|Narra Mel|
Por fin consigo separarlos y ahora caigo
yo justo encima de Justin. Levanta su cabeza a dos palmos del suelo observando
como Romi se va corriendo asustado. En un acto reflejo le atrapo con mi cuerpo
y agarro sus manos para no dejarle salir de ahí.
-¿Qué haces? –Pregunta con la respiración
agitada y haciendo muecas de dolor.
-No te vas a marchar hasta que me lo
cuentes todo.
Su expresión cambia completamente al escuchar
esas palabras de mi boca. Noto como su corazón comienza a latir fuertemente.
-Justin...
Entonces una caricia suya deja un dulce rastro tras un ligero recorrido por mi mejilla, transmitiéndome cosas
inexplicables que yo antes le llamaba con un nombre pero que ya no recuerdo. Cierro
los ojos y siento aquello mientras lanzo una sonrisa sin querer. Noto como me
observa en silencio con esos ojitos color miel que se le aclaran debido al Sol. Al instante un par de coches paran en la
esquina donde nos encontramos y escuchamos el ruido de las ruedas derrapando. De nuevo alza su cabeza para ver lo que sucede pero yo presiono un poco más mi cuerpo contra él. Me siento en parte poderosa. Mis nervios están comenzando a surgir y no me explico el porqué de esto. Cada vez lo tengo más cerca.
-¿No me vas a decir nada?
-Mel, vámonos. -Dice con cierto nerviosismo.
-No hasta que no me lo cuentes. –Aclaro.
-Voy a contártelo todo, pero aquí no.
-¿Me lo prometes?
-Te lo prometo. Yo mis promesas las cumplo. -Finaliza.
Y es ahí cuando mi corazón toma la velocidad no permitida. Frena. Detente. Me entran unas ganas terribles de sellar aquel pacto con un beso. Me levanto rápidamente y le ayudo también
a levantarse. Se coloca la capucha y me acerca a
él tirando de mi brazo a un tiempo récord. Definitivamente, mi pulso se dispara.
-No digas ni una palabra ni te separes de
mí. ¿Entendido?
-Vale.
Trago saliva y en menos de un segundo me
rodea con su brazo izquierdo mientras caminamos a un paso rápido. Decido
agachar la cabeza y pasar también mi brazo por su espalda. Se para y me mira
fijamente.
-Tranquila, no va a pasar nada.
Le sonrío al instante y le planto un beso
en la mejilla. Entonces somos el objetivo de unos cuantos flashes de las
cámaras. Esto es exactamente lo que vi por la pantalla de mi televisión.
Observo cómo se acercan a nosotros los paparazzis y nos hacen preguntas mientras
Justin esconde su mano derecha en el bolsillo de su pantalón. No me gusta nada este tipo de prensa. Me quedo en
silencio, como él me había dicho. Pasamos desapercibidos mientras nos siguen. Pero Justin se gira y se enfrenta a todos ellos.
-¿Podéis dejar de fotografiarnos? –Tapa
con su mano el objetivo de una gran cámara y el señor que la lleva, de unos
cuarenta años, se aleja un poco de él.
-Estamos trabajando. –Responde uno de
ellos.
-Y yo estoy descansando, pero vosotros me
interrumpís hacerlo. Respetadme.
Me coge de la mano y se gira sin esperar
una respuesta por su parte. No sé cómo lo ha conseguido, pero se han marchado.
La calle es toda para nosotros en menos de un minuto. Por fin avanzamos un poco
más sin dejar de soltarnos y llegamos.
Saco las llaves de mi pequeño bolsito y le
hago un gesto para que me siga. Abro la puerta de casa y me aseguro de que no
haya nadie.
-¿Papá? ¿Ryan?
No consigo respuesta por ninguna parte.
Efectivamente, estamos solos. Lanzo un suspiro de tranquilidad y, mientras,
Justin se tumba en el sofá con toda la confianza del mundo.
-Tampoco te sientas como en tu casa. –Río tomando dirección hacia el cuarto para coger el botiquín y un poco de
algodón.
-Esta es como mi segunda casa desde que
nací. –Dice en voz alta desde el salón para que logre escucharle.
-Bueno, pues ves poniéndote cómodo que te voy a
curar. –Me acerco rápidamente a él y me hace un pequeño hueco a su lado. –Justin, ahí no
quepo.
-Sí cabes. Tu trasero no es tan grande.
–Me mira aguantándose la risa.
-No vayas de graciosillo. Y ni se te
ocurra mirármelo.
-No, no. Si a mí me van más los tíos que
las tías. –Esta vez sí estalla y yo adoro contemplar su dulce risa. -¿Me vas a
curar o no? –Intenta hacerse el serio.
-Si me dejas sitio sí. –Digo mientras lo
aparto un poco para poder sentarme. Él coloca sus brazos hacia atrás y apoya su
cabeza en ellos. –A ver, tienes una herida aquí bajo el ojo que tiene mala
pinta.
Coloco el botiquín sobre mis piernas y al
abrirlo cojo una botellita de alcohol de curar. Vuelco unas gotitas
mojando el algodón y me inclino cuidadosamente para inspeccionar mejor aquella
herida. Cada vez lo tengo más cerca y sigo sin resolver la duda de por qué
siento escalofríos cada vez que acortamos la distancia. Mis pulsaciones aumentan sin cesar y es que mis labios se encuentran a tan
solo tres centímetros de los suyos. Paso el algodón por ahí y me detengo.
Mi mirada toma dirección hacia sus carnosos labios y siento de nuevo ganas de besarlos hasta quedarme sin aliento. Pero su voz me interrumpe los pensamientos.
-¿Sabes qué?
-¿Qué?
-Esta no es la primera vez que me peleo
por ti. –Dice mientras aparta un mechón de pelo tras mi oreja. Yo detengo de
nuevo mi mirada en sus apetecibles labios y luego le miro a los ojos. Le
brillan de una manera especial. Me están trasmitiendo algo que no logro
entender. Ese algo que necesito saber.
-Quiero saber más. -No dejamos de conectar
con la mirada.
-¿Escuchas los latidos de mi
corazón?
-Sí.
-¿Así mejor?-Apoya mi cabeza sobre su pecho y me
acaricia el pelo suavemente. -Van a mil por hora porque estoy contigo.
-Por favor, continúa. -Cierro los ojos y
aprieto los dientes con fuerza contra mi labio inferior intentando recordar.
Intentando una vez más viajar al pasado.
-Ven aquí. -Me poso sobre sus piernas y
nos quedamos cara a cara. Noto su mano en mi espalda. Mi estómago se
revoluciona de una manera increíble. Rodeo mis brazos alrededor de su cuello y
me muerdo los labios otra vez, en señal de desesperación.
|Narra Justin|
¿Dónde quedan esos días en que aquello era
un sueño? Es que no se hace la idea de lo mucho que la
deseo. No sabe que somos uno. No sabe que estoy en la cima
gracias a ella. No sabe que cuando me mira se detiene el tiempo, que me estoy
resistiendo las ganas de besarla desde que sucedió el accidente.
-Todavía sigues llevando mi inicial
colgada en tu cuello.
Aclaro. Y en el momento más inesperado sucede. Me
acerca un poquito a ella y levanta mi barbilla con detenimiento. Los centímetros que nos separan pasan
a ser milímetros. Roza su nariz con la mía y sonríe sin apartar su mirada de mí.
Nuestros labios chocan y vuelvo a saborearlos después de tanto tiempo. Como el
primer bocado del mejor helado. Un beso lento. Suave. Delicado. Preciso. Sabe tanto a ti... De nuevo toco el cielo. Cierro los ojos y vuelvo a ser yo. Su lengua
toma contacto con la mía y no deja de hacer esos movimientos que tanto me
gustan. Acaricia mi pelo mientras me presiona contra el respaldo del sofá. La
agarro por la cintura. Se aparta lo más mínimo de mi boca y me muerde el labio
inferior con dulzura. Una. Dos. Tres. Hasta cuatro veces repite eso que me
vuelve tan increíblemente loco. Decido controlarme. Mel, me encantas y a este
paso me encantarás siempre. Y otra vez nuestras lenguas se vuelven a unir. No
te imaginas lo mucho que se echaban de menos, bebé. Un tierno beso más y nos
separamos. Abro los ojos y veo cómo ella continúa con los suyos cerrados.
Entonces los abre al instante y me sonríe de esa manera tan suya que logra
provocarme escalofríos recorriendo todo mi cuerpo a velocidad de la luz. A continuación pasa su dedo índice por la
comisura de mis labios y se acerca a ellos lentamente susurrando algo que no
logro entender. Me arrebata un poco de aire con ese beso que me deja sin aliento. Pero por mí que lo volviera a repetir unas cien veces más. Se aleja un poco de nuevo y clava su mirada en mis ojos. No
podría definir a qué sabe este momento. La más bonita sensación.
Creo que nuestras miradas logran hablar
por sí solas como lo hacían antes. Nos quedamos en silencio,
observándonos.
-Te he echado mucho de menos. -Susurro
contra su boca.
-Yo también te he echado de menos, bebé.
Entonces es ahí cuando me doy cuenta de que no hay una batalla perdida. De que quien lo sigue lo consigue. Voy a luchar por conseguir ese siempre que prometimos. Lucharé. Porque cuando tú estés débil, seré yo el que lo haga por los dos. Parece ser que ya recuerdas. Eres tú, bebé. Eres la chica de la que me he enamorado perdidamente. La que me quita el sueño porque prefiero vivir en la pura realidad si estoy a su lado. La que se ha hecho dueña de mi mente sin saberlo.
-Tengo infinitas ganas de ti. -Cierra los ojos y los abre despacio como si estuviera asimilando todo. Posa sus brazos alrededor de mi cuello. La acerco un poco más por la cintura. La punta de su nariz roza con la mía.
-Vamos a recuperar el tiempo perdido. -Digo depositándole un beso corto en los labios. -¿Empezamos de cero?
-No, no me gusta como suena. Es como si quisiéramos borrar el pasado. Empecemos con un para siempre.
