Tu rastro.

miércoles, 30 de octubre de 2013

''Improbable Dirección'' Capítulo 36.


|Narra _____|

Me he despertado con una sonrisa permanente en mis labios difícil de esquivar y he sido capaz de soportarla toda la mañana. Estoy sorprendida. Justin y yo estamos llevando mejor de lo esperado esto de evitarnos, tanto que hemos fingido una gran discusión tras un debate, aparentemente pacífico, de Filosofía. La profesora nos quería echar de clase y todo, pero de alguna manera incomprensible la hemos convencido para que olvidara todo y empezar de cero. Después el muy gracioso, nótese la ironía, me ha puesto la zancadilla y casi caigo de morros al suelo, tras esto le he lanzado una mirada fugaz de esas que hablan en un idioma asesino. Será imbécil, pero le quiero. Y este querer se está volviendo fuerte poco a poco.

Me llevo el lápiz a la boca y bajo mi mirada a la hoja en blanco. Mmm... este problema de matemáticas es complicado. Mi cabeza da vueltas buscando una solución que parece estar jugando al escondite o algo así porque no la encuentro por ningún lado. Y cuando trato de concentrarme, una mano fría y de piel suave se posa sobre la mía.

-¿Qué quieres, Vann?
-Qué simpática, Blair.

Tuerzo mi sonrisa y mi amiga me mira arqueando su fina ceja.

-No estaba hablando enserio. –aclara tirando su pelo hacia atrás cual anuncio de champú.
-Trataba de hacer el ejercicio. –comento. -¿Qué querías?
-Vamos a la fiesta de esta noche.
-No, de ninguna manera.
-¡Va a ir todo el mundo!
-¿Y qué? No me gustan esas cosas.
-No es una fiesta oficial, tan solo una concentración de gente que se quiere divertir y pasar un buen rato.
-Pues bien por ellos.
-¡_____! ¡Necesitas salir y despejarte un rato!
-Bueno, tanto como necesitarlo…
-Sabes que sí, nena. ¡Yo quiero ir esta noche y emborracharme! ¡Y contigo! –exclama.
-No me convence mucho. Además, yo no bebo. –añado negando con la cabeza.
-Eres una aburrida.
-De eso nada. Lo más probable es que tengamos conceptos diferentes de diversión.
-Qué rara eres a veces, Blair.
-¿A veces? –carcajeo.
-Bueno no, siempre. –dice encogiéndose de hombros. –Pero te quiero así.
-Ohhhhhh. –murmuro poniendo una cara tierna.
-Ahora mismo te daría un abrazo, pero hasta que no te convenza no te lo daré.
-Entonces ya puedes esperar una eternidad.
-Blair, tú y yo sabemos que eso no será así.

Esbozo un suspiro de frustración. Quizás tenga razón. Últimamente me dejo mucho llevar y se me da fenomenal eso de llevar la contraria a mi cabeza. Es algo así como Corazón 1 – 0 Cabeza. Y ese es mi marcador actualmente.

Frunzo mi ceño y vuelvo a bajar mi mirada hacia el maldito problema de matemáticas escrito en mi libreta. Hago unos cuantos cálculos con mi calculadora y los anoto en lápiz para luego borrarlos ya que no me convencen mucho.

Vuelvo a mis pensamientos locos. Una fiesta. ¿Dará bien la multiplicación? Creo que confundido los términos. ¿Irá todo el mundo menos yo? ¿Y si pasa algo interesante? ¿Y si realmente puedo divertirme? No puedo hacer la raíz cuadrada de un número negativo. Me atormento yo misma.

-¡_____! ¿Qué haces aún sentada? –dice Vanessa moviendo angustiosamente mis hombros.
-¿Qué?

Miro a mi alrededor y todo el mundo ha desaparecido menos una chica bastante alta que recoge sus cosas del pupitre y las mete en su mochila color rosa pálido.

-Ha sonado ya el timbre, ¿a qué esperas?

Me encojo de hombros y en unos pocos segundos abandonamos la clase.

|Narra Justin|

-¿No vienes, bro?
-No, Ryan, no me esperéis.

Mi amigo me mira con una expresión extraña y yo empiezo a reír.

-Tío, ¿con quién has quedado? –me pregunta elevando una ceja confuso.
-Con nadie. –carcajeo moviendo mi cabeza.
-Mentira, ya tienes que quedar con una tía que esté muy buena como para que te quedes con esa cara esperándola a la salida.
-Eres un idiota, tío. –vuelvo a reír.
-¿Es _____? –pregunta apuntándome con el dedo. Me quedo callado en forma de respuesta. –Pero si…
-Ahórrate los comentarios.
-¿De verdad es ella?
-Sí. –afirmo conciso.
-Te gusta de verdad, no lo puedo creer. –dice con una mano cubriendo su boca.
-¿Hay algo malo en ello? ¿Te atormenta o qué? –doy un paso mientras la expresión de mi cara es seria.
-No, no…
–Entonces vete y no digas nada. –digo advirtiéndole con la mirada.
-Claro, bro. –Ryan hace un gesto pasando su mano por su boca sellando el pacto. –Luego hablamos.

Me apoyo en la taquilla de _____ sabiendo que vendrá en… 2 minutos aproximadamente. Ahora estará recogiendo y Vanessa la estará esperando con los brazos cruzados mientras refunfuña bajito maldiciendo lo mucho que tarda.

Muevo mis piernas nervioso. Joder, ¿por qué me pasan estas cosas tan raras? Aún me sigo sorprendiendo. Miro el reloj de mi mano izquierda. 1 minuto. Segundos. Alzo mi mirada y por ahí viene. La localizo al final del pasillo acercándose a un paso acelerado mientras sonríe a lo que acaba de susurrarle su amiga al oído. Ahora me mira. Seguro que cuchichean sobre mí.
Cruzo mis brazos y me acomodo más sobre su taquilla. _____ se para frente a mí y nuestras miradas chocan peligrosamente.

-¿Qué haces ahí? –pregunta riendo. Joder, su risa.
-¿Qué te parece que hago aquí? –esta vez carcajeo yo vacilante.
-No lo sé, pero me preguntaba si podrías despegar tu espalda de mi taquilla. –dice señalándome con su dedo índice.
-Bueno, yo me voy al campus. –dice Vanessa plantando un beso en la mejilla de mi chica. –Luego te veo.
-¿De mí ya no te despides, Vanessa? –vacilo carcajeando.

Ella se ríe y nos abandona, dejándonos solos. _____ me mira fingiendo una sonrisa con los brazos cruzados y apoyando su peso a un lado.

-Estaba bromeando, nena. No te lo tomes enserio.

Ella me mira sin pronunciar palabra. Yo mojo mis labios y recorro su mejilla con mi pulgar mientras mis ojos se pierden en los suyos en cuestión de segundos.

-Me gusta cuando te pones celosa. –susurro cada vez más cerca de sus labios. –Y yo sé que a ti te gusta cuando me comporto como un estúpido.
-¿Por qué piensas eso? –murmura con la voz tan frágil que parece que se va a romper.
-Porque me conociste así y fue como me gané tu corazón, por mucho que quisieras esquivarme.

Se sonroja. Lo consigo. Sonrío y beso sus labios tímidamente. La agarro por la cintura y le dedico unos cuantos besos más. Nada se compara a esto. Instintivamente mis manos andan vagabundas por su trasero mientras profundizamos el beso y ella se eleva más hacia arriba, apoyándose en la punta de sus zapatos.

Caminamos sin despegar nuestros labios hasta que su espalda estampa contra la pared. Sonríe traviesa mirándome con deseo y yo… joder, me es muy difícil contenerme. La beso con más pasión, como si estuviera sediento de su saliva. Como si nada en el mundo me llenara más. Y quizás sea eso. Nadie me hace sentir mejor. Rozo mi lengua con la suya, la araño y la arrastro a mí. Sus manos empiezan a caminar por mi corbata del uniforme estirando de ella tras cada beso. Y… nadie se hace una idea de lo caliente que me pone eso. Me quedo quieto mirándola con una ceja elevada y se detiene.

-¿Qué haces?
-Mirar lo bonita que eres.
-No hace falta que mientas, con que me quieras me sobra.
-¿Y si te quiero tanto que sobra?
-Eso no va a pasar.
-Nunca se sabe lo que nos tiene preparado el destino, nena.

Sonríe débilmente y detengo su sonrisa al lanzarme a sus labios. La beso. Nuestras lenguas pelean, pero como siempre, acabo coronándome y ella se rinde. Y es que joder, soy el mejor en esto.

Nos separamos un poco para coger aire. Abre la boca para decir algo y aprovecho para continuar jugando introduciendo mi lengua en su boca sin pedir permiso. Eso le gusta. Eso le pone. Pero no más que a mí. Un beso corto. Después uno más largo. Otro dulce y otro sabor a ''quiero más''. Y sus manos bajan por mi abdomen mientras las mías suben por sus caderas. Si le pusiéramos ritmo, crearíamos una bonita sinfonía.

Mis venas se inundan de euforia y entre beso y beso se me escapan unos cuantos gemidos ahogados en su boca. Bajo mis manos y toco la piel de sus muslos como si de seda se tratara. Es dulce y fina. En un impulso la tengo sujeta en mis brazos y nuestros miembros están muy cerca… La estampo contra la pared de nuevo acorralándola, haciéndole saber que no tiene escapatoria y que si nos escapamos, nos escapamos juntos. Todo su peso se concentra en mis musculados brazos y todo el calor se reúne en un único punto, mi parte baja. Ya estoy duro y me olvido de dónde estamos y de todos los porqués que existen. Entonces sus manos como locas masajean mi cuello traviesas, las mías ahora sienten su piel. Atrapo su labio inferior entre mis dientes y lo mordisqueo varias veces. Tres. Cuatro. O quizás cinco. Hasta que se vuelven rojos. Muy rojos. Y arden. Como yo. Como nuestros corazones. Como el fuego difícil de apagar. Entonces decido bajar beso a beso por su cuello, regalándole mordiscos. Unos tiernos, otros salvajes. Pero todos llevan puesta la etiqueta de ''peligroso''. Encima tengo que añadir que está en letra mayúscula y roja para que sea bien visto. Y es que el control es una de las cosas que carezco cuando tu piel y mi piel parecen estar cosidas de lo cerca que se encuentran. Y succiono. Vuelvo a marcar tu cuello. Deslizo mi lengua por las marcas una vez realizadas y sé que te mueres de placer. Pero no sabes lo que te queda por sentir, no te haces ni la más mínima idea de lo que puedo hacer contigo.

|Narra _____|

Hace calor. O no. A lo mejor soy yo. Y él. Somos los dos.

-Justin… -digo jugando con mis dedos por su pecho. –estamos en el pasillo de la universidad y…
-Y tienes miedo a que nos vean.
-No… bueno, sí. Aunque no del todo…
-¿Qué quieres decir, nena?
-Que quiero seguir esto, pero no aquí.

Justin ríe y se rasca la nuca intentando anular la sonrisa que se ha apoderado de sus labios.

-No tienes ni una idea de lo peligroso que es lo que acabas de decir. –susurra acercándose a mí mientras mastica su labio.
-¿Del 1 al 10 cuánto?
-Un 200.
-Eso es mucho.
-Nada es mucho cuando somos tú y yo, bicho.

Me suelta de sus brazos y toco el suelo con la punta de mis zapatos aunque estoy rozando el cielo. Tira de mi mano y corremos por el pasillo como dos niños pequeños en busca del tesoro perdido. Añoraba esta sensación.

-¿Dónde vamos, Justin?
-No lo sé.

Y la verdad es que tampoco me importa mientras no suelte mi mano.

-Espera. –digo con la respiración entrecortada y el corazón a cien por segundo.

Me apoyo en la pared buscando algo de oxigeno mientras mi pecho sube y baja a velocidades de infarto. Justin me mira con una ceja elevada y después tira de sus labios formando una sonrisa.

-¿Tan pronto te cansas, Blair?
-No, pero estoy tratando de que no me entre un infarto.

Él carcajea vacilante como siempre y se aproxima a mí con las manos ancladas en sus bolsillos y su peculiar andar de chulo prepotente.

-Tienes las mejillas coloradas. –comenta deslizando su pulgar por ahí, y luego lo lleva a mis labios. –Me dan ganas de devorarlas, ¿sabes?

Me sonrojo y me muerdo el labio sin querer.

-Y no te muerdas el labio, que ya me encargo yo de hacerlo.

Dicho y hecho. Se lanza a mi boca sin problemas tirando de mi cintura y pegando su cuerpo al mío. Y me besa. Y me muerde. Y me saborea. Y me hace sentir lo que nadie nunca había conseguido, subirme al pico de la montaña más alta y ver las nubes bajo de mí. Yo estoy en la cima. Estamos en la cima. Y no bajamos. Ahora lo único que bajan son sus manos hacia mi trasero. Y aprieta. Y joder, suspiro pesadamente en su boca. Pero siguen los besos. Esto es difícil de parar. Es algo así como cuando estás escuchando tu canción favorita y no deseas que llegue el final. Y si llega, pues pulsemos replay y comencemos de nuevo.

El timbre suena rebotando en nuestros oídos, arruinando por completo el momento. Joder. Maldita sea. Pero Justin continúa con los besos y enseguida me aparto un poco esquivando su boca que acaba estampada en mi mejilla.

-Ya, nene.
-Es que… -vuelve a morderme el labio y lo estira con dulzura. –me enganchas.
-Eso no es mi culpa. –digo torciendo mis labios. –Haberte fijado en otra.
-Yo no quería fijarme en ti. –me roba un beso rápido y ríe solo. –Lo sabes.
-Ni yo en ti, estúpido. –añado frunciendo mi ceño. Él vuelve a carcajear.
-Nena, la primera vez que me viste se te cayó la baba.
-Eres un creído.
-Al menos no miento como tú. –dice Justin burlón con una sonrisa. –Mi madre tuvo que fregar el suelo porque cada paso que dabas babeabas por mí, no lo niegues.
-Estúpido. –carcajeo empujándolo débilmente hacia atrás.

Giro mi mirada y distingo a varias personas que se acercan a nosotros. Le dedico a Justin una mirada que sabe interpretar bastante bien y hace una mueca triste. Nadie nos puede ver. Me encojo de hombros y hago una mueca bastante similar a la suya. También me ha entendido. Nos tenemos que alejar antes de que toda esa multitud se encuentre más cerca. Cierro mis ojos unos segundos y suspiro profundamente. Los abro y Justin ya no está. Ha desaparecido demasiado rápido, vaya, sí que se lo está tomando enserio. Una sonrisa aparece en mi cara tras el pensamiento. Pestañeo varias veces y decidida comienzo a avanzar hacia la clase correspondiente. Escucho algún que otro murmullo detrás de mí y decido pasar totalmente desapercibida.

Subo las escaleras y trato de buscar mi clase, cuando de repente una mano tira de mi brazo y mi corazón se detiene. Desconocía este lugar completamente. Es una especie de cuartito oscuro con unas escaleras que llevan Dios sabe a dónde.

-Me has asustado.

Justin se ríe y acaricia mis mejillas tiernamente.

-Has desaparecido sin más. –comento mientras me pierdo en sus ojos que a pesar de la escasa luz logro percibir bien.
-Tenía prisa. –dice mojando sus labios y después presionándolos suavemente contra los míos.
-¿Prisa? –pregunto elevando una ceja. Él carcajea.
-Sí. –dice mientras deja pequeños besos por mi barbilla.
-¿Por qué?
-¿No lo ves? Por besarte.

Silencio. Acopla sus manos en mis mejillas. Nuestras miradas conectan.

-¿Cuándo podremos dejarnos ver?
-No lo sé, Justin. Pero ojalá sea pronto…
-¿Sarah te amenazó?

Su pregunta me deja sorprendida. Trago saliva despacio conteniendo las lágrimas que quieren salir al exterior.

-----------------------

No sabéis lo que me alegran/inspiran/encantan vuestros comentarios.

Y bueno...
Lo más probable es que este domingo suba el siguiente.

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.

domingo, 13 de octubre de 2013

''Improbable Dirección'' Capítulo 35.


|Narra _____|

Llegamos a casa. Justin deposita las llaves sobre la mesita del recibidor tras abrir la puerta. Ahora la cierro yo y doy unos pocos pasos acercándome a él que me mira sin descaro alguno. Su mirada realiza un escáner por mis piernas desnudas, llega a mi falda de cuadros del uniforme y se detiene en mis labios.

-¿Qué?
-Nada.

Y esas son las únicas palabras que nos dirigimos antes de llegar a la cocina. Yo comienzo a prepararme un vaso de leche para beberlo antes de irme a dormir y cuando me percato Justin ya no está. Resoplo y saco el vaso del microondas para segundos después beber un sorbo y quemarme toda la lengua. Argggg. ¡Quema! Agito mis manos en  acto reflejo y escucho de repente una risa débil y frágil detrás de mí.

-Ves con cuidado, nena.

Justin carcajea y yo le miro elevando una ceja. Él da un paso hacia delante recortando la distancia que nos separa y los nervios empiezan a fluir en mí.

-Y no montes escándalo que están durmiendo. –dice acoplando sus manos en sus bolsillos.
-¿Tan pronto?
-No es pronto…
-Ah.

Me giro y acabo de beberme la leche ahora ya un poco más fría. Menos mal. Deposito el vaso en la pila y lo friego. Después me seco las manos y mientras lo hago noto unas manos envolver mi cintura y una cabeza asoma de repente justo al lado de la mía.

-¿Sigues molesta?
-N…sí. –dudo yo misma. Escucho su risa de inmediato cerca de mi oído.
-Ibas a decir que no. –susurra rozando con su nariz la piel que va hacia mi cuello. –Pero te quieres hacer la dura.
-No soy tan débil como crees. –murmuro mientras mis pulsaciones aumentan notablemente.
-Yo no creo eso… -dice en voz baja y ronca. Suena irresistible y…
-Entonces no digas lo que no crees. –musito. Él me rodea  más fuerte por detrás y yo consigo alcanzar la decimocuarta estrella.
-No puedo estar enfadado contigo y tú no puedes estar enfadada conmigo, así que… -con una mano ondula mi pelo y con la otra me gira por la cintura haciendo que nos quedemos cara a cara. –es hora de reconciliarse como es debido.

No me preguntéis cómo pero noto una explosión en mi entrepierna. Su voz es sexy y su mirada pícara me tienta demasiado. Joder, es mi perdición. Antes sentía debilidad por el chocolate caliente, por el olor de las páginas de un nuevo libro o por las risas con papá a la madrugada, ¿y ahora? Ahora mi debilidad lleva tu nombre escrito en mayúscula y en cursiva a tamaño gigante.

-Pero antes quiero que me cuentes qué hacías con ese imbécil. –dice serio aclarando su garganta.
-Ya te lo dije antes… además, no quiero recordarlo, ¿vale? –digo fingiendo una sonrisa amarga.

Él no contesta y se muerde el labio inferior con firmeza. Se aproxima más a mí haciendo que de unos pasitos hacia atrás chocando con la encimera donde él coloca sus manos a ambos lados de mi cadera invadiendo mi espacio.

-¿Estás celoso? –disparo produciendo una risa por su parte.
-No.
-Sí. –río volviendo a mi estado cuando me encuentro cerca de él. –Pero me gusta que lo estés.
-Entonces a mí me gusta que te guste. –dice aproximándose a mi boca y mirándola como si fuera el caramelo más dulce. –Pero no estoy celoso.
-Mientes muy mal… 
-No estoy mintiendo. –dice mojando sus labios. -¿Sabes por qué?
-¿Por qué?

Se aproxima más a mi boca. Menos centímetros y más nervios. Creo que se me va a salir el corazón del sitio. Y no lo puedo frenar. Siento su mano por mi espalda y la otra en mi cintura me acaricia como solo él sabe.

-Porque solo yo consigo que te pongas nerviosa cada vez que recorto la distancia que nos separa. –dice tras mojar sus labios. -¿Y sabes por qué más?
-¿Por qué?
-Porque eres mía. –susurra contorneando mis labios con la yema de su dedo pulgar, devorándolos con la mirada. –Y yo soy tuyo.
-¿No hay más razones?
-¿Te parecen pocas? –eleva una ceja y yo sonrío.
-Me parecen las suficientes si tú lo dices.
-Yo digo que te sienta demasiado bien este uniforme.

Sonríe pícaro por cuarta vez en menos de un minuto y lleva su mano a mi trasero. Me tenso. Lo nota y ríe descaradamente desplazándola ahora al bolsillo de mi chaqueta donde me roba el móvil. Lo atrapa en su mano y carcajea observando el estado en el que se encuentra.

-Oye nena, ¿y qué ha pasado con tu móvil?
-Lo estampé por tu culpa.
-¿Enserio?
-¿Tengo cara de estar mintiendo?

Carcajea y niega moviendo su cabeza. No sé cómo lo consigue pero logra encender mi móvil y me lo entrega en la mano victorioso.

-¿Cómo lo has hecho? –pregunto atónita.
-No lo sé. –dice encogiéndose de hombros a la vez que se dibuja una sonrisa de las suyas en sus carnosos labios. –Quiero que mires tu buzón de voz, alguien te ha dejado un mensaje.
-¿Quién? –pregunto frunciendo mi ceño temiéndome lo peor.
-Si quieres saberlo haz lo que te he dicho, nena. 

Entonces me ingenio para hacerlo y estampo el móvil delicadamente contra mi oreja mientras una sonrisa resbala por los labios de Justin.

*Hola bicho, sonaba muy tentador esto de… bueno, sólo quería decirte que te quiero y por eso te dejo este mensaje, para que lo escuches siempre que quieras. Me muero de ganas por besarte, así que prepárate.*

Algo me presiona el pecho muy fuerte y me percato de que es mi corazón. Mis pulsaciones vuelan por lo alto haciéndose amigas de las nubes que tímidas le ceden el paso para continuar la carrera. Y me gustaría borrar la cara de tonta que estoy poniendo, pero no tengo una goma que funcione bien para hacer desaparecer todo lo que siento.

-¿Cuándo me has enviado esto?
-Antes de ir a por ti a la universidad, y como ves, mi plan no ha funcionado.
-¿Por qué?
-¿Recuerdas la última frase? –pregunta tomándome por la cintura y yo arrugo mi frente pensando bien.
-Sí. –afirmo clara. ''Me muero de ganas por besarte, así que prepárate.'' -¿Aún te sigues muriendo de ganas por besarme?
-Ahora te lo estoy pidiendo a gritos. –murmura deslizando la yema de su dedo pulgar por mi garganta. –A gritos, nena. -se detiene a observar mis labios y después se encuentra con mis ojos esperando algo de mi parte.
-Bueno… a lo mejor me lo tienes que pedir un poco más alto. –digo coleccionando una más de sus sonrisas pícaras.
-Joder, si es que lo fácil está de más, me vuelve completamente loco que te hagas la chica dura. –dice acercándose a mi oído. -¿Lo sabías?
-Me hacía una idea. –respondo descolocada.
-No aguanto más, lo siento.

Decide anular su voz en mis labios. Y por fin puedo relajarme en mi lugar favorito, su boca. Sabe a menta y mueve su lengua tan rápido que puedo oler el peligro acechándose a mí. Mis pulsaciones baten el récord en un segundo y me siento tan frágil que siento que me voy a romper en mil pedazos. Mis piernas tiemblan y mis manos viajan por su pelo mientras las suyas me regalan pequeños pellizcos en mi cadera. Pierdo la noción del tiempo y creo que vuelvo a nacer porque no me importa nada ahora mismo que no me guíe el instinto. Y el instinto me grita en voz muy alta y efusiva que no pierda la batalla y continúe compitiendo contra su lengua que salvaje se apodera de mi boca. Nuestros cuerpos se van atrayendo poco a poco por efecto, como si fueran un imán.

-Te quiero. –murmura atrapando un poco de aire en sus pulmones y vuelve a adentrarse en mí.

Me coge a ahorcadas y me coloca en la encimera dejando mis piernas en el aire tambalear un poco. Aprovecho en un acto para quitarme la chaqueta y lanzarla al suelo. Él me mira como un tigre cuando visualiza a su presa y yo sonrío de lado. Pero poco me dura la sonrisa porque enseguida captura mi labio inferior y comienza a devorarlo como si fuera su helado favorito. Lo muerde sin compasión y un centenar de escalofríos se quedan atrapados en cada poro de mi piel haciéndome partícipe de una de las mejores sensaciones. Vuelve a morderme y un gemido ahogado escapa de mi boca sin querer.

-Cuidado bicho, nadie nos puede escuchar.
-Sigues siendo ese idiota que sigue llamándome así.
-Pero que quede claro que soy el idiota que más te quiere.
-¿Enserio?
-Enserio.

Abandona mi boca y como si leyera mi mente con gran agilidad pone partida hacia mi cuello dejándome un pequeño mordisco en la mandíbula. Y recorre la piel de mi cuello con sus besos empezando un tour que desearía que se convirtiera en una gira mundial por siempre.

-¿Sabes qué, bicho?

De nuevo ese ''bicho'' está lleno de lujuria. Una que nunca había experimentado y no me importaría emprender con él.

-¿Qué, Justin?
-Tienes un cuello de cisne que me pasaría horas besando.

Y con esas palabras que se cuelan en mi mente provocando calor por todo mi cuerpo, él continúa mojando mi piel con sus carnosos labios. Besa. Saborea. Absorbe sin pedir permiso haciéndome más marcas. ¿Pero quién las necesita? Tú ya estás grabando tu nombre más adentro, en mi corazón. Así que si esa es tu duda, te lo confirmo. Me estoy enamorando de ti.

La temperatura sube así como sus manos por mis mulos desnudos. Mi boca entreabierta se hace responsable de otro gemido. Joder. Baja ahora un poco más por mi cuello llegando a mi clavícula donde planta besos húmedos. Ojalá nos quedáramos atrapados en el momento. Más besos. Dulces. Pasionales. Y sobretodo, llenos de un deseo indescifrable. Entonces vuelve a subir, produciendo las mismas sensaciones en mí. Es fascinante como recorriendo el mismo camino de besos consigue hacer que la euforia recorra mis venas a toda ostia, sin control. Es una droga. Una droga fuerte y potente que me llega muy dentro, a un lugar inimaginable.

Noto sus manos subir más hasta llegar al pliegue de mi falda. Ahí se detiene, pero deseo, deseo con toda mi alma que continúe un poco más hacia arriba. Como si fuera un avión que emprendiera el vuelo, y volara alto, pero sobretodo, que me hiciera volar a mí.

Entonces vuelvo a saborear su boca. Menta. Menta fresca mezclada con un toque de rebeldía. Sus dedos juguetones acarician el dobladillo de mi falda haciéndome ahogar en su boca otro gemido. Él ríe satisfecho, controlando la situación y coronándose como vencedor en efectivo.

-Ahora mismo te lo quitaría todo. –susurra contra mi boca mientras araña delicadamente mis muslos subiendo un poco más. –Te juro que nunca he deseado tanto a nadie. Te lo juro.

Me quedo sin aliento y sin voz para formular una respuesta lógica. Mi corazón bombea fuerte, muy fuerte, está al borde del precipicio.

-Me tienes a tres mil por segundo. –dice bajito contra mis labios, consiguiendo que apenas no le pueda entender. –Y te estoy dejando sin habla, pero me gusta, eso es que podemos llegar a hacer muchas cosas juntos y aún ni te he probado bien. ¿Me equivoco?

Niego con la cabeza de nuevo sin encontrar una palabra que escape de mi boca salvándome de la situación.

-Lo sabía, nena. Ahora te dejo muda pero a la próxima te dejaré sin voz de todas las veces que gritarás mi nombre.

Y sin pedirme permiso, de nuevo dejándome con el corazón en la mano derecha y en la otra miles de deseos que satisfacer, recurre a mi boca. Me besa desenfrenadamente y le sigo el juego sin quedarme atrás. Toco su lengua, la saboreo bien. Tengo sed de ella y necesito que la calme. Aunque nunca será suficiente, porque estas ganas de él juraría que son un recurso ilimitado.

Justin me aproxima más a mí y enrollo instintivamente mis piernas alrededor de su cintura. Peligro. Stop. Saltémonos un poco las reglas. Así que ignoro el stop y reclamo más de él. Su saliva y mi saliva se mezclan. Los susurros de Justin actúan en forma muy excitante contra mis oídos. Ahora me toca a mí divertirme un poco. Me dirijo a su cuello y comienzo a chupar su piel. Qué bien sabe. Cierro los ojos y me dejo llevar más. Ahora clavo mis dientes haciéndome notar. Él también es mío. Yo también quiero dejarle marca. Y beso. Y muerdo. Y saboreo. Y vuelvo a hincar mis dientes en su piel hasta conseguirlo. Una marca visible ante los ojos de cualquiera, pero es que su cuello es muy tentador.

-¿Lo hiciste?
-Lo hice.

Vuelvo a besar su cuello con más efusión. Planto pequeños besos que se van volviendo peligrosos a medida que me acerco a su boca. Ahora la beso, pero me separo rápido. Muerdo su labio inferior y consigo ser testigo de su cara de placer en este momento. Besuqueo de nuevo su carnoso labio. Creo que no hay nada que me pueda detener. No he estado más caliente en mi vida. Y él lo sabe, por eso sonríe otra vez de aquella manera.

-Joder nena, me vas a hacer sangre.
-Eres un estúpido.
-Estaba bromeando. –sonríe robándome un beso casto y me aproxima más a él. –Puedes hacer todo lo que quieras conmigo. –añade con una voz demasiado sensual.

Todos mis sentidos se disparan y me siento tonta otra vez quedándome sin habla.

-Estaría bien montárselo en la cocina, eh. –dice de nuevo bromeando. Pero por mí, lo podría decir totalmente serio.
-Vamos a tu habitación. –digo escondiendo la vergüenza en un cajón con llave.
-¿Qué?
-Que allí estaremos más cómodos, venga estúpido…
-¿Nena?
-¡¿Qué?! ¡Hablo enserio!

Mis mejillas se encienden como si el propio fuego arrasara con ellas y se convirtiera en su dueño. Él carcajea como si no consiguiera darle credibilidad a mis palabras.

-Joder bicho, vamos arriba.

Con una sonrisa demasiado tentadora me coge en brazos y enrollo los míos en su cuello. Qué sensación. Qué ganas de liberarme más tontas. Qué ganas de volver a sus labios. Abandonamos la cocina y no sé cómo logra apagar la luz.

Escondo mi cabeza en el hueco entre su cuello y su hombro y aspiro el aroma que desprende a hombre recién duchado. Y eso es extraño. Me pierdo en su olor y le dedico un pequeño beso húmedo en la parte posterior de su cuello. Él gruñe bajito mientras subimos las escaleras pero no deja de soltarme. Me siento tan… segura.

Llegamos al piso de arriba y con un 'shhhh' me advierte de que no haga apenas ruido. Una risa traviesa de niña pequeña escapa de mi boca y entre la oscuridad y todavía en sus brazos conseguimos llegar a su habitación. Justin cierra la puerta con un toque de caderas para no soltarme y me tiende en su cama.

-Bueno… -murmuro tímidamente.
-No hace falta que digas nada.

Justin se lanza encima de mí dejando chocar mi espalda contra sus sábanas color gris. Mi respiración se entrecorta al encontrármelo tan cerca en tan poco tiempo. Detengo mi mirada en sus carnosos labios que poco a poco recortan los centímetros que nos separan.

-No digas nada porque yo te voy a hacer sentir todo. –recalca.

Trago saliva y pestañeo varias veces. No sé lo que va a suceder a continuación. Creo que estoy temblando.

-No tengas miedo, nena. No te voy a tocar, tan sólo voy a besar tu cuerpo.

Joder, consigue ponerme más nerviosa. Nunca me he enfrentado con un chico a una cosa así. Nunca. Soy novata. Soy una patosa. Soy patética. Me estoy volviendo loca y estoy colapsando mi cerebro a una manera de la ostia.

-Deja de pensar cosas, estás tensa.
-No… -trato de negar mordiéndome el labio.
-Eres tan… -susurra él agarrándome de los muslos y arrastrando mis caderas hacia él.
-¿Tan qué?
-Irresistible.

Un vuelco a mi corazón y juraría que el tiempo se para. Como si un ser superior hubiera apretado al botón de pausa en el mando de nuestras vidas. Dios. Creo que estoy temblando. Cierro los ojos y a los pocos segundos noto las manos de Justin por la longitud de mis piernas produciéndome escalofríos eléctricos e indescifrables. Tengo el vello de punta y estoy demasiado intranquila, pero un susurro suyo me propicia la suficiente confianza. Joder, _____ qué ganas de joder momentos. Tu momento. Vuestro momento. Aunque bueno, no va a pasar nada más allá de… no lo sé.

Siento sus labios en mi cuello. Otra vez. Otra jodida vez aplicando esos besos tan mágicos que me excitan tanto. Decido permanecer con los ojos cerrados mientras mi cabeza está apoyada en su almohada. Besos y escalofríos, en eso se basan todos estos segundos tan… exijo una palabra que defina esto tan magnífico. Sube mi camiseta hasta la altura de mi ombligo y mis pulsaciones aumentan notablemente. Me tenso. Desliza la yema de sus dedos por la piel de alrededor de mi ombligo dibujando círculos imaginarios, y después le aplica el toque mágico de sus labios. Me regala pequeños besos por todo mi vientre. Besos húmedos y tiernos. Besos que me hacen llegar al cielo, coger un pedacito de estrella y volver.

Después noto su agarre en mis rodillas. Y besos. Besos sobre mis muslos desnudos. Joder, un poco más arriba y….

-Eres muy dulce. –susurra.

Juguetea con el doblaje de mi falda y aplica besos justo en el extremo en el que reluce mi piel. Sólo besos. Justo como me decía. Pero esto es peligroso. No es un juego cualquiera. Me retuerzo entre sus sábanas a medida que va subiendo y se va acercando a mi entrepierna. Sube unos centímetros mi falda y sigue con su fila de besos. Mi corazón va a estallar y no me voy a hacer cargo de ello.

-Ahora si me permites…

Me quita los zapatos y desliza mis calcetines hacia abajo hasta la altura de mis tobillos. Ahora besa toda esa zona, como si estuviera llena de heridas y tratara de curarme.

-Estás fría, nena.

¿Fría? ¿Enserio? No sabe de lo que habla. Por dentro soy un volcán en plena erupción y la lava recorre hirviendo mi sangre.

-_____. –susurra bajito arrastrándose hacia la altura de mis labios. –Creo que es un poco peligroso tenerte aquí.
-Yo también lo creo. –hago una mueca de tristeza colocando mi labio inferior por encima del superior. Me roba un beso y exhala una leve risa traviesa.
-Me encantaría pasar la noche contigo pero…
-Lo sé, tengo que irme. –murmuro repasando con mis dedos el contorno de sus inflados labios.
-Joder nena, lo dices como si vivieras en la otra punta del mundo, tuvieras que coger un vuelo de varias horas y hasta dentro de unos meses no te viera.
-Eres un exagerado. 
-Soy todo lo que quieres que sea. –dice sin dejarme decir nada más, estampando sus labios contra los míos. –Y ahora te voy a llevar a tu cama antes de que me provoques más y suceda algo inapropiado.

Se pone en pie y me refugia en sus fuertes brazos como si fuera un bebé. Sonrío sin querer. Están todas las luces apagadas y rezo para que no nos estampemos con nada y despertemos hasta a los vecinos.

Apoyando ahora mi peso más hacia un lado, Justin con su otra mano consigue abrir la puerta de mi habitación y nos adentramos en ella. Enciende la luz y se para justo enfrente de la litera.

-¿Arriba o abajo?
-Arriba.
-Joder bicho, qué hábil.
-Eres un malpensado.

Carcajeando me deja en mi cama y enseguida me acurruco sintiendo el calor de las sábanas.

-Buenas noches, duerme bien. –dice plantándome un beso en la frente y cierro los ojos instintivamente. –Y no te preocupes si no sueñas conmigo, que yo ya me encargaré de hacerte soñar despierta.

-------------------
Espero vuestros comentarios.
¡Gracias por leerme!

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.