|Narra Justin|
Ryan me mira con una cara extraña y me giro para ver qué sucede. Entonces la encuentro ahí. Cerca de mí. Sarah. Maldita sensación la que
tiene mi cuerpo en estos momentos.
-¿Qué haces aquí? –le pregunto.
-Buscarte. –hace un intento de acariciar mi barbilla y me
aparto.
-¿Qué pasa?
-Que hemos acabado esto.
-¿Lo nuestro? Justin, ¿qué estás diciendo? –eleva el tono de
voz.
-Nuestro no, nunca hemos sido nada.
-Has bebido mucho, ¿verdad?
-Sí, pero eso no cambia nada. Sarah, somos amigos y nada
más.
-No. –me coge de la mano y la rechazo al instante. –Me estás
mintiendo. Tú me quieres.
-¿Qué te hace pensar eso? –prendo un cigarro y lo coloco entre
mis labios. –Sarah, déjame en paz. –Aspiro. –Por favor.
-La chica más guapa de la universidad tiene que estar con el
más guapo. Son las reglas, nene. –se acerca de nuevo.
-Pues yo quiero romper las reglas ahora mismo. –digo
decidido. Agacho la cabeza y ella con su dedo índice levanta mi barbilla.
-Me niego. –susurra en mi oído.
-No intentes seducirme, no funciona.
-Eres Justin Bieber. Sí funciona. –acaricia mi mejilla y
aparto inmediatamente su mano de ahí.
-Esta vez no. Vete si no quieres que acabemos mal. –saco mi
lado prepotente.
-Está bien, me voy, pero no es un adiós, Bieber. Es un hasta
luego. –finaliza.
Es tarde y cada vez se nubla más mi vista. Quizás haya
bebido demasiado. La música actúa en forma de taladro para mis oídos. No soy
muy consciente de mis actos y me empieza a doler la cabeza. Pero aquí estoy, apoyado
en la barra junto a Ryan. Nos pedimos otro chupito de tequila. Nos lo sirven,
chocamos los diminutos vasos y me lo termino de un trago. Ya ni me escuece la
garganta, no noto ni lo fuerte ni lo cargado que está.
-¿Otro?
-No tío, me va a explotar la cabeza.
Reímos. Al instante noto unas manos con un dulce tacto sobre
la zona de mis ojos. No sé cómo pero la puedo llegar a oler. Y una sonrisa se
coloca en mi rostro dejando todo atrás.
-Bicho. –atrapo sus manos y las coloco por detrás de mi
cintura.
-Idiota. –sonríe. –¿Puedes sostenerte o has bebido mucho
alcohol?
-Puedo hacer las dos cosas a la vez, como un superhéroe.
-Ya, claro… -dice en un tono irresistible que altera mis
sentidos.
Ahora la acerco yo rápido por la cintura situando su boca a
muy poca distancia de la mía. Mojo mis labios. No sé porqué pero me da igual
todo. Me da igual que nos vean. Me da igual que las agujas del reloj pasen
lentas, que la música se convierta en ruido o que ahora mismo se produzca un
puto terremoto. Simple. Tú ya has creado uno en mi cabeza. Y ahí eres la
protagonista.
Cierro los ojos, estoy a punto de besarte. Me mareo un poco
y te percatas, por eso me alejas de toda esa gente. El contacto que mantienen
tu piel y mi piel hace que me sienta seguro. Contigo. Me llevas a una especie
de callejón que juraría no haber visto
en mi vida, ¿o eso se debe al mareo? No importa. Estampo mi espalda contra la
pared y me ayudas a bajar poco a poco y a estabilizarme. Sé que estás
preocupada. Te sientas en el suelo frente a mí y no sé cómo logras
tranquilizarme.
-¿Estás mejor? –pregunta nerviosa.
-Sí.
-Vale. Coge aire y suéltalo despacio. –hace gestos con sus
manos que apenas puedo distinguir. –Venga.
Le hago caso. Me mira como si tuviera miedo. Está oscuro, pero
noto el brillo de sus ojos impactar en lo que queda de mi indeseado rostro en
estos momentos. Y mientras los miro consigo relajarme un poco. No sé si el
truco funciona, seguramente sea ella la que tiene toda esa especie de magia que
hace que funcione. Puede que ella sea mi cura en los días de desenfreno o
cuando no pueda más y me emborrache hasta el culo de tequilas para despejar mis
ideas y olvidar hasta mi nombre. ¿Recuerdas quién eres? Justin. Justin Bieber.
Temido por muchos y adorado por las chicas de la universidad a la vez. ¿Seré un
tipo malo? De vez en cuando necesitamos a alguien que nos haga ver el mundo,
que nos quite la maldita venda de los ojos y nos haga creer que la única droga
son las sonrisas como la suya. Única. Me gustaría repetírtelo mil veces, pero
ya lo sabes, tengo miedo, y a la hora de la verdad nadie me gana en ser un
cobarde. Cobarde por no tratarte como te mereces, bicho. Porque nunca he sabido
lo que es querer de verdad y ahora que tú estás despertando algo en mí no me
confío. El amor duele, suelen decir. Y aunque yo sea un tipo duro por fuera,
quizás por dentro sea más sensible de lo que la gente pueda llegar a imaginar. Que
por mentir diría que no me muero por estar contigo, por despertarte cada mañana
con un beso o escaparme contigo al bosque. Porque sé que una chica como tú no
merece que le hagan daño, entonces te confieso que ese es mi otro miedo, poder
llegar a hacértelo algún día.
Y mi pregunta es… ¿Por qué no me dejo llevar por los
sentimientos y hago caso a eso que
llaman corazón? Puede que esta borrachera me haya servido para entrar en razón
y darme cuenta de que lo que tengo ahora mismo frente a mí es más especial de
lo que nadie puede llegar a imaginar.
-¿Estás hablando sólo? –ríe.
-¿Qué?
-Que estás diciendo cosas que no entiendo. –vuelve a reír. –Tranquilo,
todavía vas borracho.
No sé bien lo que digo, pero sí sé perfectamente lo que
pienso. Y pienso en ti. Entonces mi maldita consciencia me dice ‘Justin, ¿por
qué bebes tanto? ¿Por qué lo has hecho?’.
-_____...
-Es la primera vez que me llamas por mi nombre.
-Y la última. –río. –Tú eres mi bicho.
Coloca su labio inferior encima del superior y pone una cara
graciosa que al segundo provoca una sonrisa en mi rostro. No sé cómo lo
consigue. Pero lo hace, además inconscientemente. Y eso me gusta. Mucho. Al
instante sonríe ella.
-Me gusta tu sonrisa.
-Eso lo dices porque vas borracho.
-Sería una buena escusa, pero no. Lo digo de verdad.
-Pues no te creo, Justin.
-Pues te lo repetiré todos los días. Soy consciente de lo
que digo.
-Shhhhh. –me silencia con el dedo índice y después me regala
un beso en la frente.
-Quiero irme ya de aquí. –digo bajito y ella niega con la
cabeza.
-No vas a llegar así a casa y mucho menos vas a conducir.
--------------------------------------------------------------------------------------------
Mi primer pensamiento del día eres tú. Malditos rayos de Sol
que joden por la mañana. Entrecierro los ojos y después remuevo mi cabello. Unos
minutos más en la cama no me vendrían nada mal. A mi cabeza vienen recuerdos
borrosos y todavía huelo a alcohol. Me llevo las manos a la cabeza y me tapo el
rostro avergonzado. Me siento un completo irresponsable. Debía de cuidar de
ella y fue ella la que cuidó de mí. Resoplo. Te debo una, bicho.
Después de una larga ducha decido visitar su habitación.
Abro con cuidado la puerta, paso de llamar, seguramente esté durmiendo. Camino
despacio hacia su cama con miedo a despertarla y cuando estoy cerca me
arrodillo de cuclillas frente a ella contemplando su dulce carita de niña buena.
Está acurrucada. La observo detenidamente unos minutos y echo detrás de su oreja
un mechón de pelo que cubría su mejilla. Y mientras la miro pienso en lo
equivocados que estaban mis pensamientos la primera vez que la vi. Creía que
eras un monstruo, pero es que no me fijé en tus ojos, ni en los hoyuelos que te
salen al sonreír, ni en esos gruesos y apetecibles labios, ni en esa nariz
perfectamente curvada. Tampoco me detuve a mirarte por dentro, eso fue lo peor,
porque superas todas las expectativas. Y cuando menos lo espero aquí estoy, poquito
a poco enganchándome a ti. A tus complejos y a tus rarezas.
Me siento un explorador en un nuevo mundo. Me sorprende la
foto que hay enmarcada en tu mesita de noche. La cojo delicadamente y me
pregunto quién será esa mujer con unos ojos tan parecidos a los tuyos. Y
poniéndome a pensar, tras percatarme de ese ''te quiero'' escrito en tinta
negra a un extremo, llego a la
conclusión de que es tu madre. ¿Cómo haces para aparentar ser fuerte? Si le
pasara algo a mamá estaría perdido, hundido y realmente jodido. Quiero aprender
un poco de ti. ¿Sabes? El otro día te observé haciendo reír a tu padre cuando
tenía un aspecto triste. Eres de esa clase de personas que ayudan a seguir
adelante a los demás aunque no estés en tu mejor día. Quiero aprender de ti, repito. Yo, por el contrario, soy un cabezota, un imbécil, y un
capullo en toda regla. Somos tan opuestos… somos cara y cruz, día y noche, playa
y montaña, calor y frío.
Sitúo la fotografía en mi pecho y aprieto mis labios con
fuerza. Incluso me hago daño a mí mismo. Entonces os dedico una oración. Sí,
soy creyente ante todo. Después la coloco en el mismo lugar de antes donde al
lado hay una cámara que parece ser de buena calidad. La enciendo y me muero de
curiosidad por ver las fotos, pero quiero respetar tu intimidad, aunque aquí me
tienes espiándote en tu habitación. Poco entiendo de estos cacharros, pero
quito el flash y decido sacarte una foto. Entrecierro mi ojo derecho para ver
mejor y aprieto al botón. Clic. Creo que es la mejor fotografía que he hecho. Sales
tan natural y… preciosa. Sí, sales preciosa. Me cuesta asimilar todo lo que
pienso de ti. Apago la cámara y los pensamientos a la vez y te dejo dormir
tranquila.
Más tarde me voy con mi chándal Adidas negro y mis auriculares
a correr por las afueras de la urbanización. Es muy temprano, pero busco
despejarme lo suficiente de mi consciencia que chilla constantemente. Necesito
distraerme un poco y me fijo en un par de chicas que van patinando delante de
mí. Una lleva su largo cabello enrollado en una coleta,
la otra prefiere soltar su melena rubia al aire. A medida que me acerco me doy
cuenta de lo buenas que están. Wow. Suspiro. Los mejores traseros andan por
aquí. La sangre me comienza a hervir y corro un poco más rápido hasta situarme
a la misma altura que ellas. Bajo el volumen de la música, sé lo que viene a
continuación.
-Hola. Perdona, ¿llevas hora? –me pregunta la rubia. Acerté.
Soy irresistible.
-Mmm… -saco mi móvil del bolsillo y me dispongo a mirarla.
–Las nueve y media.
-Gracias, es pronto todavía… ¿a que sí, Ashley? –pregunta
mirando a la otra chica.
-Sí, podemos descansar un poco. ¿Cómo te llamas?
-Justin. –trago saliva. –Justin Bieber.
-Yo he oído tu nombre alguna vez… seguro. –ataca la rubia.
-Probablemente. Soy el chico más popular de la universidad.
–me halago un poco.
-Interesante… -añade la morena. -¿Sales mucho por aquí?
-Cuando tengo tiempo, nena. –parece que se ruboriza ante la
última palabra. Sé ligar muy bien.
-Podrías venir más a menudo.
-Lo intentaré. Bueno chicas, me tengo que ir. Encantado.
Miro el escote de la rubia y me marcho dejándolas deseosas. Las
vuelvo locas. Pero yo ahora deseo que la señorita Blair se vuelva loca por mí.
Otra vez ese sentimiento me crea un nudo en el estómago. Justin Bieber, ¿qué
queda de ti? La metamorfosis sigue en marcha por lo visto, si fueras el de antes ya te las habrías tirado.
Subo la música de nuevo y continúo mi marcha. Gotas de sudor
empiezan a resbalar por mi frente y las seco con mi brazo.
Más tarde llego a casa, me doy una refrescante ducha por
segunda vez en el día, me visto cómodo con una camiseta de tirantes dejando a
la vista mis músculos y bajo a comer. Como siempre, soy el último en sentarse
en la mesa. _____ me mira sonrojada y es que justamente la tengo delante.
-¿Qué tal la fiesta de ayer? –me pregunta mamá.
-Estuvo bien, ¿verdad _____? –se muerde el labio inferior
mientras me mira.
-Sí, fue divertido. –contesta con vergüenza. Se lo noto en
la mirada.
-Entonces lo podréis repetir más veces. –dice Mathew, su
padre, sonriente.
-Yo espero que lo hayáis pasado bien porque… -suspira mamá.
–Ha llamado la directora.
-¿Parecía cabreada? –pregunto a carcajadas.
-Lo estaba. –afirma una Pattie con furia en los ojos. Odio
que se ponga así.
-¿Qué ha pasado, cariño? –pregunta Mathew.
-Nuestros queridos hijos se pelearon en pleno centro.
-¿Qué? ¿Eso es verdad, _____?
-Sí, papá… -responde cabizbaja la bicho.
-Que sea la última vez….
-Fue mi culpa. –interrumpo. –Yo provoqué todo.
Mamá vuelve a mirarme con rabia. Pega un trago de agua
mientras pierde su vista mirando el interior del vaso y luego vuelve a mirarme.
-¿Qué hiciste?
-Le dije cosas feas... -digo avergonzándome de mí mismo.
-¿Y te parece bien que... -eleva el tono de voz y no le dejo continuar.
-No, no me parece bien. Fin del tema.
-¿Fin del tema? Justin Bieber estoy cansada de repetirte que respetes a la gente.
-Ahora lo hago, Pattie. -sé que no le gusta que le llame por su nombre.
-Estaréis castigados, ¿lo sabéis?
-Sí, lo sabemos. Además, yo escojo el castigo. –añado.
-Escogías, perdiste tu oportunidad. El tiempo se te pasó,
Justin.
-Es verdad. –río mientras me mira desconcertante. -¿Y cuál
es el castigo?
-Ya lo veréis, no te preocupes que lo sabrás.
10 minutos más tarde acabamos de comer más relajadamente.
Mathew ayuda a mamá a recoger la cocina y observo cómo _____ sube las escaleras
rápido.
-¡Eh! –grito y se gira.
-Sería mejor que me llamaras por mi nombre, ¿no? –se para y
apoya su codo derecho en la barandilla.
-Te dije que no volvería a llamarte así, bicho.
-También dijiste ayer que te gustaba mi sonrisa.
-Y no retiro lo dicho.
-Me parece bien. –lanza una risa divertida y me sitúo a un
escalón por debajo de ella.
-Oye, ¿qué planes tienes para esta tarde?
-¿Me estás invitando a que haga algo contigo?
-Veo que lo has captado.
-Pues… no, no tengo nada que hacer.
-Eso significa que quieres quedar conmigo.
-Eso significa que tengo ganas de besarte.
-¿Y por qué no lo haces, bicho? Estás tardando demasiado.
-Dale tiempo al tiempo, tú mismo lo dijiste.
-Pues mi paciencia se agota. Dime hora y paso a por ti. –río.
-Mmm… creo que tengo que ponerte las cosas más difíciles. No
te supone ni un minuto llamar a mi puerta.
-Y eso es difícil, porque tengo la tentación cerca. –me pongo
de puntillas para encontrarme ahora más cerca de sus labios.
-Justin, ahora no. –agacha mi barbilla con cuidado. –Carrera
hasta tu habitación, ¡ya!
Y sale disparada corriendo con una sonrisa en esa apetecible
boca. La sigo al instante en la misma dirección. Este es uno de esos momentos
en los que pondrías una música divertida de fondo. Corro más rápido hasta que
al final la atrapo con mis brazos y acabamos tumbados en la cama muriéndonos de
la risa y de las ganas de comernos mutuamente los labios. Me encuentro encima de
ella y me vienen varios flashbacks a la mente en dos segundos. Soy un capullo
con las tías. Pero contigo, bicho, soy diferente. Te lo prometo. Se hace el
silencio dando paso a escuchar nuestras respiraciones. Estás atrapada entre mis
piernas y si dejo de hacer fuerza en los brazos caigo rendido directamente a
tus labios. Me miras y me drogas con esos ojos. Entonces te sonrío, debes saber
que no lo puedo evitar cuando lo haces de esa manera que me deja completamente
tonto.
-Bicho, ¿ahora puedo besarte?
Acaricia mi barbilla y tirando de ella me aproxima a sus
labios. Y cuando no existe apenas
distancia se para.
-Créeme que quiero, pero yo también tengo miedo.
-¿De qué?
-De lo que me haces sentir, de ir rápido, de llegar alto y
luego caer…
Y te entiendo, pero me callo. Me retiro situándome a su
derecha tras resoplar. Y ahí estamos, tumbados en mi cama callados. Con miedo.
Perdiendo y a la vez aprovechando el
tiempo que corre deprisa mientras estamos juntos.
-Justin, nunca había besado a un chico.
-¿De verdad? Pues lo haces muy bien.
-Claro. No tengo por qué mentirte.
-Me estás engañando, ¿he sido el primero en probar esos labios?
-Sí... -sus mejillas se prenden de color rojo. Y eso me da más ganas de besarle. -Hay muchas cosas que no conoces de mí.
-Y tú de mí. Es hora de empezar a hacerlo, ¿no?
-Me encantaría. A las cuatro y media estaré lista.
Abandona mi habitación y es inevitable fijarme en su trasero y en esos andares que están empezando mandar descargas por todo mi cuerpo.
Miro al reloj. Estoy impaciente por conocerte más, bicho.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.
No hay comentarios:
Publicar un comentario