Tu rastro.

domingo, 25 de noviembre de 2012

CAPÍTULO 41.



|Narra Mel|

Por fin consigo separarlos y ahora caigo yo justo encima de Justin. Levanta su cabeza a dos palmos del suelo observando como Romi se va corriendo asustado. En un acto reflejo le atrapo con mi cuerpo y agarro sus manos para no dejarle salir de ahí.

-¿Qué haces? –Pregunta con la respiración agitada y haciendo muecas de dolor.

-No te vas a marchar hasta que me lo cuentes todo.

Su expresión cambia completamente al escuchar esas palabras de mi boca. Noto como su corazón comienza a latir fuertemente.

-Justin...

Entonces una caricia suya deja un dulce rastro tras un ligero recorrido por mi mejilla, transmitiéndome cosas inexplicables que yo antes le llamaba con un nombre pero que ya no recuerdo. Cierro los ojos y siento aquello mientras lanzo una sonrisa sin querer. Noto como me observa en silencio con esos ojitos color miel que se le aclaran debido al Sol. Al instante un par de coches paran en la esquina donde nos encontramos y escuchamos el ruido de las ruedas derrapando. De nuevo alza su cabeza para ver lo que sucede pero yo presiono un poco más mi cuerpo contra él. Me siento en parte poderosa. Mis nervios están comenzando a surgir y no me explico el porqué de esto. Cada vez lo tengo más cerca. 

-¿No me vas a decir nada?

-Mel, vámonos. -Dice con cierto nerviosismo.

-No hasta que no me lo cuentes. –Aclaro.

-Voy a contártelo todo, pero aquí no.

-¿Me lo prometes?

-Te lo prometo. Yo mis promesas las cumplo. -Finaliza.

Y es ahí cuando mi corazón toma la velocidad no permitida. Frena. Detente. Me entran unas ganas terribles de sellar aquel pacto con un beso. Me levanto rápidamente y le ayudo también a levantarse. Se coloca la capucha y me acerca a él tirando de mi brazo a un tiempo récord. Definitivamente, mi pulso se dispara. 

-No digas ni una palabra ni te separes de mí. ¿Entendido?

-Vale.

Trago saliva y en menos de un segundo me rodea con su brazo izquierdo mientras caminamos a un paso rápido. Decido agachar la cabeza y pasar también mi brazo por su espalda. Se para y me mira fijamente.

-Tranquila, no va a pasar nada.

Le sonrío al instante y le planto un beso en la mejilla. Entonces somos el objetivo de unos cuantos flashes de las cámaras. Esto es exactamente lo que vi por la pantalla de mi televisión. Observo cómo se acercan a nosotros los paparazzis  y nos hacen preguntas mientras Justin esconde su mano derecha en el bolsillo de su pantalón. No me gusta nada este tipo de prensa. Me quedo en silencio, como él me había dicho. Pasamos desapercibidos mientras nos siguen. Pero Justin se gira y se enfrenta a todos ellos.

-¿Podéis dejar de fotografiarnos? –Tapa con su mano el objetivo de una gran cámara y el señor que la lleva, de unos cuarenta años, se aleja un poco de él.

-Estamos trabajando. –Responde uno de ellos.

-Y yo estoy descansando, pero vosotros me interrumpís hacerlo. Respetadme.

Me coge de la mano y se gira sin esperar una respuesta por su parte. No sé cómo lo ha conseguido, pero se han marchado. La calle es toda para nosotros en menos de un minuto. Por fin avanzamos un poco más sin dejar de soltarnos y llegamos. 

Saco las llaves de mi pequeño bolsito y le hago un gesto para que me siga. Abro la puerta de casa y me aseguro de que no haya nadie.

-¿Papá? ¿Ryan?

No consigo respuesta por ninguna parte. Efectivamente, estamos solos. Lanzo un suspiro de tranquilidad y, mientras, Justin se tumba en el sofá con toda la confianza del mundo.

-Tampoco te sientas como en tu casa. –Río tomando dirección hacia el cuarto para coger el botiquín y un poco de algodón.

-Esta es como mi segunda casa desde que nací. –Dice en voz alta desde el salón para que logre escucharle.

-Bueno, pues ves poniéndote cómodo que te voy a curar. –Me acerco rápidamente a él y me hace un pequeño hueco a su lado. –Justin, ahí no quepo.

-Sí cabes. Tu trasero no es tan grande. –Me mira aguantándose la risa.

-No vayas de graciosillo. Y ni se te ocurra mirármelo.

-No, no. Si a mí me van más los tíos que las tías. –Esta vez sí estalla y yo adoro contemplar su dulce risa. -¿Me vas a curar o no? –Intenta hacerse el serio.

-Si me dejas sitio sí. –Digo mientras lo aparto un poco para poder sentarme. Él coloca sus brazos hacia atrás y apoya su cabeza en ellos. –A ver, tienes una herida aquí bajo el ojo que tiene mala pinta.

Coloco el botiquín sobre mis piernas y al abrirlo cojo una botellita de alcohol de curar.  Vuelco unas gotitas mojando el algodón y me inclino cuidadosamente para inspeccionar mejor aquella herida. Cada vez lo tengo más cerca y sigo sin resolver la duda de por qué siento escalofríos cada vez que acortamos la distancia. Mis pulsaciones aumentan sin cesar y es que mis labios se encuentran a tan solo tres centímetros de los suyos. Paso el algodón por ahí y me detengo. Mi mirada toma dirección hacia sus carnosos labios y siento de nuevo ganas de besarlos hasta quedarme sin aliento. Pero su voz me interrumpe los pensamientos.

-¿Sabes qué?

-¿Qué?

-Esta no es la primera vez que me peleo por ti. –Dice mientras aparta un mechón de pelo tras mi oreja. Yo detengo de nuevo mi mirada en sus apetecibles labios y luego le miro a los ojos. Le brillan de una manera especial. Me están trasmitiendo algo que no logro entender. Ese algo que necesito saber. 

-Quiero saber más. -No dejamos de conectar con la mirada. 

-¿Escuchas los latidos de mi corazón? 

-Sí. 

-¿Así mejor?-Apoya mi cabeza sobre su pecho y me acaricia el pelo suavemente. -Van a mil por hora porque estoy contigo.

-Por favor, continúa. -Cierro los ojos y aprieto los dientes con fuerza contra mi labio inferior intentando recordar. Intentando una vez más viajar al pasado.

-Ven aquí. -Me poso sobre sus piernas y nos quedamos cara a cara. Noto su mano en mi espalda. Mi estómago se revoluciona de una manera increíble. Rodeo mis brazos alrededor de su cuello y me muerdo los labios otra vez, en señal de desesperación.


|Narra Justin|

¿Dónde quedan esos días en que aquello era un sueño? Es que no se hace la idea de lo mucho que la deseo.  No sabe que somos uno. No sabe que estoy en la cima gracias a ella. No sabe que cuando me mira se detiene el tiempo, que me estoy resistiendo las ganas de besarla desde que sucedió el accidente. 

-Todavía sigues llevando mi inicial colgada en tu cuello. 

Aclaro. Y en el momento más inesperado sucede. Me acerca un poquito a ella y levanta mi barbilla con detenimiento. Los centímetros que nos separan pasan a ser milímetros. Roza su nariz con la mía y sonríe sin apartar su mirada de mí. Nuestros labios chocan y vuelvo a saborearlos después de tanto tiempo. Como el primer bocado del mejor helado. Un beso lento. Suave. Delicado. Preciso. Sabe tanto a ti... De nuevo toco el cielo. Cierro los ojos y vuelvo a ser yo. Su lengua toma contacto con la mía y no deja de hacer esos movimientos que tanto me gustan. Acaricia mi pelo mientras me presiona contra el respaldo del sofá. La agarro por la cintura. Se aparta lo más mínimo de mi boca y me muerde el labio inferior con dulzura. Una. Dos. Tres. Hasta cuatro veces repite eso que me vuelve tan increíblemente loco. Decido controlarme. Mel, me encantas y a este paso me encantarás siempre. Y otra vez nuestras lenguas se vuelven a unir. No te imaginas lo mucho que se echaban de menos, bebé. Un tierno beso más y nos separamos. Abro los ojos y veo cómo ella continúa con los suyos cerrados. Entonces los abre al instante y me sonríe de esa manera tan suya que logra provocarme escalofríos recorriendo todo mi cuerpo a velocidad de la luz. A continuación pasa su dedo índice por la comisura de mis labios y se acerca a ellos lentamente susurrando algo que no logro entender. Me arrebata un poco de aire con ese beso que me deja sin aliento. Pero por mí que lo volviera a repetir unas cien veces más. Se aleja un poco de nuevo y clava su mirada en mis ojos. No podría definir a qué sabe este momento. La más bonita sensación. 

Creo que nuestras miradas logran hablar por sí solas como lo hacían antes. Nos quedamos en silencio, observándonos. 

-Te he echado mucho de menos. -Susurro contra su boca. 

-Yo también te he echado de menos, bebé.

Entonces es ahí cuando me doy cuenta de que no hay una batalla perdida. De que quien lo sigue lo consigue. Voy a luchar por conseguir ese siempre que prometimos. Lucharé. Porque cuando tú estés débil, seré yo el que lo haga por los dos. Parece ser que ya recuerdas. Eres tú, bebé. Eres la chica de la que me he enamorado perdidamente. La que me quita el sueño porque prefiero vivir en la pura realidad si estoy a su lado. La que se ha hecho dueña de mi mente sin saberlo. 

-Tengo infinitas ganas de ti. -Cierra los ojos y los abre despacio como si estuviera asimilando todo. Posa sus brazos alrededor de mi cuello. La acerco un poco más por la cintura. La punta de su nariz roza con la mía.

-Vamos a recuperar el tiempo perdido. -Digo depositándole un beso corto en los labios. -¿Empezamos de cero?

-No, no me gusta como suena. Es como si quisiéramos borrar el pasado. Empecemos con un para siempre.

domingo, 18 de noviembre de 2012

CAPÍTULO 40.



|Narra Mel|

Día nuevo. Los rayos de luz me molestan y me levanto a bajar la persiana para impedir que continúen con la odiosa costumbre de cada mañana. Hoy me duele un poco menos el tobillo, y también las heridas en los brazos. Justin es un buen enfermero, entonces. Río bajito. ¿Por qué al pensar tan sólo en su nombre me pongo así de tonta? Pues ni idea. Además, acabo de levantarme y ya estoy pensando en él. Bueno, el caso es que me dirijo al cuarto de baño para despejar mis ideas con una buena ducha. Acabo y suelto mi cabello mojado. Me visto con lo primero que pillo y bajo las escaleras para desayunar con todos.

-¡Buenos días! –Exclamo, sentándome al lado de papá.

-Buenos días, ¿cómo has dormido, princesita? –Me pregunta mientras me ofrece una bandeja donde hay comida de todo tipo menos sana.

-Pues bien, con ganas de salir a dar una vuelta. Necesito despejarme un poco y alejarme de estas cuatro paredes que me rodean. –Me decanto por coger una tostada y untarme mermelada de fresa.

-¿Qué tal si quedas con… -Papá no le deja terminar la pregunta a Ryan.

-Anda, deja a tu hermana quedar con quien quiera. –Dice mientras ríe.

-Había pensado en llamar a Justin. –Digo yo. Y al pronunciar su nombre, un escalofrío me recorre por todo el cuerpo. Extraña sensación.

Se quedan callados como si les sorprendiera lo que acabo de decir. No entiendo nada. Pego un trago al zumo de piña que ha preparado papá y enciendo la tele. Me sitúo enfrente de la panta y ¿qué hace Justin ahí? Abro los ojos como platos. Lo persiguen bastantes paparazzis y está rodeado de flashes. ''Parece que Justin Bieber ha decidido tomarse un pequeño descanso, pero pronto continuará con sus pequeños conciertos en acústico. Como él mismo nos ha confesado, esto solo acaba de empezar’’. Y finaliza. No respondo a nada. Estoy alucinando, creo. No parpadeo. Nadie dice ni una palabra. Me giro y miro fijamente a los ojos de papá.

-¿Justin es famoso, no? –Tartamudeo. Me ha sorprendido la noticia.

-Mel, hay cosas que son mejor que te las expliquemos poco a poco. –Dice y Ryan asiente con la cabeza.

-Yo quiero saberlo todo ya. –Hago una pequeña pausa y continúo. -¿Tanto os cuesta decirme la verdad?

Mi móvil suena al instante. Romi. No sé lo que querrá, pero ahora mismo no me apetece hablar con él. Subo las escaleras en dirección a mi habitación y me tiro en la cama boca arriba. Respiro hondo. Una. Dos. Tres. Cuatro veces. Vuelve a sonar de nuevo la melodía de mi móvil y decido cogerlo.

-Dime. –Me dirijo a él como si fuera la persona más sosa del mundo.

-¿Te parece bien que quedemos esta tarde? –Va directo al grano sin preguntarme al menos que cómo me encuentro.

-Mmm… vale. –Digo indecisa.

-¿Pasa algo?

-No, nada. Es que había pensado en hacer otros planes, pero no me importa dar una vuelta contigo.

-¿Quieres que pase ya a por ti?

-Bien. Ya estoy arreglada.

-Vale, ahora nos vemos Mel. –Y cuelgo.

Tengo el presentimiento de que voy a cometer un error. No parezco muy convincente con mis palabras, ni con mis pensamientos. Otra vez aparece ahí, en mi mente. ¿Pero qué está pasando? Me acerco a esa ventanita que da a su habitación y se me escapa una sonrisa. Me tapo la boca con mis manos como queriendo ocultar el gesto que acabo de realizar. Un pequeño gusanillo recorre en mi interior y no encuentro la causa a la que se debe esta sensación. Pasan los minutos como si fueran segundos y aún sigo con la mirada fija en su ventana.


|Narra Justin|

Me despierto con ganas de ti y recordando esos besos que te robaba con tanta facilidad. Esas veces en las que lo hacía sin más y me dedicabas esa carita con la expresión más graciosa que puede existir.  Poco a poco te voy a recuperar, bebé. Como sea.

Me estiro y lanzo un quejido sobre mi almohada, la que debería tener aunque sea un poquito de tu aroma. Me voy desnudando mientras me acerco a la ducha. Deposito la ropa en la pila y remuevo mi pelo sin alejarme del espejo. Mis ojos están medio cerrados y mis labios más inflados de lo normal. Bah. Miro mis abdominales, pero no les encuentro ni sentido. Desde que no la tengo todo es diferente. No soy el Justin de antes, he cambiado. Ya no me miro en el espejo con esa sensación de ''Oh, pero qué bien te ves''. He aprendido a valorar las cosas, a diferenciar entre lo importante para mí y lo imprescindible. Básicamente, ella para mí es lo segundo.

Giro el grifo hacia la derecha para que el agua caliente salga rebotando sobre mi cabeza y vaya recorriendo en pequeñas gotitas mi cuerpo. Cierro los ojos y me hundo entre las millones de ideas que recorren mi mente por segundo. Y todas tienen un mismo objetivo. Tú.

Una vez seco, me dispongo a abrir mi armario en busca de algo cómodo. Pantalones grises de chándal y una camiseta negra de manga corta. Me coloco una chaqueta a conjunto y lo combino con mis supras rojas. ¿Qué hago ahora? Necesito verla. Mis piernas toman camino por sí solas directas a la ventana. Me detengo y lanzo un suspiro esperando a que aparezca de un momento a otro. Me siento en el pequeño trozo que sobresale y apoyo mi espalda contra la pared. Rodeo con los brazos mis piernas. Desde ahí  veo todo. Todo lo que busco.

Escucho el piar de algunos pájaros que revolotean por los árboles y eso consigue tranquilizarme de alguna manera. Pero algo interrumpe de repente, es un sonido especial. Su risa. Al fin la encuentro con mi mirada. Extrañaba verla así, sonriendo. Pero parece que va con alguien. ¿A quién está saludando? No me lo pienso dos veces, voy a bajar. Es Romi. Me asomo un poco asegurándome de que ningún paparazzi me vigila y espera fotografiarme. Me coloco las gafas negras de sol y la capucha para estar algo menos reconocible. Voy corriendo a toda hostia y pego un salto en el último escalón. Abro la puerta y los localizo a mi izquierda. Camino pasando desapercibido por la acera paralela para que así no me vean. Sí, los voy a seguir donde vayan. Sigue siendo mi chica. Sigue llevando eso que simboliza que lo nuestro no ha acabado, aunque quizás ni se haya dado cuenta de que aún le cuelga de su apetecible cuello. También echo de menos devorarlo de aquella manera.  La pienso proteger de todo chico que se le acerque, y sé que Romi va a por ella. En este juego jugamos los dos, aunque parece que yo lleve la ventaja, él quiere igualarme. No lo voy a permitir. Mel, no sabes lo mucho que te estás haciendo de desear. Voy a hacer lo posible para ganar la batalla.

Llegan al parque y se sientan en un banco. Me escondo tras los matorrales que rodean aquello y puedo observarlos. Él estira su brazo como si fuera a rodearla por la espalda, pero no llega a tocarla. Ella se acurruca y parece que tiene frío. Me resisto las ganas de abrazarla y tenerla entre mis brazos calmándole el frío. Aunque me ha costado tomar la decisión de quedarme aquí quieto. Están hablando, aunque no sé de qué. Decido acercarme un poco más.

|Narra Mel|

Me siento muy bien con él. Romi no es tan mala persona como pensaba. Es simpático, cariñoso, y además se preocupa por mí. Llevamos un largo rato hablando. 

-Tengo que decirte algo. -Susurra sobre mi oído. Giro mi cabeza poco a poco y nos quedamos a unos pocos centímetros. Es raro. Pues siempre que estoy a tan poca distancia de un chico me pongo nerviosa. Suspiro y noto como se ríe por lo bajo. Sonrío yo también.

-Me encanta tu sonrisa. -Dice. Entonces da el paso a lo que va a ser el beso. Cierro mis ojos y me sumerjo en su lengua. Realmente no sé lo que estoy haciendo. Creo que me estoy equivocando. No estoy pensando en él. Justin. El verdadero motivo por el que estoy dudando. Pero no deja de besarme. Y yo le sigo. Imagino que son esos labios carnosos de Justin de nuevo. Más besos. Justin. Más Justin. Me aparto inmediatamente de la boca de Romi. 

-Esto es un error. Perdóname. -Digo pasando el dedo índice sobre la comisura de mis labios como intentando borrar el rastro de todo lo que acaba de suceder. 

-¿Por qué? –Acaricia con su mano mi muslo y eso me hace ver escenas del pasado que atraviesan en forma de película mi mente.

*FLASHBACK*

Se sentó a mi lado, puso su mano sobre mi pierna, justo donde la había puesto Justin a la hora de la comida.

-Lo siento.- Le aparté la mano.


-¿Te molesta? ¿Lo haces por Justin, verdad? –Me dijo, seriamente.


-Lo hago por mí, y por él. Por los dos. Quiero que salgan las cosas bien.


-¿Te crees que vas a estar mucho tiempo con él? Además, tú te vas y él se quedará aquí y buscará a otra.


Sus palabras me dolieron, porque además era la triste realidad.


-El tiempo lo decidirá todo… -Dije, sin apenas convencimiento.

*FIN DEL FLASHBACK*

Y ahí se detiene todo. Mi corazón se acelera de tal manera que me preocupo bastante. Mis manos comienzan a temblar y le siguen mis piernas. Siento escalofríos subir desde mis muñecas hasta mis hombros, y luego pasando por toda la espalda recorriendo mi médula espinal. 

-¿Qué te pasa? -No le respondo. Cruzo mis brazos y miro al frente sin prestarle atención.

Me siento como una auténtica mierda. Sí, definitivamente me equivoqué.


|Narra Justin|

Me arremango la chaqueta y avanzo para verlos más de cerca. Él se acerca peligrosamente a la propiedad prohibida. ¿Qué? No puedo creer lo que mis ojos están viendo en este instante. Se están besando. No, Justin, no lo puedes permitir. Siento un fuerte golpe en el pecho, como si realmente me hubieran clavado una puñalada. Me agacho un poco para que no logren verme, pero me tropiezo con una piedra que se me cruza en el camino. Pego un chillido de dolor y me retuerzo en el suelo. Mi muñeca sangra y la aprieto fuertemente con mi mano intentando conseguir que deje de hacerlo. Me muerdo el labio en señal de dolor e intento levantarme con cuidado. Entonces una vez de pie unas manos dulces se posan sobre mis hombros. Giro mi cabeza y me encuentro con ella. Mi bello se eriza.

-¿Justin? ¿Qué te ha pasado? –Pregunta con la respiración agitada y preocupada. Echa su vista hacia donde tengo la herida.

-He tropezado, eso es todo. –Intento quitarle importancia al asunto con una sonrisa.

-¿Estás bien? –Toma de mi brazo y ese contacto de su piel contra la mía hace que desaparezca el resto del mundo.

-Sí, Mel. No te preocupes. –Le miro fijamente a esos ojos marrones que me vuelven loco. Su mirada en sí me tiene perdido. Nos quedamos unos segundos sin saber qué decir. Entonces aparece Romi por detrás de ella y le aleja de mí. Coge de su mano y ella se aparta a un lado. Nos quedamos frente a frente.

-¿Qué haces? –Le digo desafiante. 

-No te importa.

-Todo lo que se refiera a Mel me importa. –Me acerco y le doy un toquecito en la mejilla.

-No me toques. –Advierte con su dedo índice. La expresión de mi cara cambia y me estoy empezando a poner furioso.

-No la toques a ella. ¿Entiendes? 

-Sólo nos hemos besado. Eso es todo. -Y lanza una ligera risa malvada.

¿Encima es capaz de decírmelo a la cara? No puedo más y mis puños van a chocar directamente con su boca. Trata de defenderse y pega una patada contra mi estómago. Me encuentro fatal pero le quiero matar. Sí, nunca se me había pasado nada así por mi mente pero él lo ha conseguido. Ya se lo advertí. Le empujo y lo lanzo contra el suelo. Me sitúo justo encima y le aprieto el cuello. Entonces Mel se acerca corriendo.

-¡Para Justin! -Grita mientras derrocha lágrimas sin parar. -Todo ha sido culpa mía. ¡Para! -Intenta quitarme de ahí. Pero no lo consigue, yo cada vez presiono mi cuerpo con más fuerza.

-¡Por favor! ¡Para! ¡Para! -Sigue chillando.

Yo sigo ingnorándola. Otro puñetazo más cae sobre su cara. No me resisto. Tengo que acabar con todo esto.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

CAPÍTULO 39.



|Narra Justin|

Han pasado tres meses desde todo aquello. Tiempos mejores vendrán. Yo me he tomado un pequeño descanso y he vuelto a casa. Eso sí, todo es diferente. Cada vez soy más conocido en la prensa, cosa que no me gusta, aunque sabía a lo que me enfrontaba entrando en este mundo. Todavía no me creo que tanta gente me siga y aprecie lo que hago. Es increíble y me cuesta asimilarlo.



Aquí estoy sentado en la cama intentando afinar un poco más mi guitarra. Acompaño algunas melodías con mi voz para componer algo, pero hoy no estoy inspirado. Acabo de llegar después de estar varias semanas seguidas de radio en radio y dando pequeños conciertos, es decir, estoy agotado. Y ella… ella sigue recuperándose. Los médicos dicen que lo que le sucede no es muy común, pero puede que poco a poco vea con nitidez aquello que ha olvidado. 

Ayer le dieron el alta y ya está en casa. La he visto pocas veces, sólo soy un simple vecino para ella. No soy consciente aún de todo lo que ha sucedido, es como si fuera una pesadilla de la que pronto despertaré. Pero llega la hora de la verdad, me pellizco la mano izquierda y me duele en señal de que estoy en la vida real. Maldita realidad. He pasado de serlo todo, a ser nada. De ser el más feliz con ella a mi lado, a tenerla a centímetros y no poderla besar.

Llevo una gran impotencia en mi interior que no me deja hacer nada que no sea pensar en lo duro que se me está haciendo todo esto. Me pierdo recordando miles de momentos vividos a su lado y acabo en un mar de lágrimas. No, Justin, tú eres fuerte. Los fuertes nunca lloran. Pero mis palabras son insuficientes. Necesito desahogarme de alguna manera y recurro a mi medicina en estos momentos. La música.

Mi voz, el arma que necesito usar en este momento. Everything is gonna be alright. Todo va a ir bien. Confío en ello.



|Narra Mel|

Qué extraño es todo, aunque por fin estoy en casa. Ya puedo andar un poco con ayuda de una muleta y aunque en mis brazos quedan cicatrices con el paso del tiempo se irán. Me siento nueva. Como si hubiera hecho un viaje de ida y vuelta a un lugar que me cambiaría por siempre. Me dirijo a mi armario en busca de una sudadera que ponerme sobre el jersey que llevo y es que hace un frío increíble. Ahora mismo necesitaría a alguien que me arropara combatiendo a estas bajas temperaturas. Y no sé el porqué, pero una imagen del vecino me viene a la cabeza.

Me tumbo en mi cama boca arriba y cierro los ojos fuertemente. Me paro a pensar, pero unas melodías interrumpen que me adentre en mis pensamientos. La verdad es que suena bien. Parece que viene de fuera y me acerco a mi ventana para abrirla y que el sonido entre en mi habitación. Apoyo mis codos sobre ella y con mis puños sobre mis mejillas sujeto mi cabeza. Una brisa de aire choca suavemente contra mí y hace que mi pelo se revuelva. Me gusta esta sensación de libertad. Cierro los ojos y suspiro. Ahora las melodías de aquella guitarra van acompañadas de una voz dulce. Un escalofrío. Dos. Tres. Me transmite algo inexplicable. Se me crea un nudo en la garganta que me cuesta deshacer. ¿Quién es ese chico que canta como los ángeles? Creo que me he enamorado de esa ternura que desprende hasta llegar a mis oídos. Pero de un momento a otro deja de cantar. Abro mis ojos y me encuentro con su mirada. Es Justin, el vecino. A él no lo recordaba, es algo extraño. Le sonrío y cierro involuntariamente la ventana, dejándolo con una cara que me costaría llegar a describir.

Visualizo mi portátil y lo traslado a la cama. Echaba de menos cosas como esta. Lo enciendo y me quedo realmente sorprendida al contemplar el fondo de pantalla. Justin y yo. ¿De verdad? Sí, somos nosotros. ¿Qué hago abrazándolo? ¿Qué hace él cogiéndome por la cintura? Me hago preguntas en las que quizás pronto obtenga una respuesta. A lo mejor es una simple foto, nada más. No tengo porqué darle tantas vueltas a mi estúpida cabeza. Puede que fuéramos muy amigos. Sólo eso.

Entonces me conecto al chat y se me abre al instante una ventanita.

• Justin dice:
Hola, ¿estás mejor?

• Mel dice:
Bueno… sí. ¿Y tú que tal estás?

• Justin dice:
Estoy…

• Mel dice:
¿Te pasa algo?

• Justin dice:
He perdido una de las cosas que más quería, eso es todo.

• Mel dice:
Tranquilo, todo se soluciona algún día. ¿Eras tú el que cantaba?

• Justin dice:
¿Qué?

• Mel dice:
Que te he escuchado cantar desde tu habitación. Tienes una voz preciosa.

• Justin dice:
Gracias, pero más preciosa eres tú.

• Mel dice:
Bah, déjate de bromas. No me habrás visto bien…

• Justin dice:
Más de lo que imaginas.

• Mel dice:
… ¿Qué haces por ahí?

• Justin dice:
Estaba intentando componer algo, ¿y tú?

• Mel dice:
Pues ahora me toca echarme una pomada en los brazos para que cicatricen las heridas… Justin, ¿me puedes ayudar? Es que no hay nadie en casa y sola no puedo…

• Justin dice:
Claro. Voy ya para allá. Ábreme.

Se desconecta y se queda la pantalla en negro. Me puedo ver en el reflejo y me pregunto qué hago sonriendo de esa manera tan estúpida. Bajo con cuidado y al fin abro la puerta. Ahí está con su sonrisa deslumbrante. Le invito a pasar.


|Narra Justin|

Me abre y le sonrío. Me devuelve la sonrisa. Cuánto tiempo hacía que no estábamos aquí los dos juntos. Me sorprende el hecho de que haya sido ella la que me dijese de venir. Lo estaba deseando con todas mis ganas.

-¿Subimos? –Me mira y ríe.

-Vale. –Acepto, elevando mis hombros.

Lleva una pequeña venda en el tobillo derecho y sube apoyándose en la barandilla. La sigo por detrás y le ayudo. Último escalón y casi cae de espaldas si no llega a ser porque la sujeto entre mis brazos. Se sonroja un poco y la levanto con cuidado.

-Gracias. –Se gira para mirarme y echa un mechón de pelo tras su oreja.

-De nada. ¿Te has hecho daño? –Le pregunto.

-No. –Se hace la dura, pero la conozco y sé que realmente está dolorida. –Si no fuera por ti me hubiera matado.

-Te he salvado la vida, ¿entonces?

-¿Entonces qué?

-Nada, nada.

Al segundo se acerca a mí y me planta un beso húmedo en la mejilla. Me quedo paralizado. Noto un pinchazo en mi abdomen. Echaba de menos el contacto de nuestra piel. Y ella en su interior también siente lo mismo, pero no lo entiende. Se aparta con delicadeza y me dedica una de esas sonrisas que me vuelven loco. 

Nos encontramos en su habitación y miles de recuerdos golpean en mi cabeza. Aquí nos hemos regalado demasiados besos e infinitas caricias. Imposible olvidar todo aquello, aunque sólo sea yo quien lo recuerde. Me siento en su cama cómo ella me dice y se pone a mi lado. La miro de reojo, como si no tuviera una mínima intención.

-Duele mucho… -Dice mientras se arremanga.

-Tranquila. –Trago saliva. Realmente el que se tendría que tranquilizar soy yo, que se me va a salir el corazón de un momento a otro. -¿Tienes que ponerte la pomada todos los días?

-Sí… -Suspira. –Pero pronto me curaré, entonces merece la pena.

-Claro. –Le sonrío.

-¿Me permites? –Pregunta cogiendo mi dedo índice y colocando un poco de esa crema sobre este. –Sólo tienes que esparcirla sobre las heridas más grandes, pero con cuidado.

Sigo los pasos que me dicta y siento escalofríos cada vez que rozo su piel. Intento no hacerle daño y le sonrío cada dos por tres para que se calme. Estamos cerca. Me gustaría romper aún más la poca distancia que nos separa y robarle un beso. Pero Justin, ahora no es el momento. Me muero de ganas por saborear sus dulces labios. Soy un completo esclavo de ellos. Dirijo mi mirada hacia su boca mientras no se da cuenta. Maldigo interiormente y continúo.

-Ya está. Muchas gracias. -Enrosca la tapa de la pomada y nos quedamos en silencio.

-Un placer hacer de enfermero para una chica así. -Le guiño el ojo. Eso suele gustarle a las chicas.

-Tampoco te lo creas tanto. -Dice riendo bajito. -Te pongo un 6 sobre 10.

-Bueno, al menos estoy aprobado. -Río ahora yo y me levanto.

-¿Mañana nos vemos? -Esa pregunta acelera mis pulsaciones. Significa que quiere volver a verme y aún no me he ido.

-Claro. Ya hablamos. -Vuelvo a usar la táctica del guiño y salgo de su habitación. Cierro la puerta y me coloco justo detrás. -Hasta mañana, bebé. -Susurro bajito.

CAPÍTULO 38.


| Narra Justin |


Entro al hospital junto con Kenny y Scooter. Me quito la capucha y remuevo mi pelo. La gente me mira con una expresión extraña. Sí, soy Justin Bieber. Pero hoy solo soy Justin, su Justin. Dejo a un lado eso de tener que aguantar la presión de las cámaras a cada paso que doy. Muchas veces llegan a agobiar demasiado. Eso sí, a mis fans nunca las dejaría.

Llegamos al cuarto piso, donde se encuentra su habitación. Echo un vistazo hacia una pequeña sala y alguien nos saluda desde allí. Es Ryan.

-Hey, -Chocamos la mano como hacemos siempre al saludarnos y me siento a su lado. Scooter y Kenny van a por un café. -¿la has visto?-Le pregunto.

-Sí, ahora están haciéndole unas pruebas y he tenido que salir. –Contesta.

-Tendré que esperar un poco más… -Suspiro.

-¿Cómo está? –No puedo disimular mi preocupación y mi pierna derecha tiembla a una velocidad preocupante. Siempre me pasa cuando estoy nervioso.

-Está bien, no te preocupes. Poco a poco irá mejorando.

-¿Ha preguntado por mí?

-No ha preguntado por nadie, la verdad.

-¿No ha dicho nada de mí? –Me estoy comenzando a alterar.

-Justin, -Dirige su mano hacia mi hombro e intenta tranquilizarme. –ahora la verás y todo irá bien.

-Quiero verla ya. –Me levanto.

-Espera. Puede que no hayan acabado. –Me frena tirando de mi brazo.

Me siento de nuevo y esperamos un largo rato. Nunca había estado en una situación así. Siento la necesidad de verla. Mel, es increíble lo que has hecho con mi corazón. Lo has revolucionado. Como sólo tú sabes. Ahora tengo la necesidad de verte y saber que todo va bien. Que no existe preocupación, aunque ahora tenga que empujarte mientras estés sentada en una silla de ruedas, lo haré orgulloso. Porque te quiero, y me da igual la gente, lo importante somos tú y yo.

Me vibra el móvil y lo cojo rápidamente. Es un mensaje de mamá.

'¿En qué planta estáis? Creo que me he perdido.'

Río bajito sin saber el porqué. Bueno, sí. Mamá tan torpe como siempre.

'Cuarto piso. Te espero aquí. Al salir del ascensor me verás.'

Enviado. Nunca soy tan soso con ella, pero ahora no estoy como para tirar cohetes. Siempre suelo ponerle cosas como ''sexy'' o ''linda''. Me gusta hacer especial a la gente.

Pasan tan solo unos dos minutos y viene con un paso acelerado a abrazarme. Yo también le abrazo fuertemente. Contengo mis lágrimas como nunca antes he hecho. Esto me ha dado fuerza. Caminamos hacia donde se encuentra su habitación a un paso ligero. Si fuera por mí iría corriendo debido a mis tremendas ganas de verla.


|Narra Mel|

Espero que todo lo que me han hecho sirva para algo. Me retuerzo de dolor y cubro con la ligera manta blanca mi cabeza hasta tapármela completamente. De pequeña, cuando tenía miedo siempre lo hacía. La abuela me solía decir que ese sería mi refugio para huir del mundo. Entonces, me sentía protegida, fuera de preocupaciones. Aunque ahora todo es diferente, mi mayor miedo ya no es perder a mi muñeca favorita, es algo más importante, es perder algunos recuerdos como me han informado los médicos. No quiero que eso suceda, aunque puede que ya sea tarde.

Escucho unas voces conocidas como si estuvieran hablando por el pasillo y poco a poco se acercaran hacia a mí. Me destapo e intento arreglarme el pelo con rapidez. Alguien pega dos golpecitos a la puerta y entra. Es Ryan, seguido de más gente. Le sonrío y les animo a que pasen los demás. Me fijo en el último chico que no tengo ni idea de quién es y encima parece algo nervioso. Camina cabizbajo, pero enseguida levanta su mirada y se choca con la mía. Tiene unos ojos color miel preciosos. Me sonríe y me pregunto el motivo. Noto un pinchazo en mi estómago. Se queda paralizado unos segundos y poco a poco se acerca a mí mientras los demás se echan hacia atrás como esperando algo. A medida que lo tengo más cerca me transmite su nerviosismo, y es que seguro que él es uno de esos recuerdos que se han fugado de mi mente.

-Mel… -Me dice con una voz muy tierna.


|Narra Justin|

Y ahí la tengo, a la distancia que deseaba. Mi corazón late a mil por hora. Tiene varios rasguños en la cara, pero sigue teniendo esa magia en su rostro que me encanta. Parece sorprendida y no me dice nada.

-¿Cómo sabes mi nombre? -Hace una pausa y me quedo en blanco. -¿Me conoces?

-¿No me recuerdas? –Cojo su mano con cuidado y la acaricio. Estoy temblando y ella lo nota.

-Te lo juro. No sé quién eres. –Responde finalmente.

Eso me ha dolido más que si me hubiera caído un edificio entero encima. Mel, espero que estés de broma. Pero no. Todas mis esperanzas se limitan a nada. Temía todo esto. Ahora mismo no sé si ella está peor que yo. Hundido como el Titanic, así me siento. Me coloco la capucha y salgo a toda hostia de la habitación, empujando a la enfermera que entraba en ese momento. Estoy furioso y necesito escapar. Corro por el pasillo buscando alguna salida o algún refugio. No me doy cuenta y me estampo con algo. Acabo en el suelo. Pero estoy más herido por dentro.

|Narra Mel|

Me siento mal conmigo misma. Todos me miran y a cada uno de ellos los reconozco. Pero a aquel chico no. Ryan sale en su busca. Miro a papá y le exijo una explicación.

-¿Quién es? –Le pregunto. -¿Lo conocía?

-Tan sólo es nuestro vecino. –Me dice, indeciso. –Ahora duerme, y olvida todo, ¿vale?

-Vale papá, te quiero.

Cierro los ojos y hago como si fuera en busca de encontrar el sueño. Noto como se van y me dejan sola. Creo que me voy a tirar todo el día pensando.