Tu rastro.

domingo, 9 de diciembre de 2012

CAPÍTULO 42.



|Narra Mel|

-Siento lo de antes. No era mi intención besar a Romi… -Me decido a decir después de darle mil vueltas a mi cabeza.

-¿Pero por qué lo has hecho?

Se pone serio y me baja de sus piernas. Yo le doy un golpe en la barriga mientras me mira extraño y cruzo mis brazos. Observo al frente aunque en una milésima de segundo le miro de reojo y vuelvo a lo de antes. Nos quedamos demasiado tiempo en silencio. Puede que tres minutos. O cuatro. Justin apoya los pies en la mesa del comedor y colocando sus brazos hacia atrás comienza a tararear una canción.

-¿Qué cantas? –Le pregunto ya que no logro descifrar de qué se trata.

-Algo. –Responde soso sin mirarme. Me gustaría leer lo que ahora mismo está pasando por su mente.

-¿Es tuya? –Sigo con la conversación.

-Sí.

-¿Cómo se llama?

-Love me like you do.

-Me gusta el título.

-La hice por ti.

Se acerca a mí y lo reconozco por el aroma de su colonia. Aspiro sin que se dé cuenta. Noto su respiración chocar contra mi oído y se produce la magia de este momento tan imprevisto. Comienza a cantar en bajito al principio y luego estabiliza un poco más su voz. Sí, está cantándome esa canción. El mensaje me deja fascinada y me hace sentir las más bonitas sensaciones.

-Que sí, que me he equivocado. –Admito y suspiro profundamente. -¿Pero sabes por qué? Porque ahí no entendía nada y me he sumergido en ese beso pensando en ti. En que eran tus labios, tu sabor. Pero he abierto los ojos y he descubierto la realidad. Tú eres inconfundible, bebé. Perdóname.

-Sabes que para mí es imposible no perdonarte.

-¿Entonces?

-Que no me pidas nunca que me separe de ti.

-No lo haré.

Me levanto y me sitúo frente al inmenso espejo que ocupa un rincón del salón. Todo ha sido como un cúmulo de flashbacks en menos de tres segundos. Ya estoy de vuelta. Vuelvo a ser la Mel de siempre. La chica tímida que de pequeña tuvo que partir de su lugar para escapar de la realidad junto con su tía. La que regresaba a él engañada. La que creció sin padre. La niña de las trencitas a la que costaba sacarle sonrisas. La que escondía la tristeza en un rincón para hacerle sentir mejor a los demás. Y ahora me miro al espejo dándome cuenta de cómo he cambiado. De que desde que lo conocí no tengo que fingir nada. De que mi felicidad empieza ahora. Ya no necesito tener la muñeca que salía en mi televisor para que se me creen esas arruguitas bajo los ojos al sonreír.  Ahora me basta con estar junto a él. Observo mi rostro detenidamente y esas arruguitas están más marcadas. Eso significa que el tiempo me ha devuelto lo que buscaba. Mi felicidad está presente hasta en mi piel. Entonces me abraza por detrás y rodea con sus brazos mi cintura. Logro ver cómo me observa a través del espejo y se me escapa una ligera risa.

-Eres preciosa… -Murmura mientras besa mi cuello poco a poco.

Coloco mis manos sobre las suyas y empiezo a sentir la electricidad recorrer por mis venas. Inclino mi cabeza hacia atrás dando paso a ser devorada por mi ''vampiro'' favorito.  Más rápido. Y una marca que cobra color. Entonces baja despacio hacia mi escote dejando un dulce rastro por cada centímetro recorrido de mi piel. Se detiene ahí y fija su mirada en mis labios. Un beso fugaz. Otro más intenso. Se separa y lame sus labios provocándome de esa manera tan suya. Pensamientos perversos recorren mi mente chocando con mis ideas y es que en este momento le haría de todo. Unos segundos después de mojar con la lengua los extremos de mi boca haciendo aumentar su deseo hacia mí tira de brazo y me acerca a él a velocidad de la luz.

-Bebé, no me dejes caer en la tentación.

-Shhhhh. –Le silencio con un beso y sonrío contra sus labios. –Te quiero.

-Yo más.

-Mientes.

-A ti nunca te mentiría.

Me dedica una sonrisa y subo rápidamente las escaleras dejándole con las ganas de probarme de nuevo.

-¿Dónde vas? –Pregunta decidido a seguirme.

Lo ignoro y continúo. Río tras tropezar en el último escalón. Me quedo en el suelo riendo boca arriba cuando sus ojos color miel chocan contra los míos.

-Qué rápido corres, bebé.

-Por ti, lo que haga falta.

Me tiende la mano como ayuda para levantarme pero lo hago yo por mí misma. Camino hacia mi habitación mientras bailo algo que me invento a medida que transcurren los segundos y enciendo la radio buscando mi emisora favorita. Se escucha el 'toc toc' de la puerta. Entonces me giro contemplando a un Justin apoyado sobre el marco de la puerta.

-¿Se puede?

-Claro.  


|Narra Justin|

Me declaro fan de sus movimientos. Comienza a bailar de una manera sensual que provoca que la desee más de lo que pueda llegar a imaginar. Me empuja despacio tirándome sobre su cama y se aleja marcando unos pasos realmente sexys. Se queda de espaldas y poco a poco va desabrochando su blusa. Esa misma a la que yo recurriría con otra táctica, desgarrarla con mis propios dientes. Sus dulces manos la lanzan al suelo delicadamente mientras espero ansioso. Se queda en sujetador tras quitarse los pantalones de una manera que me deja hipnotizado. Sus braguitas de seda doradas combinan perfectamente con su piel. Ella es perfecta en sí, para mí. Me quedo observando cada lunar de su suave piel cuando se gira de improvisto. Se acerca a mí de una manera que me pone a mil por hora. A la mierda las bajas temperaturas. Estoy caliente y perdiendo el control. Sitúa cada pierna suya al lado de las mías y la miro con detenimiento mientras escuchamos la música de fondo. Definitivamente, es preciosa.

-Cada vez me sorprendes más. –Digo. Ella se moja los labios y no responde nada. –Angelito, ¿estás preparada para volar?

-Sí.

Juraría que nunca he tenido tanto deseo por alguien. Que alguien me explique el porqué de esta maldita sensación. Me quito la camiseta lo más rápido posible y luego las demás prendas hasta quedarme completamente desnudo. Una sonrisa abunda en su cara y tengo ganas de hacerla aún más feliz. La cojo y enrolla sus piernas alrededor de mi cintura mientras de pie hacemos maravillas. No dejamos de besarnos y de vez en cuando lanza un chillido desesperado contra mi boca. Su cara de placer hace que me mueva más rápido. Me excito demasiado. Luego la presiono contra la pared y comienzo un recorrido de besos por todo su cuerpo mientras ella juega con mi pelo produciéndome escalofríos. Creo que tiene magia en su piel, en su mirada, en cada gesto. Me hace sentir el Justin de siempre. Especial. Sus labios son la tentación más grande que tengo. Escucho su respiración agitada. Alzo su barbilla y contemplo el brillo de sus ojos.

-Te amo.

Nunca me he atrevido a decirle nadie esto pero con ella me he visto la necesidad de hacerlo. Entonces sonríe, ¿por qué es tan hermosa cuando lo hace?  No puedo explicar todo lo que despierta en mí.

Acabamos en la cama enredados entre sus sábanas. No podría definir este momento con otro adjetivo que no fuera perfecto. La tengo muy cerca y puedo ver cada pequeño defecto suyo. Me encantan cada uno de ellos. Cierra los ojos, parece cansada. Acaricio su mejilla mientras en mi cara se dibuja una sonrisa. Abre los ojos a los pocos segundos.

-Justin, esto es demasiado perfecto.

-Lo sé.

-No dejemos que acabe nunca.

-No lo voy a permitir. –Digo con todo el convencimiento del mundo. -¿Sabes una cosa?

-Dime.

-No sé si eres el amor de mi vida, pero deseo que lo seas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario