Tu rastro.

jueves, 18 de julio de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 19.


La directora juguetea con sus uñas chocando contra la mesa de madera. Delante suya sentadas se encuentran Vanessa y Sarah. La primera con los brazos cruzados bajo el pecho y la segunda mirando al techo impacientemente mientras golpea delicadamente el suelo con el tacón de sus zapatos.

-¿Así que todo tiene que ver con el señorito Bieber?
-Sí. –dicen las dos al unísono.
-Este chico no aprenderá modales nunca… -murmura la directora en voz alta los pensamientos que le gustaría haber encerrado en su cabeza para ella misma. –Ahora vosotras os debéis una disculpa.
-No. –Sarah contesta enseguida negándose.
-Señorita, si quiere ir bien en este tiempo debe de hacerlo.
-¡Cuando me devuelva mis cosas! –exclama la rubia agitando sus manos.

Enseguida Justin se presenta sin llamar a la puerta. La atraviesa apresuradamente captando la atención de los presentes en ese despacho. Todas las miradas se centran en él que inmediatamente presiona la palma de sus manos contra la mesa causando un fuerte estruendo. La directora debido al susto se pone en pie mientras Vanessa y Sarah ni se inmutan.

-¿Qué es lo que pasa? –pregunta Justin sin expresión alguna en su cara.
-Que se encuentra otra vez en líos, señorito Bieber. –interviene la directora.
-No me llames así. –escupe él.
-Si su actitud ante estas señoritas fuese la correcta usted no estaría ahora mismo aquí. –se sienta suspirando la señora que dirige la universidad.
-Yo no he tenido nada que ver ahora. –Justin gruñe apretando sus dientes.
-Su expediente no es muy bueno que digamos. ¿Debería creerle? –ella apoya su barbilla en la palma de su mano.
-Me da igual lo que creas o no. Pero yo no he venido aquí por mí, sino por _____. –dice él conteniendo su ira.

Un silencio incómodo se hace presente en el aire mientras los celos por parte de Sarah salen a la luz dejando ver su rabia.

-¡Oh! –exclama la señora directora. -¿Por la chica con la que comparte un castigo?
-Sí. –murmura él por lo bajo tensando sus músculos.
-¿Y qué pretende? ¿Ser su súper héroe ahora después de haberla tratado de esa manera tan –hace una expresión de asco y mueve su mano con desdén. –repugnante?
-Eso no te importa. –Justin comienza a desesperarse ante la situación.
-Sí me importa, si tan bien os lleváis os quitaré el castigo. –ríe malévolamente. -¿No?
-Perdone, -interviene Vanessa tímidamente dando un paso hacia delante. –no creo que haya venido aquí para hablar del castigo.
-Usted señorita, mantenga la boca cerrada. Nadie le ha dado vela en este entierro. –contesta la directora frunciendo el ceño, creando más arrugas en su rostro poco juvenil. –Pero tiene razón. Estamos aquí por otros motivos.
-Por fin. –murmura Justin por lo bajo mientras rodea sus ojos.
-Oh, falta la señorita Blair para anunciar esto tan magnífico. –la directora comienza a dar pasos rodeando la sala. –Pero usted, -señala a Justin con su dedo índice. –ya que es tan buen amigo suyo ahora se encargará de comunicarle lo siguiente. –Justin afirma con su cabeza forzadamente. –Debido a sus malas actitudes en el centro, a los cuatro se os asignará el cargo de hacer de monitores para el campamento que tendrá lugar este fin de semana a las afueras de la ciudad. No cobraréis por vuestro trabajo, es un castigo y si no lo cumplís seréis expulsados sin más. Las normas son las normas.
-¿Qué? –exclama Sarah haciéndose viento con los movimientos de su mano. –Yo no hice nada para merecer el castigo.
-Tienes razón, mereces algo mucho peor. –añade Vanessa afirmando con su cabeza.
-Tú mereces un cambio de imagen. –contesta Sarah moviendo su melena rubia.
-Y tú de cerebro. –escupe Vanessa.
-¡Basta chicas! –interrumpe la directora con un tono elevado de voz. –Ya está bien. Además, compartiréis habitación.
-Eso si no se matan antes. –ríe Justin.
-Calla, idiota. –dice Vanessa golpeando el hombro de él.
-Sólo digo la verdad. –Justin se encoge de hombros.
-Bieber, deja sus estupideces para otro momento. Ahora os tenéis que marchar a clase.

Sarah sale la primera del despacho moviendo su trasero de lado a lado y sosteniendo su bolso en la mano derecha. Vanessa la sigue después tirando su mochila tras su espalda bruscamente y murmurando cosas sin sentido por lo bajo. Y Justin decide salir el último pero antes de atravesar la puerta el tono de voz de la directora le interrumpe a su salida.

-Oye, señorito Bieber.

Justin se gira inmediatamente y apoya su brazo en el marco de la puerta.

-¿Qué? –pregunta desagradable.
-¿Cómo lleváis el castigo?
-Estamos en ello.
-¿Sucede algo entre vosotros?
-¿Qué? –Justin mueve su cabeza como si no hubiera escuchado bien.
-Dije que si hay algo entre vosotros. Ya me entiendes, no es muy común que vengas aquí a defender a una chica.
-No. –Justin niega moviendo su cabeza de lado a lado. –Ni es común ni hay nada entre nosotros. –miente.
-Después de tanto castigo yo creo que le conozco demasiado.  Espero que estéis preparando un buen musical. Pronto se colgará un cartel en el tablón de anuncios.

Un sentimiento extraño recorre el estómago de Justin. En realidad no le gusta la idea de participar y ser el protagonista de un musical. Tiene miedo a lo que pueda pensar la gente cuando vea al chico malo de la universidad cantar e interpretar unos temas.

-¿Cuándo has dicho que se anunciará? –pregunta él provocando arrugas en su entrecejo.
-Pronto. –hace una pausa juntando sus dedos haciendo de ellos una misma pieza. –Y también pronto sabremos quienes participarán junto a vosotros.
-De acuerdo.
-Hágale saber a _____ todo.
-Sí. –rechista Justin haciendo amago de irse. -¿Puedo irme ya?
-Váyase a clases y mejore sus resultados que falta le hace.
-Muchas gracias. –exclama sarcásticamente él marchándose.

{5 horas más tarde}

_____ está sentada sobre la banqueta y desliza sus largos y delicados dedos por el piano desesperadamente causando melodías poco agradables para los oídos de cualquier espectador. Maldice en voz baja pero está impaciente y no sabe cómo descargar las sensaciones que acumula en su interior. En realidad la desespera el hecho de que todavía no ha vuelto a ver a Justin desde que la dejó para ''aclarar unos asuntos'' según le dijo. Le importa más de lo que imagina y se odia a ella misma por ello. A veces Justin puede ser de lo más adorable pero ella continúa sin apostar por lo suyo.

Teclea curiosa presionando las teclas de derecha a izquierda y luego al revés, de izquierda a derecha. Desliza la lengua por sus dientes y deja escapar de su boca un largo suspiro. Deshace su coleta colocando el coletero en su muñeca y continúa con su particular audición. Aprieta fuerte la yema de sus dedos contra las teclas blancas provocando melodías rápidas, confusas como sus pensamientos. Se deja llevar mientras con los ojos cerrados imagina su mundo perfecto. Una cabaña en el campo, grandes vistas, muchas ventanas iluminando el hogar, un perro y un conejo (lo que siempre ha deseado), una pecera gigante y entonces, aparece él sin querer. Justin se cuela en la mente de _____ sin pensarlo dos veces.

Enseguida nota su voz tras su espalda y piensa que se está volviendo loca. Completamente loca.

-¿Qué estás haciendo, bicho?

Ella agita su cabeza y abre los ojos al instante. Una pausa larga.

-Te dije que qué estás haciendo. –de nuevo la voz de Justin detrás de ella.

Siempre en el momento más inesperado.

-Ah, -aparta las manos rápidamente del piano y las sitúa en su regazo. –nada.
-Estabas tocando. –dice él caminando hacia su lado.
-¿Entonces para qué preguntas?
-¿Entonces para qué mientes?
-Déjalo, estúpido. –ella se da por vencida. –Otra vez has llegado tarde.
-Estaba fuera dando vueltas con la moto, necesitaba despejarme un poco.
-Yo también. –dice ella mordiendo su labio inferior. –Por eso estaba intentando tocar este instrumento tan extraño. –ríe ella provocando hoyuelos bajo de sus mejillas.
-Lo sé. Te estaba escuchando y en realidad no suenas tan mal. –él la abraza por detrás manteniendo sus pieles calientes juntas. Un escalofrío recorre toda la columna de ella.
-No mientas, sé que sonaba horrible. –dice ella levantando su mirada para encontrarse con la de Justin.
-Tan solo tienes que sentirlo. –murmura él contra su oreja erizando la piel de toda la zona de su cuello. –Mira… -deslizando sus dedos por los brazos de _____ la magia comienza a palparse en el ambiente. –Cierra los ojos y piensa en algo que te guste, en un lugar tranquilo, donde el silencio permita que escuches hasta tu propia respiración.

Ella le obedece enseguida descansando en sus párpados y perdiéndose en su mente mientras él refugia en las palmas de su mano las pequeñas manos de ella. Transfiriéndole calor y confianza empieza a sumergir sus dedos entrelazados con los de ella en las teclas. Pim. Un sonido revolotea en los oídos de ambos. Pim. Otra vez chocando juntos contra las teclas. Apretando un poco más fuerte haciendo más intensa la unión entre ambos Justin comienza a marcar un ritmo más rápido, guiándola. Y juntos deslizan sus dedos paso a paso mientras sus corazones comienzan a cobrar velocidades prohibidas.

-Ahora déjate llevar. Sigue con los ojos cerrados y comienza a crear la melodía de tu vida.
-No sé si lo voy a hacer bien, Justin.
-Tan solo confía en ti. No pienses en nada. –dice él apoyando la barbilla en el hombro de _____ y quitando el agarre de sus manos. –Tú puedes hacer esto sola.

Despegándose de él, _____ empieza a deslizar sus dedos con cuidado y despacio por el teclado. Haciendo hundir las teclas produce sonidos de diferentes clases.

-Tranquila. –vuelve a murmurar él cerca de su oído.

Con un poco más de confianza en ella misma lo vuelve a intentar. Ahora suena un poco mejor. Empieza a dar ritmo a sus propias melodías y él mientras tanto siente como el corazón se le encoge. 

-¿Mejor? –pregunta ella entrecerrando los ojos con miedo a la respuesta.
-Mucho mejor. –Justin le da un tierno beso en la parte superior de la cabeza. -¿Ves? Sólo tenías que relajarte un poco.
-Eso era difícil teniéndote a mi espalda, ¿sabes? -_____ hace una mueca y cruza los brazos bajo su pecho. Él se sienta encima del piano carcajeando.
-Suele pasar. –dice Justin rascando la parte posterior de su cuello.
-Eres un estúpido de los pies a la cabeza. –bromea ella.
-Pues siento informarte de que te han vuelto a castigar con el estúpido.
-¿Qué? –pregunta ella poniéndose en pie mientras su cara cobra una expresión extraña.
-Ya tenemos planes para el fin de semana, nena. –baja ahora él de su peculiar asiento.
-No entiendo. –dice ella acercándose a él y haciendo un gesto con su mano hasta su cabeza, como si le estuviera tomando por loco.
-Ven aquí y te lo explico. –apoyando sus codos en la parte superior del piano, Justin la atrae hacia él acogiéndola en sus musculados brazos. –Lo siento, es que me gusta tenerte cerca.

Ella admite tímidamente moviendo la cabeza mientras siente el brazo izquierdo de Justin rodear su hombro despacio. Empieza a ponerse nerviosa, a sentir. Las mariposas revolotean impacientemente en su estómago y su barriga se contrae. Le cuesta respirar y todos los músculos de su cuerpo se tensan. Ella se asusta, pero no sabe que el amor no viene con un libro de instrucciones. Que nadie nos avisa cuando nos montamos en el vagón del tren de las sensaciones. Y es que de repente sucede, y cuando te das cuenta puede que quizás sea demasiado tarde.

-¿Te he asustado o algo por el estilo? –pregunta Justin apretando su piel.
-No, no, tranquilo. –tartamudea ella.
-Ah, bueno. Eso está bien. –respira relajado él. –Te quería decir que… -ella lo corta.
-Estamos castigados de nuevo, ¿no? –eleva una ceja triunfal.
-Sí, pero con dos acompañantes más desgraciadamente.
-¿Quiénes se han unido? –pregunta ella entre risas.
-Tu amiga y tu enemiga. –dice Justin dando un toque en la nariz de _____ con su dedo índice.
-Ay. –reniega ella entrecerrando los ojos. –Definitivamente estas cosas solo me pasan a mí… -suspira.
-Eh, nena, yo voy a estar contigo. –dice él situándose justo delante de ella. Ella alza la vista encontrándose con los ojos color miel de Justin que le buscan impacientes.
-Y ese es el problema…
-¿Problema? –Justin sitúa su labio inferior encima del superior haciendo una mueca.
-Quiero decir… no estaremos solos.
-Pero ahora sí. –dice él presionando sus labios firmemente contra los de ella. –Mmm… -murmura él antes de volverla a besar. –Sabes bien. –la besa de nuevo sin dejarla hablar. –Me gustas mucho.

Ella permanece inmóvil mientras él lleva su pulgar decidido a acariciar sus rosadas mejillas. Ambos detendrían este momento para que perdurara por siempre. Se pasarían horas mirándose mutuamente. Ella contando sus lunares, que por cierto, la vuelve loca ese que tiene tan cerca de los labios, y el que está a la altura de su oreja izquierda también. Por no hablar de los del cuello, que mataría por tomar una fotografía de ellos. Son totalmente su perdición.

-Bicho, ¿qué haces para saber tan bien, eh? –susurra él contra sus labios mientras sus miradas permanecen en pleno contacto. –Me llevas por un camino por el que nunca había pasado. –Justin sitúa sus dos manos en el cuello de _____. -¿Sabes? Por un sitio completamente desconocido. De estos que pasas y todo te parece extraño. Y ni yo mismo me hago la idea de que estoy todo el puto día pensando en ti.
-Justin… -las mejillas de _____ empiezan a tintarse de rojo. –Te entiendo perfectamente porque me pasa lo mismo.
-No creo, nena. –él aparta el pelo de su cara. –No creo.
-¿Qué te hace no creerlo?
-No te puedo gustar más de lo que tú me gustas a mí. Es imposible. –ríe él mostrando sus dientes.
-Tú siempre dices que los imposibles no existen, ahora no te contradigas. –carcajea ella mientras unas pequeñas arruguitas se crean bajo sus ojos. -Eres tan tierno a veces…
-¿A veces? –Justin eleva una ceja.
-Sí, cuando quieres eres un estúpido.
-Pero te gusto así.

Justin se adueña nuevamente de sus labios y juega con su lengua moviéndola suavemente contra la de ella. Se pierden otra vez. Se buscan. Se desean. Se tienen ganas. Y ninguno tiene idea de lo que sucede con estas cosas. Él es alcohol puro, del fuerte. Un trago que quema toda tu garganta y llega como fuego a tu estómago. Ella es el bocado al helado más dulce. Adictivo. Sensual. Sin combinación. Sin nada más. Suave. Sencillo. Delicado.

Sus bocas pelean, luchan. Más besos. Y un mordisco en el labio inferior.

-Nunca pensé que un castigo sería tan divertido. –sisea él contra su boca.

|Narra _____ |

Es de noche. Salgo de la ducha, seco mi cabello y mi cuerpo. Me embadurno de cremas corporales mientras suena la radio. Me encantan estas mezclas, oler bien y sentirme fresa. El olor a coco llega al sentido de mi olfato y disfruto de esa increíble sensación. Desenrollo la toalla de mi cuerpo y me pongo la ropa interior. Después me coloco el pijama y me miro al espejo a la vez que quito la toalla de mi pelo dejándolo revuelto y húmedo empapando mis hombros. Lo peino un poco dejándolo parcialmente liso y suave. Sin nudos que estorben. Recojo el cuarto de baño y voy directa a mi habitación. Querido diario, es hora de que me escuches.

Me encanta encerrarme entre estas cuatro paredes y perderme en mi mundo. Sentirme alejada de los demás. Aquí solo me escucha mi mente y mi pequeño diario.

Lo saco del cajón y lo coloco en el escritorio frente a mí. Lo abro delicadamente. Huele tan bien… a limpio, a nuevo, ¿y sabéis qué? Es de las pertenencias más viejas que tengo. Escribo desde los 6 años, cuando me enseñó esa profesora tan joven y guapa a contar números, a sumar, a restar y lo más importante, a plasmar mis sentimientos en palabras. A esa edad no tenía ni idea, yo hacía garabatos que no se podían ni entender, pero con el paso del tiempo vas aprendiendo a dejarte llevar.

''Querido diario. Recuerdo que salí del colegio con mis dos trenzas a cada lado de la cabeza pegando brincos. Mamá me esperaba a la salida al lado de nuestro coche rojo. Fue verme y una sonrisa se instaló en su cara, nos queríamos tanto… Me tiré enseguida en sus brazos como si mi vida fuera únicamente en ello. Me preguntó que qué tal el día y le respondí que me habían mandado tarea para hacer. Teníamos que escribir cada día en una agenda o una libretita lo que hacíamos. Mamá me llevó a una papelería y tuvo una idea mejor. ''Te compraré un diario, pero cuidado, esto es para siempre'' me advirtió. Aferrada a su mano pasamos por las diversas estanterías y te vi. ''Quiero ese'' dije con voz acaramelada. Y desde ese momento no te has ido de mi lado. 
Mamá me confesó que ella también usaba uno, por eso veía tan buena idea hacerme dueña de ti.
Mi pecho se aprieta al recordar cosas como esta. La primera vez que te sentí en mis brazos supe que serías mi mejor amigo. Nadie me quería, ni me sentía querida, exceptuando a mamá y a papá, y tú me acogiste sin conocer mi historia, ni mis errores, ni mis metas en esta vida. Tú me dejaste entrar en tu mundo sin preguntas ni interrogantes. Tus páginas en blanco me pedían a gritos el quererme conocer. Y acepté.
Luego fui creciendo junto a ti. Día tras día te escribía, te contaba los insultos que me dedicaba la gente en clase, y lo bicho raro que resultaba ser para todo el mundo. La vez que me pusieron aparato de dientes y lo pasé tan mal porque todos se burlaban de mí. Pero había algo que me decía que todas las lágrimas derramadas se iban a convertir en sonrisas. Y ahora puedo lucir la mía perfectamente.
Y ahora te escribe una chica adolescente más mayor. ¿Sabes? Al igual que ese chico del que te hablé está empezando a ocupar todas tus páginas, también se está adueñando de mi cabeza. Es extraño. Y tengo miedo. Él me trata bien cuando estoy a su lado, pero no entiendo cómo se ha podido fijar en mí. Si soy el bicho raro de siempre. La chica que deja sus ojos en los libros, la que no sale de fiesta. Soy diferente y eso no me asusta. Pero me asusta que pueda hacerme daño. Estoy empezando a quererle. ¿Alguna chica adolescente me entiende? El miedo invade cada rincón de mi cuerpo porque siento cosas fuertes por el tipo duro de la universidad. Por mucho que él se acerque a mí, una parte de mí me pide a gritos desesperados que me aleje. Que huya. Que me esconda. Pero lo tengo en la puta habitación de al lado. En la misma maldita casa. Y su sonrisa puede con todo. Me hace sentirme segura de mí misma. Provoca en mí lo que nadie nunca antes había conseguido. Ojalá algún día pudiera presentártelo. Es muy guapo. Y sus ojos... Y su mirada... Y sus labios...''


RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.


martes, 9 de julio de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 18.


|Narra Justin|

Escucho unos cuantos chillidos desentonados pero no les presto más atención. Seguro que son cualquier grupo de chicas peleándose por las típicas cosas que pasan entre ellas. Chicos. Ropa. Fiestas. Moda. Son muy raras y la mayoría de veces no entiendo sus actitudes. Chicas… suspiro.

-Bro. –me mira Ryan y distingo algo en él que no me gusta nada. –Creo que algo ha pasado con _____.
-¿Qué? –un escalofrío maligno recorre todo mi cuerpo a velocidad de la luz. -¿_____? ¿Dónde?
-Ahí. –señala al final del pasillo donde se reúne un grupo de gente bastante grande.

Corro sin llamar la atención dejando a Ryan y a los demás atrás. Empujo a la gente apartándola con mis propias manos mientras las venas empiezan a hacerse notar en mi cuello amenazando con explotar. Esquivo y vuelvo a empujar a todo aquel que se interpone en mi camino y cuando el número de gente va reduciendo la encuentro en medio de toda esta multitud.

-¿Qué ha pasado? –aprieto mis puños. -¿_____?

Me mira sorprendida y sé que algo no anda bien. Me convierto en el centro de todas las miradas y yo simplemente me dedico a situarme delante suya.

-Fuera todo el mundo. –grito furioso. Me giro observando a toda esa gente. –He dicho que fuera.

Todos obedecen ante mis órdenes, la gran masa de gente concentrada ahora a nuestro alrededor desaparece en cuestión de segundos soltando varias malas palabras por lo bajo. Me agacho poniéndome de cuclillas delante de ella y percibo la tensión en sus ojos. También una vez ahí me doy cuenta de que está Vanessa justo a su lado. Y no me importa.

-Maldita sea, ¿qué ha pasado? –pregunto confuso pasando una mano hacia arriba y hacia abajo por mi cara.
-Sarah me tiró las culpas sobre algo que no había hecho, luego se enfadó, se encaró conmigo y al final me empujó per…
-¿Que te empujó? –la impido acabar. Mi cuerpo comienza a calentarse rápido. Muy rápido.
-Sí… -susurra moviendo sus hombros delicadamente. –Pero no importa.
-¿Cómo que no importa? –elevo mi tono de voz. –Cuéntame, _____. Quiero saber qué ha pasado.
-No te preocupes, de verdad… -dice juntando sus labios en una perfecta línea.
-No me gusta este juego. –digo negando con mi cabeza.
-No es ningún juego, Justin. Todo fue mi culpa. –interviene Vanessa. Su voz me impresiona–Pero fue inútil porque Sarah lo pagó con ella.
-¿Qué estás queriendo decir? –murmuro mientras noto mi corazón golpear con fuerza en mi pecho. -¿Fue tu culpa y dejaste que empujaran a… -mi mente se colapsa buscando la palabra adecuada. –a ella?
-Justin, no… -susurra _____ tirando de mi brazo impidiendo un nuevo enfrentamiento.
-¿No qué? –la miro mientras su tacto me relaja.
-Que Vanessa le contó que yo no tenía nada que ver, ella dio la cara por mí.
-¿Eso es verdad? –pregunto a Vanessa tragando saliva después con cuidado.
-Sí. Lo es… -admite ella poniéndose en pie. –Y ahora os dejo solos si me permitís, voy a encargarme de que nada de esto te perjudique, _____.
-Gracias. Te veo luego. -_____ le dedica una sonrisa.

Marchándose a un paso acelerado, nos quedamos solos en el pasillo la bicho y yo. Cojo sus manos tirándolas hacia arriba para que se ponga en pie y me acerco a ella acorralándola en la pared con mis brazos tendidos a la altura de sus hombros.

-Ahora explícame. No tengas miedo de contarme nada.
-Justin…
-Justin nada. Me preocupo por ti. –hago una pausa dando toques nerviosos con los zapatos contra el suelo. -¿O no lo notas?
-Lo que noto es que esa chica va contra mí. –suspira. -Y no sé qué he hecho.
-Ser lo que ella no es y conseguir lo que ella no consiguió. –respondo a su pregunta no formulada.
-¿Qué es lo que no consiguió? –me pregunta en un tono de confusión.
-A mí. –digo con voz ronca.
-Pero si…
-No busques los peros. Ese es el motivo. Ahora dime qué es lo que ha pasado o me enfadaré de una vez por todas. –exijo sin dejar de mirar esos ojos suyos.
-¿Sabes qué? Es extraña la manía que tienes de cortarme cuando hablo de nosotros.
-De eso hablaremos en otra ocasión. –digo serio mirándola fijamente. –Eres desesperante a veces.
-Vaya, gracias. –se encoge de hombros mientras mis brazos permanecen inmóviles contra la pared.
-No hay de qué, bicho. Ahora si no te importa…
-Lo sé. Sé lo que vas a decir, pero… ¿podemos ir a otro sitio? Aquí me siento incómoda. –dice tímidamente haciendo una mueca.
-Está bien. –murmuro sin apenas expresión en mi cara.

Dándole un pequeño golpe en su cadera con mi mano la atraigo a mí y coloco en su mejilla un húmedo beso. Ella ríe y sus mejillas se visten del color rojizo habitual cuando está conmigo. Es como una especie de tinte que aparece en su rostro cuando nuestras pieles permanecen en pleno contacto. Con las manos en los bolsillos del pantalón de mi uniforme y ella con los brazos inquietos de lado a lado provocando el movimiento de su falda giramos hacia la derecha. Después llegamos al final del pasillo en el que nos encontramos y abro la puerta silenciosamente para que nadie nos escuche. Pasando ella primero y yo después nos damos de bruces con el Sol que impacta enfurecido en nuestras caras. Hago una mueca y entrecierro los ojos debido a ello y cuando me percato ella está sentada en un banco de piedra con un sitio a su lado reservado para mí. Observo como cruza sus delgadas y elegantes piernas para colocar una encima de la otra. Toso adrede y me giro de lleno para tener una completa visión de su rostro.

-Dispara. –digo preparado para escucharla.
-Verás… -dice dirigiendo su mirada a sus dedos que juegan entre ellos traviesamente. –Le conté a Vanessa lo nuestro pero fue tarde. Como te dije, ella creía que Sarah estaba detrás de  todo lo que había sucedido entre vosotros. Entonces mis palabras no sirvieron de nada porque ella ya había preparado algo y atracó su taquilla de mala manera. –esconde los labios en su boca y continúa. –No sé exactamente los detalles, pero eso sucedió, entonces al salir de clase escuché un grito y me trajo malas sensaciones. Era ella y enseguida la encontré delante de mí renegando y chillando. Me dijo de todo y Vanessa salió finalmente en mi defensa admitiendo que fue ella la que hizo todo, pero Sarah no la creyó. O no quiso creerla. Y ahí fue cuando me empujó contra la pared y se fue molestamente a protestar a la directora.
-Será perra la muy cabrona… -digo pronunciando pausadamente cada palabra.
-Relax. No pasa nada. –girando un poco su cara me mira. -¿He hablado demasiado? –pregunta sosteniendo una dulce sonrisa en sus labios.
-Sí, en cambio te advierto una cosa. –me acerco a ella reduciendo el espacio.
-¿Qué cosa?
-A la próxima te callaré yo a mi manera. –susurro dejando mi aliento chocar contra sus labios.
-Sería divertido. ¿Entonces por qué no lo has hecho ahora? –eleva una ceja manteniendo una gota de humor en cada una de sus palabras.
-Porque este tema me interesaba. –aclaro mi voz. –Y me voy a encargar de que no vuelva a suceder.
-No, Justin, eso empeoraría las cosas.
-No te preocupes, sé lo que hago. –digo apartando un mechón de pelo de su rostro.
-Me sé defender solita, enserio.
-Pero es que bicho, yo no voy a defenderte, yo tan solo le voy a advertir de que como vuelva a poner sus manos encima de ti se va a arrepentir de haberlo hecho.
-¿Y si eso empeora las cosas? Ya sabes cómo es…
-No te va a hacer nada, de eso estoy seguro.
-¿Y por qué estás tan seguro?
-Nena, deja de acosarme a preguntas.
-¿Lo estoy haciendo? –frunce su ceño.
-Sí. –la señalo con mi dedo índice. –Exactamente ahora.
-Hmm. –emite un extraño quejido de su boca y rodea sus ojos deliberadamente. –No tienes ni idea de lo pesada que puedo llegar a ser a veces.
-No importa, yo también tengo mis contras. –elevo mis hombros y después los dejo caer.
-Vaya… -lleva un dedo a su barbilla. –Quién diría que el mismísimo Justin Bieber admitiera algo así. –dice ocultando su risa.
-Oye, tampoco he dicho nada que me perjudique. –pongo mis manos hacia arriba en señal de defensa.
-Eres un creído con el ego por las nubes. –carcajea manteniéndose cerca de mí.
-Cuéntame algo que no sepa. –me acerco provocador.
-Mmm… quizás que me encanta cuando estoy a esta distancia de ti.
-¿Sí? –curvo mis labios en una sonrisa.
-Sí. –me devuelve ahora ella una.
-¿Y qué tal así? –me aproximo rompiendo centímetros y convirtiéndolos en milímetros.
-Mejor. –sus labios casi rozando los míos.
-Maldita sea, estoy de acuerdo.

Acoplo mi mano derecha a su barbilla y comienzo a acariciar su piel con mi dedo pulgar. Reviso con mi vista cada rasgo de su cara. Sus finas cejas, sus ojos oscuros pero intensos, su pequeña y delicada nariz, y después me detengo en sus labios.

-Eres un provocador. –susurra ella percatándose.
-Y tú me estás volviendo loco.

Presiono mis labios contra los suyos sin más experimentando nuevas sensaciones. Abro la boca permitiendo el paso de su lengua por mi interior mientras ella enrolla sus brazos alrededor de mi cuello. Saboreando el beso ahora decido entrar a su boca sin permiso, advirtiendo que mi lengua ganará la batalla. Ella gruñe un segundo en bajo pero se deja llevar y continuamos desafiándonos mutuamente. Sonrío en uno de tantos besos y mi mandíbula continúa en pleno movimiento mientras nos volvemos a perder. Introduciendo mi lengua de nuevo en su boca ella acaricia mi nuca. Más besos, más ganas. Realizamos coreografías de todo tipo, marcando nuestros propios pasos. Convirtiendo el juego en pura adicción.

Mis manos inquietas deciden reposar en una zona más arriba de sus desnudas rodillas. Continuando con los besos abro los ojos un segundo observando su perfecta figura centrada en mí. Los cierro de nuevo y muerdo delicadamente su lengua impidiéndole el paso. Le transmito un poco más de mi saliva y nos quedamos quietos con los labios pegados y las mentes pensándose.

Acaricio su muslo trazando círculos en su piel mientras camino sin rumbo en sus ojos que se abren delirantes. Sus largas pestañas me llaman la atención. Despego poco a poco mis labios de los suyos cuando mi móvil interrumpe el momento emitiendo la melodía que utilizo como tono de llamada.

-¿Quién será la persona más inoportuna de este planeta? –pienso en alto haciéndola reír.

Miro a la pantalla de mi móvil con disgusto donde resalta el nombre de Ryan. Descolgando lo presiono contra mi oreja después de maldecir a mi querido amigo.

*-¿Dónde te metes, bro? –pregunta sobresaltado.
-Donde no te importa con _____.
- Ven corriendo al despacho de la directora.
-¿A qué viene esto?
-Aquí hay alguien que te necesita.
-Enseguida estoy ahí. –digo decidido pasando mi mano por mi frente frustrado.
-De acuerdo. Y no traigas a _____ si no quieres meterla en más problemas.
-¿Cómo? No voy a dejarla sola.
-Tú decides. Yo sólo te lo estoy diciendo.
-Maldita sea. –gruño por lo bajo. –Ya voy.*

Cuelgo finalizando la llamada y esbozo un largo e interminable suspiro. _____ me mira preocupada.

-¿Qué pasa? –me pregunta al instante.
-Tengo que arreglar unos asuntos. Te veré en clase, ¿vale? –digo poniéndome en pie mientras muerdo con rabia el interior de mi mejilla.
-Ha pasado algo y no me lo quieres decir. –esquiva mi mirada y se levanta también.
-No es nada importante, ni yo mismo sé qué es lo que pasa. –tirando de su muñeca hacia mí acorto la distancia. –Después te contaré, ¿de acuerdo?
-Vale… -dice agachando la cabeza y enseguida escondo detrás de su oreja el mechón de pelo que se cuela en su cara.
-Bicho. –murmuro con la voz calmada.
-¿Qué? –me mira ahora ella desconcertada.
-¿Confías en mí? –pregunto apoyando mi frente en la suya. La diferencia de altura lo permite.
-Supongo que sí.
-¿Supones?
-Confío en ti, Justin. No sé por qué, pero confío en ti.

Sus palabras me relajan y algo en todo mi cuerpo se libera. Es como si hubiera prendido un cigarro tras colocarlo en mis labios, como si me hubiera alimentado de esa sustancia que consigue tranquilizarme, y después hubiera exhalado el humo por mi boca provocándome una sensación de completa libertad. Pero resulta ser que ella es más fuerte que la droga. Mi droga.

Le doy un rápido beso en los labios y desaparezco de su lado entrando dentro de la universidad. Tomo dirección hacia donde me ha recalcado Ryan. Odio ese lugar, ese despacho me trae malos recuerdos. Pero buenos a la vez. Como cuando nos castigaron a _____ y a mí. Besé su mano y ni siquiera recuerdo por qué lo hice. Ahí ya comenzaba a despertar algo en mí, así que no se me ocurrió otra manera de captar su atención. Resulta que funcionó o quizás no. Quizás ya estaba rendida a mis pies y le sucedía lo mismo que a mí.

Subiendo las escaleras casi corriendo me paro unos segundos apoyado en la barandilla para respirar un poco. Secando con mi mano apresuradamente las gotas de sudor que aparecen en los extremos de mi cabello me paro frente a la puerta del despacho.

Tomo varias respiraciones antes de entrar y encontrarme el panorama que Dios sabe que había.

|Narra _____|

Y me deja ahí sola y confundida a la vez. Se va tras dejar un beso rápido y corto en mis labios. Deslizo mi lengua por ellos saboreando lo poco que me queda de él en este momento. Ha conseguido nublar mis pensamientos y también que ahora mismo me sienta en una maldita nube.  Me tambaleo sin querer y casi caigo al suelo. Me ha dejado completamente aturdida. Y aquí me encuentro.

Una brisa de aire mueve mi pelo y lo recojo en una coleta. Miro la hora en mi reloj y me doy cuenta de que todavía quedan 10 minutos para volver a entrar de nuevo a clase. Me siento en un rincón en el mismo suelo y encojo mis piernas rodeándolas con mis brazos. De pequeña siempre me ponía en esa posición, era cómoda y me sentía protegida de alguna manera. 

Llevo mi dedo índice a la boca y comienzo a morder mis uñas instintivamente.
Entrecerrando mis ojos mientras la brisa da de lleno en mi cara me paro a pensar en todo lo que he vivido hoy. No estoy acostumbrada a estas cosas. Nunca alguien había salido en mi defensa de esa manera en la que lo hizo Vanessa. En el colegio siempre se metían conmigo. Sufrí acoso por parte de algunos compañeros, pero no llegó muy lejos porque tenía personas en las que apoyarme que me aconsejaban sobre cómo actuar. Una de ellas era mamá. Mi apoyo, mi consejera y mi mejor amiga a la vez. Ejercía toda clase de papeles para mí. Con ella podía llorar hasta de la risa cuando tenía un día triste, siempre se encargaba de hacerme feliz. ¿Y ahora quién es capaz de reemplazarla? Nadie. Me arrebataron sin más a la persona que más necesitaría en estos momentos. Quizás el destino quiso que aprendiera a manejarme solita en este mundo tan repleto de maldad. Una vez me dijeron que la vida no es tan mala, la hacemos así las personas. ¿Y sabéis qué? Que estoy completamente de acuerdo.

¿Quién podría hacer de mis días negros un poco más grises? Un nombre aparece brillante en mi cabeza y la tambaleo intentando quitar el pensamiento de ahí.

La campana suena y me doy cuenta de que el tiempo ha pasado batiendo récords de velocidad. Me levanto y espolso mi trasero dando palmaditas con mis manos en él. Coloco la mochila en mi espalda y me dirijo a clase.


Una vez dentro me siento en mi silla y me percato de que el sitio a mi lado está vacío. Espero que Vanessa no se haya metido en un lío por mí. Muevo mi pierna derecha con nerviosismo mientras espero impacientemente a que aparezca por la puerta. Comienza a entrar gente por ella, compañeros míos, pero ni Justin ni Vanessa ni Sarah están entre ellos. Entonces de nuevo las malas sensaciones invaden mi cuerpo en cuestión de segundos esperándose lo peor.



RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.


martes, 2 de julio de 2013

'Improbable dirección'' Capítulo 17.


La tarde va oscureciendo. Las nubes van cubriendo el cielo haciendo de él un color blanco espeso y el Sol poco a poco va desapareciendo. Se esconde con cuidado, es su rutina de siempre. Hay cosas que nunca cambian. Como los domingos de lluvia viendo una buena película tumbada en el sofá, el humo que desprende el café al calentarlo, las ganas de huir de casa cuando discutes con tus padres, o esas explosiones en tu interior que se producen cuando ves a esa persona que te gusta tanto.

Pero ellos siguen charlando, regalándose sonrisas y conociéndose un poco más. Cada cinco minutos se roban un pedacito de corazón. Ella lo pega con celo, porque tiene un miedo increíble y no quiere ilusionarse para acabar hundiéndose como el Titanic. En cambio, él utiliza permanente, es un poco más valiente y se atreve a apoderarse de esas sensaciones. ¿Por qué sabéis qué? A veces nos tenemos que arriesgar. Nadie gana sin haberlo intentado antes. No es malo apostar, arriesgarse, tener el valor suficiente para asumir lo que dicta tu corazón y no tu cabeza. También es de sabios dejarse llevar.

A medida que la Luna salía de su escondite y se interponía ahí arriba, el frío iba haciéndose notar. Las agujas del reloj continuaban con su particular tic tac avanzando, dejando atrás cada segundo, minuto y hora. Sí, ya han pasado horas, pero quién se lo diría a ellos que están disfrutando comiendo helado como dos niños pequeños el primer día de excursión en la escuela. La gente abandonaba la cafetería, pero ellos ni se daban cuenta y seguían en ese rincón. Su rincón.

-¿Quién es? –Justin pega el teléfono móvil a su oreja. –Ah, sí, mamá. ¿Enserio? No puede ser… Ya vamos a casa, no os preocupéis. Hasta ahora. –una breve pausa. –Yo también te quiero, sexy.
-¿Quién era? –le pregunta ella asombrada pero sin borrar su sonrisa.
-Mi madre. Es tarde. –dice él levantándose y haciendo un gesto para que ella le siga.
-No sabía que la llamas sexy. –carcajea cargando con la mochila en su espalda. Justin la observa.
-Oh, no. –Justin le arrebata ese objeto cargado de libros. –Déjame llevarla a mí.
-De acuerdo. Gracias. –murmura inflando sus mejillas.
-De nada, bicho. –sonríe él acercándose a la barra. –Cóbrame, John. –dice tendiéndole un billete en la mano.
-Aquí tienes. –John le devuelve unas cuantas monedas. –Ya sabes que puedes pasarte siempre que quieras.
-Y sabes que es todo un placer para mí venir aquí. –Justin se despide chocando su mano formando un puño.

Abandonan el recinto. Se percatan de que las estrellas comienzan a brillar ahí arriba y las farolas están encendidas alumbrando las calles oscuras y vacías de la zona. Stratford es un pueblo de un tamaño medio pero en estas épocas del año la gente no suele salir. Tan sólo los adolescentes abandonan sus casas para divertirse fuera de ellas.

-Vaya, el tiempo ha volado. –susurra _____ una vez montada en el vehículo.
-Sí, ha pasado demasiado rápido. –dice él observándola por el espejo retrovisor tiritando. -¿Tienes frío?
-Un poco. –admite ella mordiendo su labio inferior tímidamente.
-Toma. –Justin se quita la chaqueta al instante. –Yo te la presto.
-No hace falta, Justin. Te vas a morir de frío. –dice _____ rechazando su propuesta.
-Que te la pongas. No me obligues a ponértela yo mismo. –él gira su cuello mirándola fijamente.
-Pero… yo… tú vas a pasar frío.
-No importa. Póntela.
-Justin… de verdad, que no pasa nada.
-_____ Blair me voy a enfadar contigo como no te pongas la maldita chaqueta.
-Odio seguir tus instrucciones. –reniega ella cubriendo sus brazos con las mangas y protegiéndose del frío con la chaqueta de cuero. –Ya está.
-Muy bien, nena.
-Y tú te vas a constipar.
-¿Qué importa? Abrázame un poco y me refugias del frío, vamos. –dice él.

Pasando sus manos por los brazos descubiertos de Justin, _____ los acaricia suavemente un par de veces erizándole el vello. Le abraza por detrás hundiendo su cabeza en la espalda dura y fuerte de Justin. Sus brazos rodean su cuerpo un poco más arriba de su cintura por la altura de sus abdominales y allí entrelaza sus propios dedos. La verdad es que funciona para entrar en calor.  Él aspira hondo mientras la chica que le vuelve loco le abraza. A Justin un escalofrío por su columna vertebral le deja casi tieso y sin aliento. Y ella prefiere perderse en su mundo imaginario mientras siente sus cuerpos pegados y casi completamente unidos de nuevo creando esa burbuja en la que sólo existen ellos.

-Oye. –dice ella en un casi inaudible sonido.
-Dime, bicho.
-Ha sido un placer pasar la tarde contigo.
-¿Enserio?
-Sí, no te estoy mintiendo.
-Entonces lo estoy haciendo bien, ¿no?
-Estás siendo un hermanastro muy… como lo llamaría yo… -él nota algo vibrar tras su espalda, la risa de _____.
-¿Cariñoso? ¿Amable? –continúa él su frase.
-Digamos que sí.
-Oh, fenomenal. –hace una pausa antes de disponerse a arrancar. –Tú estás siendo muy receptiva también.
-Idiota. –vuelve a reír ella. 

Comienzan a viajar bajo la fría noche que les viene encima. Velocidad, sensaciones desconocidas y ruido se mezclan haciendo de una noche más una difícil de olvidar.

|Narra _____ |

Me cuesta respirar estando aferrada a él. El viento menea salvajemente mi melena. Siempre he tenido miedo a la velocidad, a sobrepasar los límites y ahora mismo me encuentro circulando a Dios sabe cuántos kilómetros por hora. Los árboles pasan desapercibidos apenas sin distinguirse, se quedan atrás mientras todo se ve borroso. Descanso mis párpados y me tranquilizo acariciando su camisa.

Me encanta estar tras su espalda y cuando vuelvo al mundo real ya estamos en casa. Hogar dulce hogar. Hemos llegado. El silencio se rompe con los ladridos de un perro a unos cuantos metros de nosotros, apenas se puede oír.

-Casi me quedo dormida. –me sincero poniendo un pie en el suelo.
-Eres muy extraña, de verdad.
-¿Quieres dejar de decir eso?
-Nena, no te molestes por esa tontería. 
-Vale, déjalo…

Camino despacio hacia la puerta principal y busco mi llavero en el bolsillo más pequeño de la mochila. Esto me lleva un largo rato y en estos momentos odio llevar tantas cosas siempre conmigo que no sirven de nada. ¿Sabes? Soy de esas que guardan todos los recuerdos, las estupideces más grandes, soy incapaz de tirar nada porque siento que rompo una parte de mi vida. Supongo que por eso me gusta tanto la fotografía, me encanta capturar momentos y congelarlos para el resto de mis días.

Coloco las llaves en la cerradura y giro el pomo despacio provocando un ligero ruido. Justin me sigue detrás y me giro comprobándolo.

-Por fin lo conseguiste. –bromea sacándome la lengua.

Entramos al salón de estar donde se encuentran papá y Pattie mirando la televisión.

-Hola. –saludo fingiendo una sonrisa.
-Eso… hola. –me sigue Justin.
-La cena os lleva esperando una hora… -dice Pattie señalando hacia la cocina.
-Yo no tengo hambre. Además, estoy agotada. –murmuro tocando mi barriga.
-¿Se puede saber dónde estabais? –pregunta papá con cara de pocos amigos.
-El castigo se ha alargado. –interviene Justin.
-Bueno, al menos os habrá servido de lección. –dice Pattie entrelazando sus dedos. –Ahora tomar algo de comida y a la cama chicos, es demasiado tarde.
-Buenas noches. –me despido deslizando mis pies en otra dirección.

Subo las escaleras lo mejor que puedo y al llegar a mi habitación me tumbo en la cama desconectando todos mis sentidos. El sueño se hace presente en mí y no tardo en caer rendida en la fresca almohada.

{Al día siguiente}

-Buenos días, papá. –coloco un beso en su mejilla y después abro la nevera.
-Buenos días, cariño. ¿Qué tal has dormido?
-Bien… caí rendida, así que dormí muy bien. –digo vertiendo la leche en una taza. -¿Y tú?
-Muy bien, aunque de vez en cuando me entraban ganas de matar al perro del vecino. –ríe bromeando. –Cuando empieza a ladrar no para.
-Yo estaba tan metida en mis sueños que ni me enteré. –carcajeo y a continuación termino de  beber mi vaso de leche. Después lo llevo al fregadero y lo lleno hasta arriba del agua del grifo.
-Me voy a trabajar, hija. Estudia y presta atención en clase. –acaricia mi espalda y abandona la cocina.
-Sí papa… -digo rodeando mis ojos.

Escucho el golpe de la puerta al cerrarse y me dirijo a la sala de estar para mirarme en el inmenso espejo que ocupa casi toda la pared. Recojo mi pelo en la misma coleta de siempre y me dispongo a salir a un paso moderado. Es la primera vez que no hago tarde. Camino sola hasta la parada del autobús y cuando llega entro directa para sentarme en la parte trasera. Vanessa me espera y me siento justo a su lado como esperaba.

-¿Estás mejor? –pregunto en un hilo de voz.
-Bueno… se podría decir que sí. –finge una sonrisa.
-Eso espero.

Un silencio incómodo se apodera del ambiente hasta que por fin llegamos a la universidad. Bajamos del autobús entre la gente y sin dirigirnos una palabra más continuamos nuestro camino por los pasillos. Me paro en mi taquilla y descargo unos cuantos libros, menos peso para mi espalda que está destrozada. Cierro con el candado y me aseguro de que lo he hecho correctamente. Me giro y observo a Vanessa jugueteando con unas llaves rosas de un tamaño diminuto entre sus dedos.

-No sabía que ahora Sarah te había contagiado sus gustos. –bromeo señalando hacia sus manos.
-Ah, ¿te refieres a esto? –Vanessa coloca las llaves ahora en la palma de su mano haciéndome saber. –Precisamente son de ella.
-¿Qué? ¿Qué haces tú con…
-Se las quité. –contesta sin dejarme terminar.
-Dios mío, ¿por qué? –pregunto sorprendida.
-Ahora la que se va a joder es ella. –dice echando su melena hacia atrás.
-¿Que ella qué?
-Le tengo preparada una sorpresita. –ríe con malicia. –Ella se quedará con Justin, pero yo me quedo con sus pertenencias más preciadas.
-Vanessa, dime que esto es una broma. –susurro preocupada y tirando de su brazo para reunirnos lejos de la multitud de gente que se concentra en el pasillo.
-No, no lo es. –niega moviendo su cabeza de lado a lado.
-Dios mío, sí lo es. –digo tratando de autoconvencerme.
-_____ no lo es. Ella tiene que pagar por lo que me ha hecho. –dice abriendo sus ojos intimidándome.
-¿Qué te ha hecho?
-Alejarme de Justin, bueno más bien convencerle para que se aleje de mí. –con las manos en alto exclama. -¡¿Acaso lo olvidaste?!

Cierro mis ojos delicadamente y suspiro procesando mis pensamientos. Oh, no. ¿Por qué estas cosas me suceden a mí? Paso una mano por mi pelo intentando tranquilizarme.

-Vanessa, verás… -digo en un susurro.
-¿Qué pasa? –me mira inquietada.
-Sarah no tiene la culpa de lo que ha pasado con Justin. –trago saliva fuertemente reconfortándome.
-Ah, ¿no? ¿Y quién la tiene? La conozco perfectamente, _____.
-La tengo yo. –digo clavando mi mirada en el suelo y enterrándome a mí misma ahí.
-¿Qué? ¿Pero qué estás diciendo?
-Que soy yo la culpable. Bueno, no del todo. –sacudo mi cabeza. –Quiero decir que Justin te ha rechazado por mí.
-Ahora estás bromeando tú, ¿verdad? –asiente con su cabeza.
-No, Vanessa. ¿Tengo cara de que esto sea una broma? –me señalo a mí misma con el dedo índice.
-No…
-Pues ya está. Lo siento, te lo tendría que haber dicho antes pero no me atrevía… -muerdo mi labio inferior.
-Entonces… ¿Justin y tú estáis juntos?
-No, bueno, no sé. Es algo raro.
-Me alegro. –sonríe acariciando mi hombro.
-¿Qué? –pregunto extrañada.
-Que me alegro por vosotros, de verdad.
-¿Enserio? –respiro aliviada.
-Sí. Él te gusta, ¿verdad? –me sorprende su pregunta.
-Sí… -vuelvo a morder mi labio tímidamente.
-Y a él le gustas. Créeme, la forma en la que hablaba sobre esa extraña que resultabas ser tú lo decía todo. Además, te debo yo una disculpa. No debí de buscarlo, ya sabes…
-No te preocupes. –me lanzo hacia ella y nos abrazamos mutuamente. –No fue sólo tu culpa…
-Lo sé, pero pude haberlo evitado y no lo hice, al contrario.
-¿Cómo es que no te has enfadado conmigo? Te oculté todo lo que sentía por él… -murmuro y en mi voz se nota una pizca de arrepentimiento.
-Eres mi amiga, simplemente. –se encoge de hombros. –Sé que lo ocultaste para no hacerme daño… En cambio yo hice cosas peores. Lo siento.
-Tranquila, eso ya pasó, ¿vale? –digo deshaciéndome de sus brazos. –Ahora vamos a clase si no queremos que el profesor nos castigue.

Y la misma rutina de siempre. Buscamos la clase correspondiente y pasamos entre la gente mientras noto quemar en mi cuerpo la mirada de Sarah y su grupito de niñas pijas consentidas. En realidad no conozco a la mayoría, pero supongo que serán como ella. Sobretodo si observas en clase cómo se liman las uñas mientras la profesora explica cualquier materia.

Nos sentamos y coloco el libro en la mesa con desprecio. Odio las matemáticas. Y la profesora tampoco me agrada mucho. Me paro a leer la primera página y alguien da un pequeño golpe a mi hombro. Levanto mi mirada y mi estómago se revuelve en cuestión de segundos.

-Hola hermanita. –murmura Justin dedicándome una sonrisa de las suyas.
-Idiota, no me llames así. –me quejo. Él se sienta justo detrás de mí y le sigo con mis ojos.
-Siéntete afortunada por el hecho de que te haya saludado. –me guiña el ojo y a continuación carcajea delicadamente.
-Pero hoy no me has dado los buenos días. –frunzo mi ceño.
-Nena, si yo fuera tú no recriminaría eso.
-¿Por qué?
-Porque puedo darte las buenas noches. –se muerde el labio inferior y luego pasa su lengua por el mismo sitio. -¿Sabes?
-Idiota, no hables en alto que nos pueden escuchar. –digo disminuyendo el volumen de mi voz.
-¿Y qué?
-Que mancharías tu propia reputación.
-¿Eso crees?
-Sí…–escondo mi cuello entre mis hombros.
-Eres tan negativa, nena…
-Yo lo llamo ser realista.

{Más tarde}

Hora del recreo. La gente sale disparada en el segundo en el que la alarma da el primer aviso. Los libros desaparecen. El ruido de las sillas retumba en todos los oídos. Las mochilas se cargan en la espalda. Los grupos se van formando. Y ahí nos quedamos mirándonos Vanessa y yo, leyéndonos la mente.

-Me quería morir. –dice rodeando sus ojos cansada.
-No, aquí no te mueras. Es un lugar bastante odioso, ¿no crees? –carcajeo mientras salimos de clase.
-¿Bastante? Bastante es poco.
-No podría estar más de acuer…

Mi frase se queda a medias. Un grito repelente me interrumpe. El sonido provoca mi piel de gallina y me causa ciertas sensaciones negativas.

-¿Qué ha sido eso, Vanessa? –pregunto extrañada creando gran cantidad de arrugas en mi frente.
-Creo que sé lo que es… -murmura mordiendo su labio y golpeando el talón de sus manoletinas en el suelo.
-¿Qué es? –pregunto asustada abriendo mis ojos y mi boca sin querer.
-Sarah. Maldita sea.

No le da tiempo a continuar y una gran masa de gente se acerca a nosotras. Y delante está ella, irradiando furia de sus ojos, agitando sus manos con rabia, caminando a su manera perfectamente coordinada.

-¡_____ Blair! –vuelve a gritar encarándose a mí, situándose justo enfrente mía.

Todo el mundo me mira y se colocan a nuestro alrededor indiscretamente. Detrás de ella está su grupo de amigas cruzadas de brazos con un pie más delante que el otro. Pretenden intimidarme pero no lo consiguen.

-¿Qué quieres? –murmuro con desprecio.
-¿Has sido tú la que ha hurgado en mi taquilla?
-No.
-¡Mentira! –agita sus manos hacia arriba.
-¿Quieres dejar de chillar y armar escándalo? Yo no he sido, te vuelvo a repetir. –digo con mi normal tono de voz. Mi actitud es la adecuada.
-Sé que has sido tú, maldito bicho raro asqueroso. –susurra escupiendo sus palabras duramente haciendo herida en mi interior.
-Prefiero ser un bicho raro a estar llena de maquillaje por fuera y podrida por dentro. –digo con completo convencimiento.
-No me conoces, bicho raro.
-Ni tú a mí, en cambio tus acciones hablan por sí solas.
-Sólo quiero que me devuelvas lo que me has quitado, estúpida.
-Yo no te he quitado nada. –digo alejándome de ella dando un paso atrás y mostrando mis manos vacías.
-Eso no me demuestra nada. Sé que has sido tú. –dice señalándome con sus largas y moldeadas uñas.
-Ella no ha sido. –anuncia Vanessa apartándome a un lado. –He sido yo.
-Oh, qué bonito defender a tu amiguita. –Sarah agita su mano y ríe a la vez.
-La estoy defendiendo porque ella no ha sido y si no me crees yo misma me voy a encargar de que no vuelvas a ver todas esas porquerías.
-¿Porquerías? –ríe. –Vanessa, esas porquerías de las que hablan valen más que tú.
-Para ti sin duda, que le das más valor a las cosas materiales que a una persona. ¿Pero sabes qué? Por eso te vas a quedar sola y amargada. –lanza mi amiga en su defensa.
-Voy a ir al despacho de la directora y que ella misma juzgue lo que habéis hecho. –lloriquea Sarah. -¡Adiós!

Me empuja contra la pared y hace crujir mi espalda antes de irse. Hago una mueca de dolor y mientras unas personas la siguen otras deciden quedarse a mi alrededor para preguntarme lo ocurrido. Me escurro por la pared hacia abajo mientras maldigo interiormente y muerdo mi labio con fuerza intentando ocultar el dolor. Cierro los ojos y me muero de rabia por dentro. No puedo permitir que siga saliéndose con la suya. Aprieto fuertemente descargando todo lo contenido en mis puños y mis lágrimas amenazan con caer, pero resisto. Resisto y acudo a un rincón de mi cabeza donde existe un poco de tranquilidad. Y en ese rincón está él. No sé si creer en las casualidades pero justo en el momento en el que visualizo su imagen en mi mente escucho su voz retumbando por las paredes del pasillo.

-¿Qué ha pasado? -Justin aparta a la gente que se reúne a mi alrededor sin importarle el daño que pueda causar. -¿_____? 

Nuestras miradas conectan y chocan impactando fuertemente.


RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.