|Narra _____|
5 páginas escritas. Vaya. Me he desahogado. Escucho unos
pasos a lo lejos del pasillo y cierro rápidamente mi diario. Paso la mano por
encima repasando el contorno y lo guardo en el cajón del escritorio. Es como si
fuera un lugar secreto. Me acerco al gigante ventanal y contemplo el día tan primaveral que hace. En mi cabeza se
crea la idea de salir a pasear con mis auriculares conectados al iPod y la
cinta de la cámara colgando de mi cuello. Miro la hora del reloj que llevo
colocado en la mano izquierda y me doy cuenta de que es tarde. Como siempre a
la mierda el plan A. Es viernes, no tengo clases y yo aquí desperdiciando mi
tiempo. Lo peor es que no sé qué hago pensando estas cosas si nunca hago algo
de provecho. Antes era todo diferente. Papá y yo solos. Una pequeña casita para
los dos, no necesitábamos nada más. Cuando él trabajaba yo me tumbaba en el
sofá a leer un buen libro mientras me inflaba a comer chocolate y otras
porquerías. Me gustaba estar sola, sin nadie que me molestara. Ahora empiezo a
echar de menos esa soledad.
Recurramos al plan B. No se me ocurre nada que hacer fuera
de mi habitación, me quedaría aquí encerrada escribiendo las historias que
sueño cada noche y nunca se cumplirán. Además, el mundo que hay fuera de mi
imaginación no me gusta ¿para qué mentir? Me decepciono con la gente y prefiero
no relacionarme. Si todo fuera como en los libros… sería genial.
Estornudo soltando un fuerte ‘aaaachís’ y me río sola. Cada
vez me siento más bicho raro. Bicho. Así me llama él. Él que es un creído niño
de mamá. Él que últimamente está apareciendo mucho en mis pensamientos.
Llaman a mi puerta y escucho un ‘¿Puedo pasar?’. No
reconozco esa voz de chica tan dulce y suave. Creo que no la he escuchado en mi
vida.
-Sí, sí. Adelante. –digo y mi deja derecha se arruga
preguntándose quién será.
-Hola…
Vaya. ¿Se ha colado una modelo en casa? Sus ojos azules
verdosos me miran con simpatía a conjunto de esa sonrisa tan agradable y
brillante. Me va a entrar un ataque de envidia ahora mismo. Además, viste
demasiado bien.
-Hola. –contesto al cabo de los 20 segundos que me he
quedado paralizada mirándola.
-Me llamo Caitlin, tú eres _____ ¿verdad?
-Sí. Oh, encantada. –parece que se me haya aparecido la
virgen o algún ser sobrenatural. _____, reacciona.
-Te preguntarás quién soy. –Hace una pausa debido a que se
le escapa una ligera risa. –Soy amiga de Justin y como no conoces a mucha gente
venía a decirte si esta noche sales con nosotros.
-¿De verdad? –pregunto extrañada y a la vez sonriente. -¿Dónde?
-Hacen una fiesta cerca de aquí. ¿Te apuntas?
-No me hace mucha gracia… no sé.
No me convence mucho la idea. Seguro que quieren que vaya
para burlarse de mí y eso no me hace ni pizca de gracia.
-Va a ser divertido, ¿o tienes algo mejor que hacer?
Revuelve su cabello con soltura y me mira de nuevo.
-_____, venga, no pasará nada. –insiste.
Y de una forma logra que confíe en su palabra. Respiro
profundamente y algo en mi cabeza me dice que ya es hora. Hora de salir. De ver
mundo. No todo debe de ser tan malo. Creo que he respirado un poco de rebeldía
y sí, voy a divertirme. Si estuviera aquí mamá me apoyaría, necesito tanto un
abrazo suyo… Ella desde arriba me vigilará y mientras trago saliva le dedico un
‘Tranquila, todo irá bien’. Y lo prometo. Por ella. Por papá. Por mí.
-¿Entonces? –pregunta cruzando los brazos.
-Me apunto. –afirmo.
-¡Perfecto! –se lanza a darme un abrazo y me sorprendo.
–Contamos contigo.
Se gira rápidamente para salir por la puerta y su melena se
menea como en los anuncios de algún producto de peluquería. Ojalá tuviera yo
esa suerte. Se despide y me regala una última sonrisa.
Fiesta. Me voy de fiesta. La palabra retumba destacando
entre mis pensamientos. Nunca he ido a una y tampoco me imagino en una de
ellas. Mi mente hace un recorrido recordando escenas de películas y todas y
cada una de ellas acaba con un beso entre ‘el chico guapo’ y ‘la chica guapa’.
Los típicos protagonistas. Cómo me gustaría romper los esquemas. Revolucionar
todo en un abrir y cerrar de ojos.
Abro el armario. Es un lugar donde me gustaría vivir, y no
por la ropa, sino porque ahí te puedes esconder del resto del mundo. Un sitio
oscuro y triste, pero le puedes dar magia y color si lo deseas. No tengo ni la
más mínima idea de qué ponerme así que decido tirar todas las camisetas sobre
la cama y seleccionar lo que considero más adecuado. No me gusta llamar la
atención, por eso abundan los colores tierra en ellas. Es una especie de
camuflaje que utilizo.
En ese instante mi móvil vibra sin parar. 1 mensaje. Otro
seguido. Y otro. Y uno más. Vaya. Alguien me acosa a mensajes y no quiero creer
que sea el estúpido. Pero yo misma me contradigo. Desbloqueo la pantalla y justo
en ese momento, en ese puto momento, me doy cuenta de que estoy deseando que
sea él.
Justin: Sabía que aceptarías. Ponte guapa para esta noche,
bicho. En una hora nos vamos.
-¿Por qué sonríes? –me pregunta inesperadamente. Guardo
rápidamente el móvil como si no hubiera leído su mensaje. Parece que lo tenía
todo planeado.
-¿Qué haces aquí, Justin? ¿Cuándo has entrado?
Eleva los hombros con una cara bastante interesante.
-Sorpresa. –sonríe sin dejar ver sus dientes, como si
quisiera evitar reírse.
-Me han hecho sorpresas mejores. -bromeo.
-Más bien soy un regalo para tu vista. –mira al suelo un
segundo y luego fija su mirada en mis labios. –No disimules.
Me pone nerviosa. Lo suficientemente nerviosa como para que
mis piernas tiemblen. Y me percato de que me estoy mordiendo el labio inferior
por su forma de clavar sus pupilas allí. Así que dejo de hacerlo.
-Eres un creído, Bieber.
-¿Acaso no puedo creérmelo? Cada día te encanto más, Blair.
–recalca. Me gusta la forma en la que pronuncia mi apellido.
No respondo, quizás porque no quiero aceptar la realidad. Y
es que el estúpido lleva razón, cada día me encanta más. Me odio por ello, por
cierto. Quiero frenar este nudo de sentimientos y crear un camino que los lleve
lejos de mi cabeza, que los aparte, que los elimine, que los mude a otro lugar
donde sean mejor recibidos. Pero si puede ser que tome la velocidad de un
cohete. Rápido.
Observa el panorama que hay montado sobre mi cama y se le
escapa una risa que calificaría como burlesca. Pero me gusta porque parece un
niño pequeño.
-Hazme caso y no te pongas nada de esto. –dice convencido.
¿Pero de verdad pretende que le haga caso?
-Es lo que tengo. –diría que la expresión de mi cara no es
de muy buen gusto.
-Pues debes ir de compras.
-Mi felicidad no se basa en eso. –escupo la última palabra.
-Yo puedo acompañarte. Bicho, que así no vas a ligar. –dice
cogiendo una camiseta color verde pálido con cara de asco, arrugando la nariz y
la boca.
-¿Por qué eres amable y a la vez estúpido?
-Porque estás despertando algo en mí y no quiero.
-¿Qué? –no reacciono y un escalofrío me ha dejado medio
atontada.
-Has escuchado bien.
Me derrito ante esa mirada color miel. Siento como los
latidos de mi corazón comienzan a cobrar vida. No tengo ni idea de la especie
de juego en la que me he metido. Humidifico mis labios. Esta es de esas veces
en las que no sabes si estás en un puto sueño o es la realidad. Noto como mi
pecho rebota cada vez más fuerte y comienzo a ponerme nerviosa. No sé
reaccionar ante estas cosas porque básicamente nunca me han pasado. Nunca. Y lo
observo. Veo que ni se inmuta, está tranquilo. Aparta la mirada de mí tras unos
largos segundos conectado a mis pupilas que se dilatan ante él. Mis nervios
aumentan, pues se acerca a mí. Camina
despacio. Aparta mi melena hacia un lado y noto su aliento rozar mi cuello.
Resulta escalofriante. Mi labio superior se aleja del inferior dejando una
salida para mi entrecortada respiración.
-Me siento seguro cerca de ti. –susurra.
Miro al frente. No puedo mirarlo porque me entrarían unas
ganas terribles de besar sus labios. Esos mismos que chocan en este instante
cerca de mi barbilla. Me planta un beso ahí y luego baja poco a poco. _____,
control. El resto de mi cuerpo se paraliza. Y el resto del mundo no existe.
|Narra Justin|
Deslizo mi nariz por tu cuello. Sé que es una zona
peligrosa. Esto es sólo para advertirte que tengo ganas de ti. Y no sé por qué,
pero me gusta ir despacio contigo. Así es más especial, diferente, como tú. Beso
de nuevo tu barbilla mientras te quedas quieta y no te mueves ni un centímetro.
Eso es señal de que te gusto también. ¿Estás relajada? Porque a mí de un
momento a otro se me va a salir el corazón. Miras hacia abajo y te encuentras
con mi mirada. ¿Sabes que me están empezando a encantar esos ojos tuyos
marrones? Y esas pequeñas manchas, que se observan bien al tenerte cerca, pueden
llegar a hacer que pierda en ellos. Tienen algo que no sé definir.
Entonces me paro justo enfrente tuya y se te escapa una
sonrisa. Sí, por fin. No la ocultes, muéstrala siempre que quieras. Me gusta. Y
más si te la provoco yo. Me has contagiado. Ahora soy yo el que no puede
disimular que te has convertido en la causa de la mía. Pero no me importa.
Reímos. Como dos completos tontos. Te beso la frente dejando huella y me
marcho. Sé que quieres besarme ahora mismo, pero vamos a darle tiempo al
tiempo.
Subo el volumen de la música y me meto en la ducha. Aunque
es una mala idea porque mientras el agua me empapa la cabeza pienso en ti.
Cierro los ojos fuertemente para despejarme y me enjabono. Al cabo de 20
minutos salgo y enrollo una toalla en mi cintura. Suena ‘So Sick’ de Ne-yo, una
de mis canciones favoritas, y me dedico a cantarla. Entono todas las notas.
Nadie lo sabe, pero amo cantar. Además, se me da bien. Cuando estoy triste me
refugio en mi habitación a tocar la guitarra y a acompañarla con mi voz. Me
siento bien de esa manera. Incluso a veces toco para mi madre, que sé que le
encanta y se emociona. Sobretodo cuando en sus claros ojos se forman una
especie de ríos que van bajando por sus mejillas y sé que se siente orgullosa
de mí por una maldita vez.
Miro la hora en mi iPhone y me visto lo más rápido posible.
El mayor tiempo lo paso secándome el pelo y echándome unos cuantos kilos de
gomina. También me echo gran cantidad de colonia, a las chicas les gusta mi
olor. Me pongo la chaqueta de cuero negra y bajo deprisa las escaleras. Otra
vez cierto nerviosismo recorre por mi piel erizando mi vello y es que sé que me
estás esperando fuera. Como si tuviéramos una cita.
-¡Justin! –me llama mamá y retrocedo. –Ir con cuidado.
-Sí, tranquila. –resoplo.
-Cuida de _____. No quiero que le pase nada.
-Lo voy a hacer, de eso no te preocupes. –digo con total
convencimiento y luego la abrazo.
-Te quiero. Ah, ¡y no conduzcas deprisa!
-Y yo, mamá. No… ¡me tomas por un loco!
Entonces salgo y me quedo sorprendido. No esperaba verla con
un vestido que no le tapara esos muslos tan bien definidos. Además le hace unos
pechos realmente hermosos aunque no vaya escotada. Justin, suspira. Tiene un
cuerpo de infarto y no te lo esperabas para nada, eh campeón. Hablo solo. Creo
que me he quedado boquiabierto y lo ha notado. Me mira divertida.
-Al final encontré esto. –eleva los hombros.
-Mmm… no está mal. –me contengo. Me mira divertida.
-¿Crees que ligaré? –da una vuelta mostrando sus
espectaculares y bellas curvas. Se me cae la baba. Lo admito. Y casi se salen
mis ojos de la órbita. Wow.
-Puede. Vamos, sube a la moto.
-Sube tú primero. –parece seria cruzando los brazos.
-¿Desde cuándo van primero los hombres?
-¿Desde cuándo eres un hombre? –ríe. Y me fijo en la
perfecta forma de sus labios.
-Déjate de tonterías y sube, bicho.
-No puedo subir sola. Se me va a ver todo. –trata de bajarse
la parte inferior del vestido. -No estoy acostumbrada a ir corta…
-Pues te ayudo.
-No. Te giras.
-¿Es una orden? –se me escapa una ligera risa.
-Interprétalo como quieras, pero gírate. –me empuja con
cuidado mientras observo como un idiota su sonrisa de cerca.
-Está bien.
Le hago caso y le doy la espalda por mucho que me cueste. Escucho
unos cuantos golpes, se pone furiosa por no poder subir, es un poco torpe. Río
bajito, sin que se entere. Y me muero de curiosidad así que me giro. No se da
cuenta y mientras intenta colocar la pierna en el otro lado la impulso
cogiéndola por la cintura. Me fijo en su trasero. Bicho, no me habías contado
que estabas tan buena.
-¿Qué haces? Te dije que no te giraras. –dice mientras me
coloco delante.
-No te hice caso.
-Eres un maleducado, Bieber.
-Y tú una mandona, Blair. Pero esta noche te lo permito.
-¿Por qué?
-Porque tienes un
bonito trasero.
-¡Idiota! –golpea en mi hombro un par de veces. - ¡Miraste!
-Sí. –me sincero. -¿Y qué pasa si te digo que no lo podía
evitar?
-Pasa que… -apoya su cabeza en mi espalda. –Pasa que es raro
oír esas palabras de tu boca.
-Bicho…
-¿Qué?
-Lo raro es que cuando estoy cerca de ti me ponga nervioso.
No le dejo contestar. Arranco más fuerte que nunca y me
agarra al instante.
-¿Tienes miedo? –digo a un tono elevado para que me escuche.
-¡No! –grita.
Y me doy cuenta de que mi miedo ahora mismo es enamorarme. Pero
poco a poco noto que ese sentimiento me va consumiendo el alma. Y me gustaría
gritar. Gritar que tú eres la única culpable. Que ahora mismo me cuesta
respirar. Y no, no es porque estés apretando mis abdominales, es porque estás
cerca de mí. Porque cada vez que convertimos los metros en centímetros todo mi
cuerpo se convierte en un puto poste eléctrico. Y tiemblo. Tiemblo como si mis
piernas no pudieran sostenerme más. Esa sensación de que estás en una nube y de
un momento a otro caerás al vacio. Yo no soy así, me estás transformando,
bicho. Estás provocando en mí una especie de metamorfosis.
Vuelvo a acelerar. Me agarras más fuerte. Y me siento
afortunado. En este caso tú eres ese tesoro, mi fortuna. Convertimos los
minutos en segundos y el tiempo pasa a toda ostia. Visualizo a lo lejos gran
cantidad de gente y reduzco la velocidad. Suspiras y el ruido del motor
disminuye permitiéndome el lujo de escucharte. Poco a poco nos adentramos entre
la multitud y acepto que nos rodean muchas caras bonitas, pero hoy estás
ganando tú. Me gustaría decírtelo, pero no tengo el valor. A veces soy un puto
cobarde que no se atreve a mostrar los sentimientos. Lo admito.
Encuentro un sitio para aparcar y voy frenando despacio.
Quizás porque no quiero que te despegues de mí, que me sueltes. Quiero que esos
brazos sigan rodeando mi torso. Miro al frente buscando a Ryan, hay mucha gente
y no lo encuentro. Pero entonces pienso, pienso que realmente estando aquí
contigo no necesito nada más.
-Tengo vergüenza, Justin.
-¿Por qué? –freno y me giro despacio hasta ver su cara. Se
coloca justo al lado mío. Y ahí se para el mundo.
-No suelo salir… y menos de fiesta.
-Pues esta será la primera vez.
-Contigo. Oh, qué bonito. –bromea.
-Conmigo todo es así. –vuelvo con mi chulería.
-Cuidado no enamores a todas las chicas.
-Con enamorar a una me sobra.
-¿Ah sí? –nos acercamos mutuamente. Mi pierna derecha se
mueve a un ritmo muy rápido y mi pulso toma velocidades prohibidas.
-Sí. ¿Y sabes qué?
-¿Qué?
-Que la besaría en este momento.
-¿Y por qué no lo haces?
-Porque tengo miedo por una puta vez en mi vida.
-A veces tenemos que arriesgarnos.
-Lo sé.
-Muy listo.
-Bicho, no te acerque más. Por favor te lo pido…
-¿Y si no quiero hacerte caso? –su mirada expresa rebeldía.
Suspiro hondo.
-¿Y si no más preguntas?
Me lanzo y la callo. Con un beso. No he sido capaz de
resistirme. No más palabras, no puedo. Nuestras lenguas conectan a la
perfección. Me pregunto qué sentirás tú pero yo estoy volando y en mi estómago
explotan cientos de fuegos artificiales. Nunca había besado así. Nunca había
sentido en un beso lo que estoy sintiendo contigo. Encima lo haces bien. No
dejas de sorprenderme. Te separas un poco y no te dejo.
Muerdo tu labio inferior impidiendo que te vayas. Y otro beso. Largo. De los que no quieres que terminen. Al instante ríes sobre mi boca. Esta es la primera vez que puedo decir oficialmente que me encantas. Y ahora mismo mi miedo se ha esfumado. Se ha creado una especie de burbuja entre los dos, por favor, que nadie la explote. Que nadie interrumpa este momento. Siento tu beso. Me pierdo en tu lengua. Juraría que no he probado una cosa igual. Sabes bien. A gloria. A tocar el cielo. Me da la sensación de que esto lo voy a recordar bastante tiempo.
Es como si hubiera dado mi primer beso. El más especial de todos. Y cuando menos lo esperaba. Pero contigo no tengo fuerza de voluntad, me has tentado y he caído. Quiero repetir. Déjame. Recorro tu boca con mi lengua que está ardiendo. Todo esto parece un sueño. Pongo mis manos sobre tus rosadas mejillas para sentirte mejor. Te beso de nuevo despacio. Lento. Reaccionas bien. Me dejas impactado. Quiero más de tu saliva. Me apeteces mucho. Y cuando nuestros labios se separan con cuidado abro los ojos y observo cómo lo haces a la vez que yo. Nos reímos, pero esta vez es diferente.
Muerdo tu labio inferior impidiendo que te vayas. Y otro beso. Largo. De los que no quieres que terminen. Al instante ríes sobre mi boca. Esta es la primera vez que puedo decir oficialmente que me encantas. Y ahora mismo mi miedo se ha esfumado. Se ha creado una especie de burbuja entre los dos, por favor, que nadie la explote. Que nadie interrumpa este momento. Siento tu beso. Me pierdo en tu lengua. Juraría que no he probado una cosa igual. Sabes bien. A gloria. A tocar el cielo. Me da la sensación de que esto lo voy a recordar bastante tiempo.
Es como si hubiera dado mi primer beso. El más especial de todos. Y cuando menos lo esperaba. Pero contigo no tengo fuerza de voluntad, me has tentado y he caído. Quiero repetir. Déjame. Recorro tu boca con mi lengua que está ardiendo. Todo esto parece un sueño. Pongo mis manos sobre tus rosadas mejillas para sentirte mejor. Te beso de nuevo despacio. Lento. Reaccionas bien. Me dejas impactado. Quiero más de tu saliva. Me apeteces mucho. Y cuando nuestros labios se separan con cuidado abro los ojos y observo cómo lo haces a la vez que yo. Nos reímos, pero esta vez es diferente.
-Justin…
-Shhhh. –coloco mi dedo índice sobre sus labios. –No digas
nada.
-Es que… me ha gustado.
-Y a mí.
Nos miramos un par de segundos detenidamente y yo me aguanto las malditas ganas de besarla
de nuevo. Baja de la moto de un salto y ríe mientras me tiende la mano. Suben
el volumen de la música y no sé porqué pero noto que le gusta la canción que
está sonando en el momento.
-Por cierto, ¿de qué tenías miedo? –me pregunta y tiro de su
mano acercándola a mí.
-De sentir. –digo a un centímetro de distancia de su boca.
-No te preocupes por eso.
-_____, nunca me había pasado lo que me está pasando.
-Lo siento… -se aleja un poco y la acerco esta vez por la
cintura.
-Intenta ser menos adictiva, ¿vale?
-Vale.
Trago saliva. Sus ojos cobran un perfecto brillo. Mejor
perderme en ellos que en las estrellas que iluminan el cielo. No sé por qué no
puedo dejar de mirarlos.
Suena mi móvil interrumpiendo la situación.
*-¿Dónde estás, bro?
-Estamos en la barra. Nos están sirviendo unos cubatas.
Venid.
-Ya vamos.
-¿Has traído a la bicho raro?
-Eh. No vuelvas a llamarla así.
-¿Por qué? ¿Has bebido ya, Justin?
-No. Hazme caso y punto.*
Cuelgo. Te cojo de la mano y te pido que no me sueltes.
Aceptas con la cabeza. Caminamos decididos. ¿Sabes que nunca he andado cogido
de la mano de una chica? Estás siendo la excepción en demasiadas cosas para mí.
Allá a lo lejos logro ver a Ryan con los demás, pero antes me
aprietas fuerte y te paras al instante.
-Prométeme una cosa. –susurra en mi oído y me provoca un
escalofrío que me deja casi sin palabras.
-Dime.
-Prométeme que no se reirán de mí.
-Te lo prometo. ¿Por qué lo iban a hacer?
-¿Por qué lo haces tú?
-Me gusta verte enfadada. –bromeo.
-Idiota. –dice. Y lo acompaña con una sonrisa.
-Bicho. Sólo puedo burlarme yo de ti.
-Ah, claro. Un detalle por tu parte.
-Estás preciosa esta noche.
Escondo un mechón de pelo tras su oreja y al fin llegamos donde
están los demás. Ella saluda a Caitlin con amabilidad y yo choco los puños con
Ryan en forma de saludo.
-¡Un cubata de ron, por favor! –pido al que se encuentra
sirviendo las bebidas. –Muy cargado. –aclaro.
Éste acepta con la cabeza mientras mezcla algo que tiene muy
buena pinta.
-Necesito beber esta noche. –le digo a Ryan, que está
bebiendo un sorbo de lo suyo. –Para aclarar mis dudas y despejar las putas
ideas de la cabeza.
-¿Qué dudas? –pregunta intrigado.
-Sobre ella. –la miro disimuladamente.
-Tío, no me digas…
En ese preciso momento se acerca a mí. Nos corta por
completo.
-¿Quieres algo de beber, _____? –le animo.
-No, no. No bebo.
-Ah, se me olvidaba que eres un bicho raro. –bromeo, pero no
sé si lo nota.
-Y tú un capullo. Eso no se me olvida. –sonríe, pero sin
mostrar sus dientes.
-Qué sana eres. Si bebes te cuidaré, por eso no te
preocupes.
-Sé controlarme sola, gracias.
-Enhorabuena.
Caitlin la llama y antes de irse me mira risueña. Justin,
para, no le mires la sonrisa. Frena.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.
No hay comentarios:
Publicar un comentario