Tu rastro.

miércoles, 24 de abril de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 8.



|Narra Justin|

Ryan me mira con una cara extraña y me giro para ver qué sucede. Entonces la encuentro ahí. Cerca de mí. Sarah. Maldita sensación la que tiene mi cuerpo en estos momentos.

-¿Qué haces aquí? –le pregunto.
-Buscarte. –hace un intento de acariciar mi barbilla y me aparto.
-¿Qué pasa?
-Que hemos acabado esto.
-¿Lo nuestro? Justin, ¿qué estás diciendo? –eleva el tono de voz.
-Nuestro no, nunca hemos sido nada.
-Has bebido mucho, ¿verdad?
-Sí, pero eso no cambia nada. Sarah, somos amigos y nada más.
-No. –me coge de la mano y la rechazo al instante. –Me estás mintiendo. Tú me quieres.
-¿Qué te hace pensar eso? –prendo un cigarro y lo coloco entre mis labios. –Sarah, déjame en paz. –Aspiro. –Por favor.
-La chica más guapa de la universidad tiene que estar con el más guapo. Son las reglas, nene. –se acerca de nuevo.
-Pues yo quiero romper las reglas ahora mismo. –digo decidido. Agacho la cabeza y ella con su dedo índice levanta mi barbilla.
-Me niego. –susurra en mi oído.
-No intentes seducirme, no funciona.
-Eres Justin Bieber. Sí funciona. –acaricia mi mejilla y aparto inmediatamente su mano de ahí.
-Esta vez no. Vete si no quieres que acabemos mal. –saco mi lado prepotente.
-Está bien, me voy, pero no es un adiós, Bieber. Es un hasta luego. –finaliza.

Es tarde y cada vez se nubla más mi vista. Quizás haya bebido demasiado. La música actúa en forma de taladro para mis oídos. No soy muy consciente de mis actos y me empieza a doler la cabeza. Pero aquí estoy, apoyado en la barra junto a Ryan. Nos pedimos otro chupito de tequila. Nos lo sirven, chocamos los diminutos vasos y me lo termino de un trago. Ya ni me escuece la garganta, no noto ni lo fuerte ni lo cargado que está.

-¿Otro?
-No tío, me va a explotar la cabeza.

Reímos. Al instante noto unas manos con un dulce tacto sobre la zona de mis ojos. No sé cómo pero la puedo llegar a oler. Y una sonrisa se coloca en mi rostro dejando todo atrás.

-Bicho. –atrapo sus manos y las coloco por detrás de mi cintura.
-Idiota. –sonríe. –¿Puedes sostenerte o has bebido mucho alcohol?
-Puedo hacer las dos cosas a la vez, como un superhéroe.
-Ya, claro… -dice en un tono irresistible que altera mis sentidos.

Ahora la acerco yo rápido por la cintura situando su boca a muy poca distancia de la mía. Mojo mis labios. No sé porqué pero me da igual todo. Me da igual que nos vean. Me da igual que las agujas del reloj pasen lentas, que la música se convierta en ruido o que ahora mismo se produzca un puto terremoto. Simple. Tú ya has creado uno en mi cabeza. Y ahí eres la protagonista.

Cierro los ojos, estoy a punto de besarte. Me mareo un poco y te percatas, por eso me alejas de toda esa gente. El contacto que mantienen tu piel y mi piel hace que me sienta seguro. Contigo. Me llevas a una especie de callejón que juraría no haber  visto en mi vida, ¿o eso se debe al mareo? No importa. Estampo mi espalda contra la pared y me ayudas a bajar poco a poco y a estabilizarme. Sé que estás preocupada. Te sientas en el suelo frente a mí y no sé cómo logras tranquilizarme.

-¿Estás mejor? –pregunta nerviosa.
-Sí.
-Vale. Coge aire y suéltalo despacio. –hace gestos con sus manos que apenas puedo distinguir. –Venga.

Le hago caso. Me mira como si tuviera miedo. Está oscuro, pero noto el brillo de sus ojos impactar en lo que queda de mi indeseado rostro en estos momentos. Y mientras los miro consigo relajarme un poco. No sé si el truco funciona, seguramente sea ella la que tiene toda esa especie de magia que hace que funcione. Puede que ella sea mi cura en los días de desenfreno o cuando no pueda más y me emborrache hasta el culo de tequilas para despejar mis ideas y olvidar hasta mi nombre. ¿Recuerdas quién eres? Justin. Justin Bieber. Temido por muchos y adorado por las chicas de la universidad a la vez. ¿Seré un tipo malo? De vez en cuando necesitamos a alguien que nos haga ver el mundo, que nos quite la maldita venda de los ojos y nos haga creer que la única droga son las sonrisas como la suya. Única. Me gustaría repetírtelo mil veces, pero ya lo sabes, tengo miedo, y a la hora de la verdad nadie me gana en ser un cobarde. Cobarde por no tratarte como te mereces, bicho. Porque nunca he sabido lo que es querer de verdad y ahora que tú estás despertando algo en mí no me confío. El amor duele, suelen decir. Y aunque yo sea un tipo duro por fuera, quizás por dentro sea más sensible de lo que la gente pueda llegar a imaginar. Que por mentir diría que no me muero por estar contigo, por despertarte cada mañana con un beso o escaparme contigo al bosque. Porque sé que una chica como tú no merece que le hagan daño, entonces te confieso que ese es mi otro miedo, poder llegar a hacértelo algún día.

Y mi pregunta es… ¿Por qué no me dejo llevar por los sentimientos y hago caso  a eso que llaman corazón? Puede que esta borrachera me haya servido para entrar en razón y darme cuenta de que lo que tengo ahora mismo frente a mí es más especial de lo que nadie puede llegar a imaginar.

-¿Estás hablando sólo? –ríe.
-¿Qué?
-Que estás diciendo cosas que no entiendo. –vuelve a reír. –Tranquilo, todavía vas borracho.

No sé bien lo que digo, pero sí sé perfectamente lo que pienso. Y pienso en ti. Entonces mi maldita consciencia me dice ‘Justin, ¿por qué bebes tanto? ¿Por qué lo has hecho?’.

-_____...
-Es la primera vez que me llamas por mi nombre.
-Y la última. –río. –Tú eres mi bicho.

Coloca su labio inferior encima del superior y pone una cara graciosa que al segundo provoca una sonrisa en mi rostro. No sé cómo lo consigue. Pero lo hace, además inconscientemente. Y eso me gusta. Mucho. Al instante sonríe ella.

-Me gusta tu sonrisa.
-Eso lo dices porque vas borracho.
-Sería una buena escusa, pero no. Lo digo de verdad.
-Pues no te creo, Justin.
-Pues te lo repetiré todos los días. Soy consciente de lo que digo.
-Shhhhh. –me silencia con el dedo índice y después me regala un beso en la frente.
-Quiero irme ya de aquí. –digo bajito y ella niega con la cabeza.
-No vas a llegar así a casa y mucho menos vas a conducir.



--------------------------------------------------------------------------------------------


{Por la mañana}

Mi primer pensamiento del día eres tú. Malditos rayos de Sol que joden por la mañana. Entrecierro los ojos y después remuevo mi cabello. Unos minutos más en la cama no me vendrían nada mal. A mi cabeza vienen recuerdos borrosos y todavía huelo a alcohol. Me llevo las manos a la cabeza y me tapo el rostro avergonzado. Me siento un completo irresponsable. Debía de cuidar de ella y fue ella la que cuidó de mí. Resoplo. Te debo una, bicho.

Después de una larga ducha decido visitar su habitación. Abro con cuidado la puerta, paso de llamar, seguramente esté durmiendo. Camino despacio hacia su cama con miedo a despertarla y cuando estoy cerca me arrodillo de cuclillas frente a ella contemplando su dulce carita de niña buena. Está acurrucada. La observo detenidamente unos minutos y echo detrás de su oreja un mechón de pelo que cubría su mejilla. Y mientras la miro pienso en lo equivocados que estaban mis pensamientos la primera vez que la vi. Creía que eras un monstruo, pero es que no me fijé en tus ojos, ni en los hoyuelos que te salen al sonreír, ni en esos gruesos y apetecibles labios, ni en esa nariz perfectamente curvada. Tampoco me detuve a mirarte por dentro, eso fue lo peor, porque superas todas las expectativas. Y cuando menos lo espero aquí estoy, poquito a poco enganchándome a ti. A tus complejos y a tus rarezas.

Me siento un explorador en un nuevo mundo. Me sorprende la foto que hay enmarcada en tu mesita de noche. La cojo delicadamente y me pregunto quién será esa mujer con unos ojos tan parecidos a los tuyos. Y poniéndome a pensar, tras percatarme de ese ''te quiero'' escrito en tinta negra a un extremo,  llego a la conclusión de que es tu madre. ¿Cómo haces para aparentar ser fuerte? Si le pasara algo a mamá estaría perdido, hundido y realmente jodido. Quiero aprender un poco de ti. ¿Sabes? El otro día te observé haciendo reír a tu padre cuando tenía un aspecto triste. Eres de esa clase de personas que ayudan a seguir adelante a los demás aunque no estés en tu mejor día. Quiero aprender de ti, repito. Yo, por el contrario, soy un cabezota, un imbécil, y un capullo en toda regla. Somos tan opuestos… somos cara y cruz, día y noche, playa y montaña, calor y frío.

Sitúo la fotografía en mi pecho y aprieto mis labios con fuerza. Incluso me hago daño a mí mismo. Entonces os dedico una oración. Sí, soy creyente ante todo. Después la coloco en el mismo lugar de antes donde al lado hay una cámara que parece ser de buena calidad. La enciendo y me muero de curiosidad por ver las fotos, pero quiero respetar tu intimidad, aunque aquí me tienes espiándote en tu habitación. Poco entiendo de estos cacharros, pero quito el flash y decido sacarte una foto. Entrecierro mi ojo derecho para ver mejor y aprieto al botón. Clic. Creo que es la mejor fotografía que he hecho. Sales tan natural y… preciosa. Sí, sales preciosa. Me cuesta asimilar todo lo que pienso de ti. Apago la cámara y los pensamientos a la vez y te dejo dormir tranquila.

Más tarde me voy con mi chándal Adidas negro y mis auriculares a correr por las afueras de la urbanización. Es muy temprano, pero busco despejarme lo suficiente de mi consciencia que chilla constantemente. Necesito distraerme un poco y me fijo en un par de chicas que van patinando delante de mí. Una lleva su largo cabello enrollado en una coleta, la otra prefiere soltar su melena rubia al aire. A medida que me acerco me doy cuenta de lo buenas que están. Wow. Suspiro. Los mejores traseros andan por aquí. La sangre me comienza a hervir y corro un poco más rápido hasta situarme a la misma altura que ellas. Bajo el volumen de la música, sé lo que viene a continuación.

-Hola. Perdona, ¿llevas hora? –me pregunta la rubia. Acerté. Soy irresistible.
-Mmm… -saco mi móvil del bolsillo y me dispongo a mirarla. –Las nueve y media.
-Gracias, es pronto todavía… ¿a que sí, Ashley? –pregunta mirando a la otra chica.
-Sí, podemos descansar un poco. ¿Cómo te llamas?
-Justin. –trago saliva. –Justin Bieber.
-Yo he oído tu nombre alguna vez… seguro. –ataca la rubia.
-Probablemente. Soy el chico más popular de la universidad. –me halago un poco.
-Interesante… -añade la morena. -¿Sales mucho por aquí?
-Cuando tengo tiempo, nena. –parece que se ruboriza ante la última palabra. Sé ligar muy bien.
-Podrías venir más a menudo.
-Lo intentaré. Bueno chicas, me tengo que ir. Encantado.

Miro el escote de la rubia y me marcho dejándolas deseosas. Las vuelvo locas. Pero yo ahora deseo que la señorita Blair se vuelva loca por mí. Otra vez ese sentimiento me crea un nudo en el estómago. Justin Bieber, ¿qué queda de ti? La metamorfosis sigue en marcha por lo visto, si fueras el de antes ya te las habrías tirado. 

Subo la música de nuevo y continúo mi marcha. Gotas de sudor empiezan a resbalar por mi frente y las seco con mi brazo.

Más tarde llego a casa, me doy una refrescante ducha por segunda vez en el día, me visto cómodo con una camiseta de tirantes dejando a la vista mis músculos y bajo a comer. Como siempre, soy el último en sentarse en la mesa. _____ me mira sonrojada y es que justamente la tengo delante.

-¿Qué tal la fiesta de ayer? –me pregunta mamá.
-Estuvo bien, ¿verdad _____? –se muerde el labio inferior mientras me mira.
-Sí, fue divertido. –contesta con vergüenza. Se lo noto en la mirada.
-Entonces lo podréis repetir más veces. –dice Mathew, su padre, sonriente.
-Yo espero que lo hayáis pasado bien porque… -suspira mamá. –Ha llamado la directora.
-¿Parecía cabreada? –pregunto a carcajadas.
-Lo estaba. –afirma una Pattie con furia en los ojos. Odio que se ponga así.
-¿Qué ha pasado, cariño? –pregunta Mathew.
-Nuestros queridos hijos se pelearon en pleno centro.
-¿Qué? ¿Eso es verdad, _____?
-Sí, papá… -responde cabizbaja la bicho.
-Que sea la última vez….
-Fue mi culpa. –interrumpo. –Yo provoqué todo.

Mamá vuelve a mirarme con rabia. Pega un trago de agua mientras pierde su vista mirando el interior del vaso y luego vuelve a mirarme.

-¿Qué hiciste?
-Le dije cosas feas... -digo avergonzándome de mí mismo.
-¿Y te parece bien que... -eleva el tono de voz y no le dejo continuar.
-No, no me parece bien. Fin del tema.
-¿Fin del tema? Justin Bieber estoy cansada de repetirte que respetes a la gente.
-Ahora lo hago, Pattie. -sé que no le gusta que le llame por su nombre.
-Estaréis castigados, ¿lo sabéis?
-Sí, lo sabemos. Además, yo escojo el castigo. –añado.
-Escogías, perdiste tu oportunidad. El tiempo se te pasó, Justin.
-Es verdad. –río mientras me mira desconcertante. -¿Y cuál es el castigo?
-Ya lo veréis, no te preocupes que lo sabrás.

10 minutos más tarde acabamos de comer más relajadamente. Mathew ayuda a mamá a recoger la cocina y observo cómo _____ sube las escaleras rápido.

-¡Eh! –grito y se gira.
-Sería mejor que me llamaras por mi nombre, ¿no? –se para y apoya su codo derecho en la barandilla.
-Te dije que no volvería a llamarte así, bicho.
-También dijiste ayer que te gustaba mi sonrisa.
-Y no retiro lo dicho.
-Me parece bien. –lanza una risa divertida y me sitúo a un escalón por debajo de ella.
-Oye, ¿qué planes tienes para esta tarde?
-¿Me estás invitando a que haga algo contigo?
-Veo que lo has captado.
-Pues… no, no tengo nada que hacer.
-Eso significa que quieres quedar conmigo.
-Eso significa que tengo ganas de besarte.
-¿Y por qué no lo haces, bicho? Estás tardando demasiado.
-Dale tiempo al tiempo, tú mismo lo dijiste.
-Pues mi paciencia se agota. Dime hora y paso a por ti. –río.
-Mmm… creo que tengo que ponerte las cosas más difíciles. No te supone ni un minuto llamar a mi puerta.
-Y eso es difícil, porque tengo la tentación cerca. –me pongo de puntillas para encontrarme ahora más cerca de sus labios.
-Justin, ahora no. –agacha mi barbilla con cuidado. –Carrera hasta tu habitación, ¡ya!

Y sale disparada corriendo con una sonrisa en esa apetecible boca. La sigo al instante en la misma dirección. Este es uno de esos momentos en los que pondrías una música divertida de fondo. Corro más rápido hasta que al final la atrapo con mis brazos y acabamos tumbados en la cama muriéndonos de la risa y de las ganas de comernos mutuamente los labios. Me encuentro encima de ella y me vienen varios flashbacks a la mente en dos segundos. Soy un capullo con las tías. Pero contigo, bicho, soy diferente. Te lo prometo. Se hace el silencio dando paso a escuchar nuestras respiraciones. Estás atrapada entre mis piernas y si dejo de hacer fuerza en los brazos caigo rendido directamente a tus labios. Me miras y me drogas con esos ojos. Entonces te sonrío, debes saber que no lo puedo evitar cuando lo haces de esa manera que me deja completamente tonto.  

-Bicho, ¿ahora puedo besarte?

Acaricia mi barbilla y tirando de ella me aproxima a sus labios. Y cuando no existe apenas  distancia se para.

-Créeme que quiero, pero yo también tengo miedo.
-¿De qué?
-De lo que me haces sentir, de ir rápido, de llegar alto y luego caer…

Y te entiendo, pero me callo. Me retiro situándome a su derecha tras resoplar. Y ahí estamos, tumbados en mi cama callados. Con miedo. Perdiendo y a la vez aprovechando el  tiempo que corre deprisa mientras estamos juntos. 

-Justin, nunca había besado a un chico.
-¿De verdad? Pues lo haces muy bien.
-Claro. No tengo por qué mentirte.
-Me estás engañando, ¿he sido el primero en probar esos labios?
-Sí... -sus mejillas se prenden de color rojo. Y eso me da más ganas de besarle. -Hay muchas cosas que no conoces de mí.
-Y tú de mí. Es hora de empezar a hacerlo, ¿no?
-Me encantaría. A las cuatro y media estaré lista.

Abandona mi habitación y es inevitable fijarme en su trasero y en esos andares que están empezando mandar descargas por todo mi cuerpo.
Miro al reloj. Estoy impaciente por conocerte más, bicho. 




RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.



No hay comentarios:

Publicar un comentario