Tu rastro.

domingo, 17 de noviembre de 2013

''Improbable Dirección'' Capítulo 39.


|Narra Justin|

La noche avanza a un ritmo que no esperaba. Me hace falta la droga más potente que afecta a mi cuerpo, ella. Cojo mi iPhone como puedo y sosteniendo un cigarrillo entre mis labios, decido escribirle un mensaje.

Para: Mi chica.
Siento haberte dicho todo eso… de verdad…

Pero mi orgullo detiene mis dedos y borro el mensaje. No, no soy capaz de enviárselo. Guardo de nuevo mi móvil en el bolsillo de mi pantalón vaquero.

-Estás serio. –Caitlin me quita el cigarrillo de la boca.
-Dámelo. –reniego.
-¿Ves? Estás serio. –hace una mueca de tristeza. –No eres tú.
-No estoy teniendo mi mejor día y ya está. –digo robándole el cigarrillo ahora yo a ella.
-¡Eh! –se queja. –No me gusta que fumes.
-Es lo que hay. –añado encogiéndome de hombros.

Me agobio y decido despejarme buscando el remedio de siempre. Más alcohol. Eso hará que al menos no piense en… joder, ¿por qué la tengo a todas horas en mi cabeza?

Abandono la zona en la que se encuentran mis amigos y me sumerjo, esta vez solo, entre toda esa gente que baila sin parar. La música retumba en mis oídos y decenas de cuerpos sudorosos se pegan al mío mientras avanzo. Pero alguien me lo impide. Es ella, la misma chica morena de antes. Me corta el paso agarrándome del brazo.

-Hola, guapo. –susurra en mi oído sin soltarme.
-¿Te conozco? –pregunto con una ceja elevada.
-No, pero para eso estamos. –dice atrevida mojándose los labios. -¿Dónde ibas?
-A la barra a por más bebida, pero no contaba con que me fueran a secuestrar sin más. –respondo divertido.
-Oh, -se acerca a mis labios. –yo si quieres te puedo dar bebida.
-Prefiero pagarla, soy un tipo legal. –río sin gracia haciendo aumentar el número de centímetros que nos separan.
-Eso me gusta… -añade deslizando su mano traviesa por mi cuello. Muerdo mi lengua.

Entonces una de las luces que iluminan mareadas el lugar rebota en mis ojos y aparto mirada hacia otra parte. No sé si se trata de una alucinación pero… ahí esta _____. Mi corazón empieza a ponerse nervioso, contagiando a mi pulso.  Pestañeo varias veces. Sí, joder, es ella. ¿Qué hace aquí? ¿Qué hace bailando con… Me mira. Nuestras miradas chocan. Me acaba de mirar. Y sé que se ha puesto nerviosa. Y el gilipollas ese le susurra algo al oído. Pero nuestras miradas continúan en plena conexión. Nunca me he sentido así de… impotente. Cojo a la morena por la cintura y empiezo a moverme con ella al ritmo de la música.

-Oye, ¿cómo te llamas?
-Shasha.

Ella me mira a los ojos, pero yo aparto mi mirada para centrarla en _____. Ella también me mira mientras baila al compás pegada a ese amiguito suyo. Aprovecho la ocasión para jugar.

-Hueles muy bien, Shasha. –digo aproximándome al cuello de la morena y aspirando un aroma que realmente es una mezcla de tabaco y alcohol.

_____ observa la escena con los ojos llenos de furia. Me encanta. Ahora me toca a mí. Que empiece el juego. Cojo de la mano a Shasha y las sensaciones son nulas, invisibles, transparentes. Es lo inverso a todo lo que la piel de _____ provoca en mi estómago. Tanto que me siento extraño.

Tiro de ella aproximándonos hacia donde se encuentra _____, que no ha apartado sus ojos de nosotros ni un instante. No sabe disimular. _____ ahora enrolla sus brazos alrededor del cuello del tío ese. ¿Qué hace? Él envuelve sus manos en la cintura de mi chica y le sonríe. No. Para, imbécil. Él la mira con ojos de cordero degollado cuando en realidad se trata de la oveja negra camuflada con un jersey de lana blanco. 

Me toca actuar a mí. Es mi momento y tomo a Shasha por la cintura mientras me muerdo el labio. Ella me mira extrañada preguntándose a qué se debe el cambio radical de comportamiento al que me he sometido.

-Eres muy lindo. –la morena desliza su dedo índice por mi mejilla hasta terminar en mis labios.
-Tú también.

Shasha pega un sorbo a su bebida color rojo y me ofrece situándome el cubata a escasos milímetros de mi boca. Esa boca que está deseando besar.

-¿Quieres?

Acepto y pego un gran trago. Joder. Quema. Está cargado. La chica es valiente. Me sonríe pestañeando mientras yo decido beber un poco más, quizás abusando, pero necesito un poco de descontrol ahora mismo. Despego el cubata de mis labios y se lo devuelvo con un guiño de ojos incorporado. Entonces me encuentro un tanto mareado, perdido, sin rumbo.

-Te has manchado por aquí…

La morena se acerca a mi boca y pasa su lengua poco tímida por debajo de mis labios, sin rozarlos. Me quedo paralizado, asimilando que está muy cerca de besarme. Pero no se atreve del todo y recoge la supuesta bebida derramada por mi barbilla. Y la limpia con su propia lengua, sorprendiéndome. La agarro del brazo, deteniéndola ante la posibilidad de… algo. Y reniega. No le parece bien y frunce su ceño. ¿Acaso no sabes, querida, que te estoy utilizando?

Me giro para observar si _____ nos está mirando. Y efectivamente. _____ aprieta con fuerza los labios. Está que echa humo. Y normal. Joder, qué sexy. Me está gustando esto de ponerla celosa. Va a explotar, pero esto aún no ha terminado.

|Narra _____|

¡Será estúpido! ¡Sinvergüenza! ¿Acaso se cree que… ¡Pues sí, estoy muerta de celos! Y estoy conteniendo ahora mismo la ira que corre a velocidades extremas por todo mi cuerpo mientras mi cabeza me dice que le estire de los pelos a esa morena hasta dejarla calva. ¡Se va a enterar! ¡Y él también! ¡Que es mi chico!

-¿Te pasa algo, bonita? –Carlo me acaricia el pelo y desliza su mano un poco más hacia abajo por mi espalda.
-No. –finjo una sonrisa.
-Sé que me estás mintiendo.

Rodeo mis ojos y de nuevo otra sonrisa aparece mintiendo en mi boca.

-Estoy genial.

Y sin más le planto un beso en la mejilla. Sé que eso le ha gustado y a Justin, que no deja de mirar, le ha puesto furioso. Es más, está cerca, y puedo distinguir su vena marcada en su cuello. Ojalá pudiera estar en su mente unos segundos y disfrutaría sabiendo todo eso que está pasando por ahí. Y vuelve a susurrarle algo a esa morena en el oído, y joder, ahora soy yo la que está jodida. Pero no puedo dejar de mirar, me quedo observando cómo bailan sin preocupaciones aparentemente. ¡Pero ella casi le besa! ¡Será zorra! ¡Encima él se dejaría! Cabrón.

Justin me mira. Todo desaparece, se esfuma, se marchita como el humo del café caliente. Esos que me hacían compañía las mañanas frías de invierno junto con un libro. Trago saliva. Sus ojos color miel están clavados en los míos. Parece que me quieren decir algo. Entonces Carlo ahora engancha ambas manos en mi cintura y me da varios toques ahí.

-Eh.
-¿Qué pasa? –pregunto frunciendo el ceño.
-Te estaba tratando de decir algo y creo que no te has enterado de nada.
-Lo siento… -musito tirando débilmente de mi labio inferior. -¿Qué decías?
-Esta canción es una de mis favoritas… -dice escondiendo su cabeza en mi cuello. Me detengo a escuchar la canción. Es lenta. –Nunca la había bailado con una chica… -susurra contra mi oído sin despegar su mejilla del pelo que se cuela en las mías. –Así que eres la primera…

Coloco mi mano en su hombro y sigo sus movimientos. Movimientos lentos. La verdad es que yo tampoco había bailado una canción de este tipo con un chico. Mis entrañas se revuelven. Cierro los ojos y no quiero saber nada del mundo. Entierro mi rostro en el hombro de Carlo y… me imagino a mí misma bailando con Justin. Pegando nuestros cuerpos al ritmo de una canción tan bonita, tan lenta, tan… romántica. Y me siento mal, porque estoy haciéndolo con la persona equivocada. Y ahora mismo saldría corriendo de aquí para refugiarme en sus fuertes brazos. Y contarle cuánto le quiero, aunque sea de la más pesada de las maneras y me mire con su ceja elevada pero con esa sonrisa sostenida en sus carnosos labios. Esos que tanto extraño. Esos que no me cansaría de devorar, ni de besar. Esos que cada vez que me susurran un ''bicho'' me hacen coger un avión al paraíso de las sensaciones, de esos con billete con ida pero no de vuelta.

|Narra Justin|

Ahí está. A unos dos… quizás tres metros. Bailando con ese tipo que debería ser yo. Esquivo su mirada y vuelvo a susurrarle a la morena lo primero que llega a mis labios. No pretendo nada con ella, tan sólo jugar un poco. Pero otra vez más me equivoco y maldigo por dentro. La morena, lanzada, desliza su mano derecha por mi muslo subiendo poquito a poco. Y la detiene muy cerca de mi miembro. Joder. Me está poniendo malo, pero no es nada comparado con _____. Ella no tiene esa electricidad, ni esa chispa. Es caliente, pero no quema como mi chica.

En otro intento de besarme, esta vez más descarado, giro la cara encontrándome a _____ muy cerca. Su mirada traspasa mis ojos. Un escalofrío deja tiesa toda mi columna vertebral. Pestañeo un par de veces e intento tragar la poca saliva que almacena mi boca. Pero no está sola, ese gilipollas rodea su cintura, apoyando la barbilla en su hombro. Y besa su mejilla haciendo que mi chica sonría, pero sé que está pensando en mí, no en él. Por eso no deja de mirarme. Pero en un segundo todo cambia, él la voltea y de repente desaparecen, haciendo que perdamos el contacto visual, lo único que nos unía en estos momentos. La pierdo de vista en un abrir y cerrar de ojos. Empiezo a ponerme nervioso y el alcohol está haciendo su efecto en mí. Mi cabeza da vueltas.

-¿Sí o no?
-¿Qué?
-¿No me estabas haciendo caso? –replica la morena.
-No, ahora déjame en paz.

Sin pensarlo dos veces la dejo ahí, sola entre tanta gente, justo como la había encontrado al principio. Camino rápido empujando a todo ser que me encuentro en el camino hasta que al fin consigo salir de toda esa multitud de gente reunida moviendo sus cuerpos sin sentido. Una mala sensación me sacude todo el cuerpo. Ese chico no me trae muy buena espina. Me subo en mi moto y volteo toda la zona oscura, apenas unas pocas farolas emiten la poca luz anaranjada que parpadea sobre el asfalto y alumbra lo más mínimo. La noche se vuelve más fría y la Luna es testigo de ello. Freno, dejando marca de mi derrape en una calle que considero apropiada para aspirar el humo de mi cigarrillo. Me siento tan frágil como él, sostenido en mis labios, dependiendo de un frágil movimiento que puede acabar con su corta vida. Más frío. No me gustan las noches así. Mis labios empiezan a tiritar solos, haciendo temblar la colilla que finalmente cae al suelo, haciéndome temer mis propias sospechas.

La música se escucha lo suficientemente lejos, pero una voz más cercana impacta en mis oídos.

-¡Que me dejes! ¡Déjame, por favor! ¡Suéltame!

Esta vez, mis labios se vuelven hielo al distinguir su voz.

-¡_____!

Grito desgarrando mi garganta. La idea de ver a ese tipo poniéndole un dedo encima me parte el corazón en dos, sin piedad. Mis puños se vuelven rojos apretando lo más fuerte posible el manillar de la moto. Arranco rápido, sin apenas acordarme de respirar, haciendo retumbar el sonido escandaloso por todas las paredes del lugar.

Logro percibir una sombra en un callejón y freno inmediatamente, abandonando el vehículo en medio de una calle desconocida, acompañada de la soledad y un gato negro que cruza decidido el asfalto.

-¡Que me sueltes!

Otra vez su voz, su voz rota. Corro con el corazón en un puño y las pulsaciones a setecientos por segundo. Siento una presión en el pecho al ver al tipo ese presionando su cuerpo al de mi chica contra la pared. Ella con la manga del vestido desgarrada deja ver su sujetador negro, oscuro como mis ojos en estos momentos llenos de furia.

-Deja de gritar, mañana no te acordarás de esto, preciosa.
-¡No voy tan borracha, idiota! ¡Déjame en paz!

No, eso ya no lo permito. Siento el calor, la furia, el fuego quemando las venas de mi cuello. Soy un mechero prendido en la boca del enemigo.

---------------------------

Él anclado al suelo, sin saber cómo reaccionar, comparándose con el mismísimo diablo. Ella temblando de frío, de miedo, desprotegida delante de la bestia un día disfrazada de amigo.

Justin, perdiendo hasta el control en sí mismo, agarra por el cuello a Carlo consiguiendo liberar a _____ de sus sucias manos. Ni siquiera se para a mirarle a los ojos, ya tendrá tiempo, demasiado. Justin lo empuja hacia el suelo y Carlo propicia un grito de dolor al escuchar crujir sus propios huesos de la espalda al impactar contra el suelo. Hace el intento de levantarse, pero Justin rápido se planta encima de él, descargando puñetazos contra su mandíbula hasta que acaba sangrando.

-¿Qué hacías poniendo tus manos encima de mi chica, eh?

Carlo hace el amago de contestar pero se gana otro puñetazo, esta vez dirección a su nariz. Su expresión de dolor lo dice todo.

-¡Justin, para!

Ella, hecha lágrimas y con el maquillaje de los ojos esparcido por sus mejillas, aparece por detrás, tratando de no hacer más grave la situación. Justin hace caso omiso a sus palabras, está cabreado, lleno de furia, una furia que vuelve a descargar en el rostro de Carlo.

Y otro grito de dolor escapa de su boca, resonando por las paredes oscuras e inhóspitas de aquel callejón.

-No vuelvas –Justin lo agarra por la camiseta levantándolo unos palmos del suelo. –a acercarte a ella, ¿me entiendes?

Carlo titubea un frágil ''no'' mientras la sangre, ahora proveniente de su nariz, se desliza por su barbilla y acaba en su cuello.

-Dilo claro. –amenaza Justin con voz ronca.
-No volveré… -Carlo tose y lleva las manos temblorosas a su abdomen. –a tocarla.

Justin se pone en pie y lanza una patada a su barriga, haciendo a Carlo encogerse de nuevo en el suelo, estremeciéndose de dolor.

-Más te vale o al mínimo intento acabarás mucho peor.

Justin cabizbajo, sin dirigir su mirada a una _____ temblando apoyada en la pared sin saber qué decir, emprende dirección hacia la salida de aquel callejón.

-¿Me vas a dejar aquí? –la voz débil de ella hace eco en el inquietante lugar.
-Es lo que te has buscado. –responde Justin seco, sin girarse.

-------------------
Os leo en #ImprobableDirección o en mención.

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.

viernes, 8 de noviembre de 2013

''Improbable Dirección'' Capítulo 38.


|Narra _____|

Llego a casa, no hay nadie. Justin tampoco está. No he vuelto a verlo desde que discutimos. Necesito saber dónde está, cómo se encuentra y si está solo. Lanzo las llaves al recibidor y me sirvo en la cocina un vaso de agua. Finalizo y subo las escaleras. En una hora va a venir Vanessa, ella me dejará un vestido para la fiesta. Y también dice que me maquillará y todas esas cosas cursis que yo no he hecho en mi vida. Llego a mi habitación y antes de entrar me detengo. Otra vez me perturban mis pensamientos. Joder, no puedo dejar de pensar en él. Respiro hondo y me muerdo el labio tratando de encontrar el sabor de los de Justin. Pero no, no da resultado y me siento una completa estúpida. Entonces decido recurrir a mi querido diario. Escribo. Escribo mucho sin tener en cuenta la hora. Y me desahogo. Siempre funciona, nunca me abandona en mis peores momentos. Lo cierro y lo escondo donde siempre. Mi móvil vibra.

De: Vanessa.
Ya estoy lista, ¡ay! ¡Te he cogido también unos tacones que te quedarán geniales! Estoy de camino, en 10 minutos nos vemos.

¿Qué? ¿Diez minutos? ¿Enserio? Miro el reloj y efectivamente, se me ha hecho tarde. Corriendo llego a la ducha y rápido me baño de agua y me enjabono. Me siento mejor, aunque me es imposible sacarlo de mi cabeza. Cuando acabo me enrollo en mil toallas y trato de secarme el pelo lo más rápido posible. Tiempo récord. Creo que jamás en mi vida he logrado esto.

Llaman al timbre. Sí, lo he conseguido. Con una toalla que cubre todo mi cuerpo, y el pelo todavía un poco húmedo, bajo las escaleras rápido y abro.

-¡Tachán! –Vanessa gira sobre ella misma mostrándome su modelito.
-Joder, hoy ligas. –digo abriendo mi boca a medida que subo desde sus piernas hasta su abierto escote.
-¡Ay, nena! Eso espero. Seguro que tú también ligas así. –me señala carcajeando. –Estás muy sexy, Blair.
-Qué graciosa eres, Vann. –simulo una sonrisa.
-Tú no necesitas ligar, tú ya tienes a tu chico. –dice mientras entra dentro.
-Bueno… ¿vamos arriba? –trato de cambiar de tema.
-¡Claro!

Subimos arriba y llegamos a mi habitación. Vanessa deposita varias bolsas de plástico sobre mi cama y de una de ellas saca un precioso vestido color beige.

-¿Te gusta?
-¡Me encanta! –exclamo sorprendida.
-Pues pruébatelo, venga.

Me lo tiende en la mano y unos pocos minutos después aparezco en la habitación mostrándole cómo me sienta. Su boca forma una O. No sé si eso es bueno o malo. Me acerco al espejo y… me gusto. ¡Me gusto! ¡No lo puedo creer! El vestido se pega a mi cuerpo definiendo mi figura perfectamente y, aunque no es mi estilo, he de reconocer que me sienta realmente bien. Doy una vuelta sobre mí misma y… joder, me marca demasiado el trasero. Nunca me he visto así, tan…

-¡Es genial, Blair!
-¿De verdad?
-Creo que hoy todas las miradas van a ir hacia ti.
-Bah, no digas eso.
-Ya verás.

Vuelvo a mirarme. Aún no asimilo que ese sea mi cuerpo. Mi cuerpo metido en un vestido tan ajustado.

-Parece que vaya desnuda. –digo tirando la tela del vestido más hacia abajo.
-Eres una exagerada.
-¡No! ¡Fíjate bien!
-Ya me he fijado bien, lo que pasa es que estás acostumbrada a llevar tus camisetas anchas y ahora…
-Me siento rara.
-Eres rara.
-Vaya, gracias Vann.

Ella se ríe y ahora saca de otra bolsa unos tacones. Madremía, espero que eso no sea para mí.

-Póntelos.
-¿Qué?
-Que te los pongas.
-Son muy altos.
-Pero te van a dar el toque perfecto.

Me descalzo y despacio y con miedo introduzco el primer pie dentro del zapato, y después el otro. Wow. Pero yo no sé caminar con esto, llevan mucho tacón.

-Tengo vértigo. –aclaro, provocando la risa de mi amiga.
-Estás perfecta.
-Nunca he llevado una cosa tan alta en mis pies.
-Pues ahora los llevas y los vas a llevar toda la noche.
-Yo creo que voy a acabar descalza.
-No te quejes tanto, que aún no hemos terminado.

Coge de su bolso un set de maquillaje, el más grande que he visto en mi vida. Me siento en la silla de mi escritorio y ella se coloca delante de mí. Me aplica la base y un poco de colorete. Seguido de esto me hace la raya del ojo, finita por arriba, después de sombrear mis párpados.

-Elige un color.

Me muestra varios pintalabios y me decanto por el rojo.

-Es mi favorito.

Le regalo una de mis sonrisas. En realidad, está haciendo grandes cosas por mí. Yo no le he pedido nada y se está entregando completamente. Delinea mis labios y me devuelve la sonrisa.

-Suéltate el pelo, nena.

Le hago caso y mi cabello largo cae por mi espalda desnuda. No lo llevo ni muy liso ni rizado, unas ondas marcan mis puntas.

-Ya estás lista. Te odio, estás preciosa.
-Ya claro. –digo irónica.
-Compruébalo tú misma.

Me aproximo al espejo y… genial. Tiene razón. Me veo muy bien. Sonrío satisfecha.

-¡Mil gracias, Vann! Me gusta el resultado.
-No me las des, tú eres así. La chica que estás viendo eres simplemente tú.

Me encojo de hombros en forma de respuesta y mi amiga me regala una mueca rara. Inmediatamente me llaman al móvil. Es un número desconocido. Lo cojo.

-Hola bonita, ¿sabes quién soy?

La verdad es que su voz me resulta conocida, pero…

-Soy Carlo.

Mi corazón sufre algo raro, así como un colapso extraño.

-Ah vale, ¡no te reconocía!
-¿Estás lista?

Me muerdo el labio extrañada. Vanessa me mira desconcertada.

-Mmm… sí, ¿pasa algo?
-¡No! ¡Perfecto! ¿Te importaría que pasara a por ti?

Mi consciencia me grita al oído muy fuerte un ''Claro, por supuesto que me importa, tengo novio y no le va a hacer nada de gracia''. Pero entonces recuerdo las palabras de Justin. Otra vez.

-Me parece bien, estamos Vanessa y yo aquí ya preparadas.

¿Qué? ¿Qué acabo de decir? No, ______ Blair, mal. Mal, joder. No deberías haber dicho eso.

-¿Entonces aceptas mi propuesta?
-Sí.
-Fenomenal. Mi amigo y yo pasaremos enseguida a por vosotras.
-Pero… ¿sabes dónde vivo?
-Sé más de ti de lo que piensas.

Un escalofrío me sacude el cuerpo. Me quedo muda, sin saber cómo reaccionar a sus palabras.

-¿_____? ¿Estás ahí?
-Sí, sí…
-Pero eso no es malo, no te preocupes ni pienses que soy un acosador o algo por el estilo.
-No, no…
-Entonces enseguida te veo. Adiós, bonita.
-Hasta luego…

|Narra Justin|

-¿Te pasa algo, bro? –me pregunta Ryan tras pegar un trago a su cubata.
-¿Por qué me tiene que pasar algo? –pego una última calada al cigarrillo y lo lanzo al suelo con desprecio para luego ahogarlo en la suela de mi zapato.
-Pues eso mismo te estoy preguntando, tío. –dice dándome un pequeño golpe en el hombro.
-No me pasa nada. –miento. –Uno cargado, por favor. –me dirijo al señor que se encarga de servir las bebidas en la barra.
-¿Ron? –me pregunta elevando la voz debido a que la música está muy alta.
-Ron. –me limito a contestar.

A los pocos segundos lo tengo en mis manos, le entrego unas cuantas monedas y el señor me afirma con la cabeza en señal de agradecimiento. Doy un trago y la sustancia alcohólica baja por mi garganta haciéndose notar en gran medida. Otro trago y la misma sensación.

-Todavía no me has contado lo que te traes con _____. –insiste Ryan.
-No es el momento para hablar de eso. –le digo serio. –Disfrutemos de la noche.
-Pero tío, si llevas una cara de amargado que no te la quita ni una buena f*ollada. ¿Desde cuándo no…
-Desde hace mucho.
-¿Mucho cuánto es? ¿Dos días? –carcajea.
-No tío, mucho más.
-Vale, ya sé lo que te pasa. Tienes fiebre y encima necesitas mojar, tu cara lo pide a gritos.
-¿Tan mala pinta tengo?

El cabrón de mi amigo se ríe, si él supiera… Esto de estar mal con _____ me afecta tanto por dentro como físicamente. Joder. Vuelvo a beber y trago con fuerza, intentando que el alcohol sane un poco mi dolor. Me acabo el Ron y abandono el cubata en la barra.

Ryan y yo nos adentramos entre la multitud que baila a ritmo de la canción que está sonando. Las chicas me miran deseosas y yo muerdo el interior de mi mejilla a medida que avanzo para salir de ahí. Empieza a hacer calor. Una morena de largas extensiones y piel delicadamente maquillada roza mi mejilla con su mano. Me detengo a mirarla. Está buena, pero no estoy disponible para ella. Únicamente lo estoy para una. Le regalo una sonrisa, lo máximo que va a poder disfrutar de mí, y me marcho de ahí.

Nos reunimos con el resto de amigos.

|Narra _____|

Vanessa y yo estamos sentadas en los asientos traseros. Una canción bastante pegadiza suena en la radio y puedo percibir cómo Carlo la tararea por el movimiento de sus labios.

-Ya hemos llegado, chicas. –nos informa Jake.

Jake es su amigo, él está en el asiento de copiloto. También es moreno y su abundante mata de pelo presenta unos cuantos ricitos bien definidos. Estoy segura de que le gusta a Vanessa, además, él tampoco le quita el ojo.

El coche se detiene y bajamos. Este lugar me recuerda a algo. Bajo la luz de la Luna y unos cuantos focos de diversos colores llamativos que alumbran una pista de baile improvisada, nos acercamos a una larga barra donde parece ser que sirven bebida. Yo que nunca bebo… creo que hoy me atreveré un poquito más. La música actúa en mí en forma de rebeldía. O eso parece.

-¿Qué quieres, Blair? –grita Vanessa en mi oído.
-No sé…. Yo no entiendo de esto. Me pediré lo que tú te pidas. –digo yo ahora sobre sus oídos.

Ella me hace un gesto de aceptación elevando su pulgar y yo simplemente me encojo de hombros. Entonces justo ahí, en mis hombros, noto unas manos.

-Yo te invito. –me dice Carlo desde atrás acercándose a mis mejillas.
-No, te invito yo que… -digo mientras rebusco en mi pequeño bolso, pero sus manos me detienen.
-Basta. He dicho que yo pago. –me mira a los ojos y… otra vez me encuentro perdida.

Tuerzo mis labios dándome por vencida y observo cómo se acerca a la barra y hace un par de gestos a aquel señor. Éste desaparece y enseguida trae dos cubatas de un color anaranjado donde se distinguen un par de hielos.

-Toma.

Carlo me entrega el cubata y miro la sustancia naranja que sostengo en mis manos con cara de asco.

-¿Qué es? –le pregunto haciendo una mueca extraña.
-Tú pruébalo, seguro que te gusta.

Y así hago. Acerco aquel vaso de plástico a mi boca bajo la atenta mirada de Carlo y finalmente pego un largo trago casi sin pensarlo. Es como… no sé explicarlo, como si una bomba atravesara mi garganta. Pero me gusta.

-Está bueno. –digo sonriente.

Él me devuelve la sonrisa y bebe del suyo.

Entonces todo va sucediendo rápido. Me lo termino y pido otro cubata, que esta vez lo pago con mi dinero. Y bebemos. Y reímos. Los cuatro. Vanessa, Jake, Carlo y yo. No pensaba que fueran tan graciosos y tan… amables.

Luego caen un par de chupitos. De Ron, creo. No sé ni lo que estoy bebiendo. Sólo sé que estoy probando cosas nuevas y ricas. Me estoy divirtiendo y la noche sólo está comenzando. La música cada vez está más alta y yo balanceo como puedo mis caderas al ritmo de la música mientras me sirven más bebidas. Creo que el alcohol se va apoderando de mi cuerpo poquito a poco y lo comienzo a notar.

-¿Así que te gusta bailar? –me susurra Carlo al oído.
-Bueno… sí. –carcajeo.
-¿Bailamos? –me propone sin despegarse de mí.
-Vale, pero… -busco con mi mirada a Vanessa y al fin la encuentro echándose unas risas con Jake. Carlo se percata de que estaba buscando a mi amiga.
-No te preocupes por ella, mírala, ellos van a lo suyo.

Tira de mi mano y me arrastra donde se encuentra toda la gente. Gente moviendo sus cuerpos exageradamente, otros con más disimulo, gente con alcohol en sus venas, gente besándose, gente sudando. Gente que busca divertirse y lo está haciendo. Como yo.

-Estás preciosa hoy, ¿te lo había dicho ya?

Carlo echa un mechón de pelo detrás de mi oreja y yo sólo hago que sonreír. Y no sé por qué lo hago. No soy dueña de mi cuerpo en estos momentos. Entonces apoya sus manos en mi cintura y empieza nuestro baile.

Hoy… no sé cómo acabaré la noche.

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.