Tu rastro.

martes, 30 de abril de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 9.


|Narra _____ |

-¿Dónde vamos? –pregunto curiosa mientras el viento golpea en mi cara.
-Por algo llevas una venda en los ojos. –contesta con cierto humor.

Me gustan las sorpresas, aunque no sé si esto se trata de una de ellas. No tengo ni la más mínima idea de lo que quiere este chico de mí en este momento, sólo espero ir vestida adecuadamente para la situación. Me ha costado más tiempo del que requiere. Y es que quiero abrirme más al mundo, sentirme ''libre'' en cierto modo. 

Llevo una camiseta con un bonito estampado que deja descubierto mi hombro derecho, unos pantalones pitillo ajustados y mis converse negras. Me siento menos bicho raro, aunque no dejo de serlo. No soy de esas que cambian para agradar a los demás. Así que si me quieres, quiéreme tal y como soy.

Trato de tranquilizarme lo mejor que puedo pero no dejo de pensar en lo que viene a continuación. Estoy nerviosa y mi estómago se contrae. Llevaría la mano a mi boca para devorar mis uñas pero están en un mejor lugar, su abdomen. Está fuerte, lo puedo notar. Además se encuentra totalmente rígido.

Apoyo la parte derecha de mi cara en su espalda y se me escapa una sonrisa. Aspiro fuerte y puedo oler su perfume, el cual me deja completamente tensa y atontada a la vez. Me quedaría aquí quieta durante mucho tiempo.

-Ya casi estamos. –escucho su voz tranquilizadora.

En poco más de cinco minutos parece que llegamos. Frena despacio y no quiero apartarme de él. Puedo notar un ambiente húmedo que me agrada. También se escucha el piar de unos cuantos pájaros.

-¿Ya puedo mirar? –la intriga corre por mis venas y no lo puedo evitar.
-No, todavía no. –se mueve y abandono las manos de su abdomen. Escucho su risa.
-Justin, ¿dónde me has traído?
-Seguro que te gusta este lugar. Es muy… muy a lo tuyo.
-¿Qué? –carcajeo.
-Bicho. –se queda unos segundos en silencio. –Y baja ya de la moto, que se nos va a hacer de noche.
-Estúpido. –murmuro bajito. –¿Cómo pretendes que baje si no veo? Quieres que me meta una buena ostia, ¿verdad?
-Si te caes, te levantas. Es fácil. –escucho su risa de nuevo.

Qué poco caballeroso. ¿Por qué me habré tenido que lo que sea que signifique este sentimiento de este chico? Me decido a colocar mis dos piernas a un lado y gracias a mi sentido del tacto consigo tocar tierra. Me siento orgullosa de mí.

-No me caí, listo. –digo en un plan burlesco.

Nadie contesta.

-¿Justin?

¿Habrá sido capaz de dejarme sola?

-¿Justin?

Repito su nombre esta vez más alto.

-A veces eres un gilipollas, ¿lo sabías?

Comienzo a caminar moviendo las manos a mí alrededor intentando asegurar  que no me choco con nada. Soy como las aspas de un molino luchando contra el viento. Con cuidado doy un paso más hasta que me detengo.

-Justin, voy a quitarme la maldita venda de los ojos. Cuento hasta tres. Uno… dos…
-¡Espera! –siento sus manos en mi cintura.
-Ya es tarde.

Me desprendo de la venda tirándola al suelo y camino en dirección hacia… no sé dónde. Estamos en un bosque y no me detengo ni a mirar el precioso paisaje. Todo es verde. Vaya, llevaba razón, me encanta este lugar. Seguro que aquí se podrían tomar las mejores  fotografías. Mi cámara, necesitaría ahora mi cámara. Pero no estoy para bromas.

-¡_____!
-¿Qué quieres? –me giro para observarlo. Él me mira de arriba abajo.
-¿No te gustan las sorpresas? –dice en un tono elevado.
-A veces eres un poco gilipollas. –digo, y él eleva una ceja.
-Sólo era una broma. –se acerca provocador a mí.
-Ya, claro. –pongo mis brazos en forma de jarra.
-¿Estás enfadada? –me atrapa acercándome a él por la cintura  y me pega a su cuerpo.
-Sí. –digo seca y con una expresión antipática.
-Pues me encanta cuando lo estás. –dice aproximándose a mi boca.
-No, Justin, conmigo esos trucos no funcionan.
-¿No quieres besarme? –fijo mi mirada en sus labios y maldita sea, ¿cómo no voy a querer besarlos?
-No. –me hago la dura.
-Mientes.
-He dicho que no, ¿te lo repito?
-Para por favor, me pones mucho cuando te cabreas. –se muerde los labios. Socorro. Eso a mí sí que me calienta.
-Bueno, -aparto sus brazos. -¿por qué me has traído aquí?
-Cómo te gusta cambiar de tema…
-Contesta a la maldita pregunta.

He sido un poco brusca. Al instante cambia la expresión de su cara completamente. ¿Tan dura he sido? No creo.

-Nadie lo sabe… pero a veces me escapo aquí con mi guitarra y entono unas cuantas notas.
-Y yo soy bailarina profesional, ¿lo sabías? –bromeo.
-Bicho, ¿no me crees? –parece serio.
-Me cuesta creer que el chico malo se escape a un bosque a tocar con su guitarra, sí.
-También canto. –traga saliva de manera tan exagerada que observo el movimiento de su nuez. Parece que le haya costado decir esa sencilla frase.
-Yo mañana empiezo mi gira mundial. -río.
-_____ te estoy confesando algo que pocas personas saben. –la expresión de su cara es seria.

No sé por qué, pero en ese momento sus ojos me transmiten que no está mintiendo. Encuentro en ellos una parte de él que no esperaba y que lleva guardada dentro, muy dentro. Sabía que escondía algo, no todo podía ser tan malo. Pero como todo el mundo, yo también escondo cosas, mi pasado, las heridas incurables que permanecen todavía en mi corazón. Incluso algunas de ellas están a la vista y marcadas en mi piel.

Un sentimiento extraño se apodera de mí  y comienzo a recordar escenas, momentos vividos que por mucho que desee son imborrables. Recuerdo tres años atrás cuando salía del instituto con toda la prisa del mundo para llegar a casa porque estaba lloviendo, me empapé, pero eso no era lo peor. Abrí la puerta, fui al salón y me encontré a papá tirado en el suelo. 

Me acuerdo perfectamente cómo fui corriendo a atenderlo y a preguntarle que qué pasaba. No imaginaba lo que me venía encima. ''Mamá ya se ha ido'' nunca me habían dolido tanto unas palabras. Mis ojos se empaparon de agua y comencé a destrozar mis nudillos estampándolos contra la pared. No podía creer nada. No era real. Una pesadilla. Peor que eso. Me quería ir con ella de este mundo, no quería dejarla sola. Básicamente no quería vivir. Mi vida era una completa mierda. Estaba hundida. Todo iba mal. Mis notas bajaron notablemente, las chicas de clase seguían burlándose de mí, los chicos me esquivaban y me encontraba sola, sola en este lugar tan grande llamado mundo.

Los días pasaban y yo continuaba sin asimilar todo lo que había sucedido. ¿Ahora cómo me iba a dormir sin un beso suyo de buenas noches? ¿Quién me abrazaría cuando todo fuera mal? Aunque las cosas no podrían ir peor de lo que iban en ese momento…
Se me escapa una lágrima y la seco antes de que Justin la pudiera percibir.

-¿Cantas bien? –pregunto para abandonar mis pensamientos.
-Bueno… -se encoge de hombros y se me escapa una risa.
-Yo quiero escucharte.
-Algún día. –sonríe vergonzoso.

Es increíble cómo hace que con su mirada escape de todo lo malo. Es por eso que me gustas, por muy gilipollas, creído y molesto que seas.

-Justin Bieber, no me esperaba eso de ti. –carcajeo.
-Sólo canto a veces para mi madre. Nadie más sabe que me gusta hacerlo.
-Ahora lo sé yo. Pero mantendré en silencio tu secreto.
-Bicho, no te burles de mí. –amenaza acercándose a mí mientras pasa la lengua por los extremos de sus labios.
-¿Me vas a pegar con tu guitarra? –carcajeo más fuerte.
-¡Te pasaste!

Me coge rápidamente con sus fuertes brazos y coloca mi cuerpo en su hombro izquierdo mientras reímos sin parar y muevo mis piernas pataleando. ¿Tan poco peso? Me he sentido como si fuera la pluma de un ave por un instante. O él tiene demasiada fuerza.

-¡Justin bájame! ¡Tengo vértigo!
-Retira lo dicho, Blair. –dice agarrándome fuerte de la cadera.
-¡Cuidado, me haces daño!

Me baja haciendo que crezca mi ego sintiéndome importante y estampa mi espalda contra un árbol colocando sus manos justo alrededor de mi cabeza. No tengo escapatoria.

-Ahora sí que estás atrapada. –dice mordiéndose el labio inferior.
-Pero me he salido con la mía, Bieber. –digo echándole en cara.
-Siéntete rebelde por un momento en tu vida. –guiña un ojo y necesito más oxigeno para poder respirar porque me deja medio muerta.
-Estúpido. No sabes nada de mi vida.
-De acuerdo, lo que tú digas…
-¿Me has dado la razón? ¡No lo puedo creer!
-No interpretas bien mis… -no le dejo acabar la frase.
-Sí… -se me escapa una risa traviesa. –lo que tú digas. -intento imitar su voz.
-Oye, -rodea sus ojos y me mira inquietante. -¿vas a dejar ya que te bese?
-Mmm… -me hago la interesante.

Se aproxima a mi boca. Mi corazón comienza bombear deprisa al detectar su aliento cerca de mí. Dirijo mi mirada a sus labios y me pongo nerviosa.  Eres tan estúpido pero tan adorable a la vez… no me lo explico. Puedes sacarme de mis casillas un minuto y al otro consigues que te desee lo inimaginable. Yo no sé qué haces conmigo, pero haces que pierda la razón contigo. Te diría que te alejes porque te recuerdo que tengo miedo de estas sensaciones, pero no puedo. Soy incapaz. Es como si estuviera atrapada en otro mundo. Tenerte ahí es como perder una batalla sin ni siquiera participar en ella. Maldigo interiormente a esas ganas de besarte y aprieto mis puños con fuerza. No puedo estar tranquila. Justin, alteras mis sentidos.

-No sé si te das cuenta de que estoy reclamando un beso tuyo.

¿Por qué eres tan malditamente irresistible? Estampas tu boca contra la mía y nuestras lenguas realizan sus coreografías. Si se tratara de un concurso de bailes, ganarías el primer premio. Enrollo mis brazos alrededor de tu cuello y me fundo en el intenso beso que me das. Pasan los segundos y nuestras bocas no quieren despegarse, al contrario, se quiere conocer más profundamente. Haces que desconecte de mis pensamientos para apoderarte tú de ellos mientras me besas como sabes. Ahora entiendo por qué traes loco al 99,9% de las chicas de la universidad. Quizás yo era el 0,1% que jodía todo, pero ahora hablo en pasado, porque si te digo la verdad… a mí también me llevas de cabeza.

Presionas tu cuerpo contra el mío y mi espalda sigue pegada al árbol. Como si estuviera atrapada y no hubiera más remedio que juntar nuestras bocas. Deslizas tu lengua hasta casi mi garganta mientras realizo caricias por tu nuca. Me da la sensación de que algún que otro escalofrío recorre por tu columna vertebral erizando tu piel. Entonces no paro de hacerlo. Te beso, me besas y unas cuantas risas se nos escapan. Sabes tan bien…

Ahora entra mi lengua en tu boca tras una batalla complicada y te dejas. Llevas tus manos hacia mi cintura y poco a poco te aproximas a mi trasero. Pero te detienes, parece que tengas miedo, o quizás lo que me tienes es respeto. No olvido ese ''Me gusta ir despacio contigo''. Presionas fuerte contra mis pantalones y se me escapa un ligero gemido. Me quiero morir. Nunca me había sucedido algo parecido. Rezo a todos los dioses del universo que no me hayas escuchado, pero lo dudo cuando no nos separa ni un centímetro de distancia.

-Buf. –suspiras excitado. –Lo que te haría en este momento.

Jamás alguien había dedicado unas palabras tan pervertidas hacia mí. Y me pregunto ''¿por qué no lo haces? Sabes que no soy como las demás, ¿verdad?''. Seguro que piensas que soy una especie de santa. Y más después de confesarte que tú has sido el único chico al que he besado. ¿Todos lo harán igual de bien que tú? Sabes bien. Tienes magia en tu saliva, en tus besos.

Dejo de comerme la cabeza y comienzo a comerte los labios. Son carnosos, me apetecen mucho. Te muerdo el inferior y sonríes. Me miras con cara de que quieres más. Entonces lo vuelvo a hacer. Te muerdo despacio y estiro tu labio lentamente. Tu mirada es cálida y tus ojos miel se vuelven más claros. Casi tanto que puedo verme reflejada en ellos.

-Sigue. Me gusta.

Tus palabras me tientan. Reclamo más besos, caricias y unos cuantos mordiscos. Y ahí nos perdemos ambos, en un juego de dos, donde corremos el peligro de convertirnos en una especie de droga. Cada vez quiero más de ti, y tú de mí. Me desafías a tomar una dirección, una improbable dirección, a tu corazón. A medida que tu piel roza mi piel ocupas un pedazo más grande en mi interior. El miedo se convierte en deseo y las palabras en lenguaje no verbal. Nuestras lenguas hablan por sí solas. Ellas se entienden y conectan a la perfección, ¿qué importa lo demás? Sólo tú logras hacerme sentir especial. No digo rara, digo especial. A tu manera. Me gusta cómo llevas la situación a la perfección, sin pasar nuestra frontera ni nuestros límites. Me gusta que me sepas apreciar sin ser una muñeca estúpida con un trozo pequeño de tela que apenas cubre el cuerpo. Me gusta que me hagas sentir lo que nunca he sentido.

Qué rápido ha pasado todo. Está oscureciendo y me susurras algo al oído que no logro entender. Tras notar tus labios en mi oreja me plantas un beso bajo de ella para a continuación abrazarme por detrás. Juraría que esta es una de las mejoras cosas que pueden llegar a existir. Toco el cielo de las sensaciones. Respondo a tu abrazo colocando un beso justo en tu mejilla y te dejo un pequeño mordisco con sabor a gloria. Me giro y te observo. Pocas veces he visto esa cara tan tierna.

-Me ha gustado estar así contigo. –digo pasando mi dedo índice por tu barbilla.
-Y a mí. –me dedicas una sonrisa. –Pero todavía nos queda mucho por saber.
-¿A qué te refieres?
-Lo que has dicho antes… llevas razón. No sé mucho de ti, pero no importa en esto.
-A lo mejor sí que importa.
-A mi me da igual, porque no va a cambiar nada.
-Mi vida pasada… era una mierda. –digo bajito las últimas palabras.
-Pues tu nueva vida va a ser mejor. –colocas la palma de tus manos en mis mejillas. Tu mirada es penetrante y sincera. –Yo me encargaré de ello.
-Gracias. –susurro. –Gracias por preocuparte. Cuando quieres no eres el Justin estúpido.
-Tú me haces no serlo. –realizas círculos con la yema de tus dedos sobre mi piel provocando que se erice. –Por eso me gusta tanto estar contigo.

Sacas el móvil de tu bolsillo y extiendes el brazo colocándolo frente a nosotros. Miro a la pantalla y nos veo justo en ella.

-¿Qué haces?
-Voy a tomar una foto. Tú sólo sonríe.

Y así hago. Sonrío y él pasa su brazo por mi hombro haciendo que nuestras cabezas se junten. Entrecierra los ojos y me hace gracia, está intentando posar.

-Estás tonto, eh. –digo en un murmullo cariñosamente.

Sonríe y da un toque con su dedo a la pantalla táctil. Foto.

-La quiero ver. –digo aproximando el móvil hacia mí. –Aunque seguro que salgo mal.
-Eso es imposible.

Miro la fotografía y noto un pinchazo en mi interior. Mi consciencia da volteretas, también. En verdad no hacemos tan mala pareja. No lo somos, pero… no sé. ¿Qué hago pensando en esto?

-Bonito recuerdo de nuestra primera cita, ¿no? –susurra.

¿Primera cita? Todo me suena muy raro, como si hablara en chino o en árabe. Quizás en un idioma extraterrestre. No sé qué decir ni cómo continuar.

-Me gusta mucho. –me decanto a decir.
-A mí me gustas mucho tú.

En apenas unos segundo captura mis labios. No sé cómo lo hace, pero es tan imprevisible… y eso no me desagrada. Este beso me ha dejado con ganas de más.
Mira hacia arriba contemplando el cielo que poco a poco se está convirtiendo en una acumulación de nubes. Supongo que nos tenemos que marchar y no quiero. Me he sentido tan bien que lo repetiría unas 10 veces más. O quizás me quede corta con la cifra. 



RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.



miércoles, 24 de abril de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 8.



|Narra Justin|

Ryan me mira con una cara extraña y me giro para ver qué sucede. Entonces la encuentro ahí. Cerca de mí. Sarah. Maldita sensación la que tiene mi cuerpo en estos momentos.

-¿Qué haces aquí? –le pregunto.
-Buscarte. –hace un intento de acariciar mi barbilla y me aparto.
-¿Qué pasa?
-Que hemos acabado esto.
-¿Lo nuestro? Justin, ¿qué estás diciendo? –eleva el tono de voz.
-Nuestro no, nunca hemos sido nada.
-Has bebido mucho, ¿verdad?
-Sí, pero eso no cambia nada. Sarah, somos amigos y nada más.
-No. –me coge de la mano y la rechazo al instante. –Me estás mintiendo. Tú me quieres.
-¿Qué te hace pensar eso? –prendo un cigarro y lo coloco entre mis labios. –Sarah, déjame en paz. –Aspiro. –Por favor.
-La chica más guapa de la universidad tiene que estar con el más guapo. Son las reglas, nene. –se acerca de nuevo.
-Pues yo quiero romper las reglas ahora mismo. –digo decidido. Agacho la cabeza y ella con su dedo índice levanta mi barbilla.
-Me niego. –susurra en mi oído.
-No intentes seducirme, no funciona.
-Eres Justin Bieber. Sí funciona. –acaricia mi mejilla y aparto inmediatamente su mano de ahí.
-Esta vez no. Vete si no quieres que acabemos mal. –saco mi lado prepotente.
-Está bien, me voy, pero no es un adiós, Bieber. Es un hasta luego. –finaliza.

Es tarde y cada vez se nubla más mi vista. Quizás haya bebido demasiado. La música actúa en forma de taladro para mis oídos. No soy muy consciente de mis actos y me empieza a doler la cabeza. Pero aquí estoy, apoyado en la barra junto a Ryan. Nos pedimos otro chupito de tequila. Nos lo sirven, chocamos los diminutos vasos y me lo termino de un trago. Ya ni me escuece la garganta, no noto ni lo fuerte ni lo cargado que está.

-¿Otro?
-No tío, me va a explotar la cabeza.

Reímos. Al instante noto unas manos con un dulce tacto sobre la zona de mis ojos. No sé cómo pero la puedo llegar a oler. Y una sonrisa se coloca en mi rostro dejando todo atrás.

-Bicho. –atrapo sus manos y las coloco por detrás de mi cintura.
-Idiota. –sonríe. –¿Puedes sostenerte o has bebido mucho alcohol?
-Puedo hacer las dos cosas a la vez, como un superhéroe.
-Ya, claro… -dice en un tono irresistible que altera mis sentidos.

Ahora la acerco yo rápido por la cintura situando su boca a muy poca distancia de la mía. Mojo mis labios. No sé porqué pero me da igual todo. Me da igual que nos vean. Me da igual que las agujas del reloj pasen lentas, que la música se convierta en ruido o que ahora mismo se produzca un puto terremoto. Simple. Tú ya has creado uno en mi cabeza. Y ahí eres la protagonista.

Cierro los ojos, estoy a punto de besarte. Me mareo un poco y te percatas, por eso me alejas de toda esa gente. El contacto que mantienen tu piel y mi piel hace que me sienta seguro. Contigo. Me llevas a una especie de callejón que juraría no haber  visto en mi vida, ¿o eso se debe al mareo? No importa. Estampo mi espalda contra la pared y me ayudas a bajar poco a poco y a estabilizarme. Sé que estás preocupada. Te sientas en el suelo frente a mí y no sé cómo logras tranquilizarme.

-¿Estás mejor? –pregunta nerviosa.
-Sí.
-Vale. Coge aire y suéltalo despacio. –hace gestos con sus manos que apenas puedo distinguir. –Venga.

Le hago caso. Me mira como si tuviera miedo. Está oscuro, pero noto el brillo de sus ojos impactar en lo que queda de mi indeseado rostro en estos momentos. Y mientras los miro consigo relajarme un poco. No sé si el truco funciona, seguramente sea ella la que tiene toda esa especie de magia que hace que funcione. Puede que ella sea mi cura en los días de desenfreno o cuando no pueda más y me emborrache hasta el culo de tequilas para despejar mis ideas y olvidar hasta mi nombre. ¿Recuerdas quién eres? Justin. Justin Bieber. Temido por muchos y adorado por las chicas de la universidad a la vez. ¿Seré un tipo malo? De vez en cuando necesitamos a alguien que nos haga ver el mundo, que nos quite la maldita venda de los ojos y nos haga creer que la única droga son las sonrisas como la suya. Única. Me gustaría repetírtelo mil veces, pero ya lo sabes, tengo miedo, y a la hora de la verdad nadie me gana en ser un cobarde. Cobarde por no tratarte como te mereces, bicho. Porque nunca he sabido lo que es querer de verdad y ahora que tú estás despertando algo en mí no me confío. El amor duele, suelen decir. Y aunque yo sea un tipo duro por fuera, quizás por dentro sea más sensible de lo que la gente pueda llegar a imaginar. Que por mentir diría que no me muero por estar contigo, por despertarte cada mañana con un beso o escaparme contigo al bosque. Porque sé que una chica como tú no merece que le hagan daño, entonces te confieso que ese es mi otro miedo, poder llegar a hacértelo algún día.

Y mi pregunta es… ¿Por qué no me dejo llevar por los sentimientos y hago caso  a eso que llaman corazón? Puede que esta borrachera me haya servido para entrar en razón y darme cuenta de que lo que tengo ahora mismo frente a mí es más especial de lo que nadie puede llegar a imaginar.

-¿Estás hablando sólo? –ríe.
-¿Qué?
-Que estás diciendo cosas que no entiendo. –vuelve a reír. –Tranquilo, todavía vas borracho.

No sé bien lo que digo, pero sí sé perfectamente lo que pienso. Y pienso en ti. Entonces mi maldita consciencia me dice ‘Justin, ¿por qué bebes tanto? ¿Por qué lo has hecho?’.

-_____...
-Es la primera vez que me llamas por mi nombre.
-Y la última. –río. –Tú eres mi bicho.

Coloca su labio inferior encima del superior y pone una cara graciosa que al segundo provoca una sonrisa en mi rostro. No sé cómo lo consigue. Pero lo hace, además inconscientemente. Y eso me gusta. Mucho. Al instante sonríe ella.

-Me gusta tu sonrisa.
-Eso lo dices porque vas borracho.
-Sería una buena escusa, pero no. Lo digo de verdad.
-Pues no te creo, Justin.
-Pues te lo repetiré todos los días. Soy consciente de lo que digo.
-Shhhhh. –me silencia con el dedo índice y después me regala un beso en la frente.
-Quiero irme ya de aquí. –digo bajito y ella niega con la cabeza.
-No vas a llegar así a casa y mucho menos vas a conducir.



--------------------------------------------------------------------------------------------


{Por la mañana}

Mi primer pensamiento del día eres tú. Malditos rayos de Sol que joden por la mañana. Entrecierro los ojos y después remuevo mi cabello. Unos minutos más en la cama no me vendrían nada mal. A mi cabeza vienen recuerdos borrosos y todavía huelo a alcohol. Me llevo las manos a la cabeza y me tapo el rostro avergonzado. Me siento un completo irresponsable. Debía de cuidar de ella y fue ella la que cuidó de mí. Resoplo. Te debo una, bicho.

Después de una larga ducha decido visitar su habitación. Abro con cuidado la puerta, paso de llamar, seguramente esté durmiendo. Camino despacio hacia su cama con miedo a despertarla y cuando estoy cerca me arrodillo de cuclillas frente a ella contemplando su dulce carita de niña buena. Está acurrucada. La observo detenidamente unos minutos y echo detrás de su oreja un mechón de pelo que cubría su mejilla. Y mientras la miro pienso en lo equivocados que estaban mis pensamientos la primera vez que la vi. Creía que eras un monstruo, pero es que no me fijé en tus ojos, ni en los hoyuelos que te salen al sonreír, ni en esos gruesos y apetecibles labios, ni en esa nariz perfectamente curvada. Tampoco me detuve a mirarte por dentro, eso fue lo peor, porque superas todas las expectativas. Y cuando menos lo espero aquí estoy, poquito a poco enganchándome a ti. A tus complejos y a tus rarezas.

Me siento un explorador en un nuevo mundo. Me sorprende la foto que hay enmarcada en tu mesita de noche. La cojo delicadamente y me pregunto quién será esa mujer con unos ojos tan parecidos a los tuyos. Y poniéndome a pensar, tras percatarme de ese ''te quiero'' escrito en tinta negra a un extremo,  llego a la conclusión de que es tu madre. ¿Cómo haces para aparentar ser fuerte? Si le pasara algo a mamá estaría perdido, hundido y realmente jodido. Quiero aprender un poco de ti. ¿Sabes? El otro día te observé haciendo reír a tu padre cuando tenía un aspecto triste. Eres de esa clase de personas que ayudan a seguir adelante a los demás aunque no estés en tu mejor día. Quiero aprender de ti, repito. Yo, por el contrario, soy un cabezota, un imbécil, y un capullo en toda regla. Somos tan opuestos… somos cara y cruz, día y noche, playa y montaña, calor y frío.

Sitúo la fotografía en mi pecho y aprieto mis labios con fuerza. Incluso me hago daño a mí mismo. Entonces os dedico una oración. Sí, soy creyente ante todo. Después la coloco en el mismo lugar de antes donde al lado hay una cámara que parece ser de buena calidad. La enciendo y me muero de curiosidad por ver las fotos, pero quiero respetar tu intimidad, aunque aquí me tienes espiándote en tu habitación. Poco entiendo de estos cacharros, pero quito el flash y decido sacarte una foto. Entrecierro mi ojo derecho para ver mejor y aprieto al botón. Clic. Creo que es la mejor fotografía que he hecho. Sales tan natural y… preciosa. Sí, sales preciosa. Me cuesta asimilar todo lo que pienso de ti. Apago la cámara y los pensamientos a la vez y te dejo dormir tranquila.

Más tarde me voy con mi chándal Adidas negro y mis auriculares a correr por las afueras de la urbanización. Es muy temprano, pero busco despejarme lo suficiente de mi consciencia que chilla constantemente. Necesito distraerme un poco y me fijo en un par de chicas que van patinando delante de mí. Una lleva su largo cabello enrollado en una coleta, la otra prefiere soltar su melena rubia al aire. A medida que me acerco me doy cuenta de lo buenas que están. Wow. Suspiro. Los mejores traseros andan por aquí. La sangre me comienza a hervir y corro un poco más rápido hasta situarme a la misma altura que ellas. Bajo el volumen de la música, sé lo que viene a continuación.

-Hola. Perdona, ¿llevas hora? –me pregunta la rubia. Acerté. Soy irresistible.
-Mmm… -saco mi móvil del bolsillo y me dispongo a mirarla. –Las nueve y media.
-Gracias, es pronto todavía… ¿a que sí, Ashley? –pregunta mirando a la otra chica.
-Sí, podemos descansar un poco. ¿Cómo te llamas?
-Justin. –trago saliva. –Justin Bieber.
-Yo he oído tu nombre alguna vez… seguro. –ataca la rubia.
-Probablemente. Soy el chico más popular de la universidad. –me halago un poco.
-Interesante… -añade la morena. -¿Sales mucho por aquí?
-Cuando tengo tiempo, nena. –parece que se ruboriza ante la última palabra. Sé ligar muy bien.
-Podrías venir más a menudo.
-Lo intentaré. Bueno chicas, me tengo que ir. Encantado.

Miro el escote de la rubia y me marcho dejándolas deseosas. Las vuelvo locas. Pero yo ahora deseo que la señorita Blair se vuelva loca por mí. Otra vez ese sentimiento me crea un nudo en el estómago. Justin Bieber, ¿qué queda de ti? La metamorfosis sigue en marcha por lo visto, si fueras el de antes ya te las habrías tirado. 

Subo la música de nuevo y continúo mi marcha. Gotas de sudor empiezan a resbalar por mi frente y las seco con mi brazo.

Más tarde llego a casa, me doy una refrescante ducha por segunda vez en el día, me visto cómodo con una camiseta de tirantes dejando a la vista mis músculos y bajo a comer. Como siempre, soy el último en sentarse en la mesa. _____ me mira sonrojada y es que justamente la tengo delante.

-¿Qué tal la fiesta de ayer? –me pregunta mamá.
-Estuvo bien, ¿verdad _____? –se muerde el labio inferior mientras me mira.
-Sí, fue divertido. –contesta con vergüenza. Se lo noto en la mirada.
-Entonces lo podréis repetir más veces. –dice Mathew, su padre, sonriente.
-Yo espero que lo hayáis pasado bien porque… -suspira mamá. –Ha llamado la directora.
-¿Parecía cabreada? –pregunto a carcajadas.
-Lo estaba. –afirma una Pattie con furia en los ojos. Odio que se ponga así.
-¿Qué ha pasado, cariño? –pregunta Mathew.
-Nuestros queridos hijos se pelearon en pleno centro.
-¿Qué? ¿Eso es verdad, _____?
-Sí, papá… -responde cabizbaja la bicho.
-Que sea la última vez….
-Fue mi culpa. –interrumpo. –Yo provoqué todo.

Mamá vuelve a mirarme con rabia. Pega un trago de agua mientras pierde su vista mirando el interior del vaso y luego vuelve a mirarme.

-¿Qué hiciste?
-Le dije cosas feas... -digo avergonzándome de mí mismo.
-¿Y te parece bien que... -eleva el tono de voz y no le dejo continuar.
-No, no me parece bien. Fin del tema.
-¿Fin del tema? Justin Bieber estoy cansada de repetirte que respetes a la gente.
-Ahora lo hago, Pattie. -sé que no le gusta que le llame por su nombre.
-Estaréis castigados, ¿lo sabéis?
-Sí, lo sabemos. Además, yo escojo el castigo. –añado.
-Escogías, perdiste tu oportunidad. El tiempo se te pasó, Justin.
-Es verdad. –río mientras me mira desconcertante. -¿Y cuál es el castigo?
-Ya lo veréis, no te preocupes que lo sabrás.

10 minutos más tarde acabamos de comer más relajadamente. Mathew ayuda a mamá a recoger la cocina y observo cómo _____ sube las escaleras rápido.

-¡Eh! –grito y se gira.
-Sería mejor que me llamaras por mi nombre, ¿no? –se para y apoya su codo derecho en la barandilla.
-Te dije que no volvería a llamarte así, bicho.
-También dijiste ayer que te gustaba mi sonrisa.
-Y no retiro lo dicho.
-Me parece bien. –lanza una risa divertida y me sitúo a un escalón por debajo de ella.
-Oye, ¿qué planes tienes para esta tarde?
-¿Me estás invitando a que haga algo contigo?
-Veo que lo has captado.
-Pues… no, no tengo nada que hacer.
-Eso significa que quieres quedar conmigo.
-Eso significa que tengo ganas de besarte.
-¿Y por qué no lo haces, bicho? Estás tardando demasiado.
-Dale tiempo al tiempo, tú mismo lo dijiste.
-Pues mi paciencia se agota. Dime hora y paso a por ti. –río.
-Mmm… creo que tengo que ponerte las cosas más difíciles. No te supone ni un minuto llamar a mi puerta.
-Y eso es difícil, porque tengo la tentación cerca. –me pongo de puntillas para encontrarme ahora más cerca de sus labios.
-Justin, ahora no. –agacha mi barbilla con cuidado. –Carrera hasta tu habitación, ¡ya!

Y sale disparada corriendo con una sonrisa en esa apetecible boca. La sigo al instante en la misma dirección. Este es uno de esos momentos en los que pondrías una música divertida de fondo. Corro más rápido hasta que al final la atrapo con mis brazos y acabamos tumbados en la cama muriéndonos de la risa y de las ganas de comernos mutuamente los labios. Me encuentro encima de ella y me vienen varios flashbacks a la mente en dos segundos. Soy un capullo con las tías. Pero contigo, bicho, soy diferente. Te lo prometo. Se hace el silencio dando paso a escuchar nuestras respiraciones. Estás atrapada entre mis piernas y si dejo de hacer fuerza en los brazos caigo rendido directamente a tus labios. Me miras y me drogas con esos ojos. Entonces te sonrío, debes saber que no lo puedo evitar cuando lo haces de esa manera que me deja completamente tonto.  

-Bicho, ¿ahora puedo besarte?

Acaricia mi barbilla y tirando de ella me aproxima a sus labios. Y cuando no existe apenas  distancia se para.

-Créeme que quiero, pero yo también tengo miedo.
-¿De qué?
-De lo que me haces sentir, de ir rápido, de llegar alto y luego caer…

Y te entiendo, pero me callo. Me retiro situándome a su derecha tras resoplar. Y ahí estamos, tumbados en mi cama callados. Con miedo. Perdiendo y a la vez aprovechando el  tiempo que corre deprisa mientras estamos juntos. 

-Justin, nunca había besado a un chico.
-¿De verdad? Pues lo haces muy bien.
-Claro. No tengo por qué mentirte.
-Me estás engañando, ¿he sido el primero en probar esos labios?
-Sí... -sus mejillas se prenden de color rojo. Y eso me da más ganas de besarle. -Hay muchas cosas que no conoces de mí.
-Y tú de mí. Es hora de empezar a hacerlo, ¿no?
-Me encantaría. A las cuatro y media estaré lista.

Abandona mi habitación y es inevitable fijarme en su trasero y en esos andares que están empezando mandar descargas por todo mi cuerpo.
Miro al reloj. Estoy impaciente por conocerte más, bicho. 




RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.



lunes, 8 de abril de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 7.



|Narra _____|

5 páginas escritas. Vaya. Me he desahogado. Escucho unos pasos a lo lejos del pasillo y cierro rápidamente mi diario. Paso la mano por encima repasando el contorno y lo guardo en el cajón del escritorio. Es como si fuera un lugar secreto. Me acerco al gigante ventanal y contemplo el  día tan primaveral que hace. En mi cabeza se crea la idea de salir a pasear con mis auriculares conectados al iPod y la cinta de la cámara colgando de mi cuello. Miro la hora del reloj que llevo colocado en la mano izquierda y me doy cuenta de que es tarde. Como siempre a la mierda el plan A. Es viernes, no tengo clases y yo aquí desperdiciando mi tiempo. Lo peor es que no sé qué hago pensando estas cosas si nunca hago algo de provecho. Antes era todo diferente. Papá y yo solos. Una pequeña casita para los dos, no necesitábamos nada más. Cuando él trabajaba yo me tumbaba en el sofá a leer un buen libro mientras me inflaba a comer chocolate y otras porquerías. Me gustaba estar sola, sin nadie que me molestara. Ahora empiezo a echar de menos esa soledad.

Recurramos al plan B. No se me ocurre nada que hacer fuera de mi habitación, me quedaría aquí encerrada escribiendo las historias que sueño cada noche y nunca se cumplirán. Además, el mundo que hay fuera de mi imaginación no me gusta ¿para qué mentir? Me decepciono con la gente y prefiero no relacionarme. Si todo fuera como en los libros… sería genial.

Estornudo soltando un fuerte ‘aaaachís’ y me río sola. Cada vez me siento más bicho raro. Bicho. Así me llama él. Él que es un creído niño de mamá. Él que últimamente está apareciendo mucho en mis pensamientos.

Llaman a mi puerta y escucho un ‘¿Puedo pasar?’. No reconozco esa voz de chica tan dulce y suave. Creo que no la he escuchado en mi vida.

-Sí, sí. Adelante. –digo y mi deja derecha se arruga preguntándose quién será.
-Hola…

Vaya. ¿Se ha colado una modelo en casa? Sus ojos azules verdosos me miran con simpatía a conjunto de esa sonrisa tan agradable y brillante. Me va a entrar un ataque de envidia ahora mismo. Además, viste demasiado bien.

-Hola. –contesto al cabo de los 20 segundos que me he quedado paralizada mirándola.
-Me llamo Caitlin, tú eres _____ ¿verdad?
-Sí. Oh, encantada. –parece que se me haya aparecido la virgen o algún ser sobrenatural. _____, reacciona.
-Te preguntarás quién soy. –Hace una pausa debido a que se le escapa una ligera risa. –Soy amiga de Justin y como no conoces a mucha gente venía a decirte si esta noche sales con nosotros.
-¿De verdad? –pregunto extrañada y a la vez sonriente. -¿Dónde?
-Hacen una fiesta cerca de aquí. ¿Te apuntas?
-No me hace mucha gracia… no sé.

No me convence mucho la idea. Seguro que quieren que vaya para burlarse de mí y eso no me hace ni pizca de gracia.

-Va a ser divertido, ¿o tienes algo mejor que hacer?

Revuelve su cabello con soltura y me mira de nuevo.

-_____, venga, no pasará nada. –insiste.

Y de una forma logra que confíe en su palabra. Respiro profundamente y algo en mi cabeza me dice que ya es hora. Hora de salir. De ver mundo. No todo debe de ser tan malo. Creo que he respirado un poco de rebeldía y sí, voy a divertirme. Si estuviera aquí mamá me apoyaría, necesito tanto un abrazo suyo… Ella desde arriba me vigilará y mientras trago saliva le dedico un ‘Tranquila, todo irá bien’. Y lo prometo. Por ella. Por papá. Por mí.

-¿Entonces? –pregunta cruzando los brazos.
-Me apunto. –afirmo.
-¡Perfecto! –se lanza a darme un abrazo y me sorprendo. –Contamos contigo.

Se gira rápidamente para salir por la puerta y su melena se menea como en los anuncios de algún producto de peluquería. Ojalá tuviera yo esa suerte. Se despide y me regala una última sonrisa.

Fiesta. Me voy de fiesta. La palabra retumba destacando entre mis pensamientos. Nunca he ido a una y tampoco me imagino en una de ellas. Mi mente hace un recorrido recordando escenas de películas y todas y cada una de ellas acaba con un beso entre ‘el chico guapo’ y ‘la chica guapa’. Los típicos protagonistas. Cómo me gustaría romper los esquemas. Revolucionar todo en un abrir y cerrar de ojos.

Abro el armario. Es un lugar donde me gustaría vivir, y no por la ropa, sino porque ahí te puedes esconder del resto del mundo. Un sitio oscuro y triste, pero le puedes dar magia y color si lo deseas. No tengo ni la más mínima idea de qué ponerme así que decido tirar todas las camisetas sobre la cama y seleccionar lo que considero más adecuado. No me gusta llamar la atención, por eso abundan los colores tierra en ellas. Es una especie de camuflaje que utilizo.

En ese instante mi móvil vibra sin parar. 1 mensaje. Otro seguido. Y otro. Y uno más. Vaya. Alguien me acosa a mensajes y no quiero creer que sea el estúpido. Pero yo misma me contradigo. Desbloqueo la pantalla y justo en ese momento, en ese puto momento, me doy cuenta de que estoy deseando que sea él.

Justin: Sabía que aceptarías. Ponte guapa para esta noche, bicho. En una hora nos vamos.

-¿Por qué sonríes? –me pregunta inesperadamente. Guardo rápidamente el móvil como si no hubiera leído su mensaje. Parece que lo tenía todo planeado.
-¿Qué haces aquí, Justin? ¿Cuándo has entrado?

Eleva los hombros con una cara bastante interesante.

-Sorpresa. –sonríe sin dejar ver sus dientes, como si quisiera evitar reírse.
-Me han hecho sorpresas mejores. -bromeo.
-Más bien soy un regalo para tu vista. –mira al suelo un segundo y luego fija su mirada en mis labios. –No disimules.

Me pone nerviosa. Lo suficientemente nerviosa como para que mis piernas tiemblen. Y me percato de que me estoy mordiendo el labio inferior por su forma de clavar sus pupilas allí. Así que dejo de hacerlo.

-Eres un creído, Bieber.
-¿Acaso no puedo creérmelo? Cada día te encanto más, Blair. –recalca. Me gusta la forma en la que pronuncia mi apellido.

No respondo, quizás porque no quiero aceptar la realidad. Y es que el estúpido lleva razón, cada día me encanta más. Me odio por ello, por cierto. Quiero frenar este nudo de sentimientos y crear un camino que los lleve lejos de mi cabeza, que los aparte, que los elimine, que los mude a otro lugar donde sean mejor recibidos. Pero si puede ser que tome la velocidad de un cohete. Rápido.

Observa el panorama que hay montado sobre mi cama y se le escapa una risa que calificaría como burlesca. Pero me gusta porque parece un niño pequeño.

-Hazme caso y no te pongas nada de esto. –dice convencido.

¿Pero de verdad pretende que le haga caso?

-Es lo que tengo. –diría que la expresión de mi cara no es de muy buen gusto.
-Pues debes ir de compras.
-Mi felicidad no se basa en eso. –escupo la última palabra.
-Yo puedo acompañarte. Bicho, que así no vas a ligar. –dice cogiendo una camiseta color verde pálido con cara de asco, arrugando la nariz y la boca.
-¿Por qué eres amable y a la vez estúpido?
-Porque estás despertando algo en mí y no quiero.
-¿Qué? –no reacciono y un escalofrío me ha dejado medio atontada.
-Has escuchado bien.

Me derrito ante esa mirada color miel. Siento como los latidos de mi corazón comienzan a cobrar vida. No tengo ni idea de la especie de juego en la que me he metido. Humidifico mis labios. Esta es de esas veces en las que no sabes si estás en un puto sueño o es la realidad. Noto como mi pecho rebota cada vez más fuerte y comienzo a ponerme nerviosa. No sé reaccionar ante estas cosas porque básicamente nunca me han pasado. Nunca. Y lo observo. Veo que ni se inmuta, está tranquilo. Aparta la mirada de mí tras unos largos segundos conectado a mis pupilas que se dilatan ante él. Mis nervios aumentan, pues se acerca a mí.  Camina despacio. Aparta mi melena hacia un lado y noto su aliento rozar mi cuello. Resulta escalofriante. Mi labio superior se aleja del inferior dejando una salida para mi entrecortada respiración. 

-Me siento seguro cerca de ti. –susurra.

Miro al frente. No puedo mirarlo porque me entrarían unas ganas terribles de besar sus labios. Esos mismos que chocan en este instante cerca de mi barbilla. Me planta un beso ahí y luego baja poco a poco. _____, control. El resto de mi cuerpo se paraliza. Y el resto del mundo no existe.

|Narra Justin|

Deslizo mi nariz por tu cuello. Sé que es una zona peligrosa. Esto es sólo para advertirte que tengo ganas de ti. Y no sé por qué, pero me gusta ir despacio contigo. Así es más especial, diferente, como tú. Beso de nuevo tu barbilla mientras te quedas quieta y no te mueves ni un centímetro. Eso es señal de que te gusto también. ¿Estás relajada? Porque a mí de un momento a otro se me va a salir el corazón. Miras hacia abajo y te encuentras con mi mirada. ¿Sabes que me están empezando a encantar esos ojos tuyos marrones? Y esas pequeñas manchas, que se observan bien al tenerte cerca, pueden llegar a hacer que pierda en ellos. Tienen algo que no sé definir.

Entonces me paro justo enfrente tuya y se te escapa una sonrisa. Sí, por fin. No la ocultes, muéstrala siempre que quieras. Me gusta. Y más si te la provoco yo. Me has contagiado. Ahora soy yo el que no puede disimular que te has convertido en la causa de la mía. Pero no me importa. Reímos. Como dos completos tontos. Te beso la frente dejando huella y me marcho. Sé que quieres besarme ahora mismo, pero vamos a darle tiempo al tiempo.  
Subo el volumen de la música y me meto en la ducha. Aunque es una mala idea porque mientras el agua me empapa la cabeza pienso en ti. Cierro los ojos fuertemente para despejarme y me enjabono. Al cabo de 20 minutos salgo y enrollo una toalla en mi cintura. Suena ‘So Sick’ de Ne-yo, una de mis canciones favoritas, y me dedico a cantarla. Entono todas las notas. Nadie lo sabe, pero amo cantar. Además, se me da bien. Cuando estoy triste me refugio en mi habitación a tocar la guitarra y a acompañarla con mi voz. Me siento bien de esa manera. Incluso a veces toco para mi madre, que sé que le encanta y se emociona. Sobretodo cuando en sus claros ojos se forman una especie de ríos que van bajando por sus mejillas y sé que se siente orgullosa de mí por una maldita vez.  

Miro la hora en mi iPhone y me visto lo más rápido posible. El mayor tiempo lo paso secándome el pelo y echándome unos cuantos kilos de gomina. También me echo gran cantidad de colonia, a las chicas les gusta mi olor. Me pongo la chaqueta de cuero negra y bajo deprisa las escaleras. Otra vez cierto nerviosismo recorre por mi piel erizando mi vello y es que sé que me estás esperando fuera. Como si tuviéramos una cita.

-¡Justin! –me llama mamá y retrocedo. –Ir con cuidado.
-Sí, tranquila. –resoplo.
-Cuida de _____. No quiero que le pase nada.
-Lo voy a hacer, de eso no te preocupes. –digo con total convencimiento y luego la abrazo.
-Te quiero. Ah, ¡y no conduzcas deprisa!
-Y yo, mamá. No… ¡me tomas por un loco!

Entonces salgo y me quedo sorprendido. No esperaba verla con un vestido que no le tapara esos muslos tan bien definidos. Además le hace unos pechos realmente hermosos aunque no vaya escotada. Justin, suspira. Tiene un cuerpo de infarto y no te lo esperabas para nada, eh campeón. Hablo solo. Creo que me he quedado boquiabierto y lo ha notado. Me mira divertida.

-Al final encontré esto. –eleva los hombros.
-Mmm… no está mal. –me contengo. Me mira divertida.
-¿Crees que ligaré? –da una vuelta mostrando sus espectaculares y bellas curvas. Se me cae la baba. Lo admito. Y casi se salen mis ojos de la órbita. Wow.
-Puede. Vamos, sube a la moto.
-Sube tú primero. –parece seria cruzando los brazos.
-¿Desde cuándo van primero los hombres?
-¿Desde cuándo eres un hombre? –ríe. Y me fijo en la perfecta forma de sus labios.
-Déjate de tonterías y sube, bicho.
-No puedo subir sola. Se me va a ver todo. –trata de bajarse la parte inferior del vestido. -No estoy acostumbrada a ir corta…
-Pues te ayudo.
-No. Te giras.
-¿Es una orden? –se me escapa una ligera risa.
-Interprétalo como quieras, pero gírate. –me empuja con cuidado mientras observo como un idiota su sonrisa de cerca.
-Está bien.

Le hago caso y le doy la espalda por mucho que me cueste. Escucho unos cuantos golpes, se pone furiosa por no poder subir, es un poco torpe. Río bajito, sin que se entere. Y me muero de curiosidad así que me giro. No se da cuenta y mientras intenta colocar la pierna en el otro lado la impulso cogiéndola por la cintura. Me fijo en su trasero. Bicho, no me habías contado que estabas tan buena.

-¿Qué haces? Te dije que no te giraras. –dice mientras me coloco delante.
-No te hice caso.
-Eres un maleducado, Bieber.
-Y tú una mandona, Blair. Pero esta noche te lo permito.
-¿Por qué?
 -Porque tienes un bonito trasero.
-¡Idiota! –golpea en mi hombro un par de veces. - ¡Miraste!
-Sí. –me sincero. -¿Y qué pasa si te digo que no lo podía evitar?
-Pasa que… -apoya su cabeza en mi espalda. –Pasa que es raro oír esas palabras de tu boca.
-Bicho…
-¿Qué?
-Lo raro es que cuando estoy cerca de ti me ponga nervioso.

No le dejo contestar. Arranco más fuerte que nunca y me agarra al instante.

-¿Tienes miedo? –digo a un tono elevado para que me escuche.
-¡No! –grita.

Y me doy cuenta de que mi miedo ahora mismo es enamorarme. Pero poco a poco noto que ese sentimiento me va consumiendo el alma. Y me gustaría gritar. Gritar que tú eres la única culpable. Que ahora mismo me cuesta respirar. Y no, no es porque estés apretando mis abdominales, es porque estás cerca de mí. Porque cada vez que convertimos los metros en centímetros todo mi cuerpo se convierte en un puto poste eléctrico. Y tiemblo. Tiemblo como si mis piernas no pudieran sostenerme más. Esa sensación de que estás en una nube y de un momento a otro caerás al vacio. Yo no soy así, me estás transformando, bicho. Estás provocando en mí una especie de metamorfosis.

Vuelvo a acelerar. Me agarras más fuerte. Y me siento afortunado. En este caso tú eres ese tesoro, mi fortuna. Convertimos los minutos en segundos y el tiempo pasa a toda ostia. Visualizo a lo lejos gran cantidad de gente y reduzco la velocidad. Suspiras y el ruido del motor disminuye permitiéndome el lujo de escucharte. Poco a poco nos adentramos entre la multitud y acepto que nos rodean muchas caras bonitas, pero hoy estás ganando tú. Me gustaría decírtelo, pero no tengo el valor. A veces soy un puto cobarde que no se atreve a mostrar los sentimientos. Lo admito.

Encuentro un sitio para aparcar y voy frenando despacio. Quizás porque no quiero que te despegues de mí, que me sueltes. Quiero que esos brazos sigan rodeando mi torso. Miro al frente buscando a Ryan, hay mucha gente y no lo encuentro. Pero entonces pienso, pienso que realmente estando aquí contigo no necesito nada más.

-Tengo vergüenza, Justin.
-¿Por qué? –freno y me giro despacio hasta ver su cara. Se coloca justo al lado mío. Y ahí se para el mundo.
-No suelo salir… y menos de fiesta.
-Pues esta será la primera vez.
-Contigo. Oh, qué bonito. –bromea.
-Conmigo todo es así. –vuelvo con mi chulería.
-Cuidado no enamores a todas las chicas.
-Con enamorar a una me sobra.
-¿Ah sí? –nos acercamos mutuamente. Mi pierna derecha se mueve a un ritmo muy rápido y mi pulso toma velocidades prohibidas.
-Sí. ¿Y sabes qué?
-¿Qué?
-Que la besaría en este momento.
-¿Y por qué no lo haces?
-Porque tengo miedo por una puta vez en mi vida.
-A veces tenemos que arriesgarnos.
-Lo sé.
-Muy listo.
-Bicho, no te acerque más. Por favor te lo pido…
-¿Y si no quiero hacerte caso? –su mirada expresa rebeldía. Suspiro hondo.
-¿Y si no más preguntas?

Me lanzo y la callo. Con un beso. No he sido capaz de resistirme. No más palabras, no puedo. Nuestras lenguas conectan a la perfección. Me pregunto qué sentirás tú pero yo estoy volando y en mi estómago explotan cientos de fuegos artificiales. Nunca había besado así. Nunca había sentido en un beso lo que estoy sintiendo contigo. Encima lo haces bien. No dejas de sorprenderme. Te separas un poco y no te dejo. 

Muerdo tu labio inferior impidiendo que te vayas. Y otro beso. Largo. De los que no quieres que terminen. Al instante ríes sobre mi boca. Esta es la primera vez que puedo decir oficialmente que me encantas. Y ahora mismo mi miedo se ha esfumado. Se ha creado una especie de burbuja entre los dos, por favor, que nadie la explote. Que nadie interrumpa este momento. Siento tu beso. Me pierdo en tu lengua. Juraría que no he probado una cosa igual. Sabes bien. A gloria. A tocar el cielo. Me da la sensación de que esto lo voy a recordar bastante tiempo. 

Es como si hubiera dado mi primer beso. El más especial de todos. Y cuando menos lo esperaba. Pero contigo no tengo fuerza de voluntad, me has tentado y he caído. Quiero repetir. Déjame. Recorro tu boca con mi lengua que está ardiendo. Todo esto parece un sueño. Pongo mis manos sobre tus rosadas mejillas para sentirte mejor. Te beso de nuevo despacio. Lento. Reaccionas bien. Me dejas impactado. Quiero más de tu saliva. Me apeteces mucho. Y cuando nuestros labios se separan con cuidado abro los ojos y observo cómo lo haces a la vez que yo. Nos reímos, pero esta vez es diferente.

-Justin…
-Shhhh. –coloco mi dedo índice sobre sus labios. –No digas nada.
-Es que… me ha gustado.
-Y a mí.

Nos miramos un par de segundos detenidamente  y yo me aguanto las malditas ganas de besarla de nuevo. Baja de la moto de un salto y ríe mientras me tiende la mano. Suben el volumen de la música y no sé porqué pero noto que le gusta la canción que está sonando en el momento.

-Por cierto, ¿de qué tenías miedo? –me pregunta y tiro de su mano acercándola a mí.
-De sentir. –digo a un centímetro de distancia de su boca.
-No te preocupes por eso.
-_____, nunca me había pasado lo que me está pasando.
-Lo siento… -se aleja un poco y la acerco esta vez por la cintura.
-Intenta ser menos adictiva, ¿vale?
-Vale.

Trago saliva. Sus ojos cobran un perfecto brillo. Mejor perderme en ellos que en las estrellas que iluminan el cielo. No sé por qué no puedo dejar de mirarlos.
Suena mi móvil interrumpiendo la situación.

*-¿Dónde estás, bro?
-Estamos en la barra. Nos están sirviendo unos cubatas. Venid.
-Ya vamos.
-¿Has traído a la bicho raro?
-Eh. No vuelvas a llamarla así.
-¿Por qué? ¿Has bebido ya, Justin?
-No. Hazme caso y punto.*

Cuelgo. Te cojo de la mano y te pido que no me sueltes. Aceptas con la cabeza. Caminamos decididos. ¿Sabes que nunca he andado cogido de la mano de una chica? Estás siendo la excepción en demasiadas cosas para mí.

Allá a lo lejos logro ver a Ryan con los demás, pero antes me aprietas fuerte y te paras al instante.

-Prométeme una cosa. –susurra en mi oído y me provoca un escalofrío que me deja casi sin palabras.
-Dime.
-Prométeme que no se reirán de mí.
-Te lo prometo. ¿Por qué lo iban a hacer?
-¿Por qué lo haces tú?
-Me gusta verte enfadada. –bromeo.
-Idiota. –dice. Y lo acompaña con una sonrisa.
-Bicho. Sólo puedo burlarme yo de ti.
-Ah, claro. Un detalle por tu parte.
-Estás preciosa esta noche.

Escondo un mechón de pelo tras su oreja y al fin llegamos donde están los demás. Ella saluda a Caitlin con amabilidad y yo choco los puños con Ryan en forma de saludo.

-¡Un cubata de ron, por favor! –pido al que se encuentra sirviendo las bebidas. –Muy cargado. –aclaro.

Éste acepta con la cabeza mientras mezcla algo que tiene muy buena pinta.

-Necesito beber esta noche. –le digo a Ryan, que está bebiendo un sorbo de lo suyo. –Para aclarar mis dudas y despejar las putas ideas de la cabeza.
-¿Qué dudas? –pregunta intrigado.
-Sobre ella. –la miro disimuladamente.
-Tío, no me digas…

En ese preciso momento se acerca a mí. Nos corta por completo.

-¿Quieres algo de beber, _____? –le animo.
-No, no. No bebo.
-Ah, se me olvidaba que eres un bicho raro. –bromeo, pero no sé si lo nota.
-Y tú un capullo. Eso no se me olvida. –sonríe, pero sin mostrar sus dientes.
-Qué sana eres. Si bebes te cuidaré, por eso no te preocupes.
-Sé controlarme sola, gracias.
-Enhorabuena.

Caitlin la llama y antes de irse me mira risueña. Justin, para, no le mires la sonrisa. Frena. 




RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.