|Narra _____ |
-¿Dónde vamos? –pregunto curiosa mientras el viento golpea
en mi cara.
-Por algo llevas una venda en los ojos. –contesta con cierto
humor.
Me gustan las sorpresas, aunque no sé si esto se trata de
una de ellas. No tengo ni la más mínima idea de lo que quiere este chico de mí
en este momento, sólo espero ir vestida adecuadamente para la situación. Me ha
costado más tiempo del que requiere. Y es que quiero abrirme más al mundo,
sentirme ''libre'' en cierto modo.
Llevo una camiseta con un bonito estampado
que deja descubierto mi hombro derecho, unos pantalones pitillo ajustados y mis
converse negras. Me siento menos bicho raro, aunque no dejo de serlo. No soy de
esas que cambian para agradar a los demás. Así que si me quieres, quiéreme tal
y como soy.
Trato de tranquilizarme lo mejor que puedo pero no dejo de
pensar en lo que viene a continuación. Estoy nerviosa y mi estómago se contrae.
Llevaría la mano a mi boca para devorar mis uñas pero están en un mejor lugar,
su abdomen. Está fuerte, lo puedo notar. Además se encuentra totalmente rígido.
Apoyo la parte derecha de mi cara en su espalda y se me
escapa una sonrisa. Aspiro fuerte y puedo oler su perfume, el cual me deja
completamente tensa y atontada a la vez. Me quedaría aquí quieta durante mucho
tiempo.
-Ya casi estamos. –escucho su voz tranquilizadora.
En poco más de cinco minutos parece que llegamos. Frena
despacio y no quiero apartarme de él. Puedo notar un ambiente húmedo que me
agrada. También se escucha el piar de unos cuantos pájaros.
-¿Ya puedo mirar? –la intriga corre por mis venas y no lo
puedo evitar.
-No, todavía no. –se mueve y abandono las manos de su
abdomen. Escucho su risa.
-Justin, ¿dónde me has traído?
-Seguro que te gusta este lugar. Es muy… muy a lo tuyo.
-¿Qué? –carcajeo.
-Bicho. –se queda unos segundos en silencio. –Y baja ya de
la moto, que se nos va a hacer de noche.
-Estúpido. –murmuro bajito. –¿Cómo pretendes que baje si no
veo? Quieres que me meta una buena ostia, ¿verdad?
-Si te caes, te levantas. Es fácil. –escucho su risa de
nuevo.
Qué poco caballeroso. ¿Por qué me habré tenido que lo que
sea que signifique este sentimiento de este chico? Me decido a colocar mis dos
piernas a un lado y gracias a mi sentido del tacto consigo tocar tierra. Me
siento orgullosa de mí.
-No me caí, listo. –digo en un plan burlesco.
Nadie contesta.
-¿Justin?
¿Habrá sido capaz de dejarme sola?
-¿Justin?
Repito su nombre esta vez más alto.
-A veces eres un gilipollas, ¿lo sabías?
Comienzo a caminar moviendo las manos a mí alrededor
intentando asegurar que no me choco con
nada. Soy como las aspas de un molino luchando contra el viento. Con cuidado doy
un paso más hasta que me detengo.
-Justin, voy a quitarme la maldita venda de los ojos. Cuento
hasta tres. Uno… dos…
-¡Espera! –siento sus manos en mi cintura.
-Ya es tarde.
Me desprendo de la venda tirándola al suelo y camino en
dirección hacia… no sé dónde. Estamos en un bosque y no me detengo ni a mirar
el precioso paisaje. Todo es verde. Vaya, llevaba razón, me encanta este lugar.
Seguro que aquí se podrían tomar las mejores
fotografías. Mi cámara, necesitaría ahora mi cámara. Pero no estoy para
bromas.
-¡_____!
-¿Qué quieres? –me giro para observarlo. Él me mira de
arriba abajo.
-¿No te gustan las sorpresas? –dice en un tono elevado.
-A veces eres un poco gilipollas. –digo, y él eleva una ceja.
-Sólo era una broma. –se acerca provocador a mí.
-Ya, claro. –pongo mis brazos en forma de jarra.
-¿Estás enfadada? –me atrapa acercándome a él por la cintura
y me pega a su cuerpo.
-Sí. –digo seca y con una expresión antipática.
-Pues me encanta cuando lo estás. –dice aproximándose a mi
boca.
-No, Justin, conmigo esos trucos no funcionan.
-¿No quieres besarme? –fijo mi mirada en sus labios y
maldita sea, ¿cómo no voy a querer besarlos?
-No. –me hago la dura.
-Mientes.
-He dicho que no, ¿te lo repito?
-Para por favor, me pones mucho cuando te cabreas. –se
muerde los labios. Socorro. Eso a mí sí que me calienta.
-Bueno, -aparto sus brazos. -¿por qué me has traído aquí?
-Cómo te gusta cambiar de tema…
-Contesta a la maldita pregunta.
He sido un poco brusca. Al instante cambia la expresión de su cara completamente. ¿Tan dura he sido? No creo.
-Nadie lo sabe… pero a veces me escapo aquí con mi guitarra
y entono unas cuantas notas.
-Y yo soy bailarina profesional, ¿lo sabías? –bromeo.
-Bicho, ¿no me crees? –parece serio.
-Me cuesta creer que el chico malo se escape a un bosque a
tocar con su guitarra, sí.
-También canto. –traga saliva de manera tan exagerada que
observo el movimiento de su nuez. Parece que le haya costado decir esa sencilla
frase.
-Yo mañana empiezo mi gira mundial. -río.
-_____ te estoy confesando algo que pocas personas saben.
–la expresión de su cara es seria.
No sé por qué, pero en ese momento sus ojos me transmiten
que no está mintiendo. Encuentro en ellos una parte de él que no esperaba y que
lleva guardada dentro, muy dentro. Sabía que escondía algo, no todo podía ser tan malo. Pero
como todo el mundo, yo también escondo cosas, mi pasado, las heridas incurables
que permanecen todavía en mi corazón. Incluso algunas de ellas están a la vista
y marcadas en mi piel.
Un sentimiento extraño se apodera de mí y comienzo a recordar escenas, momentos
vividos que por mucho que desee son imborrables. Recuerdo tres años atrás
cuando salía del instituto con toda la prisa del mundo para llegar a casa
porque estaba lloviendo, me empapé, pero eso no era lo peor. Abrí la puerta,
fui al salón y me encontré a papá tirado en el suelo.
Me acuerdo perfectamente cómo fui corriendo a atenderlo y a preguntarle que qué pasaba. No imaginaba lo que me venía encima. ''Mamá ya se ha ido'' nunca me habían dolido tanto unas palabras. Mis ojos se empaparon de agua y comencé a destrozar mis nudillos estampándolos contra la pared. No podía creer nada. No era real. Una pesadilla. Peor que eso. Me quería ir con ella de este mundo, no quería dejarla sola. Básicamente no quería vivir. Mi vida era una completa mierda. Estaba hundida. Todo iba mal. Mis notas bajaron notablemente, las chicas de clase seguían burlándose de mí, los chicos me esquivaban y me encontraba sola, sola en este lugar tan grande llamado mundo.
Me acuerdo perfectamente cómo fui corriendo a atenderlo y a preguntarle que qué pasaba. No imaginaba lo que me venía encima. ''Mamá ya se ha ido'' nunca me habían dolido tanto unas palabras. Mis ojos se empaparon de agua y comencé a destrozar mis nudillos estampándolos contra la pared. No podía creer nada. No era real. Una pesadilla. Peor que eso. Me quería ir con ella de este mundo, no quería dejarla sola. Básicamente no quería vivir. Mi vida era una completa mierda. Estaba hundida. Todo iba mal. Mis notas bajaron notablemente, las chicas de clase seguían burlándose de mí, los chicos me esquivaban y me encontraba sola, sola en este lugar tan grande llamado mundo.
Los días pasaban y yo continuaba sin asimilar todo lo que había sucedido. ¿Ahora cómo
me iba a dormir sin un beso suyo de buenas noches? ¿Quién me abrazaría cuando
todo fuera mal? Aunque las cosas no podrían ir peor de lo que iban en ese
momento…
Se me escapa una lágrima y la seco antes de que Justin la
pudiera percibir.
-¿Cantas bien? –pregunto para abandonar mis pensamientos.
-Bueno… -se encoge de hombros y se me escapa una risa.
-Yo quiero escucharte.
-Algún día. –sonríe vergonzoso.
Es increíble cómo hace que con su mirada escape de todo lo malo. Es por eso que me gustas, por muy gilipollas, creído y molesto que seas.
-Justin Bieber, no me esperaba eso de ti. –carcajeo.
-Sólo canto a veces para mi madre. Nadie más sabe que me
gusta hacerlo.
-Ahora lo sé yo. Pero mantendré en silencio tu secreto.
-Bicho, no te burles de mí. –amenaza acercándose a mí mientras
pasa la lengua por los extremos de sus labios.
-¿Me vas a pegar con tu guitarra? –carcajeo más fuerte.
-¡Te pasaste!
Me coge rápidamente con sus fuertes brazos y coloca mi
cuerpo en su hombro izquierdo mientras reímos sin parar y muevo mis piernas
pataleando. ¿Tan poco peso? Me he sentido como si fuera la pluma de un ave por un instante. O él tiene demasiada fuerza.
-¡Justin bájame! ¡Tengo vértigo!
-Retira lo dicho, Blair. –dice agarrándome fuerte de la
cadera.
-¡Cuidado, me haces daño!
Me baja haciendo que crezca mi ego sintiéndome importante y
estampa mi espalda contra un árbol colocando sus manos justo alrededor de mi cabeza.
No tengo escapatoria.
-Ahora sí que estás atrapada. –dice mordiéndose el labio
inferior.
-Pero me he salido con la mía, Bieber. –digo echándole en
cara.
-Siéntete rebelde por un momento en tu vida. –guiña un ojo y
necesito más oxigeno para poder respirar porque me deja medio muerta.
-Estúpido. No sabes nada de mi vida.
-De acuerdo, lo que tú digas…
-¿Me has dado la razón? ¡No lo puedo creer!
-No interpretas bien mis… -no le dejo acabar la frase.
-Sí… -se me escapa una risa traviesa. –lo que tú digas. -intento imitar su voz.
-Oye, -rodea sus ojos y me mira inquietante. -¿vas a dejar ya que te bese?
-Mmm… -me hago la interesante.
Se aproxima a mi boca. Mi corazón comienza bombear deprisa
al detectar su aliento cerca de mí. Dirijo mi mirada a sus labios y me pongo
nerviosa. Eres tan estúpido pero tan
adorable a la vez… no me lo explico. Puedes sacarme de mis casillas un minuto y
al otro consigues que te desee lo inimaginable. Yo no sé qué haces conmigo,
pero haces que pierda la razón contigo. Te diría que te alejes porque te
recuerdo que tengo miedo de estas sensaciones, pero no puedo. Soy incapaz. Es
como si estuviera atrapada en otro mundo. Tenerte ahí es como perder una
batalla sin ni siquiera participar en ella. Maldigo interiormente a esas ganas
de besarte y aprieto mis puños con fuerza. No puedo estar tranquila. Justin, alteras
mis sentidos.
-No sé si te das cuenta de que estoy reclamando un beso
tuyo.
¿Por qué eres tan malditamente irresistible? Estampas tu
boca contra la mía y nuestras lenguas realizan sus coreografías. Si se tratara
de un concurso de bailes, ganarías el primer premio. Enrollo mis brazos
alrededor de tu cuello y me fundo en el intenso beso que me das. Pasan los
segundos y nuestras bocas no quieren despegarse, al contrario, se quiere
conocer más profundamente. Haces que desconecte de mis pensamientos para
apoderarte tú de ellos mientras me besas como sabes. Ahora entiendo por qué
traes loco al 99,9% de las chicas de la universidad. Quizás yo era el 0,1% que
jodía todo, pero ahora hablo en pasado, porque si te digo la verdad… a mí
también me llevas de cabeza.
Presionas tu cuerpo contra el mío y mi espalda sigue pegada
al árbol. Como si estuviera atrapada y no hubiera más remedio que juntar
nuestras bocas. Deslizas tu lengua hasta casi mi garganta mientras realizo caricias
por tu nuca. Me da la sensación de que algún que otro escalofrío recorre por tu
columna vertebral erizando tu piel. Entonces no paro de hacerlo. Te beso, me
besas y unas cuantas risas se nos escapan. Sabes tan bien…
Ahora entra mi lengua en tu boca tras una batalla complicada
y te dejas. Llevas tus manos hacia mi cintura y poco a poco te aproximas a mi
trasero. Pero te detienes, parece que tengas miedo, o quizás lo que me tienes
es respeto. No olvido ese ''Me gusta ir despacio contigo''. Presionas fuerte
contra mis pantalones y se me escapa un ligero gemido. Me quiero morir. Nunca
me había sucedido algo parecido. Rezo a todos los dioses del universo que no me
hayas escuchado, pero lo dudo cuando no nos separa ni un centímetro de
distancia.
-Buf. –suspiras excitado. –Lo que te haría en este momento.
Jamás alguien había dedicado unas palabras tan pervertidas
hacia mí. Y me pregunto ''¿por qué no lo haces? Sabes que no soy como las demás,
¿verdad?''. Seguro que piensas que soy una especie de santa. Y más después de
confesarte que tú has sido el único chico al que he besado. ¿Todos lo harán
igual de bien que tú? Sabes bien. Tienes magia en tu saliva, en tus besos.
Dejo de comerme la cabeza y comienzo a comerte los labios.
Son carnosos, me apetecen mucho. Te muerdo el inferior y sonríes. Me miras con
cara de que quieres más. Entonces lo vuelvo a hacer. Te muerdo despacio y
estiro tu labio lentamente. Tu mirada es cálida y tus ojos miel se vuelven más
claros. Casi tanto que puedo verme reflejada en ellos.
-Sigue. Me gusta.
Tus palabras me tientan. Reclamo más besos, caricias y unos
cuantos mordiscos. Y ahí nos perdemos ambos, en un juego de dos, donde corremos
el peligro de convertirnos en una especie de droga. Cada vez quiero más de ti,
y tú de mí. Me desafías a tomar una dirección, una improbable dirección, a tu
corazón. A medida que tu piel roza mi piel ocupas un pedazo más grande en mi
interior. El miedo se convierte en deseo y las palabras en lenguaje no verbal. Nuestras
lenguas hablan por sí solas. Ellas se entienden y conectan a la perfección,
¿qué importa lo demás? Sólo tú logras hacerme sentir especial. No digo rara,
digo especial. A tu manera. Me gusta cómo llevas la situación a la perfección,
sin pasar nuestra frontera ni nuestros límites. Me gusta que me sepas apreciar
sin ser una muñeca estúpida con un trozo pequeño de tela que apenas cubre el
cuerpo. Me gusta que me hagas sentir lo que nunca he sentido.
Qué rápido ha pasado todo. Está oscureciendo y me susurras
algo al oído que no logro entender. Tras notar tus labios en mi oreja me
plantas un beso bajo de ella para a continuación abrazarme por detrás. Juraría
que esta es una de las mejoras cosas que pueden llegar a existir. Toco el cielo
de las sensaciones. Respondo a tu abrazo colocando un beso justo en tu mejilla
y te dejo un pequeño mordisco con sabor a gloria. Me giro y te observo. Pocas
veces he visto esa cara tan tierna.
-Me ha gustado estar así contigo. –digo pasando mi dedo
índice por tu barbilla.
-Y a mí. –me dedicas una sonrisa. –Pero todavía nos queda
mucho por saber.
-¿A qué te refieres?
-Lo que has dicho antes… llevas razón. No sé mucho de ti,
pero no importa en esto.
-A lo mejor sí que importa.
-A mi me da igual, porque no va a cambiar nada.
-Mi vida pasada… era una mierda. –digo bajito las últimas
palabras.
-Pues tu nueva vida va a ser mejor. –colocas la palma de tus
manos en mis mejillas. Tu mirada es penetrante y sincera. –Yo me encargaré de
ello.
-Gracias. –susurro. –Gracias por preocuparte. Cuando quieres
no eres el Justin estúpido.
-Tú me haces no serlo. –realizas círculos con la yema de tus
dedos sobre mi piel provocando que se erice. –Por eso me gusta tanto estar
contigo.
Sacas el móvil de tu bolsillo y extiendes el brazo colocándolo
frente a nosotros. Miro a la pantalla y nos veo justo en ella.
-¿Qué haces?
-Voy a tomar una foto. Tú sólo sonríe.
Y así hago. Sonrío y él pasa su brazo por mi hombro haciendo
que nuestras cabezas se junten. Entrecierra los ojos y me hace gracia, está
intentando posar.
-Estás tonto, eh. –digo en un murmullo cariñosamente.
Sonríe y da un toque con su dedo a la pantalla táctil. Foto.
-La quiero ver. –digo aproximando el móvil hacia mí. –Aunque
seguro que salgo mal.
-Eso es imposible.
Miro la fotografía y noto un pinchazo en mi interior. Mi
consciencia da volteretas, también. En verdad no hacemos tan mala pareja. No lo
somos, pero… no sé. ¿Qué hago pensando en esto?
-Bonito recuerdo de nuestra primera cita, ¿no? –susurra.
¿Primera cita? Todo me suena muy raro, como si hablara en
chino o en árabe. Quizás en un idioma extraterrestre. No sé qué decir ni cómo
continuar.
-Me gusta mucho. –me decanto a decir.
-A mí me gustas mucho tú.
En apenas unos
segundo captura mis labios. No sé cómo lo hace, pero es tan imprevisible… y eso
no me desagrada. Este beso me ha dejado con ganas de más.
Mira hacia arriba contemplando el cielo que poco a poco se
está convirtiendo en una acumulación de nubes. Supongo que nos tenemos que
marchar y no quiero. Me he sentido tan bien que lo repetiría unas 10 veces más.
O quizás me quede corta con la cifra.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.