Tu rastro.

viernes, 24 de mayo de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 12.


|Narra _____|





Un nuevo día. Es pronto y lucho contra mis ojos para que no se cierren. Tengo demasiado sueño, no he dormido apenas. Creo que por una noche me he sentido una adolescente normal, preocupada por mis sentimientos hacia un chico, dando vueltas en la cama como una completa estúpida entre las sábanas. No entiendo nada de lo que ocurrió con Sarah, pero me está afectando más de lo que creía y estoy harta. Harta de no entender una mierda de lo que significa el amor, o lo que sea.  Mis pensamientos me atormentaban y mi cabeza y mi corazón se desafiaban constantemente. Todavía continúan en pleno debate. Se han convertido en enemigos íntimos. Tendré que acostumbrarme a todo esto. En qué maldita hora me he dejado guiar por mi corazón. No es que me arrepienta pero… me encuentro perdida.

Probablemente esto es lo típico que tendría que haberme pasado con unos 13 años. Eso de sentir un cosquilleo en la barriga, vaya. Pero lo mío ha tenido que ser ahora, y a lo bestia. Porque cuando lo veo se produce dentro de mí un huracán de sensaciones.

Bajo del autobús acompañada por Vanessa y nos dirigimos entre la multitud a las taquillas para coger los libros correspondientes.

-No tienes buena cara, ¿ha pasado algo, _____? –pregunta Vanessa mientras rebusca algo en su taquilla.
-He dormido unas pocas horas, eso es todo. –digo intentando evitar más preguntas.

Soy de las que siempre se han quejado de no tener una amiga, y ahora que la tengo no sé si confiar en ella. Quizás sea demasiado pronto para contarle lo que me pasa, o lo que pasa en general con el estúpido. Algo dentro de mí me dice que de un paso más pero también hay algo que me priva de hacerlo.

-Últimamente eso también me pasa. –cierra su taquilla y con el libro de Física en la mano me sonríe.
-Será que me lo has contagiado. –hago una mueca divertida con mis labios.
-Pues alejémonos para que alguna no nos contagie su tontería. –dice señalando justo por detrás mía con su dedo índice. –Mira quién está ahí.

Me giro y alguien choca contra mí bruscamente. Todos mis apuntes caen al suelo y me agacho rápidamente a recogerlos. Los coloco entre mis brazos de nuevo y alzo la vista encontrándome con quien menos desearía en estos momentos.

-Podrías ir con cuidado, Sarah. –digo con cara de asco.
-Eso debería decirte yo a ti. –me apunta con su dedo.
-Pero si ha sido tu culpa, has sido tú la que ha venido contra mí. –elevo una ceja vacilante.
-Ilusa. –carcajea agitando sus manos destacadas por unas uñas inmensamente largas cubiertas de esmalte rosa. –Que andes con cuidado con Justin.
-Ando como me da la gana.
-No te acerques a él. Te estoy advirtiendo, bicho raro.

Sus últimas palabras resuenan en mi mente violentamente produciendo efectos en mí que no conocía. Aprieto fuerte mis dientes descargando la rabia contenida de alguna forma.

-Déjala. –interviene Vanessa. –Y vete con tus celos a otra parte.
-¿Celos? ¿A eso? –ríe fuerte hirviendo mi sangre.
-Puede. –carcajeo intentando no hundirme.
-¿Debería tenerlos?
-Puede. –repito.
-Mira. –dice Sarah acercándose a mí amenazadoramente. –Te diré sólo una cosa, no te acerques más a Justin o te arrepentirás de no haberme hecho caso.
-No voy a seguir tu estúpido juego. –digo tragando saliva despacio. –Además, es él quien viene a mí. –sonrío dejándola por los suelos.
-Estás advertida. –dice por última vez y camina huyendo después de golpear su hombro contra el mío.

Vanessa y yo reímos conjuntamente. Aunque por fuera aparente tranquilidad por dentro estoy hecha polvo. ''Bicho raro''. A veces las palabras duelen y lo peor es que esas mismas son las que resuenan en mi mente.

-¿Debería de preocuparme? –pregunto mientras caminamos decididas a la correspondiente clase ante la atenta mirada de algunos curiosos.
-Ya te lo dije, va a querer joderte. Pero no le des tanta importancia.
-No, es solo que no quiero tener problemas con nadie. –digo dubitativa.
-Te entiendo, pero va a estar complicado. –dice abriendo la puerta. El jaleo del interior de la clase llega a mis oídos enseguida.
-¿A qué te refieres? –pregunto curiosa entrando.
-A que Sarah es una caprichosa y no para hasta que consigue lo que quiere. –me mira seria.
-¿Y qué es lo que quiere? –frunzo el ceño.
-A Justin.

En ese momento juraría que un edificio cayó completamente encima de mí y  me encontraba entre escombros. Una sensación de miedo recorre mi cuerpo en forma de escalofrío. Mi boca se seca y trago saliva lentamente a medida que los pensamientos se atascan en mi cabeza.
Camino cabizbaja y a continuación me siento en mi correspondiente lugar. Vanessa se coloca justo a mi lado.

-¿Qué pasa, _____? –insiste.
-Nada. –murmuro.
-Hey, mírame. –dice tirando de mi barbilla hacia un lado, pretendiendo estar cara a cara. Sus ojos brillan. -Si hay algo que necesitas contar para desahogarte aquí estoy yo.
-No te preocupes. –finjo una sonrisa. –Soy novata en estas cosas, nunca he tenido una amiga.
-Pues ya va siendo hora de aprender, ¿no? –abre más sus ojos. –Sé que cuesta confiar en alguien, pero por algo empieza una amistad.
-Llevas razón. –muevo mi cabeza como signo de afirmación. –Todos los amigos algún día han sido desconocidos.
-Exactamente. –hace una pequeña pausa colocándose cómodamente sobre la silla. –Y ya que no te lanzas, me atreveré yo. ¿Puedo contarte algo? –me mira como nunca me había mirado antes.
-No me asustes, por favor. –bromeo, aunque en realidad una parte de mí sí está en tensión. –Adelante.
-Verás… -esconde un segundo los labios en sus dientes y continúa tras liberarlos. -¿Recuerdas cuando te dije que Sarah y yo somos enemigas?

Afirmo rápidamente sin cesar con mi cabeza, curiosa y deseando saber ya lo que quiere contarme.

-Pues es por Justin. –admite.

Mi rostro comienza a volverse pálido y le hago un gesto indicando que continúe.

-Sarah y él estaban liados, entonces aparecí yo. Cuando entré en la universidad Justin se fijó en mí, y no dejaba de hacer cosas para que acabara rendida a sus pies. Así lo hice. Ella cree que yo fui la única que se lo robé, pero está equivocada. Justin anda con las chicas que quiere.

Sin dejar de mover mi pierna derecha debido a los nervios, contengo mis lágrimas mordiendo fuerte mi labio inferior.

-Y… -sigue. –ella no soporta verlo con otras. Mientras queda con ella también me envía mensajes a mí, nunca para. Es lo que le gusta y a veces puede llegar a hacer daño. Eso es lo único que tenemos Sarah y yo en común, nos une el mismo dolor, el rechazo. Tan sólo somos unas más de la lista de chicas interminable que él tiene.  Compartimos una única cosa, las dos estamos locas por él.

El mundo se me echa encima al escuchar la última frase. Aprieto con más intensidad mi labio y cuando me doy cuenta provoco un poco de sangre en él. Me limpio rápido con mi dedo disimulando todas las malditas sensaciones que está experimentando mi cuerpo.

Así que Justin también trae loca a Vanessa. No me lo esperaba. Otra preocupación más que añadir a mi cabeza. No, no puede ser.

-¿T-te gusta Justin? –tartamudeo.
-Sí, _____. Ojalá te estuviera mintiendo, pero es así.
-¿Qué quieres decir? –arrugo mi frente.
-Que se pasa mal cuando ves que juega contigo.
-Pero… ¿todavía continúa así?
-Claro, y nunca cambiará.

''Nunca cambiará''. Lo que me faltaba para empeorar el día.

-Por favor, no digas nada… -susurra por lo bajo.
-No lo haré, tranquila.
-Gracias, de verdad.

Se lanza inesperadamente a mí refugiándome en un cálido abrazo que consigue tranquilizarme un poco.

-Por cierto, ¿sabes lo que hizo el viernes? No quiso quedar conmigo, me dijo que estaba ocupado, y sé que me mintió. –me mira fijamente haciéndome sentir incómoda.

Una cosa extraña revuelve mi estómago. Si no recuerdo mal, el viernes fue la fiesta y justo ese día… sucedió. Nuestro primer beso.

''-Bicho, no te acerques más. Por favor te lo pido…
-¿Y si no quiero hacerte caso? –digo con un aire rebelde. Escucho cómo suspira.
-¿Y si no más preguntas?
No me da tiempo a cerrar los ojos y nuestras bocas ya están pegadas la una a la otra. No sé cómo responder pero bajo su tacto consigo calmarme. Siento su lengua dentro de mí realizando diversos movimientos. Decido hacer lo mismo con la mía y me dejo llevar. Ahora mismo sólo existimos nosotros y puedo jurar que soy feliz. Feliz. Tenía ganas de perderme en su boca. Me separo un poco y lo impide mordiendo mi labio inferior. Entonces me besa de nuevo. Este beso es largo y no quiero que termine. Sonrío sin más a los pocos segundos y otro beso más.
Vaya, es verdad eso de que las mejores cosas ocurren en los momentos más inesperados.''

¿Debo ocultárselo? Ella me ha confesado sus sentimientos y yo me siento una estúpida por no atreverme a hacer lo mismo. Sé que lo jodería todo, como hago siempre, así que me dispongo a mantener mi boca cerrada y, aunque no  me guste hacerlo, a mentirle.

-No tengo ni idea, -me encojo de hombros y continúo con la mentira fingiendo que digo la verdad. –ni tampoco me importa.
-Pero… -suspira. –No entiendo esto, _____.
-¿El qué?
-Os lleváis mal, no os soportáis y… ¿por qué dice Sarah que no te acerques a él?
-Ayer nos vio al salir del castigo, quizás tenga miedo. Es una maldita celosa. –intento disimular jugando con mis dedos.
-Dijiste que era Justin quien iba detrás de ti. –eleva una ceja.
-Bromeé, sé que eso le fastidia.
-¡Bien hecho! –exclama Vanessa risueña.
-Gracias, gracias. –tiro mi pelo hacia atrás sintiéndome importante.
-No te lo creas tanto, eh. –ríe.
-No lo hago. –hago una mueca con mis labios.
-Está bien. –eleva su dedo pulgar.

La profesora entra provocando un silencio inmenso y como siempre el muy estúpido llega tarde. Ignorándolo con la mirada pasa por mi lado para llegar a su sitio y sentarse a continuación. Oigo el ruido de su silla al desplazarla hacia atrás para colocarse y consigue ponerme nerviosa.

-¿A qué esperáis a sacar el libro? –pregunta la profesora de Literatura, ni siquiera sé su nombre.

En ese instante se escucha el golpe de los libros chocar contra las mesas de madera y comienza la aburrida explicación. Los minutos transcurren lentos y me sumerjo en los pensamientos que van taladrando mi mente poco a poco. Pero alguien decide interrumpirlos con una maldita bola  lanzada dirección a mi cabeza. Me giro repentinamente. Todos están atendiendo a las palabras de la profesora esa que no me sé ni el nombre. Maldita sea. Me coloco de nuevo correctamente intentando hacer lo mismo que los demás. Cruzo los brazos bajo mi pecho y me acomodo un poco hacia atrás en silencio. Cuando empiezo a enterarme algo de la explicación de nuevo otra bola es lanzada a mi cabeza. Me giro rápidamente y observo cómo la sonrisa traviesa de Justin aparece en su rostro.

-¿Eres tú? –escupo mis palabras.

Se encoge de hombros sin contestar.

-¿Te has quedado mudo?
-No. –musita con una cara de desagrado.
-Entonces respóndeme.
-Cuando aprendas a hablarme bien.
-Estúpido. –murmuro y me giro dándole la espalda.

A los pocos segundos recibo una bola de papel en mi pupitre. Este chico quiere ponerme de los nervios. Otra vez me giro y antes de pronunciar palabra habla él.

-Ábrela. –me guiña un ojo.

Cojo la maldita bola de papel y hago lo que me ordena. Desarrugándola intentando hacer el menor ruido posible la coloco sobre mis muslos dispuesta a leerla.

Bicho, maldita sea dime lo que te pasa.

Mordiendo el interior de mi mejilla me decido a contestarlo en un pequeño hueco más abajo.

No te ''preocupes’' por mí. Además, no es de tu incumbencia.

Cierro el bolígrafo y tras arrugar la notita la lanzo hacia atrás. Pocos segundos más tarde de nuevo se encuentra sobre mi pupitre con una respuesta.

Pensé que estábamos bien.

Cogiendo el bolígrafo de nuevo comienzo a escribir.

Pensaste bien, hasta que llegó Sarah. Te voy a dejar una cosa muy clara y no espero una contestación por tu parte, tan sólo lee esto y después hazlo mil pedazos entre tus manos.

Cerrando los ojos unos largos segundos decido continuar, pensando bien las cosas.

Olvida todo lo que ha pasado entre nosotros, no volverá a suceder. Es lo mejor para los dos. Tú sigues con tu alocada vida y yo sobrevivo mientras tanto a la rutina. No fue buena idea eso de besarse, quizás despertaste en mí algo que no conocía pero intentaré sobrellevarlo. Por tanto, cada uno por su camino.

Suspirando hondo arrugo el papel mientras mi consciencia dice que lo lance atrás lo más pronto posible y mi corazón me ordena justo lo contrario. Finalmente, gana mi consciencia.
Como esperaba, no obtengo una respuesta por su parte. Finaliza la clase y la profesora sale del aula. Comienza el jaleo de inmediato y descanso mi cabeza en el pupitre cuando observo cómo Justin destruye la nota convirtiéndola en pedazos antes de tirarla a la papelera. Me sorprendo y Vanessa se percata.

-¿Qué pasa? –pregunta.
-Nada, nada. –niego con mi cabeza.
-No se te da bien mentir, eh. –esboza una sonrisa.
-Vanessa, no es nada enserio. –sonrío esta vez yo.
-Pues me alegro de que así sea.
-Gracias. –me encojo de hombros.

Se escucha un fuerte estruendo y enseguida todos se callan. El jaleo desaparece y alguien parece ser el centro de atención. La gente se amontona formando un círculo y Vanessa y yo nos acercamos curiosas para ver qué es lo que pasa. Poniendo todo mi peso sobre la punta de mis pies consigo ver a alguien pero muchas cabezas no me permiten ver más allá. Todos se calman cuando una voz se apodera del ambiente.

-¡Todos a animarnos al campo de fútbol! Partido importantísimo.

Inmediatamente reconozco de quién se trata. Suspiro. La gente deshace el perfecto círculo formado tomando dirección hacia el campus.

-¿Escuchaste a Justin? –Vanessa me golpea en el hombro con entusiasmo.
-S-sí. –tartamudeo.
-¡Pues vamos!

Tira de mi mano rápidamente y seguimos a toda la multitud. Yo todavía sigo procesando su voz. Realmente no sé lo que he hecho, lo he mandado todo a la real mierda. Y ahora soy yo quién se siente así. Pero tengo mis motivos. Bueno… en realidad no. Lo único que tengo claro son mis sentimientos. No puedo quererlo, pero lo quiero. En mi cabeza se crea una gran tormenta de debates. ''¿Por qué lo has hecho, _____?'' y no consigo obtener una respuesta. Él es el chico malo, popular y mujeriego de la universidad. Yo soy la bicho raro dondequiera que vaya. No estamos hechos el uno para el otro, pero ¿por qué maldita razón se interpuso en mi camino? ¿Dios ha querido esto para mí? Aunque sea extraño, ahora me toca sufrir y alejarme de él por un tiempo hasta que se me pase la tontería.

Llegamos y nos sentamos en la segunda fila de una de las gradas. Estamos cerca del terreno de juego y sólo de saber que voy a tener de nuevo a Justin a unos pocos metros de distancia de mí comienzo a temblar.

-¿Estás emocionada? –pregunta Vanessa interrumpiendo mis rayadas mentales.
-No. –río. -¿Por qué iba a estarlo?
-Yo es que siempre me pongo nerviosa en estas cosas. –se encoge de hombros. –Además, adivina quién va a jugar de delantero.
-Mmm… -simulo estar pensando.
-¡Vamos, _____ no es tan difícil! –agita sus manos hacia arriba.
-¿Justin? –pronunciar su nombre se me hace difícil.
-¡Sí! –exclama con completa felicidad.
-Me alegro. –digo desganada. –Supongo. –murmuro bajito sin que apenas me escuche.

Se me hace muy raro todo esto. Tengo que sacar de mi mente al estúpido soportando que mi amiga hable constantemente de él. ¿Por qué todo se tiene que poner tan difícil? Dios mío baja del cielo y explícame las reglas de este juego tan confuso.

-¿Quieres? –Vanessa me ofrece abriendo un paquete de pipas.
-No, gracias.
-Están muy ricas.
-No tengo hambre…

|Narra Justin|

¿Quién me iba a decir a mí que me preocuparía tanto por una chica? No entiendo nada esta situación. Decido recurrir al deporte para alejarla de mi mente un buen rato y nada mejor que un partido de fútbol contra los Candangers. Merecen que les peguemos una buena paliza y a ver si aprenden a no desafiarnos de una vez por todas. Quieren quitarnos el puesto, pero nosotros somos los mejores de la universidad y de los alrededores.

Todos están motivados y yo mientras me abrocho el cordón de mis Nike Mercurial. Me subo un poco el pantalón corto de chándal evitando que mi trasero sea más visible de lo normal y aprieto mis puños con energía. Agito la camiseta provocando un poco de aire para mis abdominales.

-¿Estás preparado, bro? –Ryan da un golpe en mi brazo musculado.
-Por supuesto. –afirmo irradiando competitividad. –Vamos a ganar.
-Eso está hecho.
-¿Estamos todos listos? –pregunto en un tono elevado convirtiéndome en el centro de las miradas de todo el vestuario.
-¡Sí! –exclaman al unísono.
-Vamos equipo. –hago un gesto haciendo que todos se coloquen formando una piña. -¡A ganar!

Todos gritan nerviosos. Mojo mis labios saboreando la nada y anhelo algo. Su gusto.

Bicho, ¿por qué has hecho esto? Sacudo mi cabeza con fuerza haciendo desaparecer su pequeña huella en mis pensamientos y nos dirigimos finalmente al terreno de juego.

Muevo mis hombros formando círculos imaginarios arriba y abajo. Aprieto mis puños de nuevo antes de chafar el terreno de juego y pego unos cuantos saltos elevando mis talones hacia mi trasero. Me santiguo y entramos todos en conjunto a un paso acelerado mientras la mayor parte del público aplaude. Me coloco en mi posición y no dejo de moverme.

-Hoy tienes que marcar, bro. –grita Chaz desde la otra punta del campo.
-Lo haré, no te preocupes. –digo afirmando con mi cabeza.
-¡Lo harás Justin! –exclama alguien del público que no logro diferenciar.

En realidad, todas las chicas que están aquí me adoran. ¿Estará ella? Moviendo mis piernas sin parar visualizo todo lo que me permite mi vista. Dando una vuelta sobre mí mismo lentamente intentando buscarla entre los espectadores el pitido del silbato llega a mis oídos. Comienza el partido.


*************************************************


2 minutos para el final y el resultado se mantiene en 0-0. Están jugando bien los jodidos, pero nosotros somos mejores. Eso está claro. Limpio con mi mano derecha el sudor que desprende mi frente y me apropio del balón. Corro hacia la portería pensando en marcar y sólo en marcar cuando una patada en mi tobillo se interpone interrumpiendo en mi camino. Caigo en el suelo y ruedo unas dos veces antes de ponerme lo más rápido que puedo en pie.

-Ve con cuidado, Drake. –me enfrento al imbécil que lo ha jodido todo.
-Uhhh. –ríe éste. -¿No pensarás que ibas a marcar, verdad?
-La próxima vez cortaré tu pierna, ¡maldita sea! –amenazo.
-Repite eso. –se acerca  a mí y nos encontramos a unos dos centímetros frente a frente.
-Que eres un completo idiota. –digo con rabia en mis palabras.

Reacciona empujándome y cuando estoy a punto de estampar mi puño contra su boca unos brazos me agarran con fuerza separándome de él. Maldigo interiormente a todo. Tengo ganas de pegarle y ese monstruo que llevo dentro quiere salir al exterior.

Una serie de insultos sale de mi boca con fuerza haciendo visibles las venas de mi cuello. El árbitro se acerca corriendo hacia mí mostrándome una tarjeta amarilla y después va hacia Drake repitiendo el mismo paso.

Ryan intenta tranquilizarme con sus palabras mientras masajea mis hombros. El árbitro ha pitado falta y debo de lanzarla.

-Vamos, bro. Déjate de estupideces y concéntrate en el juego.

Respirando hondo miro al balón fijamente colocándome a unos pasos de él. Estoy cerca de la portería y sé perfectamente de qué trata mi misión. Soy muy competitivo y odio perder. ''Concéntrate en el juego'' me repito a mí mismo. Muerdo el interior de mi mejilla y me acerco al balón para chutarlo cuando todos gritan.

-GOOOOOOOOOOOOOOOOOOL.

Ha entrado por la escuadra. Magnífico. Todos me abrazan y sonrío casi sin ganas. El público se siente emocionado y tararea unas cuantas canciones animando al equipo.

-Bien hecho, Justin. –me choca la mano Nolan.
-Es lo que tocaba. –me encojo de hombros.

Salgo cabizbajo del terreno de juego dirigiéndome al vestuario mientras los demás celebran la victoria. Y todo es gracias a mí, pero hoy no tengo un buen día y sé perfectamente a qué se debe.

Me desnudo poco a poco y adentrándome en una de las duchas dejo el agua fría correr por todo mi cuerpo. Enjabono mi cabello y deseo con todas mis fuerzas que estuviera aquí. Me empapo de nuevo y enrollo una toalla en mi cintura salpicando algunas gotas por el camino. Sentándome en los bancos de madera donde reposan las mochilas de todos mis compañeros comienzo a pensar apoyando mi cabeza hacia atrás en la dura pared. Cierro los ojos y la imagino caminando hacia mí con esa sonrisa que me deja sin habla.

Justo en ese momento escucho un ruido proveniente de la entrada del vestuario.

-¿_____? –pregunto inconscientemente.

Una voz que no es la suya me contesta.

-Justin…

Abro los ojos inmediatamente y la encuentro mordiéndose el labio inferior provocadora frente a mí.

-¿Vanessa? ¿Qué haces aquí? –escupo poniéndome en pie.
-No lo esperabas, ¿verdad? Te echaba de menos. –susurra acariciando su propio pelo.
-No. –trago saliva lentamente. –Contesta. –disparo seco.
-Andaba buscándote. –se acerca a mí a un paso lento.
-Espera. ¿Por qué? –sostengo fuerte la toalla que cubre mis partes inferiores.

Ella me mira indecisa y sé que es obvio que está loca por mí. Realizo un escáner con mi mirada por todo su cuerpo. Es un pivón y no lo puedo negar. Se acerca más hasta el punto que puedo notar su aliento estampar contra mis labios. Ni una pizca de nerviosismo en mí, si fuera _____... me sentiría como un helado a punto de derretirse. Y aquí la imagino, pienso y deseo. Mis manos van automáticamente a su cintura y ella coloca la palma de sus manos sobre mis húmedas mejillas.

-¿Qué quieres? –susurro.
-Besarte.
-Yo… -suspiro profundamente. –no puedo.
-¿Por qué?

Demasiadas cosas acumuladas. Un cambio que me ha afectado demasiado. Quiero a mi bicho, no a ella. 

-No preguntes, por favor. -aclaro mi voz.
-Justin, te deseo. -dice acariciando mi piel.
-Lo sé.

Eleva una ceja y ese gesto hace que pierda el uso de razón. Me recuerda demasiado a ella. 

-No me provoques... -susurro.
-Mmm... me gusta tanto hacerlo... -pasa la lengua por sus labios mojándolos. -¿Recuerdas cómo de alto gritaba tu nombre?
-Sí. -trago saliva.
-¿Recuerdas las noches de desenfreno? -muerde su labio inferior.
-Sí. -pronuncio seco.
-¿Te apetece jugar de nuevo?-desliza su dedo índice por la comisura de mis labios.

Muchos problemas juntos y no encuentro la solución. Te necesito, ____ ahora mismo. Y no te tengo. Ni siquiera sé el porqué. Me estoy volviendo loco de tanto pensar, y eres la única culpable.

-Está bien. -acepto.

Capturo sus labios y aprieto su trasero salvajemente. Sexo. Lo que necesito para despejar mi mente. Me desprendo de la toalla y comienzo a tirar de su camiseta hacia arriba dejándola en sujetador. Después me encargo de desabrochar la falda de su uniforme sin dejar de mover constantemente mi lengua por su boca. Desnudos ambos la cojo y enrolla sus piernas en mi cintura. La llevo hacia la zona de las duchas y la estampo contra la pared mientras coloco besos en su cuello. Locura. Diversión. Vuelve Justin Bieber.



RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.




viernes, 17 de mayo de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 11.

|Narra _____|

El silencio se apodera del ambiente.

-¿De qué se trata? –pregunta Justin con cara de disgusto.
-Haréis horas extra y os tendréis que… -hace una pausa buscando la palabra adecuada. –aguantar. Ya que os lleváis tan mal tendréis que soportaros hasta comienzos de verano cuando presentéis vuestras actuaciones al jurado. Tenéis que ganar. ¿Lo entendéis? Tenemos que dejar a nuestra universidad como la mejor de la ciudad, incluso del país. Esta tarde os espero en la sala de actos.
-De acuerdo. –afirma él con la cabeza.

¿Enserio? ¿Estoy alucinando o ha aceptado? Lo más increíble es que me ha hecho caso. ¡Justin Bieber me ha hecho caso! ¡A mí! Mi consciencia da saltos de alegría. Le miro de reojo y puedo notar cómo está un poco más calmado.

-Entonces hasta luego.

Abandonamos por fin el despacho de la directora y justo cuando voy a doblar por el pasillo Justin tira de mi brazo.

-Eh, ¡me haces daño! –exclamo.
-Lo siento. –dice frunciendo el ceño. -¿Dónde vas?
-A clase, ¿dónde crees que voy?
-No sé. –se encoje de hombros.
-¿Por qué has aceptado? –pregunto poniendo mi mano derecha en mi cadera.
-¿El qué? –eleva su deja derecha.
-Protagonizar el musical.
-No quiero más problemas, ya sabes… -se rasca la nuca y fija su mirada en el suelo.
-Justin, a ti te dan igual los problemas. –me mira. -¿Por qué, eh?
-Quizás por ti.
-¿Qué?
-Que acepté por ti.

Trago saliva lentamente. Este chico me quiere volver loca. ¿Por mí? ¿Será verdad eso de que le importo tanto? Tantas preguntas taladran mi cabeza poco a poco.

-Un castigo contigo, venga, -ríe intentando esquivar su lado sensible. –no debe ser tan malo.
-Por supuesto que no. –me muerdo el labio.
-Estás irresistible cuando haces eso. –coloca su dedo índice sobre mi labio inferior y luego lo desliza hacia abajo. Sonrío inconscientemente. –Y cuando haces eso también.
-Debemos ir a clase. –susurro.
-Joder. –murmura.

Camino directa a subir las escaleras y antes de poner mi pie sobre el primer escalón una mano en mi hombro me impide continuar.

-¿Carrera? –pregunta Justin sobre mi oído.

Resulta tentador cada vez que hace eso. De nuevo esas reacciones en mi cuerpo que sólo él produce. Afirmo con la cabeza.

-Una, dos… -exclamamos al unísono. -¡tres!

Corro apoyándome de vez en cuando en la pared para coger más velocidad. Mi falda baila a un ritmo incontrolable y no temo por ello. Con una sonrisa fija en mi cara llego hasta la puerta de la clase. Justin llega a los pocos segundos después de mí. Descanso mi espalda en la pared mientras me observa sin decir palabra y mi pecho sube y baja con rapidez.

-Creo que no se te da bien jugar a esto conmigo. –río.
-No me retes a nada, bicho. No me gusta perder.
-¿Ah, no? Ya lo has hecho dos veces conmigo.
-No, pero me gusta ver esa cara que pones. Pareces una niña pequeña cuando le dan un caramelo.
-¿De verdad? –abro la boca sorprendida.
-Sí. Ahora usa esa inocencia para entrar. –guiña un ojo.
-Odio que me mandes hacer algo. –reniego.
-Nunca te he mandado nada.
-Ahora sí.
-Bicho, ya sabes la manía que me tienen a mí todos los profesores, por eso será mejor que lo hagas tú.

Con cara de pocos amigos doy varios toques a la puerta y abro asomando mi cabeza por un pequeño hueco.

-¿Podemos pasar? –pregunto con una voz angelical.
-Adelante. –contesta la profesora acomodándose en la silla.

Camino con la cabeza agachada y mi mirada centrada en el suelo mientras Justin me sigue. Puedo notar como el ambiente comienza a arder de envidia. El silencio se apodera de la situación y al fin me siento en mi lugar. La profesora retoma la explicación.

-Ts. –me llama por lo bajito Vanessa. -¿Qué hacías con él?
-El castigo. –me encojo de hombros.
-¿Qué castigo? –pregunta con toda la intriga del mundo.
-Cuando nos peleamos, la directora nos…
-Ah, es verdad. –me corta. -¿Y de qué clase de castigo se trata?
-Tendremos que trabajar juntos en el musical. Como nos llevamos mal, -miento. –seremos los protagonistas y lo organizaremos todo ensayando horas extra.
-¿Qué? Júrame eso. –su cara de sorprendida me inquieta.
-Te lo juro. ¿Qué pasa? ¿Tan raro es? –digo mordiendo mis uñas.
-Sarah te va a matar. Ay, _____ en qué lío te has metido.
-¡Pero si no he hecho nada! –exclamo lo más bajito que puedo. -¡No es mi culpa que me hayan castigado de esa manera!
-Lo sé, pero no sabes cómo es Sarah. Le quitas el papel de protagonista y además Justin actuará contigo. Estás muerta. –ríe.
-No me da miedo la zorra esa. –me uno a las risas.

Al instante un golpe resuena en mi mesa a unos pocos centímetros de mí. La mano de la profesora ha provocado todo ese ruido.

-¿Qué os hace tanta risa, señoritas? –pregunta con los ojos abiertos a más no poder.
-Nada. –responde Vanessa con un tono borde.
-Lo sentimos. –añado.
-Si pensáis seguir molestando ahí está la puerta. Bueno, usted la conoce bien. –dice apuntando hacia mí con su dedo índice.
-No te pases. –reconozco su voz. Justin actúa. Todos se sorprenden y mis mejillas comienzan a arder de calor.
-Bieber, ¿todavía no le han enseñado a no meterse en lo que no le importa?

Me giro para contemplar su cara. Sé perfectamente que por dentro está ardiendo también, pero de rabia. Observo cómo no aparta su mirada de la profesora y mantiene quieta su mandíbula.

-Deberías medir tus palabras. –murmura Justin.
-A mí me habla con respeto o sale expulsado de nuevo. –hace una breve pausa intentando captar la atención de los demás. –Continuemos con la explicación.

Todo muy aburrido. Tras unas largas horas por fin es la hora de salir, pero no soy libre todavía, el castigo anda jodiendo mi libertad. Deposito algunos libros en  mi taquilla y me despido de Vanessa.

-Hasta mañana. –me planta un beso en la mejilla. –Y suerte con el castigo.
-Gracias por los ánimos. –río.

Poco a poco el pasillo parece agrandarse debido a la gente que lo abandona. Si en este momento hablo en alto el eco estaría presente. Saco el móvil de mi bolsillo y tras desbloquear la pantalla decido enviarle un mensaje a Justin.

Para: Estúpido.
Te recuerdo que estamos castigados, no desaparezcas.

Abro mi taquilla de nuevo e intento ordenar un poco aquello. Mi móvil vibra en mi pantalón.

De: Estúpido.
No he desaparecido. Estoy detrás de ti.

Para: Estúpido.
Idiota. No cuela.

Cuando sus manos cubren mis ojos se me para el mundo. Y sé que es él. Mi estómago se revoluciona. Suspiro y sonrío casi al instante.

-¿Cómo que no cuela? –susurra en mi oído.

No, Justin, ahí no. Escucho su respiración chocar contra mi piel. Puedo imaginar sus carnosos labios cerca de mí. Mis piernas comienzan a desestabilizarse a medida que besa mi cuello despacio. Besos húmedos. Besos que puedo sentir sin mi boca.

-Sé que es la zona prohibida. –dice y continúa dejando rastro en mi piel.

Parece que me lea la mente. Muerdo el interior de mi mejilla intentando contenerme. Justin, ¿cómo lo haces? Al instante aparta sus manos permitiendo que vea cómo no queda nadie aquí. Sólo estamos él y yo. Me giro colocándome justo enfrente suya.

-¿Dónde está el salón de actos? –le pregunto.
-¿Estás de broma, bicho? ¿Qué importa ahora? Estamos tú y yo solos aquí. –me acerca cogiéndome por la cintura.
-Justin, no…

Me calla con un beso. Su lengua atraviesa toda mi boca en un tiempo récord. La mía traviesa juguetea un poco también. Mientras no despegamos nuestras bocas camina pegándome contra las taquillas provocando un enorme ruido.

-Justin, qué bruto eres.

Ríe en mi boca y me aparto lo más mínimo.

-Nos van a escuchar. –susurro.
-No importa. –ríe otra vez.
-Sí importa, nos castigarán otra vez.
-Mejor. Si es contigo no cuenta.
-Pues ahora mismo deberíamos de cumplir con el castigo. Los dos. –recalco.
-Te gusta joder los buenos momentos, eh. –suspira.
-No, pueden haber mejores momentos, pero ahora mismo no. Vamos.
-Vale, señorita. A sus órdenes.

Tira de mi mano. Recorremos juntos los vacíos pasillos de la universidad. Si caminara sola por aquí estaría muerta de miedo.

-Es ahí. –señala. –Al fondo a la derecha.

En un minuto llegamos. Entramos por la gran puerta de madera y una vez dentro logro ver a la directora a unos pocos metros de nosotros. Nunca había estado aquí. Es más grande de lo que esperaba. El escenario está cubierto por dos grandes y amplias cortinas rojas. Al centro luce bien una larga y estrecha pasarela. Hay poca luz, lo que le da un aspecto un tanto siniestro.

Los dos nos quedamos parados contemplando lo que tenemos delante. No sé porqué pero esto me trae buenas sensaciones.

-¿Pensáis quedaros ahí quietos todo el día? –interrumpe la señora directora.

Justin me hace un gesto con la cabeza para que lo siga y nos aproximamos a ella. Observo como Justin pone sus manos en los bolsillos de su pantalón.

-Aquí tenéis letras de canciones. Encargaros de hacer  el resto. Feliz castigo.

Abandona la sala y cierra la puerta a continuación. Nos encontramos solos de nuevo.

-¿Por dónde empezamos? –rompo el incómodo silencio.
-¿Eso va con doble sentido?
-No, idiota. –le sonrío.

Me siento en una butaca a ojear los papeles apoyando mis pies en el respaldo de otra. Puedo notar como Justin me mira confuso. Localizo un par de frases que me gustan y se quedan grabadas en mi mente al segundo. Tengo bastante facilidad para estas cosas.

-Déjame ver. –dice Justin quitándome la hoja de la mano.  A continuación se sienta a mi lado. -¿Quién ha compuesto esto?
-No tengo ni la más mínima idea. –murmuro.
-Seguro que yo lo haría mejor. –suspira y arruga el papel al instante.
-¿Qué haces? –digo agitando mis manos hacia arriba. -¿Qué te pasa por la cabeza? Estás loco.
-Yo compondré las canciones. –lanza al aire la ahora bola de papel como si tratara de meter canasta en una cancha de baloncesto.
-Estás loco. –repito. –Ni siquiera has visto de qué trata.
-Pero lo imagino. –me mira elevando una ceja.
-¿De qué?
-De amor. Siempre es lo mismo. –observo cómo pasa la lengua por el contorno de sus labios.
-¿Acaso tú sabes lo que es eso? –hago una mueca divertida.
-Estoy aprendiendo a conocer su significado.

No me da tiempo a reaccionar ante sus palabras y sus labios ya están pegados a los míos. Me aproximo un poco más hacia él acortando la distancia entre nuestros cuerpos y mis manos acarician su dulce mejilla. Presiono mi lengua fuertemente contra la suya subiendo al cielo ida y vuelta. Me adentro en el mar de las sensaciones y me hago amiga de cada parte de su boca. Escapo del mundo de nuevo y cuando me doy cuenta de la realidad estoy sentada sobre su regazo. Sus brazos envuelven mi cintura y los míos su cuello.

-Eres buena besando. –se muerde el labio. –Más de lo que crees.

Decido hablar por la vía rápida. Mi lengua entra en su boca desesperadamente. El jodido acepta con toda la perfección del mundo. Creo que le gusta. Y a mí. Básicamente, aunque a veces me ponga de los nervios me gusta todo de él. Es oficial.

Me regala una sonrisa y abrimos los ojos a la vez. Es algo mágico. Cojo una bocanada de aire antes de que vuelva a trasmitirme un poco de su saliva. Sabe a libertad, a subir al último piso del edificio más alto de Nueva York. Sabe a rebeldía, a agua salada.  De nuevo algo que no sabría definir corre libremente por mi interior pidiéndome más de él. Estiro de su pelo delicadamente y abre más la boca permitiendo más espacio para que entre en nuestro apetecible rincón de batallas. Luchamos a dominar el territorio del otro y al fin acaba apoderándose de mi labio estirándolo con dulzura. Y repite este tentador paso. Sonrío instintivamente y mis ojos penetran en los suyos color miel.

-Siento decirte que… -hago una mueca con mis labios. –tenemos que trabajar.
-Pero habías dicho… -con mi mano derecha cubriendo su boca lo callo.
-Olvida lo que dije, ¿vale?
-Odio que no me dejes acabar de hablar. –rodea sus ojos.
-Bueno, yo te odio a ti y no pasa nada. –bromeo.
-Sí pasa, que mientes y ni tú misma te crees la mentira. –lame sus labios.
-Bah, sé perfectamente lo que digo.
-También que me traes loco, ¿verdad? –dice plantándome un inesperado beso cerca de mis labios. –Ven. –me levanta cogiéndome por la cintura. -Quiero enseñarte algo.

Cogiendo de mi mano me lleva débilmente hacia detrás del gran telón rojo tras subir unas diminutas escaleras. El escenario está oscuro y apenas puedo distinguir nada.

-Espera. –susurra.

Escucho sus pasos alejarse de mí mientras me quedo como una estatua quieta con los pies clavados en el suelo. Continúo sin ver nada.  Todo es negro. A los pocos segundos una melodía suena a unos pocos metros de mí hasta llegar a mis sensibles oídos. Camino instintivamente para sentirla más de cerca. Suena genial. Miles de sensaciones desconocidas se reunen en mi estómago. El sonido del piano guía mis pasos. Sí, se trata de ese instrumento y creo que sé quién lo toca de esa manera tan especial.

-¿Justin?

Al instante todo se ilumina. Centenares de lucecitas brillan en el techo y observo donde me encuentro. El parqué tiene un resplandor que no había visto nunca y el telón cobra un color más intenso. Pero todas las sensaciones se magnifican cuando lo veo sentado en una banqueta deslizando sus largos dedos por las teclas de un impresionante piano negro. Van al compás. No se inmuta y sigue tocando. Nunca lo había visto tan concentrado en algo. Su vista sigue clavada en esas teclas y cierro un segundo los ojos sintiendo en mi interior a lo que yo llamo magia. Sí, creo en la magia y creo que este chico la está haciendo ahora mismo. ¿Quién lo diría? ¿Dónde está el ''Justin Bieber'' prepotente? Si parece un ángel a punto de echar a volar.

La melodía se detiene y aplaudo mientras me acerco a él.

-Increíble. –susurro colocándome justo enfrente.
-Gracias. –sonríe mostrando su perfectos dientes blancos.
-No sabía que… -trago saliva. –bueno… que tocabas tan bien.
-Tranquila, nadie lo sabe.
-¿Nadie sabe que tocas el piano? –pregunto sorprendida.
-Mi madre y ahora tú. –moja los labios con su lengua.
-No entiendo porqué te empeñas en ocultarlo.
-Simplemente es algo que me gusta, como fumar, correr con mi moto…
-No, es algo mejor y estoy segura de que no puedes comparar lo que sientes tocando con… -alzo mis manos. -¡fumar! Vaya comparación.
-Soy Justin Bieber. –ríe. –Soy así.
-¿Y Justin Bieber no tiene corazón? Estoy segura de que sí, pero no le gusta mostrarlo.
-Bicho, -dice levantándose y a continuación camina hacia mí. –no puedes entenderlo.
-De verdad que no. –me burlo. -¿Cómo aprendiste? –digo señalando con mi dedo índice hacia el piano.
-Ah, bueno, no recibí clases, aprendí observando. –fija su mirada en el suelo y se rasca la nuca.
-Entonces eres todo un genio. –río. –Enserio, lo haces genial. ¿Nunca has pensado tocar frente a un público?

|Narra Justin|

–Enserio, lo haces genial. ¿Nunca has pensado tocar frente a un público? –me pregunta algo tímida echando tras su oreja un mechón de pelo.
-No. –contesto seco.

Sólo la idea me aterroriza, además, ¿para qué querría yo que la gente me viera? Valgo para lo que soy, un adolescente que vive la vida sin preocupaciones. Y cuando surge algún problema me refugio en el tabaco y en el alcohol. Fácil. Es lo que me gusta, lo que he hecho desde que tengo uso de consciencia. Vivir la vida, a veces al límite. Pero es que luego te miro a esos ojos y sé que algo no anda bien, que quizás este modo de vida no es el adecuado y existan cosas mejores. Como por ejemplo tu sonrisa. Ella fue la que me cuidó aquella noche de desfase. Mi salvadora en ese momento. Y yo me tengo que comportar como un capullo a veces contigo, lo sé. Pero me cuesta asimilar esta situación, que te estés apoderando poco a poco de mis ideas, de eso que dices que tengo pero que oculto, de mi corazón. Qué cursi suena, la metamorfosis sigue en pie.

Agachando la cabeza me dirijo hacia ella.

-¿Quieres que vayamos a tomar algo? Tengo hambre.
-Justin, ¿y todo esto qué? –apoya una mano en su cintura.
-Olvida ya el maldito castigo.
-Mmm… ahora me tendrás que decir tú lo que tengo que hacer…
-No, nena. –me acerco a ella y le robo un beso rápido. –¿No escuchas mi barriga? Ruge mucho. –digo colocando mi labio superior en el inferior en un intento de dar ''pena''.
-Está bien. –suspira y después una sonrisa traviesa escapa de su boca. –Yo también me muero de hambre.

Salimos de la sala dejando todo impecable y ordenado como estaba antes de que llegáramos. Se me hace raro caminar por los pasillos vacíos y… con ella a mi lado. Al fin bajamos por las escaleras que más odio, las de la universidad, huyendo de este infierno. Aunque tengo que decir que desde que está ella me gusta más y su presencia me alegra los días de rutina. Entramos a una de mis cafeterías favoritas, Café Paillard. Aquí suelo reunirme a veces con Ryan cuando no acudimos a clases y cuando no quedo con alguna chica para lo de siempre.

-Hey, Justin. –me saluda John, levantando su mano para captar mi atención.
-Buenas tardes, man. –respondo.

John es el jefe del local, un tipo de unos 50 años pero simpático con todos sus clientes, y conmigo más. Siempre que planto un pie en este suelo se alegra de verme. Además, tiene una hija que te quita el aliento con su cuerpo. Por cierto, me la tiré un día que John estuvo enfermo y ella se tuvo que encargar de cerrar la cafetería. Y la cerró, pero antes hicimos maravillas en el almacén. El morbo se apoderó de la situación y lo hicimos unas 3 veces seguidas.

Desconecto mis pensamientos. _____ y yo compartimos una mirada y en un segundo todo el mundo gira en torno a nosotros. Nos sentamos cara a cara en una de las mesas al lado de un gran cristal que permite todas las vistas al exterior. Apoyo mis codos sobre la mesa y coloco las manos a ambos lados de mi cara.

-Hace un buen día, eh. –digo lo primero que se me pasa por la cabeza.
-Sí. –afirma moviendo su cabeza.
-¿Puedo preguntarte algo, bicho?
-Si retiras lo último sí. –sonríe debilitando mi estómago.
-¿El qué? –me hago el tonto, y es que me gusta las caras que pone cuando lo hago.
-Lo de… -hace una mueca divertida. –bicho.
-Mmm… -finjo pensar centrando mi vista en el techo del local. –está bien. Lo retiro.
-Oh, perfecto. Dime. –se encoge de hombros.
-¿De verdad que no has besado a ningún chico? –pone cara de sorpresa. No esperaba esto. –Exceptuándome a mí, por supuesto.
-Si te lo dije es porque es así.
-¿Y por qué? –ahora coloco mis manos sobre mi regazo.
-Porque quizás para ti sea lo normal, pero para mi no. Somos muy diferentes, Justin. Y pensamos muy diferente también.
-Entonces… ¿por qué a mí sí me besaste? –se pone nerviosa ante mi pregunta y lo perciben mis brillantes ojos.
-Pero bueno, ¿qué clase de interrogatorio es este? –ríe. –Ahora me toca preguntar a mí.
-Hecho. –le cedo la palabra.
-¿Qué es lo que quieres de mí?

Sus pupilas se clavan en las mías. Me muerdo el interior de mi mejilla controlándome a mí mismo. Ahora el que está nervioso también soy yo. Rasco mi nuca mientras me adentro en lo más profundo de mí encontrando una respuesta. Y la encuentro. Pero me mata admitir que me vuelve loco, que cada segundo que pasa me gusta más y que con ella no me siento ''Justin Bieber''. Con ella me siento yo mismo. El que oculto dentro, el que no encuentra ni una maldita salida en la oscuridad. ¿Cómo puedo explicarte lo que estoy sintiendo por ti? Y todavía me preguntas que qué es lo que quiero. Pues te quiero a ti, simplemente. Pero algo me impide dar un paso más, subirme al vagón de tu tren.

En ese momento una camarera nos ofrece una carta de comidas.

-Oh, yo ya sé lo que pedir. Tomaré una hamburguesa con queso y mucho pepinillo, por favor. –digo sin apenas observar la carta.
-De acuerdo caballero. –me sonríe anotando lo que acabo de pedir. -¿Y usted? –mira a _____.
-Bueno… pediré lo mismo. Pero sin pepinillo. –dice amablemente.
-Muy bien. ¿Y de bebida? –me mira de nuevo la camarera.
-¿Dos Coca-Cola’s? –pregunto a _____. Afirma con la cabeza. –Dos Coca-Cola’s para nosotros. –me dirijo esta vez a la camarera.
-Perfecto. –esconde el bolígrafo en un bolsillo de su camiseta y se aleja de inmediato.

Observo cómo camina y va directa a otra mesa. Mis ojos se abren al instante como si hubiera visto a un fantasma o a cualquier ser sobrenatural. La chica rubia a la que está atendiendo es Sarah. Y yo me encuentro esperando a tomar algo con _____. Nosotros dos. Solos. La sangre comienza a hervir por mis venas.

-¿Qué pasa, Justin? –pregunta _____ preocupada.
-Nada. –contesto sin apartar mi mirada de Sarah.
-Estás mintiendo. Al menos podrías mirarme a los ojos. –le hago caso.
-No pasa nada, -murmuro. -es sólo que… -alguien me interrumpe.
-Vaya, vaya, vaya… -reconozco esa voz acompañada del ruido de unos tacones. –No esperaba encontrarme a vosotros dos aquí. –ríe malévolamente.
-Sarah. –susurro con rabia. –No te importa.
-Claro que sí, no me habías contado que quedabas con… -hace una pausa. –esto.
-Métete en tus asuntos. –amenazo.
-¿No me invitáis a un café? Me encantaría haceros compañía. –vuelve a reír.
-¿No ves que no? Vete. –entrecierro los ojos con furia.
-No me voy a ir, Bieber. Me debes algo. –se muerde el labio provocando.
-Lo que debo es dejarte sola, como mereces. Vamos, _____. Vámonos.

Tiro de _____ agarrándola por la muñeca apretando fuerte. Quizás descargando la rabia contenida en ella. Salimos los más rápido posible de allí despidiéndome de John y anulando la comida que con ansias esperaba.

-¿Me puedes soltar ya? Me haces daño. –exclama.

Y eso hago. La suelto y llevo las manos a mi cabeza.



RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.