Tu rastro.

lunes, 8 de abril de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 7.



|Narra _____|

5 páginas escritas. Vaya. Me he desahogado. Escucho unos pasos a lo lejos del pasillo y cierro rápidamente mi diario. Paso la mano por encima repasando el contorno y lo guardo en el cajón del escritorio. Es como si fuera un lugar secreto. Me acerco al gigante ventanal y contemplo el  día tan primaveral que hace. En mi cabeza se crea la idea de salir a pasear con mis auriculares conectados al iPod y la cinta de la cámara colgando de mi cuello. Miro la hora del reloj que llevo colocado en la mano izquierda y me doy cuenta de que es tarde. Como siempre a la mierda el plan A. Es viernes, no tengo clases y yo aquí desperdiciando mi tiempo. Lo peor es que no sé qué hago pensando estas cosas si nunca hago algo de provecho. Antes era todo diferente. Papá y yo solos. Una pequeña casita para los dos, no necesitábamos nada más. Cuando él trabajaba yo me tumbaba en el sofá a leer un buen libro mientras me inflaba a comer chocolate y otras porquerías. Me gustaba estar sola, sin nadie que me molestara. Ahora empiezo a echar de menos esa soledad.

Recurramos al plan B. No se me ocurre nada que hacer fuera de mi habitación, me quedaría aquí encerrada escribiendo las historias que sueño cada noche y nunca se cumplirán. Además, el mundo que hay fuera de mi imaginación no me gusta ¿para qué mentir? Me decepciono con la gente y prefiero no relacionarme. Si todo fuera como en los libros… sería genial.

Estornudo soltando un fuerte ‘aaaachís’ y me río sola. Cada vez me siento más bicho raro. Bicho. Así me llama él. Él que es un creído niño de mamá. Él que últimamente está apareciendo mucho en mis pensamientos.

Llaman a mi puerta y escucho un ‘¿Puedo pasar?’. No reconozco esa voz de chica tan dulce y suave. Creo que no la he escuchado en mi vida.

-Sí, sí. Adelante. –digo y mi deja derecha se arruga preguntándose quién será.
-Hola…

Vaya. ¿Se ha colado una modelo en casa? Sus ojos azules verdosos me miran con simpatía a conjunto de esa sonrisa tan agradable y brillante. Me va a entrar un ataque de envidia ahora mismo. Además, viste demasiado bien.

-Hola. –contesto al cabo de los 20 segundos que me he quedado paralizada mirándola.
-Me llamo Caitlin, tú eres _____ ¿verdad?
-Sí. Oh, encantada. –parece que se me haya aparecido la virgen o algún ser sobrenatural. _____, reacciona.
-Te preguntarás quién soy. –Hace una pausa debido a que se le escapa una ligera risa. –Soy amiga de Justin y como no conoces a mucha gente venía a decirte si esta noche sales con nosotros.
-¿De verdad? –pregunto extrañada y a la vez sonriente. -¿Dónde?
-Hacen una fiesta cerca de aquí. ¿Te apuntas?
-No me hace mucha gracia… no sé.

No me convence mucho la idea. Seguro que quieren que vaya para burlarse de mí y eso no me hace ni pizca de gracia.

-Va a ser divertido, ¿o tienes algo mejor que hacer?

Revuelve su cabello con soltura y me mira de nuevo.

-_____, venga, no pasará nada. –insiste.

Y de una forma logra que confíe en su palabra. Respiro profundamente y algo en mi cabeza me dice que ya es hora. Hora de salir. De ver mundo. No todo debe de ser tan malo. Creo que he respirado un poco de rebeldía y sí, voy a divertirme. Si estuviera aquí mamá me apoyaría, necesito tanto un abrazo suyo… Ella desde arriba me vigilará y mientras trago saliva le dedico un ‘Tranquila, todo irá bien’. Y lo prometo. Por ella. Por papá. Por mí.

-¿Entonces? –pregunta cruzando los brazos.
-Me apunto. –afirmo.
-¡Perfecto! –se lanza a darme un abrazo y me sorprendo. –Contamos contigo.

Se gira rápidamente para salir por la puerta y su melena se menea como en los anuncios de algún producto de peluquería. Ojalá tuviera yo esa suerte. Se despide y me regala una última sonrisa.

Fiesta. Me voy de fiesta. La palabra retumba destacando entre mis pensamientos. Nunca he ido a una y tampoco me imagino en una de ellas. Mi mente hace un recorrido recordando escenas de películas y todas y cada una de ellas acaba con un beso entre ‘el chico guapo’ y ‘la chica guapa’. Los típicos protagonistas. Cómo me gustaría romper los esquemas. Revolucionar todo en un abrir y cerrar de ojos.

Abro el armario. Es un lugar donde me gustaría vivir, y no por la ropa, sino porque ahí te puedes esconder del resto del mundo. Un sitio oscuro y triste, pero le puedes dar magia y color si lo deseas. No tengo ni la más mínima idea de qué ponerme así que decido tirar todas las camisetas sobre la cama y seleccionar lo que considero más adecuado. No me gusta llamar la atención, por eso abundan los colores tierra en ellas. Es una especie de camuflaje que utilizo.

En ese instante mi móvil vibra sin parar. 1 mensaje. Otro seguido. Y otro. Y uno más. Vaya. Alguien me acosa a mensajes y no quiero creer que sea el estúpido. Pero yo misma me contradigo. Desbloqueo la pantalla y justo en ese momento, en ese puto momento, me doy cuenta de que estoy deseando que sea él.

Justin: Sabía que aceptarías. Ponte guapa para esta noche, bicho. En una hora nos vamos.

-¿Por qué sonríes? –me pregunta inesperadamente. Guardo rápidamente el móvil como si no hubiera leído su mensaje. Parece que lo tenía todo planeado.
-¿Qué haces aquí, Justin? ¿Cuándo has entrado?

Eleva los hombros con una cara bastante interesante.

-Sorpresa. –sonríe sin dejar ver sus dientes, como si quisiera evitar reírse.
-Me han hecho sorpresas mejores. -bromeo.
-Más bien soy un regalo para tu vista. –mira al suelo un segundo y luego fija su mirada en mis labios. –No disimules.

Me pone nerviosa. Lo suficientemente nerviosa como para que mis piernas tiemblen. Y me percato de que me estoy mordiendo el labio inferior por su forma de clavar sus pupilas allí. Así que dejo de hacerlo.

-Eres un creído, Bieber.
-¿Acaso no puedo creérmelo? Cada día te encanto más, Blair. –recalca. Me gusta la forma en la que pronuncia mi apellido.

No respondo, quizás porque no quiero aceptar la realidad. Y es que el estúpido lleva razón, cada día me encanta más. Me odio por ello, por cierto. Quiero frenar este nudo de sentimientos y crear un camino que los lleve lejos de mi cabeza, que los aparte, que los elimine, que los mude a otro lugar donde sean mejor recibidos. Pero si puede ser que tome la velocidad de un cohete. Rápido.

Observa el panorama que hay montado sobre mi cama y se le escapa una risa que calificaría como burlesca. Pero me gusta porque parece un niño pequeño.

-Hazme caso y no te pongas nada de esto. –dice convencido.

¿Pero de verdad pretende que le haga caso?

-Es lo que tengo. –diría que la expresión de mi cara no es de muy buen gusto.
-Pues debes ir de compras.
-Mi felicidad no se basa en eso. –escupo la última palabra.
-Yo puedo acompañarte. Bicho, que así no vas a ligar. –dice cogiendo una camiseta color verde pálido con cara de asco, arrugando la nariz y la boca.
-¿Por qué eres amable y a la vez estúpido?
-Porque estás despertando algo en mí y no quiero.
-¿Qué? –no reacciono y un escalofrío me ha dejado medio atontada.
-Has escuchado bien.

Me derrito ante esa mirada color miel. Siento como los latidos de mi corazón comienzan a cobrar vida. No tengo ni idea de la especie de juego en la que me he metido. Humidifico mis labios. Esta es de esas veces en las que no sabes si estás en un puto sueño o es la realidad. Noto como mi pecho rebota cada vez más fuerte y comienzo a ponerme nerviosa. No sé reaccionar ante estas cosas porque básicamente nunca me han pasado. Nunca. Y lo observo. Veo que ni se inmuta, está tranquilo. Aparta la mirada de mí tras unos largos segundos conectado a mis pupilas que se dilatan ante él. Mis nervios aumentan, pues se acerca a mí.  Camina despacio. Aparta mi melena hacia un lado y noto su aliento rozar mi cuello. Resulta escalofriante. Mi labio superior se aleja del inferior dejando una salida para mi entrecortada respiración. 

-Me siento seguro cerca de ti. –susurra.

Miro al frente. No puedo mirarlo porque me entrarían unas ganas terribles de besar sus labios. Esos mismos que chocan en este instante cerca de mi barbilla. Me planta un beso ahí y luego baja poco a poco. _____, control. El resto de mi cuerpo se paraliza. Y el resto del mundo no existe.

|Narra Justin|

Deslizo mi nariz por tu cuello. Sé que es una zona peligrosa. Esto es sólo para advertirte que tengo ganas de ti. Y no sé por qué, pero me gusta ir despacio contigo. Así es más especial, diferente, como tú. Beso de nuevo tu barbilla mientras te quedas quieta y no te mueves ni un centímetro. Eso es señal de que te gusto también. ¿Estás relajada? Porque a mí de un momento a otro se me va a salir el corazón. Miras hacia abajo y te encuentras con mi mirada. ¿Sabes que me están empezando a encantar esos ojos tuyos marrones? Y esas pequeñas manchas, que se observan bien al tenerte cerca, pueden llegar a hacer que pierda en ellos. Tienen algo que no sé definir.

Entonces me paro justo enfrente tuya y se te escapa una sonrisa. Sí, por fin. No la ocultes, muéstrala siempre que quieras. Me gusta. Y más si te la provoco yo. Me has contagiado. Ahora soy yo el que no puede disimular que te has convertido en la causa de la mía. Pero no me importa. Reímos. Como dos completos tontos. Te beso la frente dejando huella y me marcho. Sé que quieres besarme ahora mismo, pero vamos a darle tiempo al tiempo.  
Subo el volumen de la música y me meto en la ducha. Aunque es una mala idea porque mientras el agua me empapa la cabeza pienso en ti. Cierro los ojos fuertemente para despejarme y me enjabono. Al cabo de 20 minutos salgo y enrollo una toalla en mi cintura. Suena ‘So Sick’ de Ne-yo, una de mis canciones favoritas, y me dedico a cantarla. Entono todas las notas. Nadie lo sabe, pero amo cantar. Además, se me da bien. Cuando estoy triste me refugio en mi habitación a tocar la guitarra y a acompañarla con mi voz. Me siento bien de esa manera. Incluso a veces toco para mi madre, que sé que le encanta y se emociona. Sobretodo cuando en sus claros ojos se forman una especie de ríos que van bajando por sus mejillas y sé que se siente orgullosa de mí por una maldita vez.  

Miro la hora en mi iPhone y me visto lo más rápido posible. El mayor tiempo lo paso secándome el pelo y echándome unos cuantos kilos de gomina. También me echo gran cantidad de colonia, a las chicas les gusta mi olor. Me pongo la chaqueta de cuero negra y bajo deprisa las escaleras. Otra vez cierto nerviosismo recorre por mi piel erizando mi vello y es que sé que me estás esperando fuera. Como si tuviéramos una cita.

-¡Justin! –me llama mamá y retrocedo. –Ir con cuidado.
-Sí, tranquila. –resoplo.
-Cuida de _____. No quiero que le pase nada.
-Lo voy a hacer, de eso no te preocupes. –digo con total convencimiento y luego la abrazo.
-Te quiero. Ah, ¡y no conduzcas deprisa!
-Y yo, mamá. No… ¡me tomas por un loco!

Entonces salgo y me quedo sorprendido. No esperaba verla con un vestido que no le tapara esos muslos tan bien definidos. Además le hace unos pechos realmente hermosos aunque no vaya escotada. Justin, suspira. Tiene un cuerpo de infarto y no te lo esperabas para nada, eh campeón. Hablo solo. Creo que me he quedado boquiabierto y lo ha notado. Me mira divertida.

-Al final encontré esto. –eleva los hombros.
-Mmm… no está mal. –me contengo. Me mira divertida.
-¿Crees que ligaré? –da una vuelta mostrando sus espectaculares y bellas curvas. Se me cae la baba. Lo admito. Y casi se salen mis ojos de la órbita. Wow.
-Puede. Vamos, sube a la moto.
-Sube tú primero. –parece seria cruzando los brazos.
-¿Desde cuándo van primero los hombres?
-¿Desde cuándo eres un hombre? –ríe. Y me fijo en la perfecta forma de sus labios.
-Déjate de tonterías y sube, bicho.
-No puedo subir sola. Se me va a ver todo. –trata de bajarse la parte inferior del vestido. -No estoy acostumbrada a ir corta…
-Pues te ayudo.
-No. Te giras.
-¿Es una orden? –se me escapa una ligera risa.
-Interprétalo como quieras, pero gírate. –me empuja con cuidado mientras observo como un idiota su sonrisa de cerca.
-Está bien.

Le hago caso y le doy la espalda por mucho que me cueste. Escucho unos cuantos golpes, se pone furiosa por no poder subir, es un poco torpe. Río bajito, sin que se entere. Y me muero de curiosidad así que me giro. No se da cuenta y mientras intenta colocar la pierna en el otro lado la impulso cogiéndola por la cintura. Me fijo en su trasero. Bicho, no me habías contado que estabas tan buena.

-¿Qué haces? Te dije que no te giraras. –dice mientras me coloco delante.
-No te hice caso.
-Eres un maleducado, Bieber.
-Y tú una mandona, Blair. Pero esta noche te lo permito.
-¿Por qué?
 -Porque tienes un bonito trasero.
-¡Idiota! –golpea en mi hombro un par de veces. - ¡Miraste!
-Sí. –me sincero. -¿Y qué pasa si te digo que no lo podía evitar?
-Pasa que… -apoya su cabeza en mi espalda. –Pasa que es raro oír esas palabras de tu boca.
-Bicho…
-¿Qué?
-Lo raro es que cuando estoy cerca de ti me ponga nervioso.

No le dejo contestar. Arranco más fuerte que nunca y me agarra al instante.

-¿Tienes miedo? –digo a un tono elevado para que me escuche.
-¡No! –grita.

Y me doy cuenta de que mi miedo ahora mismo es enamorarme. Pero poco a poco noto que ese sentimiento me va consumiendo el alma. Y me gustaría gritar. Gritar que tú eres la única culpable. Que ahora mismo me cuesta respirar. Y no, no es porque estés apretando mis abdominales, es porque estás cerca de mí. Porque cada vez que convertimos los metros en centímetros todo mi cuerpo se convierte en un puto poste eléctrico. Y tiemblo. Tiemblo como si mis piernas no pudieran sostenerme más. Esa sensación de que estás en una nube y de un momento a otro caerás al vacio. Yo no soy así, me estás transformando, bicho. Estás provocando en mí una especie de metamorfosis.

Vuelvo a acelerar. Me agarras más fuerte. Y me siento afortunado. En este caso tú eres ese tesoro, mi fortuna. Convertimos los minutos en segundos y el tiempo pasa a toda ostia. Visualizo a lo lejos gran cantidad de gente y reduzco la velocidad. Suspiras y el ruido del motor disminuye permitiéndome el lujo de escucharte. Poco a poco nos adentramos entre la multitud y acepto que nos rodean muchas caras bonitas, pero hoy estás ganando tú. Me gustaría decírtelo, pero no tengo el valor. A veces soy un puto cobarde que no se atreve a mostrar los sentimientos. Lo admito.

Encuentro un sitio para aparcar y voy frenando despacio. Quizás porque no quiero que te despegues de mí, que me sueltes. Quiero que esos brazos sigan rodeando mi torso. Miro al frente buscando a Ryan, hay mucha gente y no lo encuentro. Pero entonces pienso, pienso que realmente estando aquí contigo no necesito nada más.

-Tengo vergüenza, Justin.
-¿Por qué? –freno y me giro despacio hasta ver su cara. Se coloca justo al lado mío. Y ahí se para el mundo.
-No suelo salir… y menos de fiesta.
-Pues esta será la primera vez.
-Contigo. Oh, qué bonito. –bromea.
-Conmigo todo es así. –vuelvo con mi chulería.
-Cuidado no enamores a todas las chicas.
-Con enamorar a una me sobra.
-¿Ah sí? –nos acercamos mutuamente. Mi pierna derecha se mueve a un ritmo muy rápido y mi pulso toma velocidades prohibidas.
-Sí. ¿Y sabes qué?
-¿Qué?
-Que la besaría en este momento.
-¿Y por qué no lo haces?
-Porque tengo miedo por una puta vez en mi vida.
-A veces tenemos que arriesgarnos.
-Lo sé.
-Muy listo.
-Bicho, no te acerque más. Por favor te lo pido…
-¿Y si no quiero hacerte caso? –su mirada expresa rebeldía. Suspiro hondo.
-¿Y si no más preguntas?

Me lanzo y la callo. Con un beso. No he sido capaz de resistirme. No más palabras, no puedo. Nuestras lenguas conectan a la perfección. Me pregunto qué sentirás tú pero yo estoy volando y en mi estómago explotan cientos de fuegos artificiales. Nunca había besado así. Nunca había sentido en un beso lo que estoy sintiendo contigo. Encima lo haces bien. No dejas de sorprenderme. Te separas un poco y no te dejo. 

Muerdo tu labio inferior impidiendo que te vayas. Y otro beso. Largo. De los que no quieres que terminen. Al instante ríes sobre mi boca. Esta es la primera vez que puedo decir oficialmente que me encantas. Y ahora mismo mi miedo se ha esfumado. Se ha creado una especie de burbuja entre los dos, por favor, que nadie la explote. Que nadie interrumpa este momento. Siento tu beso. Me pierdo en tu lengua. Juraría que no he probado una cosa igual. Sabes bien. A gloria. A tocar el cielo. Me da la sensación de que esto lo voy a recordar bastante tiempo. 

Es como si hubiera dado mi primer beso. El más especial de todos. Y cuando menos lo esperaba. Pero contigo no tengo fuerza de voluntad, me has tentado y he caído. Quiero repetir. Déjame. Recorro tu boca con mi lengua que está ardiendo. Todo esto parece un sueño. Pongo mis manos sobre tus rosadas mejillas para sentirte mejor. Te beso de nuevo despacio. Lento. Reaccionas bien. Me dejas impactado. Quiero más de tu saliva. Me apeteces mucho. Y cuando nuestros labios se separan con cuidado abro los ojos y observo cómo lo haces a la vez que yo. Nos reímos, pero esta vez es diferente.

-Justin…
-Shhhh. –coloco mi dedo índice sobre sus labios. –No digas nada.
-Es que… me ha gustado.
-Y a mí.

Nos miramos un par de segundos detenidamente  y yo me aguanto las malditas ganas de besarla de nuevo. Baja de la moto de un salto y ríe mientras me tiende la mano. Suben el volumen de la música y no sé porqué pero noto que le gusta la canción que está sonando en el momento.

-Por cierto, ¿de qué tenías miedo? –me pregunta y tiro de su mano acercándola a mí.
-De sentir. –digo a un centímetro de distancia de su boca.
-No te preocupes por eso.
-_____, nunca me había pasado lo que me está pasando.
-Lo siento… -se aleja un poco y la acerco esta vez por la cintura.
-Intenta ser menos adictiva, ¿vale?
-Vale.

Trago saliva. Sus ojos cobran un perfecto brillo. Mejor perderme en ellos que en las estrellas que iluminan el cielo. No sé por qué no puedo dejar de mirarlos.
Suena mi móvil interrumpiendo la situación.

*-¿Dónde estás, bro?
-Estamos en la barra. Nos están sirviendo unos cubatas. Venid.
-Ya vamos.
-¿Has traído a la bicho raro?
-Eh. No vuelvas a llamarla así.
-¿Por qué? ¿Has bebido ya, Justin?
-No. Hazme caso y punto.*

Cuelgo. Te cojo de la mano y te pido que no me sueltes. Aceptas con la cabeza. Caminamos decididos. ¿Sabes que nunca he andado cogido de la mano de una chica? Estás siendo la excepción en demasiadas cosas para mí.

Allá a lo lejos logro ver a Ryan con los demás, pero antes me aprietas fuerte y te paras al instante.

-Prométeme una cosa. –susurra en mi oído y me provoca un escalofrío que me deja casi sin palabras.
-Dime.
-Prométeme que no se reirán de mí.
-Te lo prometo. ¿Por qué lo iban a hacer?
-¿Por qué lo haces tú?
-Me gusta verte enfadada. –bromeo.
-Idiota. –dice. Y lo acompaña con una sonrisa.
-Bicho. Sólo puedo burlarme yo de ti.
-Ah, claro. Un detalle por tu parte.
-Estás preciosa esta noche.

Escondo un mechón de pelo tras su oreja y al fin llegamos donde están los demás. Ella saluda a Caitlin con amabilidad y yo choco los puños con Ryan en forma de saludo.

-¡Un cubata de ron, por favor! –pido al que se encuentra sirviendo las bebidas. –Muy cargado. –aclaro.

Éste acepta con la cabeza mientras mezcla algo que tiene muy buena pinta.

-Necesito beber esta noche. –le digo a Ryan, que está bebiendo un sorbo de lo suyo. –Para aclarar mis dudas y despejar las putas ideas de la cabeza.
-¿Qué dudas? –pregunta intrigado.
-Sobre ella. –la miro disimuladamente.
-Tío, no me digas…

En ese preciso momento se acerca a mí. Nos corta por completo.

-¿Quieres algo de beber, _____? –le animo.
-No, no. No bebo.
-Ah, se me olvidaba que eres un bicho raro. –bromeo, pero no sé si lo nota.
-Y tú un capullo. Eso no se me olvida. –sonríe, pero sin mostrar sus dientes.
-Qué sana eres. Si bebes te cuidaré, por eso no te preocupes.
-Sé controlarme sola, gracias.
-Enhorabuena.

Caitlin la llama y antes de irse me mira risueña. Justin, para, no le mires la sonrisa. Frena. 




RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.



No hay comentarios:

Publicar un comentario