Tu rastro.

lunes, 31 de diciembre de 2012

CAPÍTULOS 44 y 45. [FINAL]



{Un año después}

|Narra Mel|




Me despierto tras ese sueño en el que no soltaba tu mano ni un instante. Ha pasado tanto tiempo sin verte que si no fuera porque conservo ese frasco de tu colonia no recordaría apenas tu aroma. Ese que tanto me enamoraba cada vez que te acercabas a mí. Extiendo mi brazo izquierdo por las sábanas y no te encuentro. Me haces tanta falta… Todavía me cuesta asimilar que no estás a mi lado. Pero lo peor de todo es que te hablo como si estuvieras aquí acariciando mi mejilla, dibujando círculos perfectos con las yemas de tus dedos pegadas a mi piel.

Distancia. Lo único que nos separa. Podrá evitar que no duerma a tu lado, pero no puede impedir que sueñe contigo. Tampoco podré abrazarte siempre que quiera, pero podré pensar en ti. También evitará el oler a ti después de cada abrazo, pero eso hará que el próximo sea aún más único y especial. Quiero tumbar estos kilómetros que nos separan y poder ver tu sonrisa esperándome junto con ese brillo de ojos color miel que te caracteriza. Poder ir corriendo a sumergirme en tus brazos que están ansiosos por refugiarme en ellos. Sólo espero que no hayas cambiado a pesar de ser famoso. Que sigas siendo el mismo chico del que me enamoré y sigo enamorada. Porque no te has marchado ni un segundo de mi mente, porque tampoco se ha cerrado el espacio que ocupas en mi corazón. Y me pregunto qué soy sin ti. Nada. Una chica más en este inmenso mundo.

¿Qué estarás haciendo ahora mismo? ¿Con quién andas? No separo el móvil de mi mano porque necesito tener noticias tuyas siempre y cuando te escapas apenas unos minutos para llamarme. Al menos escucho tu voz y ese es el oxigeno que necesito para el resto del día. Te has convertido en mi completa vida.

Llaman a mi puerta.

-Pasa. –digo con la voz todavía un poco cansada.

Escondo la cabeza en mi almohada y alguien me acaricia el pelo. Noto cómo se sienta a mi lado y lanza un suspiro. Seguro que es papá. Me vendrá a preguntar qué tal estoy.

-Mi niña, ¿hoy te sientes mejor? –acerté.

-Sí… -resoplo. Cambio de posición y me estiro mientras de mi boca escapa un ligero bostezo.

-No me mientas.

-No, no estoy bien papá. ¿Cómo iba a estarlo si no tengo a mi lado a lo que más necesito?

-Mira, confío en él, y sé que pronto va a volver.

-Pero se marchará de nuevo. –no recibo ninguna respuesta. -¿Y si encuentra a alguna mejor que yo?

-Ninguna le va a querer más que tú. Ninguna vale más. Él te ha elegido a ti, Mel.

-Las cosas han cambiado tanto…

-Así es la vida.

-Pues yo quiero cambiar esas reglas que tiene. Papá, ¿crees que podremos llevar una vida normal?

-Por supuesto, cielo.

Me planta un beso en el hombro y se va. Salgo poco a poco de mi cama como si tuviera miedo a lo que se encuentra en el exterior. Camino descalza hacia el espejo y me observo totalmente despeinada con su camiseta que me llega muy por encima de las rodillas pero me cubre la ropa interior. Sigue permaneciendo su olor. Me la quito, la deposito sobre la pila del baño y me adentro en la ducha. Me falta algo en este preciso instante. Enrollo la toalla pequeña en mi pelo y me coloco el albornoz. Voy en dirección a mi armario buscando ropa nueva cuando escucho un ruido. Me giro. Bah, no será nada. Otra vez. ¡Maldito! ¿Qué será? Vaya, está comenzando a llover. Parece además que se avecina una tormenta. De esas a las que tanto temo. Sí, les tengo mucho miedo. Decido calmarme con su música. Al menos esto me animará. Pongo el disco en el reproductor y me despejo un poco. Entro en twitter y reviso por decimoquinta vez sus publicaciones. Vaya, nada nuevo. ¿Qué hago ahora? ¿Le llamo? ¿Y si no puede hablar conmigo unos pocos minutos? Eso me sentaría peor.

Preparo mi maleta, pues me voy a pasar unos días cuidando a Jazzy y Jaxon. El señor Bieber, Jeremy,  me espera bajo con el coche así que decido darme prisa. Después de colocarme una blusa blanca con un conjunto vaquero, me maquillo lo mínimo y lista. Por último, pego un trago al zumo que me ha preparado papá y me despido de todos.

-Buenos días. –digo abriendo el maletero e introduciendo mis cosas en él.

-¿Qué tal todo, Mel? –sonríe Jeremy.

-Bien… -resoplo. Al fin y al cabo lo único que me faltaba era su hijo. -¿y vosotros?

-Muy bien, los niños están encantados al ver a su hermano en la pantalla del televisor.

-La verdad es que es un poco extraño todo esto. –digo acomodándome en el asiento del copiloto.

-Sí, pero mientras él sea feliz…

-Tienes mucha razón. –le sonrío y me abrocho el cinturón.

-Bueno, ¿listos para salir, chicos? –pregunta con un tono divertido.

-¡Sí! –gritan al unísono los pequeños, divertidos.

-Pues en marcha.

El viaje duró unas tres horas largas. Conecté mis auriculares en el iPod y comencé a escuchar música durante todo el trayecto. De vez en cuando se me cerraban los ojos mientras mi cabeza estaba apoyada en el cristal de la ventana, pero al fin vencía la batalla al sueño. También miraba por el pequeño espejo retrovisor a Jazzy que parece que sí perdió y cayó rendida. Parecía un angelito durmiendo, justo como su hermano mayor. Jaxon balbuceaba cosas sin sentido y se me escapaban algunas breves risitas bajo la mirada desconcertante de su padre. Al fin llegamos.

-Ya estamos, quien llegue antes a casa se gana una chocolatina. ¡¡Correr chicos!!

Bajo para descargar mis cosas y distingo a lo lejos dos personitas correteando. El señor Bieber me ayuda con lo mío encantado de hacerlo. Tras un caminito nos situamos frente a la inmensa casa.

-He ganado yo. –discute Jazzy.

-No. Mentirosa. –reniega Jaxon.

-Tranquilos, hay chocolatinas para los dos si os portáis bien.

-¡Toma! –exclama la pequeña abrazando a su hermanito.

-Mel, ¿qué te parece si organizamos tu cuarto y luego das una vuelta por los alrededores? Me dijo Justin que te gustó mucho esto.

-Me parece perfecto. Efectivamente, es un lugar precioso.


|Narra Justin|

Aquí me encuentro en la grabación de mi primer videoclip. La palabra ilusionado en este momento se queda corta. La modelo se acerca provocadora a mí con una mirada de deseo cuando yo la agarro por la cintura. Se voltea y bajo hasta la punta de mi nariz las gafas de sol de una manera bastante sexy. Me apoyo en el coche y deslizo mis manos por su cabello. A continuación me coge de la barbilla y a penas a unos pocos centímetros de distancia se muerde los labios. Me acuerdo de ti, bebé. Fin de la escena.

-¿Qué tal he estado? –pregunto a Scoot.

-Siempre se puede mejorar.

-En esto nadie me gana. Soy un buen ligón.

Se ríe y se para a hablar con el director. Saco el móvil del bolsillo de la cazadora negra de cuero que llevo puesta.

‘Nuevo videoclip rodado. Alucinante, pero no te pongas celosa, ni las modelos están a tu altura. Cada vez te echo más de menos. Estoy deseando escaparme y robarte mil besos. Te quiero muchísimo, bebé.’

Mensaje enviado y ya me siento más satisfecho. Camino dirigiéndome a mi coche que tengo aparcado en la parte trasera del estudio. Silbo a Scoot pero no me escucha. Otro silbido. Otro. Definitivamente, está sordo. Al fin me escucha.

-¿Qué quieres? –me pregunta como si yo fuera el tío más cansino de este mundo.

-Se me acaba de ocurrir una idea.

-Sorpréndeme.

-Mi padre vive aquí cerca, ¿qué tal si le hago una visita? Llevo bastante tiempo sin ver a mi familia. Por una escapadita no pasará nada.

-¿Pero…?

-Iré yo solo. No me va a pasar nada.

-Tú mismo sabes a lo que te enfrentas. Si te descubre alguien ya no hay vuelta atrás.

-Venga, está a tan sólo media hora. Nadie me va a descubrir, voy en coche, y allí no hay ningún paparazzi.

-Estás loco.

-Gracias. Mañana te llamo.

Subo a mi coche y me paro unos segundos a pensar antes de ponerlo en marcha. Voy a darles una sorpresa. Decidido. No les voy a decir nada. Arranco e introduzco mi cd en el dispositivo.

-¡Adiós! –me despido con la mano a través de mi ventanilla.

Al fin me encuentro solo. Es muy difícil estar así en mi nueva vida. Muchas veces necesito desconectar, pero no puedo, porque eso significa apartarme también un poco de mis fans, a las cuales estaré infinitamente agradecido ya que gracias a ellas estoy donde estoy.

Es raro, pues todavía nadie se ha dado cuenta de que ''Justin Bieber'' se encuentra dentro de este vehículo. Plena autopista. Giro bruscamente hacia la izquierda y ya reconozco el camino que lleva a casa de papá. Aquí nadie me va a descubrir, es un sitio perdido en el monte que pocas personas saben que existe. Sería un lugar adecuado para componer mis propias canciones. Papá, ves tomando nota. Doy un último giro y freno bruscamente. Miles de recuerdos invaden mi mente. Me hubiera gustado que estuvieras aquí para recorrer a besos cada milímetro de tu piel como aquel día. Me haces mucha falta. Nuestro lago, lo tengo ahora mismo a mis pies. Me acerco decidido y rozo el agua con la punta de mis dedos. Está fría. Miro al cielo. Las nubes están de un color rosado. Necesito vivir otro amanecer contigo. Camino cabizbajo hasta mi coche para coger mi libreta en la que anoto las más bonitas composiciones sobre ti. No lo sabes, pero, bebé, la mayoría de las canciones que hago están inspiradas en lo que me haces sentir. Visualizo una roca grande al fondo entre varios árboles y lo encuentro adecuado para ponerme a escribir. Mis manos podría decirse que van solas pues estoy donde hicimos magia juntos. Escribo. Escribo demasiado. Miro a mi reloj y no soy consciente de que ya ha pasado una hora. Entonces percibo a lo lejos tu aroma. Esto me está  volviendo loco. Alzo la vista y logro ver dibujada su silueta a unos pocos metros. Cierro los ojos. Vuelvo a abrirlos. No puede ser. Estoy loco, definitivamente. Parece ser ella. Es ella. La conozco perfectamente y ninguna se le puede comparar. Se desprende de su coleta y deja caer su melena mientras el viento la menea con dulzura. A medida que voy avanzando hacia ella mi corazón late más y más fuerte. Está de espaldas y no consigue verme. Me paro justo detrás suya. Mi respiración chocando contra su cuello.

-Bebé…

Se gira despacio. Me detengo a examinar su rostro. Está mucho más guapa, pensaba que era imposible pero… es así.

-Estás preciosa. –susurro acercándola poco a poco hacia a mí. Ella todavía no asimila que esté justo delante suya. Lo noto en su mirada. Nuestros corazones laten al compás.

-Justin… ¿qué haces aquí? ¿Cómo me has encontrado?

-Lo nuestro se llama destino. Vine aquí para despejarme un poco.

-Des… destino. –murmura mientras acaricia mi mejilla provocando escalofríos por todo mi cuerpo.

-Sí…

Rompemos la poca distancia que nos separa y cerramos los ojos para sumergirnos en el más especial de los besos. Me siento el chico más afortunado del mundo. Rodea sus brazos en mi cuello y se pone un poquito de puntillas. Separamos nuestros labios despacio a la vez que sonreímos. Estoy nervioso y parece que pronto mis piernas vayan a desestabilizarse. No consigo pronunciar ni una palabra. Me enloqueces. Me enseñas a querer como se quiere de verdad. Vuelves a sonreír y a mí me enamoras más. Adoro cada una de las arruguitas que salen bajo tus ojos al hacerlo. Amo cada rasgo de tu piel como nunca he amado a otra cosa. Ojalá leyeras mi mente y sabrías que no te quiero perder nunca. Nunca.

-Te amo. –dice mientras choca sus labios contra los míos sin parar. –Te amo. 
Te amo. Te amo. Te amo. Te…

-…he echado de menos, y no me voy a separar más de ti. Lo juro. –agacha la mirada y le beso en la frente.

-Me haces sentirme tan… especial.

-Lo que eres, bebé. Ven.


|Narrador|

Se pierden juntos como ellos desean entre el centenar de árboles que les rodean. Sus pulsaciones se disparan cada vez que sus pieles se vuelven una y se van robando el corazón poquito a poco. ¿Ella? Se siente protegida, querida, diferente, segura de sí misma. ¿Él? Enamorado hasta las trancas, como se suele decir. Renunciaría a muchas cosas por ella, por hacerla más feliz. Juegan a no perderse, a abrazarse fuerte, a decirse los ‘te quiero’ más verdaderos. Se han imaginado tantas noches solitarias cerca y ahora se tienen ahí cara a cara. El tiempo está a su favor, hoy. Quieren tenerse cerca cada segundo de esta vida, quieren besarse hasta quedarse sin respiración. Entonces sucede, comienza a llover y de la mano corren hacia el coche de él como si fueran dos niños pequeños tratando de jugar a ver quién llega antes. Ha llegado la hora de que le muestre todo lo que tiene preparado.

-¿Dónde vamos? –pregunta ella con la respiración agitada mientras él pone las manos en el volante y arranca deprisa.

-A un lugar secreto.

-Justin…

-¿Qué?

-Me encantas.

Viven de improvisaciones. Ella se detiene a contemplar las gotitas que se deslizan por el cristal a toda velocidad y él la observa de vez en cuando sin que se dé cuenta. Están locos de amor. En silencio se dicen todo lo que se desean. Todo lo que se necesitan. En unos 10 minutos llegan al destino tan esperado.

-Espera. 

Justin le venda los ojos dándole un toque de curiosidad a la situación. 
Le ayuda a bajar del coche y de la mano caminan hacia lo que él le tiene preparado. Una pequeña cabaña de madera justo al lado del comienzo del lago que tanto significa para ellos. Él lo decoró todo. Sólo dispone de una cocinita que parece de muñecas, una habitación con su correspondiente servicio y un salón rústico con las mejores vistas. Demasiado acogedor y romántico. Invirtió tiempo y dinero mientras que se mantenían alejados con las esperanzas de recuperar cada segundo perdido. Le guía hacia la entrada y se detienen justo ahí. Le da un beso húmedo en los labios y poco a poco le quita la venda dejándole sorprendida a más no poder.

-E… est… esto… -tartamudea.

-Esto es nuestro. De los dos. Nuestro rincón especial. Aquí te entregaré un pedacito de mi corazón cada vez que nos besemos. Aquí se harán realidad esos sueños que nos quedan por cumplir juntos. Aquí crearemos la magia que tanto deseamos. Aquí sólo existiremos tú y yo, porque sólo nosotros tenemos el récord del mundo en querernos. Está permitido perderse entre las sábanas cada vez que hagamos el amor, robarnos caricias, hacer locuras cuando nos apetezca, darnos los buenos días al despertar juntos, hacernos cosquillas hasta morir de risa. Contemplaremos juntos cada una de las estrellas del cielo, mientras salimos adelante a pesar de los problemas. Te haré reír cada vez que te enfades y te llamaré ''tonta'' cuando en realidad seas lo que más ame en este mundo. Bailaremos bajo la Luna cada tema que te he compuesto. No sé describir lo que me haces sentir, sólo te digo que me haces feliz.

-Acepto. –contesta nerviosa y se muerde los labios debido a ello. –Acepto porque no aguanto un puto día más sin ti.

-Entonces que comience el juego. Pero antes de esto, -le coloco de nuevo la venda. Giro la bola del mundo que se sitúa a nuestro lado. –tú vas a decidir cuál es nuestro próximo destino.

Se le escapa una ligera risa y sitúa la yema de su dedo sobre un punto sorpresa. Tengo un nudo en la barriga que apenas me deja respirar tranquilo.

-¿Y? –pregunta curiosa.

-Bebé, nos vamos a California. Pero ese podría ser un pequeño paso para recorrer todo el mundo juntos. 



FIN.


-------------------------------------------

Espero que os haya gustado aunque sea un poco mi novela. 
Esto es sólo el comienzo de muchas más 
que me gustaría crear y sobretodo que me leyerais. 
Sé que tengo que mejorar muchas cosas.
Gracias por vuestros comentarios, y demás. 
Si estáis dispuestas, pretendo haceros desconectar más del mundo 
sólo si queréis.
Me gustaría que me dierais vuestra opinión mencionándome
en mi twitter.
Un beso muy fuerte.


domingo, 23 de diciembre de 2012

CAPÍTULO 43.



|Narra Justin|

Mis manos vagabundean por las teclas del piano. Otra nueva composición. Ella me inspira. Llevo toda la noche tocando y estoy agotado. Dejo caer mi cabeza provocando un estruendo de notas que taladrarían hasta en la mente del mismísimo Beethoven. Yo quiero llegar a ser un día tan grande como cualquier de esos genios de la música. Los admiro, como mucha gente ahora mismo me admira a mí. Tan solo vengo de un pequeño pueblo, esto es demasiado increíble.

-¡Hermanito! –Escucho su delicada voz acompañada por esa risa de niña traviesa que sólo tiene ella.

-¡Jazzy! ¡Princesa! –Me levanto y voy corriendo a abrazarla. La cojo en brazos y la elevo girando sobre mí mismo haciéndola casi volar.

-Qué sorpresa. –Susurra papá desde la entrada a mi cuarto. Sin soltar a la pequeña me acerco a él y le doy un gran abrazo. Hacía tiempo que no nos reuníamos todos.

Entonces aparece escondido entre sus piernas el pequeño de la familia. Me arrodillo poniéndome de cuclillas y le revuelvo el pelo mientras me sonríe.

-¿Me has echado de menos? –Pregunto abriendo mis brazos esperando que se refugiara en ellos.

-Sí. –Afirma acercándose a mí con timidez.

Me levanto subiendo conmigo los pantalones que llevo demasiado bajos. Sinceramente, no tengo ni idea de por qué llevo cinturón si apenas me lo aprieto.

-¡Bajar! Han venido los vecinos a comer. –Grita mamá desde la cocina.

-¡Ya vamos! –Contesto.

Subo a Jazzy a mi caballito y juego con ella mientras bajo las escaleras rápidamente.

-Cuidado. ¡Justin! –Reniega ella. Yo simplemente río. Doy un bote en el último escalón y vuelve a quejarse pero escucho sus carcajadas. Sé que lo pasa genial con mis tonterías, ¿quién no?

Giro bruscamente en dirección al salón donde nos esperan mi familia, los vecinos, la comida, y ella. Me resulta imposible dejar de sonreír al verla y enseguida chocan nuestras miradas. Tenemos mucha conexión. Acerco a la pequeña hacia Mel y le deposita un tierno beso en la mejilla.

-Cuánto tiempo. –Dice dirigiéndose a mi hermanita. –Has crecido, qué mayor estás.

Noto como Jazzy se sonroja e intenta esconder su mirada en alguna parte del suelo. En ese aspecto se parece a mí. Yo también me derrito ante cualquier palabra que salga de su boca. Me gusta todo de ella, y cada vez más. Contemplo como somos el centro de atención y me dejo llevar por el momento dándole un dulce beso en los labios a mi novia. Suena bien. Mi novia.

|Narra Mel|

La comida transcurre muy tranquilamente con un ambiente de paz en el que todos y cada uno de nosotros nos mostramos a gusto. Estamos tomando un postre muy dulce que ha preparado Pattie. Es una gran cocinera, siempre que puedo le felicito por ello. Justin y yo cruzamos varias miradas. Noto un temblor en la parte del bolsillo de mi pantalón. Oh, un mensaje. Es él. ¿Pero qué hace? Si lo tengo justo en frente. Una risita escapa de mi boca y se percata de que le estoy leyendo.

‘¿Qué tal si ahora subimos a mi habitación? Te tengo que enseñar algo.’

Me pregunto a mí misma qué sorpresa me tendrá preparada. Es un encanto. A veces me siento mal conmigo misma por no ser tan detallista con él.

‘Vale, pero antes… mmm… dímelo todo con una mirada.’

Enviado. Ahora suena un ''bip, bip'' que debe de ser su móvil advirtiéndole. Agacha la mirada poco a poco después de asegurarse de que nadie le está mirando. Pero es un mal observador, yo todavía no le he quitado la mirada de encima. Se lame los labios y escucho como teclea. Disimulo mirando al techo mientras juego con un mechón de mi pelo que ondulo despacio enredándolo en mis dedos. Entonces noto una pequeña patadita por debajo de la mesa y me encuentro con esos ojos color miel. Sin duda, es un buen seductor. Ha ganado. Es capaz de enamorarme más sin apenas tocarme. Le sonrío y me sonríe.

-Mel, -papá nos interrumpe. -¿puedes llenar esta jarra de refresco de limón?

-Claro. –digo agarrándola.

Me levanto y tomo dirección a la cocina. Me detengo a observar cada parte de la casa que voy recorriendo hasta llegar. Al fin me encuentro allí. Abro la nevera y hago lo que ordenaba papá. Jarra llena, demasiado llena. Me he pasado. Está al borde de salirse. Con cuidado y despacio la acerco hasta la encimera de mármol. Cojo el trapo que veo a primera vista y seco las gotitas que desprende debido al cambio de temperatura. Mis manos están empapadas. Decido encender el grifo para ponerlas bajo mientras el agua transcurre, pero unas manos me interrumpen rodeándome la cintura. Noto ese tacto.

-¿Justin?

-Bebé. –dice tocándome el cabello por detrás. Me giro despacio y nos encontramos muy cerca.

-¿Qué haces aquí? Van a notar que estás conmigo.

-¿Y?

-No sé.

-Pues ahora es el momento ideal para perdernos.

-¿Tú te crees que podemos desaparecer de la mesa así sin más?

-¿Por qué no? Suena bien.

-Estás loco, Justin.

-Eres tú la que haces que pierda la cabeza, así que tú eres la culpable.

-Ajá, o sea, ¿ahora tengo yo la culpa?

-Sh. –me silencia situando su dedo índice sobre la comisura de mis labios. –Vamos a mi habitación.

No digo ni una palabra y lo sigo hasta que llegamos. Entra él primero así que yo me paro a  cerrar la puerta. Me apoyo en ella y cruzo mis brazos.

-Bueno, ¿y cuál es la sorpresa? –me decido a preguntarle mientras rebusca algo en su armario.

-¿Quién ha dicho que sea una sorpresa?

-Tú.

-Yo dije que te tenía que enseñar algo.

-Perdone usted. –hago una expresión curiosa elevando las cejas y resoplo.

-¿Qué te pasa? –pregunta dejando de hacer lo que estaba haciendo. Se acerca a mí despacio y cuando estamos a unos dos centímetros ríe.

-¿Qué haces? –le pregunto.

-Reírme.

-¿En serio? Pensaba que mi vista fallaba. –vaya ironía.

-Me pones demasiado cuando te enfadas.

La temperatura de mi cuerpo incrementa notablemente y seguro que aparecen unos terribles colores en mis mejillas. Le contestaría un ''tú a mí también'', pero me hago la dura. Sigo a lo mío, aunque al fin se me escapa una risa y me puede la tentación de probar de nuevo sus besos. Es algo inevitable. Me presiona contra la puerta.

-¿Sabes? -toma de mi mano y la sitúa justo en la parte izquierda de su pecho. -Llevamos muchísimos meses, días, horas, minutos, segundos... y todavía me pongo nervioso cuando estoy frente a ti. 

-Me pasa exactamente lo mismo.

-No quiero separarme de ti. -puedo percibir el brillo de sus ojos.

-Tenemos una promesa. Ahora te vas, lo sé, pero lo que no separa la distancia no lo va a separar nadie. 

-Vente conmigo. 

-No puedo, ¿y mis estudios?

-¿Y yo? ¿Y mi corazón? Necesita continuar latiendo a esa velocidad cuando tu mirada se detiene en mí. ¿Y mi sonrisa? Sin verte no es capaz de aparecer. ¿Y mi piel? Necesita el contacto de la tuya. ¿Y tus besos? No puedo continuar sin ellos. 

-No hagas que lo deje todo por ti... no hagas pensármelo dos veces.

-Lo siento.

-No lo sientas, las cosas son así. Un año, sólo es un año. Tenemos el resto de nuestros días para estar juntos, y de vez en cuando puedes hacer una escapadadita para verme. O tal vez la haga yo.

-Mel, voy a construirme una casa en California. Aquí están los planos. Esto era lo que te tenía que enseñar. –saca tras suya varios folios con algunos diseños. –Sé que es demasiado pronto, que apenas cumples los diecisiete años, pero necesito una respuesta.

-Dime. –ahora son mis latidos los que no se quedan atrás.

-¿Te vendrás a vivir conmigo?

-Por supuesto. –digo tras una larga pausa, agarrando fuerte su inicial que cuelga de mi cuello.




Entonces sellamos el pacto con un beso continuado por setecientos más. No sabría indicar la cantidad exacta de lo mucho que lo quiero. Sí, bebé, he decidido pasar el resto de mis días contigo porque te necesito cada segundo de mi vida. Que esto no se queda en un simple juego de adolescentes que se desean sin llegar a más. Te has hecho dueño de mi mente, pero no por un corto tiempo. Me gusta todo de ti, y las caricias que ahora mismo me estás dando hacen que cada vez me enamores más y más. Me gusta todo de ti. Y, por supuesto, me monto en el tren que lleva a tu corazón.




Esta novela, titulada 'Un sueño y un destino' llega a su final
y tendrá próximamente el último capítulo. 
Si me lees, haz clic aquí.

domingo, 9 de diciembre de 2012

CAPÍTULO 42.



|Narra Mel|

-Siento lo de antes. No era mi intención besar a Romi… -Me decido a decir después de darle mil vueltas a mi cabeza.

-¿Pero por qué lo has hecho?

Se pone serio y me baja de sus piernas. Yo le doy un golpe en la barriga mientras me mira extraño y cruzo mis brazos. Observo al frente aunque en una milésima de segundo le miro de reojo y vuelvo a lo de antes. Nos quedamos demasiado tiempo en silencio. Puede que tres minutos. O cuatro. Justin apoya los pies en la mesa del comedor y colocando sus brazos hacia atrás comienza a tararear una canción.

-¿Qué cantas? –Le pregunto ya que no logro descifrar de qué se trata.

-Algo. –Responde soso sin mirarme. Me gustaría leer lo que ahora mismo está pasando por su mente.

-¿Es tuya? –Sigo con la conversación.

-Sí.

-¿Cómo se llama?

-Love me like you do.

-Me gusta el título.

-La hice por ti.

Se acerca a mí y lo reconozco por el aroma de su colonia. Aspiro sin que se dé cuenta. Noto su respiración chocar contra mi oído y se produce la magia de este momento tan imprevisto. Comienza a cantar en bajito al principio y luego estabiliza un poco más su voz. Sí, está cantándome esa canción. El mensaje me deja fascinada y me hace sentir las más bonitas sensaciones.

-Que sí, que me he equivocado. –Admito y suspiro profundamente. -¿Pero sabes por qué? Porque ahí no entendía nada y me he sumergido en ese beso pensando en ti. En que eran tus labios, tu sabor. Pero he abierto los ojos y he descubierto la realidad. Tú eres inconfundible, bebé. Perdóname.

-Sabes que para mí es imposible no perdonarte.

-¿Entonces?

-Que no me pidas nunca que me separe de ti.

-No lo haré.

Me levanto y me sitúo frente al inmenso espejo que ocupa un rincón del salón. Todo ha sido como un cúmulo de flashbacks en menos de tres segundos. Ya estoy de vuelta. Vuelvo a ser la Mel de siempre. La chica tímida que de pequeña tuvo que partir de su lugar para escapar de la realidad junto con su tía. La que regresaba a él engañada. La que creció sin padre. La niña de las trencitas a la que costaba sacarle sonrisas. La que escondía la tristeza en un rincón para hacerle sentir mejor a los demás. Y ahora me miro al espejo dándome cuenta de cómo he cambiado. De que desde que lo conocí no tengo que fingir nada. De que mi felicidad empieza ahora. Ya no necesito tener la muñeca que salía en mi televisor para que se me creen esas arruguitas bajo los ojos al sonreír.  Ahora me basta con estar junto a él. Observo mi rostro detenidamente y esas arruguitas están más marcadas. Eso significa que el tiempo me ha devuelto lo que buscaba. Mi felicidad está presente hasta en mi piel. Entonces me abraza por detrás y rodea con sus brazos mi cintura. Logro ver cómo me observa a través del espejo y se me escapa una ligera risa.

-Eres preciosa… -Murmura mientras besa mi cuello poco a poco.

Coloco mis manos sobre las suyas y empiezo a sentir la electricidad recorrer por mis venas. Inclino mi cabeza hacia atrás dando paso a ser devorada por mi ''vampiro'' favorito.  Más rápido. Y una marca que cobra color. Entonces baja despacio hacia mi escote dejando un dulce rastro por cada centímetro recorrido de mi piel. Se detiene ahí y fija su mirada en mis labios. Un beso fugaz. Otro más intenso. Se separa y lame sus labios provocándome de esa manera tan suya. Pensamientos perversos recorren mi mente chocando con mis ideas y es que en este momento le haría de todo. Unos segundos después de mojar con la lengua los extremos de mi boca haciendo aumentar su deseo hacia mí tira de brazo y me acerca a él a velocidad de la luz.

-Bebé, no me dejes caer en la tentación.

-Shhhhh. –Le silencio con un beso y sonrío contra sus labios. –Te quiero.

-Yo más.

-Mientes.

-A ti nunca te mentiría.

Me dedica una sonrisa y subo rápidamente las escaleras dejándole con las ganas de probarme de nuevo.

-¿Dónde vas? –Pregunta decidido a seguirme.

Lo ignoro y continúo. Río tras tropezar en el último escalón. Me quedo en el suelo riendo boca arriba cuando sus ojos color miel chocan contra los míos.

-Qué rápido corres, bebé.

-Por ti, lo que haga falta.

Me tiende la mano como ayuda para levantarme pero lo hago yo por mí misma. Camino hacia mi habitación mientras bailo algo que me invento a medida que transcurren los segundos y enciendo la radio buscando mi emisora favorita. Se escucha el 'toc toc' de la puerta. Entonces me giro contemplando a un Justin apoyado sobre el marco de la puerta.

-¿Se puede?

-Claro.  


|Narra Justin|

Me declaro fan de sus movimientos. Comienza a bailar de una manera sensual que provoca que la desee más de lo que pueda llegar a imaginar. Me empuja despacio tirándome sobre su cama y se aleja marcando unos pasos realmente sexys. Se queda de espaldas y poco a poco va desabrochando su blusa. Esa misma a la que yo recurriría con otra táctica, desgarrarla con mis propios dientes. Sus dulces manos la lanzan al suelo delicadamente mientras espero ansioso. Se queda en sujetador tras quitarse los pantalones de una manera que me deja hipnotizado. Sus braguitas de seda doradas combinan perfectamente con su piel. Ella es perfecta en sí, para mí. Me quedo observando cada lunar de su suave piel cuando se gira de improvisto. Se acerca a mí de una manera que me pone a mil por hora. A la mierda las bajas temperaturas. Estoy caliente y perdiendo el control. Sitúa cada pierna suya al lado de las mías y la miro con detenimiento mientras escuchamos la música de fondo. Definitivamente, es preciosa.

-Cada vez me sorprendes más. –Digo. Ella se moja los labios y no responde nada. –Angelito, ¿estás preparada para volar?

-Sí.

Juraría que nunca he tenido tanto deseo por alguien. Que alguien me explique el porqué de esta maldita sensación. Me quito la camiseta lo más rápido posible y luego las demás prendas hasta quedarme completamente desnudo. Una sonrisa abunda en su cara y tengo ganas de hacerla aún más feliz. La cojo y enrolla sus piernas alrededor de mi cintura mientras de pie hacemos maravillas. No dejamos de besarnos y de vez en cuando lanza un chillido desesperado contra mi boca. Su cara de placer hace que me mueva más rápido. Me excito demasiado. Luego la presiono contra la pared y comienzo un recorrido de besos por todo su cuerpo mientras ella juega con mi pelo produciéndome escalofríos. Creo que tiene magia en su piel, en su mirada, en cada gesto. Me hace sentir el Justin de siempre. Especial. Sus labios son la tentación más grande que tengo. Escucho su respiración agitada. Alzo su barbilla y contemplo el brillo de sus ojos.

-Te amo.

Nunca me he atrevido a decirle nadie esto pero con ella me he visto la necesidad de hacerlo. Entonces sonríe, ¿por qué es tan hermosa cuando lo hace?  No puedo explicar todo lo que despierta en mí.

Acabamos en la cama enredados entre sus sábanas. No podría definir este momento con otro adjetivo que no fuera perfecto. La tengo muy cerca y puedo ver cada pequeño defecto suyo. Me encantan cada uno de ellos. Cierra los ojos, parece cansada. Acaricio su mejilla mientras en mi cara se dibuja una sonrisa. Abre los ojos a los pocos segundos.

-Justin, esto es demasiado perfecto.

-Lo sé.

-No dejemos que acabe nunca.

-No lo voy a permitir. –Digo con todo el convencimiento del mundo. -¿Sabes una cosa?

-Dime.

-No sé si eres el amor de mi vida, pero deseo que lo seas.

domingo, 25 de noviembre de 2012

CAPÍTULO 41.



|Narra Mel|

Por fin consigo separarlos y ahora caigo yo justo encima de Justin. Levanta su cabeza a dos palmos del suelo observando como Romi se va corriendo asustado. En un acto reflejo le atrapo con mi cuerpo y agarro sus manos para no dejarle salir de ahí.

-¿Qué haces? –Pregunta con la respiración agitada y haciendo muecas de dolor.

-No te vas a marchar hasta que me lo cuentes todo.

Su expresión cambia completamente al escuchar esas palabras de mi boca. Noto como su corazón comienza a latir fuertemente.

-Justin...

Entonces una caricia suya deja un dulce rastro tras un ligero recorrido por mi mejilla, transmitiéndome cosas inexplicables que yo antes le llamaba con un nombre pero que ya no recuerdo. Cierro los ojos y siento aquello mientras lanzo una sonrisa sin querer. Noto como me observa en silencio con esos ojitos color miel que se le aclaran debido al Sol. Al instante un par de coches paran en la esquina donde nos encontramos y escuchamos el ruido de las ruedas derrapando. De nuevo alza su cabeza para ver lo que sucede pero yo presiono un poco más mi cuerpo contra él. Me siento en parte poderosa. Mis nervios están comenzando a surgir y no me explico el porqué de esto. Cada vez lo tengo más cerca. 

-¿No me vas a decir nada?

-Mel, vámonos. -Dice con cierto nerviosismo.

-No hasta que no me lo cuentes. –Aclaro.

-Voy a contártelo todo, pero aquí no.

-¿Me lo prometes?

-Te lo prometo. Yo mis promesas las cumplo. -Finaliza.

Y es ahí cuando mi corazón toma la velocidad no permitida. Frena. Detente. Me entran unas ganas terribles de sellar aquel pacto con un beso. Me levanto rápidamente y le ayudo también a levantarse. Se coloca la capucha y me acerca a él tirando de mi brazo a un tiempo récord. Definitivamente, mi pulso se dispara. 

-No digas ni una palabra ni te separes de mí. ¿Entendido?

-Vale.

Trago saliva y en menos de un segundo me rodea con su brazo izquierdo mientras caminamos a un paso rápido. Decido agachar la cabeza y pasar también mi brazo por su espalda. Se para y me mira fijamente.

-Tranquila, no va a pasar nada.

Le sonrío al instante y le planto un beso en la mejilla. Entonces somos el objetivo de unos cuantos flashes de las cámaras. Esto es exactamente lo que vi por la pantalla de mi televisión. Observo cómo se acercan a nosotros los paparazzis  y nos hacen preguntas mientras Justin esconde su mano derecha en el bolsillo de su pantalón. No me gusta nada este tipo de prensa. Me quedo en silencio, como él me había dicho. Pasamos desapercibidos mientras nos siguen. Pero Justin se gira y se enfrenta a todos ellos.

-¿Podéis dejar de fotografiarnos? –Tapa con su mano el objetivo de una gran cámara y el señor que la lleva, de unos cuarenta años, se aleja un poco de él.

-Estamos trabajando. –Responde uno de ellos.

-Y yo estoy descansando, pero vosotros me interrumpís hacerlo. Respetadme.

Me coge de la mano y se gira sin esperar una respuesta por su parte. No sé cómo lo ha conseguido, pero se han marchado. La calle es toda para nosotros en menos de un minuto. Por fin avanzamos un poco más sin dejar de soltarnos y llegamos. 

Saco las llaves de mi pequeño bolsito y le hago un gesto para que me siga. Abro la puerta de casa y me aseguro de que no haya nadie.

-¿Papá? ¿Ryan?

No consigo respuesta por ninguna parte. Efectivamente, estamos solos. Lanzo un suspiro de tranquilidad y, mientras, Justin se tumba en el sofá con toda la confianza del mundo.

-Tampoco te sientas como en tu casa. –Río tomando dirección hacia el cuarto para coger el botiquín y un poco de algodón.

-Esta es como mi segunda casa desde que nací. –Dice en voz alta desde el salón para que logre escucharle.

-Bueno, pues ves poniéndote cómodo que te voy a curar. –Me acerco rápidamente a él y me hace un pequeño hueco a su lado. –Justin, ahí no quepo.

-Sí cabes. Tu trasero no es tan grande. –Me mira aguantándose la risa.

-No vayas de graciosillo. Y ni se te ocurra mirármelo.

-No, no. Si a mí me van más los tíos que las tías. –Esta vez sí estalla y yo adoro contemplar su dulce risa. -¿Me vas a curar o no? –Intenta hacerse el serio.

-Si me dejas sitio sí. –Digo mientras lo aparto un poco para poder sentarme. Él coloca sus brazos hacia atrás y apoya su cabeza en ellos. –A ver, tienes una herida aquí bajo el ojo que tiene mala pinta.

Coloco el botiquín sobre mis piernas y al abrirlo cojo una botellita de alcohol de curar.  Vuelco unas gotitas mojando el algodón y me inclino cuidadosamente para inspeccionar mejor aquella herida. Cada vez lo tengo más cerca y sigo sin resolver la duda de por qué siento escalofríos cada vez que acortamos la distancia. Mis pulsaciones aumentan sin cesar y es que mis labios se encuentran a tan solo tres centímetros de los suyos. Paso el algodón por ahí y me detengo. Mi mirada toma dirección hacia sus carnosos labios y siento de nuevo ganas de besarlos hasta quedarme sin aliento. Pero su voz me interrumpe los pensamientos.

-¿Sabes qué?

-¿Qué?

-Esta no es la primera vez que me peleo por ti. –Dice mientras aparta un mechón de pelo tras mi oreja. Yo detengo de nuevo mi mirada en sus apetecibles labios y luego le miro a los ojos. Le brillan de una manera especial. Me están trasmitiendo algo que no logro entender. Ese algo que necesito saber. 

-Quiero saber más. -No dejamos de conectar con la mirada. 

-¿Escuchas los latidos de mi corazón? 

-Sí. 

-¿Así mejor?-Apoya mi cabeza sobre su pecho y me acaricia el pelo suavemente. -Van a mil por hora porque estoy contigo.

-Por favor, continúa. -Cierro los ojos y aprieto los dientes con fuerza contra mi labio inferior intentando recordar. Intentando una vez más viajar al pasado.

-Ven aquí. -Me poso sobre sus piernas y nos quedamos cara a cara. Noto su mano en mi espalda. Mi estómago se revoluciona de una manera increíble. Rodeo mis brazos alrededor de su cuello y me muerdo los labios otra vez, en señal de desesperación.


|Narra Justin|

¿Dónde quedan esos días en que aquello era un sueño? Es que no se hace la idea de lo mucho que la deseo.  No sabe que somos uno. No sabe que estoy en la cima gracias a ella. No sabe que cuando me mira se detiene el tiempo, que me estoy resistiendo las ganas de besarla desde que sucedió el accidente. 

-Todavía sigues llevando mi inicial colgada en tu cuello. 

Aclaro. Y en el momento más inesperado sucede. Me acerca un poquito a ella y levanta mi barbilla con detenimiento. Los centímetros que nos separan pasan a ser milímetros. Roza su nariz con la mía y sonríe sin apartar su mirada de mí. Nuestros labios chocan y vuelvo a saborearlos después de tanto tiempo. Como el primer bocado del mejor helado. Un beso lento. Suave. Delicado. Preciso. Sabe tanto a ti... De nuevo toco el cielo. Cierro los ojos y vuelvo a ser yo. Su lengua toma contacto con la mía y no deja de hacer esos movimientos que tanto me gustan. Acaricia mi pelo mientras me presiona contra el respaldo del sofá. La agarro por la cintura. Se aparta lo más mínimo de mi boca y me muerde el labio inferior con dulzura. Una. Dos. Tres. Hasta cuatro veces repite eso que me vuelve tan increíblemente loco. Decido controlarme. Mel, me encantas y a este paso me encantarás siempre. Y otra vez nuestras lenguas se vuelven a unir. No te imaginas lo mucho que se echaban de menos, bebé. Un tierno beso más y nos separamos. Abro los ojos y veo cómo ella continúa con los suyos cerrados. Entonces los abre al instante y me sonríe de esa manera tan suya que logra provocarme escalofríos recorriendo todo mi cuerpo a velocidad de la luz. A continuación pasa su dedo índice por la comisura de mis labios y se acerca a ellos lentamente susurrando algo que no logro entender. Me arrebata un poco de aire con ese beso que me deja sin aliento. Pero por mí que lo volviera a repetir unas cien veces más. Se aleja un poco de nuevo y clava su mirada en mis ojos. No podría definir a qué sabe este momento. La más bonita sensación. 

Creo que nuestras miradas logran hablar por sí solas como lo hacían antes. Nos quedamos en silencio, observándonos. 

-Te he echado mucho de menos. -Susurro contra su boca. 

-Yo también te he echado de menos, bebé.

Entonces es ahí cuando me doy cuenta de que no hay una batalla perdida. De que quien lo sigue lo consigue. Voy a luchar por conseguir ese siempre que prometimos. Lucharé. Porque cuando tú estés débil, seré yo el que lo haga por los dos. Parece ser que ya recuerdas. Eres tú, bebé. Eres la chica de la que me he enamorado perdidamente. La que me quita el sueño porque prefiero vivir en la pura realidad si estoy a su lado. La que se ha hecho dueña de mi mente sin saberlo. 

-Tengo infinitas ganas de ti. -Cierra los ojos y los abre despacio como si estuviera asimilando todo. Posa sus brazos alrededor de mi cuello. La acerco un poco más por la cintura. La punta de su nariz roza con la mía.

-Vamos a recuperar el tiempo perdido. -Digo depositándole un beso corto en los labios. -¿Empezamos de cero?

-No, no me gusta como suena. Es como si quisiéramos borrar el pasado. Empecemos con un para siempre.