|Narra Mel|
-Siento lo de antes. No era mi intención besar a Romi… -Me
decido a decir después de darle mil vueltas a mi cabeza.
-¿Pero por qué lo has hecho?
Se pone serio y me baja de sus piernas. Yo le doy un golpe
en la barriga mientras me mira extraño y cruzo mis brazos. Observo al frente
aunque en una milésima de segundo le miro de reojo y vuelvo a lo de antes. Nos
quedamos demasiado tiempo en silencio. Puede que tres minutos. O cuatro. Justin
apoya los pies en la mesa del comedor y colocando sus brazos hacia atrás
comienza a tararear una canción.
-¿Qué cantas? –Le pregunto ya que no logro descifrar de qué
se trata.
-Algo. –Responde soso sin mirarme. Me gustaría leer lo que
ahora mismo está pasando por su mente.
-¿Es tuya? –Sigo con la conversación.
-Sí.
-¿Cómo se llama?
-Love me like you do.
-Me gusta el título.
-La hice por ti.
Se acerca a mí y lo reconozco por el aroma de su colonia.
Aspiro sin que se dé cuenta. Noto su respiración chocar contra mi oído y se
produce la magia de este momento tan imprevisto. Comienza a cantar en bajito al
principio y luego estabiliza un poco más su voz. Sí, está cantándome esa
canción. El mensaje me deja fascinada y me hace sentir las más bonitas
sensaciones.
-Que sí, que me he equivocado. –Admito y suspiro
profundamente. -¿Pero sabes por qué? Porque ahí no entendía nada y me he
sumergido en ese beso pensando en ti. En que eran tus labios, tu sabor. Pero he
abierto los ojos y he descubierto la realidad. Tú eres inconfundible, bebé. Perdóname.
-Sabes que para mí es imposible no perdonarte.
-¿Entonces?
-Que no me pidas nunca que me separe de ti.
-No lo haré.
Me levanto y me sitúo frente al inmenso espejo que ocupa un
rincón del salón. Todo ha sido como un cúmulo de flashbacks en menos de tres
segundos. Ya estoy de vuelta. Vuelvo a ser la Mel de siempre. La chica tímida
que de pequeña tuvo que partir de su lugar para escapar de la realidad junto
con su tía. La que regresaba a él engañada. La que creció sin padre. La niña de
las trencitas a la que costaba sacarle sonrisas. La que escondía la tristeza en
un rincón para hacerle sentir mejor a los demás. Y ahora me miro al espejo
dándome cuenta de cómo he cambiado. De que desde que lo conocí no tengo que
fingir nada. De que mi felicidad empieza ahora. Ya no necesito tener la muñeca
que salía en mi televisor para que se me creen esas arruguitas bajo los ojos al
sonreír. Ahora me basta con estar junto
a él. Observo mi rostro detenidamente y esas arruguitas están más marcadas. Eso
significa que el tiempo me ha devuelto lo que buscaba. Mi felicidad está
presente hasta en mi piel. Entonces me abraza por detrás y rodea con sus brazos
mi cintura. Logro ver cómo me observa a través del espejo y se me escapa una
ligera risa.
-Eres preciosa… -Murmura mientras besa mi cuello poco a
poco.
Coloco mis manos sobre las suyas y empiezo a sentir la electricidad
recorrer por mis venas. Inclino mi cabeza hacia atrás dando paso a ser devorada
por mi ''vampiro'' favorito. Más rápido.
Y una marca que cobra color. Entonces baja despacio hacia mi escote dejando un
dulce rastro por cada centímetro recorrido de mi piel. Se detiene ahí y fija su
mirada en mis labios. Un beso fugaz. Otro más intenso. Se separa y lame sus
labios provocándome de esa manera tan suya. Pensamientos perversos recorren mi
mente chocando con mis ideas y es que en este momento le haría de todo. Unos
segundos después de mojar con la lengua los extremos de mi boca haciendo
aumentar su deseo hacia mí tira de brazo y me acerca a él a velocidad de la
luz.
-Bebé, no me dejes caer en la tentación.
-Shhhhh. –Le silencio con un beso y sonrío contra sus
labios. –Te quiero.
-Yo más.
-Mientes.
-A ti nunca te mentiría.
Me dedica una sonrisa y subo rápidamente las escaleras
dejándole con las ganas de probarme de nuevo.
-¿Dónde vas? –Pregunta decidido a seguirme.
Lo ignoro y continúo. Río tras tropezar en el último
escalón. Me quedo en el suelo riendo boca arriba cuando sus ojos color miel
chocan contra los míos.
-Qué rápido corres, bebé.
-Por ti, lo que haga falta.
Me tiende la mano como ayuda para levantarme pero lo hago yo
por mí misma. Camino hacia mi habitación mientras bailo algo que me invento a
medida que transcurren los segundos y enciendo la radio buscando mi emisora
favorita. Se escucha el 'toc toc' de la puerta. Entonces me giro contemplando a
un Justin apoyado sobre el marco de la puerta.
-¿Se puede?
-Claro.
|Narra Justin|
Me declaro fan de sus movimientos. Comienza a bailar de una
manera sensual que provoca que la desee más de lo que pueda llegar a imaginar.
Me empuja despacio tirándome sobre su cama y se aleja marcando unos pasos
realmente sexys. Se queda de espaldas y poco a poco va desabrochando su blusa.
Esa misma a la que yo recurriría con otra táctica, desgarrarla con mis propios
dientes. Sus dulces manos la lanzan al suelo delicadamente mientras espero
ansioso. Se queda en sujetador tras quitarse los pantalones de una manera que
me deja hipnotizado. Sus braguitas de seda doradas combinan perfectamente con
su piel. Ella es perfecta en sí, para mí. Me quedo observando cada lunar de su
suave piel cuando se gira de improvisto. Se acerca a mí de una manera que me
pone a mil por hora. A la mierda las bajas temperaturas. Estoy caliente y
perdiendo el control. Sitúa cada pierna suya al lado de las mías y la miro con
detenimiento mientras escuchamos la música de fondo. Definitivamente, es
preciosa.
-Cada vez me sorprendes más. –Digo. Ella se moja los labios
y no responde nada. –Angelito, ¿estás preparada para volar?
-Sí.
Juraría que nunca he tenido tanto deseo por alguien. Que
alguien me explique el porqué de esta maldita sensación. Me quito la camiseta
lo más rápido posible y luego las demás prendas hasta quedarme completamente desnudo.
Una sonrisa abunda en su cara y tengo ganas de hacerla aún más feliz. La cojo y
enrolla sus piernas alrededor de mi cintura mientras de pie hacemos maravillas.
No dejamos de besarnos y de vez en cuando lanza un chillido desesperado contra
mi boca. Su cara de placer hace que me mueva más rápido. Me excito demasiado.
Luego la presiono contra la pared y comienzo un recorrido de besos por todo su
cuerpo mientras ella juega con mi pelo produciéndome escalofríos. Creo que
tiene magia en su piel, en su mirada, en cada gesto. Me hace sentir el Justin
de siempre. Especial. Sus labios son la tentación más grande que tengo. Escucho
su respiración agitada. Alzo su barbilla y contemplo el brillo de sus ojos.
-Te amo.
Nunca me he atrevido a decirle nadie esto pero con ella me
he visto la necesidad de hacerlo. Entonces sonríe, ¿por qué es tan hermosa
cuando lo hace? No puedo explicar todo
lo que despierta en mí.
Acabamos en la cama enredados entre sus sábanas. No podría
definir este momento con otro adjetivo que no fuera perfecto. La tengo muy
cerca y puedo ver cada pequeño defecto suyo. Me encantan cada uno de ellos. Cierra
los ojos, parece cansada. Acaricio su mejilla mientras en mi cara se dibuja una
sonrisa. Abre los ojos a los pocos segundos.
-Justin, esto es demasiado perfecto.
-Lo sé.
-No dejemos que acabe nunca.
-No lo voy a permitir. –Digo con todo el convencimiento del
mundo. -¿Sabes una cosa?
-Dime.
-No sé si eres el amor de mi vida, pero deseo que lo seas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario