaste. Sentía algo, pero ese momento me hizo saber que realmente te estabas convirtiendo en mi perdición.
-Te besé porque no aguantaba más. –dice contorneando mis labios con su dedo pulgar. –Tenía muchas ganas de hacerlo. Me intrigabas, quería saber qué había detrás de esa fachada de ''chica rara odia a chico prepotente y guapo''.
-¿Eso de guapo te lo dices tú solito? –carcajeo.
-Sí. He cambiado, nena, pero es difícil bajarme el ego.
-Lo sé y me encanta.
-¿Te encanta bajarme el ego o que haya cambiado por ti?
-Ambas cosas.

Beso sus labios. Me apetece hacerlo a todas horas. Me corresponde rozando su lengua con la mía. Me río y me separo lentamente.

-¿Sabes que tenemos que hacer dos cosas importantes en un tiempo récord?

Justin me mira frunciendo el ceño.

-La maleta y contarle a papá y a Pattie lo nuestro. –aclaro.
-Lo había pillado, nena.
-Tengo una idea. –llevo el dedo índice a mi barbilla. –Yo me hago cargo de la maleta y tú de lo otro.
-Me dejas la parte complicada. –reniega.
-Es que a mí eso se me da muy mal. Tú suenas más convincente y, además, a ti te da igual todo y transmites más seguridad.
-Joder, tengo una novia que me define a la perfección.
-Así es. –rozo sus labios rápidamente y me pongo en pie. –Déjanos en el lugar que nos corresponde, campeón. –muestro la palma de mi mano y al instante la choca.

Se levanta y camina hacia la salida de la habitación.

-¡Espera! –exclamo haciendo que se detenga antes de salir por la puerta. Se gira y me mira divertido.
-¿Qué pasa, nena?
-Estoy confundida, no me gusta la ropa, no sé qué llevarme… ¿A ti qué te gusta? –le muestro mi armario. Él lo mira unos segundos y enseguida dirige a mi cuerpo su mirada.
-Lo que más me gusta es lo que habrá debajo de esa ropa, así que ponte lo que quieras. Todo te va a quedar bien.
-¿Esto bien? –le enseño un jersey rojo que sujeto en la mano.
-Tu piel mejor.


Y se marcha. Abandona mi habitación y me quedo un largo rato sonriendo al armario.  

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Siento muchísimo la espera,
espero que comentéis la novela y el capítulo.
¡UN BESAZO!

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lunes, 14 de julio de 2014

''Improbable Dirección'' Capítulo 52.


Justin limpia sus manos y las seca a continuación. Después se desprende del delantal y en un plato llano coloca los creps rellenos de chocolate. Los sitúa en una bandeja y vierte en un bol color azul una determinada cantidad de chocolate líquido que él mismo se ha encargado de preparar.

-Huele bien. –rompe el silencio _____.
-Pues sabe mejor. –dice Justin tras llevarse el dedo a la boca embadurnado de chocolate.
-Quiero probarlo ya.
-Eres una impaciente, pero me gusta que lo seas porque sé que aún así esperarías más si hiciera falta por mí.
-¿Acaso lo ponías en duda?
-No, nena. –Justin se acerca a _____ y llena su dedo de chocolate. Lo acerca a la boca de ella. –Abre. -_____ abre la boca y saborea el chocolate del dedo de él.
-¿No tenías una cuchara? Eres un…
-¿Te gusta?

Ella se lame el labio inferior y los extremos de su boca. Después afirma con la cabeza.

-¿Te gusta? –vuelve a preguntar él.
-Ajá.
-Pero no tanto como viajar a Venecia.

Ella se sonroja enseguida, sus mejillas se tintan de un rojo que le sienta demasiado bien. A Justin le parece muy tierno y se acerca a su boca besando lentamente su labio inferior. Ella le corresponde y la lengua de Justin entra delicadamente en su boca mezclando sabores y revolviendo su estómago, también.

-Esto… -Justin mira fijamente los ojos de _____ mientras acaricia con la yema de sus dedos las sonrojadas mejillas de ella. –Esto que me pasa contigo no me ha pasado con nadie.
-A mí tampoco.
-Creo que esto no es una aventura, ni deseo, ni algo más que atracción –la mira fijamente a los ojos, tragando saliva. -, es todo lo que no se puede definir en una palabra.
-Entonces tendremos que inventar una palabra, ¿no? -propone ella. Justin eleva una ceja.
-Lluvia. –murmura él. –El poder del agua es muy fuerte. Ya sabes, mira cuando hay un terremoto en el mar y arrasa con todo lo que se interpone en su camino. Arrasa con todo.
-Tienes razón, Justin. Somos lluvia.

Ella pega sus labios a los de Justin y él se encarga de besarla con ganas. Unas ganas que no terminan, que quizás son infinitas y no se pueden numerar. Porque hay historias que ya están escritas. Porque hay caminos que no tienen final, aunque vayas a un paso acelerado.

-Bueno, ahora me ha entrado hambre a mí. Vamos a comer lo que he preparado.

Justin coge a ______ en brazos y ella enseguida se agarra a su cuello risueña, como una niña pequeña jugando a las princesas. Él con una mano coge la bandeja situada en la encimera y camina hacia el comedor. Deja primero la bandeja en la pequeña mesa y después a _____ en el sofá.

-¿Sabes qué sería perfecto ahora?
-¿El qué, nena?
-Que empezara a llover. Me encantaría, porque me encanta la lluvia y me encantas tú.
-Bueno, si hace falta un día de estos me planto ahí fuera con una manguera a toda presión y finjo que está lloviendo.
-¿Por qué no me dices que soy una caprichosa? –pregunta ella, poniendo una mano en la rodilla de Justin. Él se gira a observar su rostro.
-Porque aunque lo fueras me parecería lo más maravilloso del mundo.

Ella sonríe y besa su mejilla. Él simplemente se encoge de hombros y coge un crep en sus manos para a continuación pegarle un mordisco.

-Pues que sepas que estaba bromeando. –continúa ella. –Ahora mismo no necesito ni que caiga una tormenta universal. El estar aquí contigo ya hace el momento perfecto. Sé que suena cursi, pero es así.

Justin sonríe de lado y lleva a su boca otro pedacito de chocolate. Ella suspira y hace lo mismo que él.

-Pero sí que me gusta la lluvia, en eso no te he mentido, creo que ya te lo dije un día. Ah, y que me encantas tampoco es ninguna brom...

Justin la calla con un beso. Estampa su boca contra la de ella cortándole la frase. El sabor a chocolate en su lengua todavía es más exquisito y si además con una mano en su nuca profundiza el beso, todo se vuelve más mágico.

-Yo también te dije un día que te callaría yo mismo. –interviene Justin, acomodándose en el sofá.
-¿Hablo mucho, verdad? –ella hace una expresión extraña en su cara.
-Que va, cariño. Solo un poco. –dice él curvando sus labios.

Justin se tumba en el sofá, apoyando su cabeza en los muslos de _____. La observa desde abajo y se siente todo un privilegiado en la vida.

-Es la primera vez que me llamas cariño.
-Pues no va a ser la última.
-¿No? –ella  mancha de chocolate la nariz de él. Después pasa su lengua por ahí, recogiendo el chocolate sin dejar rastro. –Yo también quiero proponer un juego.
-Lo que usted desee, señorita.
-Idiota.

Él suelta una carcajada y adoptan una posición diferente. Ahora ella está en el regazo de él, cara a cara, muy cerca. Las piernas de ella casi rodeando la cintura de él. _____ juega con el dobladillo de la camiseta de Justin.

-¿Me permites? –pregunta ella, inocente.
-Claro, creo que este juego me va a gustar mucho.

En unos pocos segundos Justin se encuentra sin camiseta. _____ mancha de chocolate sus pectorales.

-Sigo teniendo hambre. –murmura ella sobre sus labios.
-Sigues poniéndome a mil cada vez que dices eso. –susurra él, acariciando su hombro.

______  empieza a colocar besos por el cuello de Justin. Él se retuerce. Ella continúa hacia abajo, mordiendo de vez en cuando. Besa su clavícula y clava delicadamente sus dientes en la ardiente piel de él. Justin quema. _____  baja hacia sus pectorales y lame el chocolate expandido por la piel de Justin. Mira hacia arriba seductoramente y Justin sufre casi tanto como su miembro a punto de estallar.

-Eres dulce y caliente. –dice Justin aproximando su boca a la de _____. –Y me encantas demasiado.
-Nos pasa lo mismo a los dos, entonces.

_______ vuelve a besar desesperadamente el cuello de Justin. Y a él le pierden esos besos. Es difícil conocer el control cuando estás enamorado y los centímetros son escasos.

_______ se mancha los labios de chocolate y vacila en la boca de Justin.

-¿Me besas? –seduce ella, moviéndose lentamente sobre él.

De repente, se escucha el timbre.

-Mierda. –maldice Justin.
-Joder. –continúa ella. –Corre, límpiame.

Justin la besa, apoderándose de su boca y haciendo desaparecer el chocolate de sus labios. Después, se coloca rápidamente la camiseta y enciende el televisor.

_____ baja delicadamente su camiseta y sale disparada hacia el recibidor. Abre la puerta.

-Hola papá, hola Pattie.

Ambos corresponden con una sonrisa y se acercan al comedor. Justin está tumbado en el sofá con los brazos echados hacia atrás y una cara muy mal fingida de recién levantado. _____ al observarlo se ríe sin querer.

-Estábamos viendo la tele, pero esta chica es demasiado aburrida y me he quedado sobado sin querer. –afirma Justin, mintiendo a propósito. –Si lo llego a saber me voy a casa de Ryan a jugar a los videojuegos.
-Hubieras hecho bien dejándome tranquila. –responde _____, cruzándose de brazos.
-¡Basta, chicos! –interviene Pattie. -¿Qué es ese desastre? –pregunta señalando hacia la mesa.
-Me apetecía un poco de dulce, ahora lo recogeré mamá. –contesta Justin, sorprendiendo a _____. Pensaba que le iba a echar las culpas, aunque fuera ‘’de mentira’’ de nuevo.
-Te ayudo, yo también soy un poco la culpable de esto. –dice _____.
-Nosotros nos subimos. –añade Pattie. –Dejarlo en la cocina y yo lo limpiaré mañana, no os preocupéis chicos, pero tampoco os matéis.

En unos minutos dejan la mesa limpia e impecable. _____ mira victoriosa a Justin, balanceando sus piernas traviesa sobre la encimera.

-Formamos un buen equipo. –dice _____ en voz muy bajita, alzando su mano en alto para que Justin estampe la suya contra la de ella.
-Sin duda. –Justin choca su mano.
-¿Sabes qué, Justin?
-Sorpréndeme.
-Me voy a ir a la cama con hambre, así que espero mañana un delicioso desayuno… -bromea ella. Él se ríe.
-No juegues, nena. –se aproxima él mordiéndose el labio. Agarra a _____ por la cintura y la atrae a él. –Si quieres en la encimera te enseño una receta que te va a encantar.

Él alcanza sus labios y comienza a besarlos con fuerza. Ella ríe en el beso. Él acaricia sus muslos y los aprieta con fuerza hasta que llega a su trasero. Ella reniega y vuelve a reírse.

-Justin, nos van a pillar. –sisea ella, muy bajito.
-¿Y?
-Que así es más divertido.

Ahora es él quien ríe y vuelve a recaer en sus labios. Se besan con ansias, con sentimiento. Besos que enganchan. Besos llenos de adicción. Besos con recuento, sin una copa de más, pero de esos que se suelen echar de menos. Besos repletos de avaricia. Besos a escondidas.
Justin se detiene, recuperando un poco de aire. _____ le observa risueña, ensanchando la comisura de sus labios. Inevitable. Cuando tienes tan cerca lo que deseas no puedes frenar las emociones.

-¿Crees que sería buena idea… ya sabes... comentarles lo nuestro? –pregunta ella, separándose unos segundos de la boca de Justin.
-De momento estamos bien así, nena. ¿O no?
-Es que nunca escondo mis secretos a papá.
-Eres la chica más curiosa que he conocido. –ella esboza media sonrisa. –La más extraña, llámalo como quieras, la que más me ha llamado la atención. Eres demasiado buena, bicho.
-Cuando quiero, con quien quiero. –vacila ella, mordiéndose el labio.
-¿Ves? Es imposible no quererte.

Justin planta un beso en sus labios que acaba con otros más.

|Narra _____|

Demasiada locura apoderándose de mi alma. Lo peor es que me hace sentir bien. Cierro la puerta de la habitación y me siento en una esquina de la cama. Me paro a pensar unos segundos que no sirven de nada y comienzo a desnudarme. Después camino descalza hasta el armario y me coloco el pijama. Vuelvo a la cama. Vuelvo a pensar. Cojo mi móvil y reviso mis mensajes. Papá- Vanessa- Papá- Ryan- Cloe…

Decido escribir un mensaje a Justin.

Que sea la última vez que entre mis cinco últimos mensajes no aparezca tu nombre. Estúpido.

Él contesta enseguida.

Está bien. Buenas noches, bonita. Te quiero.

Sonrío y decido enviarle un último mensaje.

Yo también te quiero, Justin.

Últimamente me comporto como una cría de 5 años, ¿pero acaso alguien sabe lo bonito que es eso? La infancia es la mejor etapa de la vida, digan lo que digan. En la infancia empecé a escribir y en la adolescencia comienzo a darle sentido a mis palabras. Y, joder, la mayoría de ellas esconden dolor. O pesar. O recuerdos que atormentan cada noche. Pero ahora es como si volviera a ser pequeña. Sí, ese pequeño toque de locura e inocencia me está caracterizando. Dejemos crecer a ese pequeño gusanillo en mi interior.

-¿Cielo? –la voz de papá me aparta de mis pensamientos.
-¿Qué haces aquí? –le pregunto.
-¿Qué haces todavía despierta? –se rasca la barbilla y se acomoda a mi lado.
-Yo pregunté antes.
-Vine aquí porque vi la luz encendida y me apetecía verte, simplemente. –se encoge de hombros y yo ensancho una sonrisa natural.
-Yo estaba pensando. –dibujo una expresión graciosa en mi cara. –Como siempre, supongo.
-Te pareces tanto a tu madre… -dice papá, acariciando mi mejilla suavemente. Sus ojos brillan y, joder, creo que los míos están a punto de mojarse también.
-Papá –intento romper el hielo. -, ¿cómo sabe una persona que está enamorada?
-Pues hija, es difícil explicar… Yo solo sé que cuando estás enamorado te vas a la cama y sueñas cada noche con la misma persona. Entonces te despiertas por la mañana y te aferras a ese sueño como si fuera la vida en ello.
-Eso es bonito. –comento.
-Mucho.
-¿Sigues soñando con mamá?
-Por supuesto.
-Voy a dormir, papá.
-Buenas noches, hija mía. –me planta un beso en la frente y me cubre medio cuerpo con la sábana. -Te quiero, no quiero que lo olvides.
-No lo haré. Yo te quiero más.


Y entonces apaga la luz y desaparece. Y yo me voy a dormir con un reto, soñar con Justin


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