{Un año después}
|Narra Mel|
Me despierto tras ese sueño en el que no soltaba tu mano ni
un instante. Ha pasado tanto tiempo sin verte que si no fuera porque conservo
ese frasco de tu colonia no recordaría apenas tu aroma. Ese que tanto me
enamoraba cada vez que te acercabas a mí. Extiendo mi brazo izquierdo por las
sábanas y no te encuentro. Me haces tanta falta… Todavía me cuesta asimilar que
no estás a mi lado. Pero lo peor de todo es que te hablo como si estuvieras
aquí acariciando mi mejilla, dibujando círculos perfectos con las yemas de tus
dedos pegadas a mi piel.
Distancia. Lo único que nos separa. Podrá evitar que no
duerma a tu lado, pero no puede impedir que sueñe contigo. Tampoco podré
abrazarte siempre que quiera, pero podré pensar en ti. También evitará el oler
a ti después de cada abrazo, pero eso hará que el próximo sea aún más único y
especial. Quiero tumbar estos kilómetros que nos separan y poder ver tu sonrisa
esperándome junto con ese brillo de ojos color miel que te caracteriza. Poder
ir corriendo a sumergirme en tus brazos que están ansiosos por refugiarme en
ellos. Sólo espero que no hayas cambiado a pesar de ser famoso. Que sigas
siendo el mismo chico del que me enamoré y sigo enamorada. Porque no te has
marchado ni un segundo de mi mente, porque tampoco se ha cerrado el espacio que
ocupas en mi corazón. Y me pregunto qué soy sin ti. Nada. Una chica más en este
inmenso mundo.
¿Qué estarás haciendo ahora mismo? ¿Con quién andas? No
separo el móvil de mi mano porque necesito tener noticias tuyas siempre y
cuando te escapas apenas unos minutos para llamarme. Al menos escucho tu voz y
ese es el oxigeno que necesito para el resto del día. Te has convertido en mi
completa vida.
Llaman a mi puerta.
-Pasa. –digo con la voz todavía un poco cansada.
Escondo la cabeza en mi almohada y alguien me acaricia el
pelo. Noto cómo se sienta a mi lado y lanza un suspiro. Seguro que es papá. Me
vendrá a preguntar qué tal estoy.
-Mi niña, ¿hoy te sientes mejor? –acerté.
-Sí… -resoplo. Cambio de posición y me estiro mientras de mi
boca escapa un ligero bostezo.
-No me mientas.
-No, no estoy bien papá. ¿Cómo iba a estarlo si no tengo a
mi lado a lo que más necesito?
-Mira, confío en él, y sé que pronto va a volver.
-Pero se marchará de nuevo. –no recibo ninguna respuesta.
-¿Y si encuentra a alguna mejor que yo?
-Ninguna le va a querer más que tú. Ninguna vale más. Él te
ha elegido a ti, Mel.
-Las cosas han cambiado tanto…
-Así es la vida.
-Pues yo quiero cambiar esas reglas que tiene. Papá, ¿crees
que podremos llevar una vida normal?
-Por supuesto, cielo.
Me planta un beso en el hombro y se va. Salgo poco a poco de
mi cama como si tuviera miedo a lo que se encuentra en el exterior. Camino
descalza hacia el espejo y me observo totalmente despeinada con su camiseta que
me llega muy por encima de las rodillas pero me cubre la ropa interior. Sigue
permaneciendo su olor. Me la quito, la deposito sobre la pila del baño y me
adentro en la ducha. Me falta algo en este preciso instante. Enrollo la toalla
pequeña en mi pelo y me coloco el albornoz. Voy en dirección a mi armario
buscando ropa nueva cuando escucho un ruido. Me giro. Bah, no será nada. Otra
vez. ¡Maldito! ¿Qué será? Vaya, está comenzando a llover. Parece además que se
avecina una tormenta. De esas a las que tanto temo. Sí, les tengo mucho miedo. Decido
calmarme con su música. Al menos esto me animará. Pongo el disco en el
reproductor y me despejo un poco. Entro en twitter y reviso por decimoquinta vez
sus publicaciones. Vaya, nada nuevo. ¿Qué hago ahora? ¿Le llamo? ¿Y si no puede
hablar conmigo unos pocos minutos? Eso me sentaría peor.
Preparo mi maleta, pues me voy a pasar unos días cuidando a
Jazzy y Jaxon. El señor Bieber, Jeremy, me espera bajo con el coche así que decido
darme prisa. Después de colocarme una blusa blanca con un conjunto vaquero, me
maquillo lo mínimo y lista. Por último, pego un trago al zumo que me ha
preparado papá y me despido de todos.
-Buenos días. –digo abriendo el maletero e introduciendo mis
cosas en él.
-¿Qué tal todo, Mel? –sonríe Jeremy.
-Bien… -resoplo. Al fin y al cabo lo único que me faltaba
era su hijo. -¿y vosotros?
-Muy bien, los niños están encantados al ver a su hermano en
la pantalla del televisor.
-La verdad es que es un poco extraño todo esto. –digo
acomodándome en el asiento del copiloto.
-Sí, pero mientras él sea feliz…
-Tienes mucha razón. –le sonrío y me abrocho el cinturón.
-Bueno, ¿listos para salir, chicos? –pregunta con un tono
divertido.
-¡Sí! –gritan al unísono los pequeños, divertidos.
-Pues en marcha.
El viaje duró unas tres horas largas. Conecté mis
auriculares en el iPod y comencé a escuchar música durante todo el trayecto. De
vez en cuando se me cerraban los ojos mientras mi cabeza estaba apoyada en el
cristal de la ventana, pero al fin vencía la batalla al sueño. También miraba
por el pequeño espejo retrovisor a Jazzy que parece que sí perdió y cayó
rendida. Parecía un angelito durmiendo, justo como su hermano mayor. Jaxon
balbuceaba cosas sin sentido y se me escapaban algunas breves risitas bajo la
mirada desconcertante de su padre. Al fin llegamos.
-Ya estamos, quien llegue antes a casa se gana una
chocolatina. ¡¡Correr chicos!!
Bajo para descargar mis cosas y distingo a lo lejos dos personitas
correteando. El señor Bieber me ayuda con lo mío encantado de hacerlo. Tras un
caminito nos situamos frente a la inmensa casa.
-He ganado yo. –discute Jazzy.
-No. Mentirosa. –reniega Jaxon.
-Tranquilos, hay chocolatinas para los dos si os portáis bien.
-¡Toma! –exclama la pequeña abrazando a su hermanito.
-Mel, ¿qué te parece si organizamos tu cuarto y luego das
una vuelta por los alrededores? Me dijo Justin que te gustó mucho esto.
-Me parece perfecto. Efectivamente, es un lugar precioso.
|Narra Justin|
Aquí me encuentro en la grabación de mi primer videoclip. La
palabra ilusionado en este momento se queda corta. La modelo se acerca
provocadora a mí con una mirada de deseo cuando yo la agarro por la cintura. Se
voltea y bajo hasta la punta de mi nariz las gafas de sol de una manera
bastante sexy. Me apoyo en el coche y deslizo mis manos por su cabello. A
continuación me coge de la barbilla y a penas a unos pocos centímetros de
distancia se muerde los labios. Me acuerdo de ti, bebé. Fin de la escena.
-¿Qué tal he estado? –pregunto a Scoot.
-Siempre se puede mejorar.
-En esto nadie me gana. Soy un buen ligón.
Se ríe y se para a hablar con el director. Saco el móvil del
bolsillo de la cazadora negra de cuero que llevo puesta.
‘Nuevo videoclip rodado. Alucinante, pero no te pongas
celosa, ni las modelos están a tu altura. Cada vez te echo más de menos. Estoy
deseando escaparme y robarte mil besos. Te quiero muchísimo, bebé.’
Mensaje enviado y ya me siento más satisfecho. Camino
dirigiéndome a mi coche que tengo aparcado en la parte trasera del estudio.
Silbo a Scoot pero no me escucha. Otro silbido. Otro. Definitivamente, está
sordo. Al fin me escucha.
-¿Qué quieres? –me pregunta como si yo fuera el tío más
cansino de este mundo.
-Se me acaba de ocurrir una idea.
-Sorpréndeme.
-Mi padre vive aquí cerca, ¿qué tal si le hago una visita?
Llevo bastante tiempo sin ver a mi familia. Por una escapadita no pasará nada.
-¿Pero…?
-Iré yo solo. No me va a pasar nada.
-Tú mismo sabes a lo que te enfrentas. Si te descubre
alguien ya no hay vuelta atrás.
-Venga, está a tan sólo media hora. Nadie me va a descubrir,
voy en coche, y allí no hay ningún paparazzi.
-Estás loco.
-Gracias. Mañana te llamo.
Subo a mi coche y me paro unos segundos a pensar antes de
ponerlo en marcha. Voy a darles una sorpresa. Decidido. No les voy a decir
nada. Arranco e introduzco mi cd en el dispositivo.
-¡Adiós! –me despido con la mano a través de mi ventanilla.
Al fin me encuentro solo. Es muy difícil estar así en mi
nueva vida. Muchas veces necesito desconectar, pero no puedo, porque eso
significa apartarme también un poco de mis fans, a las cuales estaré
infinitamente agradecido ya que gracias a ellas estoy donde estoy.
Es raro, pues todavía nadie se ha dado cuenta de que ''Justin Bieber'' se encuentra dentro de este vehículo. Plena autopista. Giro
bruscamente hacia la izquierda y ya reconozco el camino que lleva a casa de
papá. Aquí nadie me va a descubrir, es un sitio perdido en el monte que pocas
personas saben que existe. Sería un lugar adecuado para componer mis propias
canciones. Papá, ves tomando nota. Doy un último giro y freno bruscamente.
Miles de recuerdos invaden mi mente. Me hubiera gustado que estuvieras aquí
para recorrer a besos cada milímetro de tu piel como aquel día. Me haces mucha
falta. Nuestro lago, lo tengo ahora mismo a mis pies. Me acerco decidido y rozo
el agua con la punta de mis dedos. Está fría. Miro al cielo. Las nubes están de
un color rosado. Necesito vivir otro amanecer contigo. Camino cabizbajo hasta mi
coche para coger mi libreta en la que anoto las más bonitas composiciones sobre
ti. No lo sabes, pero, bebé, la mayoría de las canciones que hago están
inspiradas en lo que me haces sentir. Visualizo una roca grande al fondo entre
varios árboles y lo encuentro adecuado para ponerme a escribir. Mis manos
podría decirse que van solas pues estoy donde hicimos magia juntos. Escribo.
Escribo demasiado. Miro a mi reloj y no soy consciente de que ya ha pasado una
hora. Entonces percibo a lo lejos tu aroma. Esto me está volviendo loco. Alzo la vista y logro ver
dibujada su silueta a unos pocos metros. Cierro los ojos. Vuelvo a abrirlos. No
puede ser. Estoy loco, definitivamente. Parece ser ella. Es ella. La conozco
perfectamente y ninguna se le puede comparar. Se desprende de su coleta y deja
caer su melena mientras el viento la menea con dulzura. A medida que voy
avanzando hacia ella mi corazón late más y más fuerte. Está de espaldas y no
consigue verme. Me paro justo detrás suya. Mi respiración chocando contra su
cuello.
-Bebé…
Se gira despacio. Me detengo a examinar su rostro. Está
mucho más guapa, pensaba que era imposible pero… es así.
-Estás preciosa. –susurro acercándola poco a poco hacia a mí.
Ella todavía no asimila que esté justo delante suya. Lo noto en su mirada.
Nuestros corazones laten al compás.
-Justin… ¿qué haces aquí? ¿Cómo me has encontrado?
-Lo nuestro se llama destino. Vine aquí para despejarme un
poco.
-Des… destino. –murmura mientras acaricia mi mejilla
provocando escalofríos por todo mi cuerpo.
-Sí…
Rompemos la poca distancia que nos separa y cerramos los
ojos para sumergirnos en el más especial de los besos. Me siento el chico más
afortunado del mundo. Rodea sus brazos en mi cuello y se pone un poquito de
puntillas. Separamos nuestros labios despacio a la vez que sonreímos. Estoy
nervioso y parece que pronto mis piernas vayan a desestabilizarse. No consigo
pronunciar ni una palabra. Me enloqueces. Me enseñas a querer como se quiere de
verdad. Vuelves a sonreír y a mí me enamoras más. Adoro cada una de las
arruguitas que salen bajo tus ojos al hacerlo. Amo cada rasgo de tu piel como
nunca he amado a otra cosa. Ojalá leyeras mi mente y sabrías que no te quiero
perder nunca. Nunca.
-Te amo. –dice mientras choca sus labios contra los míos sin
parar. –Te amo.
Te amo. Te amo. Te amo. Te…
-…he echado de menos, y no me voy a separar más de ti. Lo
juro. –agacha la mirada y le beso en la frente.
-Me haces sentirme tan… especial.
-Lo que eres, bebé. Ven.
|Narrador|
Se pierden juntos como ellos desean entre el centenar de
árboles que les rodean. Sus pulsaciones se disparan cada vez que sus pieles se
vuelven una y se van robando el corazón poquito a poco. ¿Ella? Se siente
protegida, querida, diferente, segura de sí misma. ¿Él? Enamorado hasta las
trancas, como se suele decir. Renunciaría a muchas cosas por ella, por hacerla
más feliz. Juegan a no perderse, a abrazarse fuerte, a decirse los ‘te quiero’
más verdaderos. Se han imaginado tantas noches solitarias cerca y ahora se
tienen ahí cara a cara. El tiempo está a su favor, hoy. Quieren tenerse cerca
cada segundo de esta vida, quieren besarse hasta quedarse sin respiración. Entonces
sucede, comienza a llover y de la mano corren hacia el coche de él como si
fueran dos niños pequeños tratando de jugar a ver quién llega antes. Ha llegado la hora de
que le muestre todo lo que tiene preparado.
-¿Dónde vamos? –pregunta ella con la respiración agitada
mientras él pone las manos en el volante y arranca deprisa.
-A un lugar secreto.
-Justin…
-¿Qué?
-Me encantas.
Viven de improvisaciones. Ella se detiene a contemplar las
gotitas que se deslizan por el cristal a toda velocidad y él la observa de vez
en cuando sin que se dé cuenta. Están locos de amor. En silencio se dicen todo
lo que se desean. Todo lo que se necesitan. En unos 10 minutos llegan al
destino tan esperado.
-Espera.
Justin le venda los ojos dándole un toque de
curiosidad a la situación.
Le ayuda a bajar del coche y de la mano caminan hacia
lo que él le tiene preparado. Una pequeña cabaña de madera justo al lado del
comienzo del lago que tanto significa para ellos. Él lo decoró todo. Sólo
dispone de una cocinita que parece de muñecas, una habitación con su
correspondiente servicio y un salón rústico con las mejores vistas. Demasiado
acogedor y romántico. Invirtió tiempo y dinero mientras que se mantenían alejados con las esperanzas de recuperar cada segundo perdido. Le
guía hacia la entrada y se detienen justo ahí. Le da un beso húmedo en los
labios y poco a poco le quita la venda dejándole sorprendida a más no poder.
-E… est… esto… -tartamudea.
-Esto es nuestro. De los dos. Nuestro rincón especial. Aquí
te entregaré un pedacito de mi corazón cada vez que nos besemos. Aquí se harán
realidad esos sueños que nos quedan por cumplir juntos. Aquí crearemos la magia
que tanto deseamos. Aquí sólo existiremos tú y yo, porque sólo nosotros tenemos
el récord del mundo en querernos. Está permitido perderse entre las sábanas
cada vez que hagamos el amor, robarnos caricias, hacer locuras cuando nos
apetezca, darnos los buenos días al despertar juntos, hacernos cosquillas hasta
morir de risa. Contemplaremos juntos cada una de las estrellas del cielo,
mientras salimos adelante a pesar de los problemas. Te haré reír cada vez que
te enfades y te llamaré ''tonta'' cuando en realidad seas lo que más ame en
este mundo. Bailaremos bajo la Luna cada tema que te he compuesto. No sé
describir lo que me haces sentir, sólo te digo que me haces feliz.
-Acepto. –contesta nerviosa y se muerde los labios debido a
ello. –Acepto porque no aguanto un puto día más sin ti.
-Entonces que comience el juego. Pero antes de esto, -le
coloco de nuevo la venda. Giro la bola del mundo que se sitúa a nuestro lado.
–tú vas a decidir cuál es nuestro próximo destino.
Se le escapa una ligera risa y sitúa la yema de su dedo
sobre un punto sorpresa. Tengo un nudo en la barriga que apenas me deja respirar
tranquilo.
-¿Y? –pregunta curiosa.
-Bebé, nos vamos a California. Pero ese podría ser un pequeño paso para recorrer todo el mundo juntos.
FIN.
-------------------------------------------
Espero que os haya gustado aunque sea un poco mi novela.
Esto es sólo el comienzo de muchas más
que me gustaría crear y sobretodo que me leyerais.
Sé que tengo que mejorar muchas cosas.
Gracias por vuestros comentarios, y demás.
Si estáis dispuestas, pretendo haceros desconectar más del mundo
sólo si queréis.
Me gustaría que me dierais vuestra opinión mencionándome
en mi twitter.
Un beso muy fuerte.

