Tu rastro.

domingo, 18 de noviembre de 2012

CAPÍTULO 40.



|Narra Mel|

Día nuevo. Los rayos de luz me molestan y me levanto a bajar la persiana para impedir que continúen con la odiosa costumbre de cada mañana. Hoy me duele un poco menos el tobillo, y también las heridas en los brazos. Justin es un buen enfermero, entonces. Río bajito. ¿Por qué al pensar tan sólo en su nombre me pongo así de tonta? Pues ni idea. Además, acabo de levantarme y ya estoy pensando en él. Bueno, el caso es que me dirijo al cuarto de baño para despejar mis ideas con una buena ducha. Acabo y suelto mi cabello mojado. Me visto con lo primero que pillo y bajo las escaleras para desayunar con todos.

-¡Buenos días! –Exclamo, sentándome al lado de papá.

-Buenos días, ¿cómo has dormido, princesita? –Me pregunta mientras me ofrece una bandeja donde hay comida de todo tipo menos sana.

-Pues bien, con ganas de salir a dar una vuelta. Necesito despejarme un poco y alejarme de estas cuatro paredes que me rodean. –Me decanto por coger una tostada y untarme mermelada de fresa.

-¿Qué tal si quedas con… -Papá no le deja terminar la pregunta a Ryan.

-Anda, deja a tu hermana quedar con quien quiera. –Dice mientras ríe.

-Había pensado en llamar a Justin. –Digo yo. Y al pronunciar su nombre, un escalofrío me recorre por todo el cuerpo. Extraña sensación.

Se quedan callados como si les sorprendiera lo que acabo de decir. No entiendo nada. Pego un trago al zumo de piña que ha preparado papá y enciendo la tele. Me sitúo enfrente de la panta y ¿qué hace Justin ahí? Abro los ojos como platos. Lo persiguen bastantes paparazzis y está rodeado de flashes. ''Parece que Justin Bieber ha decidido tomarse un pequeño descanso, pero pronto continuará con sus pequeños conciertos en acústico. Como él mismo nos ha confesado, esto solo acaba de empezar’’. Y finaliza. No respondo a nada. Estoy alucinando, creo. No parpadeo. Nadie dice ni una palabra. Me giro y miro fijamente a los ojos de papá.

-¿Justin es famoso, no? –Tartamudeo. Me ha sorprendido la noticia.

-Mel, hay cosas que son mejor que te las expliquemos poco a poco. –Dice y Ryan asiente con la cabeza.

-Yo quiero saberlo todo ya. –Hago una pequeña pausa y continúo. -¿Tanto os cuesta decirme la verdad?

Mi móvil suena al instante. Romi. No sé lo que querrá, pero ahora mismo no me apetece hablar con él. Subo las escaleras en dirección a mi habitación y me tiro en la cama boca arriba. Respiro hondo. Una. Dos. Tres. Cuatro veces. Vuelve a sonar de nuevo la melodía de mi móvil y decido cogerlo.

-Dime. –Me dirijo a él como si fuera la persona más sosa del mundo.

-¿Te parece bien que quedemos esta tarde? –Va directo al grano sin preguntarme al menos que cómo me encuentro.

-Mmm… vale. –Digo indecisa.

-¿Pasa algo?

-No, nada. Es que había pensado en hacer otros planes, pero no me importa dar una vuelta contigo.

-¿Quieres que pase ya a por ti?

-Bien. Ya estoy arreglada.

-Vale, ahora nos vemos Mel. –Y cuelgo.

Tengo el presentimiento de que voy a cometer un error. No parezco muy convincente con mis palabras, ni con mis pensamientos. Otra vez aparece ahí, en mi mente. ¿Pero qué está pasando? Me acerco a esa ventanita que da a su habitación y se me escapa una sonrisa. Me tapo la boca con mis manos como queriendo ocultar el gesto que acabo de realizar. Un pequeño gusanillo recorre en mi interior y no encuentro la causa a la que se debe esta sensación. Pasan los minutos como si fueran segundos y aún sigo con la mirada fija en su ventana.


|Narra Justin|

Me despierto con ganas de ti y recordando esos besos que te robaba con tanta facilidad. Esas veces en las que lo hacía sin más y me dedicabas esa carita con la expresión más graciosa que puede existir.  Poco a poco te voy a recuperar, bebé. Como sea.

Me estiro y lanzo un quejido sobre mi almohada, la que debería tener aunque sea un poquito de tu aroma. Me voy desnudando mientras me acerco a la ducha. Deposito la ropa en la pila y remuevo mi pelo sin alejarme del espejo. Mis ojos están medio cerrados y mis labios más inflados de lo normal. Bah. Miro mis abdominales, pero no les encuentro ni sentido. Desde que no la tengo todo es diferente. No soy el Justin de antes, he cambiado. Ya no me miro en el espejo con esa sensación de ''Oh, pero qué bien te ves''. He aprendido a valorar las cosas, a diferenciar entre lo importante para mí y lo imprescindible. Básicamente, ella para mí es lo segundo.

Giro el grifo hacia la derecha para que el agua caliente salga rebotando sobre mi cabeza y vaya recorriendo en pequeñas gotitas mi cuerpo. Cierro los ojos y me hundo entre las millones de ideas que recorren mi mente por segundo. Y todas tienen un mismo objetivo. Tú.

Una vez seco, me dispongo a abrir mi armario en busca de algo cómodo. Pantalones grises de chándal y una camiseta negra de manga corta. Me coloco una chaqueta a conjunto y lo combino con mis supras rojas. ¿Qué hago ahora? Necesito verla. Mis piernas toman camino por sí solas directas a la ventana. Me detengo y lanzo un suspiro esperando a que aparezca de un momento a otro. Me siento en el pequeño trozo que sobresale y apoyo mi espalda contra la pared. Rodeo con los brazos mis piernas. Desde ahí  veo todo. Todo lo que busco.

Escucho el piar de algunos pájaros que revolotean por los árboles y eso consigue tranquilizarme de alguna manera. Pero algo interrumpe de repente, es un sonido especial. Su risa. Al fin la encuentro con mi mirada. Extrañaba verla así, sonriendo. Pero parece que va con alguien. ¿A quién está saludando? No me lo pienso dos veces, voy a bajar. Es Romi. Me asomo un poco asegurándome de que ningún paparazzi me vigila y espera fotografiarme. Me coloco las gafas negras de sol y la capucha para estar algo menos reconocible. Voy corriendo a toda hostia y pego un salto en el último escalón. Abro la puerta y los localizo a mi izquierda. Camino pasando desapercibido por la acera paralela para que así no me vean. Sí, los voy a seguir donde vayan. Sigue siendo mi chica. Sigue llevando eso que simboliza que lo nuestro no ha acabado, aunque quizás ni se haya dado cuenta de que aún le cuelga de su apetecible cuello. También echo de menos devorarlo de aquella manera.  La pienso proteger de todo chico que se le acerque, y sé que Romi va a por ella. En este juego jugamos los dos, aunque parece que yo lleve la ventaja, él quiere igualarme. No lo voy a permitir. Mel, no sabes lo mucho que te estás haciendo de desear. Voy a hacer lo posible para ganar la batalla.

Llegan al parque y se sientan en un banco. Me escondo tras los matorrales que rodean aquello y puedo observarlos. Él estira su brazo como si fuera a rodearla por la espalda, pero no llega a tocarla. Ella se acurruca y parece que tiene frío. Me resisto las ganas de abrazarla y tenerla entre mis brazos calmándole el frío. Aunque me ha costado tomar la decisión de quedarme aquí quieto. Están hablando, aunque no sé de qué. Decido acercarme un poco más.

|Narra Mel|

Me siento muy bien con él. Romi no es tan mala persona como pensaba. Es simpático, cariñoso, y además se preocupa por mí. Llevamos un largo rato hablando. 

-Tengo que decirte algo. -Susurra sobre mi oído. Giro mi cabeza poco a poco y nos quedamos a unos pocos centímetros. Es raro. Pues siempre que estoy a tan poca distancia de un chico me pongo nerviosa. Suspiro y noto como se ríe por lo bajo. Sonrío yo también.

-Me encanta tu sonrisa. -Dice. Entonces da el paso a lo que va a ser el beso. Cierro mis ojos y me sumerjo en su lengua. Realmente no sé lo que estoy haciendo. Creo que me estoy equivocando. No estoy pensando en él. Justin. El verdadero motivo por el que estoy dudando. Pero no deja de besarme. Y yo le sigo. Imagino que son esos labios carnosos de Justin de nuevo. Más besos. Justin. Más Justin. Me aparto inmediatamente de la boca de Romi. 

-Esto es un error. Perdóname. -Digo pasando el dedo índice sobre la comisura de mis labios como intentando borrar el rastro de todo lo que acaba de suceder. 

-¿Por qué? –Acaricia con su mano mi muslo y eso me hace ver escenas del pasado que atraviesan en forma de película mi mente.

*FLASHBACK*

Se sentó a mi lado, puso su mano sobre mi pierna, justo donde la había puesto Justin a la hora de la comida.

-Lo siento.- Le aparté la mano.


-¿Te molesta? ¿Lo haces por Justin, verdad? –Me dijo, seriamente.


-Lo hago por mí, y por él. Por los dos. Quiero que salgan las cosas bien.


-¿Te crees que vas a estar mucho tiempo con él? Además, tú te vas y él se quedará aquí y buscará a otra.


Sus palabras me dolieron, porque además era la triste realidad.


-El tiempo lo decidirá todo… -Dije, sin apenas convencimiento.

*FIN DEL FLASHBACK*

Y ahí se detiene todo. Mi corazón se acelera de tal manera que me preocupo bastante. Mis manos comienzan a temblar y le siguen mis piernas. Siento escalofríos subir desde mis muñecas hasta mis hombros, y luego pasando por toda la espalda recorriendo mi médula espinal. 

-¿Qué te pasa? -No le respondo. Cruzo mis brazos y miro al frente sin prestarle atención.

Me siento como una auténtica mierda. Sí, definitivamente me equivoqué.


|Narra Justin|

Me arremango la chaqueta y avanzo para verlos más de cerca. Él se acerca peligrosamente a la propiedad prohibida. ¿Qué? No puedo creer lo que mis ojos están viendo en este instante. Se están besando. No, Justin, no lo puedes permitir. Siento un fuerte golpe en el pecho, como si realmente me hubieran clavado una puñalada. Me agacho un poco para que no logren verme, pero me tropiezo con una piedra que se me cruza en el camino. Pego un chillido de dolor y me retuerzo en el suelo. Mi muñeca sangra y la aprieto fuertemente con mi mano intentando conseguir que deje de hacerlo. Me muerdo el labio en señal de dolor e intento levantarme con cuidado. Entonces una vez de pie unas manos dulces se posan sobre mis hombros. Giro mi cabeza y me encuentro con ella. Mi bello se eriza.

-¿Justin? ¿Qué te ha pasado? –Pregunta con la respiración agitada y preocupada. Echa su vista hacia donde tengo la herida.

-He tropezado, eso es todo. –Intento quitarle importancia al asunto con una sonrisa.

-¿Estás bien? –Toma de mi brazo y ese contacto de su piel contra la mía hace que desaparezca el resto del mundo.

-Sí, Mel. No te preocupes. –Le miro fijamente a esos ojos marrones que me vuelven loco. Su mirada en sí me tiene perdido. Nos quedamos unos segundos sin saber qué decir. Entonces aparece Romi por detrás de ella y le aleja de mí. Coge de su mano y ella se aparta a un lado. Nos quedamos frente a frente.

-¿Qué haces? –Le digo desafiante. 

-No te importa.

-Todo lo que se refiera a Mel me importa. –Me acerco y le doy un toquecito en la mejilla.

-No me toques. –Advierte con su dedo índice. La expresión de mi cara cambia y me estoy empezando a poner furioso.

-No la toques a ella. ¿Entiendes? 

-Sólo nos hemos besado. Eso es todo. -Y lanza una ligera risa malvada.

¿Encima es capaz de decírmelo a la cara? No puedo más y mis puños van a chocar directamente con su boca. Trata de defenderse y pega una patada contra mi estómago. Me encuentro fatal pero le quiero matar. Sí, nunca se me había pasado nada así por mi mente pero él lo ha conseguido. Ya se lo advertí. Le empujo y lo lanzo contra el suelo. Me sitúo justo encima y le aprieto el cuello. Entonces Mel se acerca corriendo.

-¡Para Justin! -Grita mientras derrocha lágrimas sin parar. -Todo ha sido culpa mía. ¡Para! -Intenta quitarme de ahí. Pero no lo consigue, yo cada vez presiono mi cuerpo con más fuerza.

-¡Por favor! ¡Para! ¡Para! -Sigue chillando.

Yo sigo ingnorándola. Otro puñetazo más cae sobre su cara. No me resisto. Tengo que acabar con todo esto.

1 comentario: