Tu rastro.

domingo, 27 de abril de 2014

''Improbable Dirección'' Capítulo 48.


-Eh, tú. -_____ le da un toque en el hombro a Sarah. La rubia se gira exagerando sus movimientos. –Tienes algo que es mío.
-No confundas términos, bicho raro. –ríe Sarah, apoyando su brazo en el hombro de su amiga a la que podríamos llamarle también perrito faldero.
-No vayas tú ahora de lista cuando la única asignatura que no has suspendido es educación física y porque enseñas más carne que la que puedes encontrar en cualquier rotonda.
-Uh, punto bajo. –añade Vanessa, conteniendo la risa a la vez que sujeta a _____ de la muñeca ante posibles arrebatos.
-Si enseño carne es porque puedo y porque a todos los chicos de la universidad les gusta. En cambio tú… -Sarah la mira de arriba abajo con cara de asco. –En ti nadie se fija.
-Pues precisamente se fija en mí quien te ignora a pesar de que babeas por él. -_____ sonríe con malicia. –Y eso te molesta, eh.
-Poco durará tu momento de gloria, no eres más que un bicho mal ubicado. ¿Sabes? Este no es tu lugar.
-Por supuesto que no es mi lugar, esto está contaminado de zorras que se las dan de ratitas presumidas como tú. -_____ señala a Sarah detenidamente. Un grupo de personas se va formando alrededor de ambas contemplando la discusión.
-Si tú no tienes nada de lo que presumir no me culpes, en realidad me das pena. Eres un cubo de basura al que todo el mundo le gusta patalear.
-Pues este cubo de basura se mantiene en pie a pesar de todo. –constata _____, dando un paso al frente. –En cambio dime tú lo que eres sin esas extensiones tan plásticas y todos los botes de pintura que te esparces por la cara a todas horas ocultándote a ti misma.
-¿Me vas a dar tú lecciones de estilismo? –Sarah menea su muñeca con desdén. –Creo que te has equivocado, la perrera está por allí. –señala a su izquierda.
-Pues entonces iré a reclamar, porque una perra anda suelta aquí mismo y no deja de ladrar. Además, lleva puesto algo que no le pertenece.

_____ se lanza al cuello de Sarah tras escupir esas palabras. Nadie lo esperaba y empieza el jaleo. Más gente se agrupa creando un círculo caótico alrededor de dos chicas, completamente opuestas, que luchan por coronarse el mérito de ganar la una a la otra. Aunque eso no es totalmente cierto, _____ nunca ha sido capaz de hacer daño a alguien, pero esta vez se ve con la necesidad de estampar su puño contra la barbilla de Sarah.

La rubia se queja y ataca estirando el pelo de _____ que se retuerce de dolor mientras sigue apretando el cuello de Sarah, intentando hacerse con el pañuelo que le pertenece y además tiene un valor especial para ella ya que se lo dio su madre antes de morir.

-¡Que me sueltes! –grita Sarah, clavando sus uñas en las muñecas de ______ antes de pegarle un empujón que deja a _____ en el suelo.

Vanessa, sorprendida, decide correr en busca de ayuda. La única ayuda capaz de ser eficaz a su amiga. Escapa rápido hacia el vestuario, donde se duchan y se cambian los jugadores, sin pensar en las consecuencias que eso podría suponer. Se baña de su instinto y consigue llegar casi sin aliento hasta la puerta. Puede escuchar el sonido del agua caer por cuerpos sudorosos cerca. Suspira, mira a su derecha y distingue el círculo de gente que todavía continúa con la intención de ver un espectáculo en el que está involucrada su amiga.

-¡Justin! –Vanessa apuñala la puerta gris que la separa del sueño adolescente de la universidad. -¡Justin!

En unos pocos segundos, Justin aparece sin camiseta y con una toalla enrollada alrededor de la cintura cubriendo sus partes íntimas. Unas cuantas gotas resbalan por su pecho. Vanessa traga saliva, muriéndose de deseo por dentro, pero emprendiendo el camino por el que se encuentra ahí. Recuerda que hace tan solo unas semanas acabaron enrollándose ahí mismo.

-Por favor, necesito tu ayuda. –exclama Vanessa, ahora mirándole a los ojos. -_____ y Sarah se están peleando.

El pecho de Justin comienza a subir y a bajar rápidamente.

-¿Qué? ¿No estarás bromeando?
-No, para nada. Te lo juro, Justin.
-Joder, mierda. –gruñe estampando su puño contra la pared.

Entra en el vestuario y en cuestión de unos segundos sale, sin camiseta, pero con unos pantalones de chándal esta vez. Consigue llegar rápido donde se encuentra su chica en el suelo, con las muñecas empapadas de sangre, defendiéndose con los puños de Sarah que se encuentra encima suya arañando sus mejillas.

-Mierda, mierda. –vuelve a susurrar Justin y enseguida aparta a Sarah mientras Vanessa se encarga de _____.
-¿Qué mierdas haces? ¡Suéltame! –se queja la rubia.
-¿Qué mierdas hacías tú? –Justin la acorrala contra una pared, aprisionándola con su cuerpo. Sabe que al menos así se calmará un poco.
-Ha empezado tu amiguita. –contesta Sarah, esquivando la mirada inquietante de Justin.
-¿Y eso por qué? –Justin estampa su aliento contra la boca de Sarah. Ella se muerde los labios ilusa.
-Por este pañuelo… -Sarah coge la mano de Justin y la lleva hacia su cuello provocando que las yemas de sus dedos rocen su piel. –Me queda bien, ¿verdad? –pregunta ella ansiando una respuesta satisfactoria.
-Este pañuelo no es tuyo, Sarah. –Justin vacila acercándose más a ella, ganándosela poco a poco para que caiga en la trampa y actuar.
-¿Te he dicho que eres más guapo así de cerca? 
-Cierra los ojos… -ordena Justin, deslizando sus dedos por el cuello de Sarah, a la vez que desenrolla el pañuelo poco a poco.
-Bueno, eres guapo de todas las maneras. Y sexy. –Sarah suelta un suspiro ahogado con los ojos cerrados, moviendo su espalda lentamente por la pared. Justin juega de nuevo, acercando su torso al cuerpo de ella. –Puedo sentirte… Justin…
-Siénteme… -aclara él, con la voz ronca, haciéndose con el pañuelo. Ella ni se percata y él desliza su mano izquierda por el muslo desnudo y ardiente de Sarah.
-Te siento, Justin… -continúa ella, mordiéndose salvajemente el labio. Justin continúa acariciándola con una mano mientras en la otra se enrolla el pañuelo alrededor de la muñeca, al fin haciéndose con él. Puro juego. Trucos.
-Siénteme Sarah –susurra Justin con la voz ronca. -, pero lejos.

Entonces se va de allí, abandonando a Sarah y a su círculo de ambiciones. _____ corre a sus brazos y se lanza en ellos. Justin la recibe bien, apretándola fuerte contra su pecho y acariciando su pelo intentándole transmitir que todo está bien ahora. Ella alza la cabeza y mira hacia los ojos de él que tienen un color especial.

-Siento haber llegado tarde. –se disculpa él, tomándola por la cintura.
-Lo importante es que has llegado. –sonríe ella, mostrándole una sonrisa inspiradora.
-¿Cómo estás?
-Bien. –contesta _____, tragando saliva. –Estoy bien.
-¿Segura?
-Ahora que estás tú aquí conmigo, estoy genial.
-Bueno, pues tengo algo para ti. –Justin deshace el nudo de su muñeca y le entrega el pañuelo en las manos mientras _____ observa la escena incrédula. –Es tuyo.

El corazón de _____ se acelera de una manera incontrolable. No da crédito a la situación.

-Nena, tómalo. –Justin ayuda a envolver con las manos de ella el pañuelo, apretándolas fuerte, cerrando en ellas un capítulo más.

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Dos horas más tarde descansan en el campus de la universidad. No hay nadie, tan solo ellos y el tímido parpadeo de unas cuantas farolas que alumbran sus cuerpos tendidos en el césped.

-Gracias. Mil gracias, de verdad. –dice ella besuqueándole el cuello.
-No has dejado de decírmelo nena, está bien.
-Es que no me canso de repetírtelo.
-Lo volvería a hacer. Por mi chica lo que sea.

Justin estampa sus labios en la frente de _____ regalándole un inesperado beso. Los labios de _____ se ensanchan al instante dando paso a una tímida sonrisa.

-Aún tienes unos cuantos rasguños –susurra Justin deslizando la yema de los dedos por las suaves y delicadas mejillas de ella. -, pero estás guapa de todas maneras. Incluso diría que estás más guapa todavía. –añade, fijando su vista en los labios más inflados de lo habitual que presenta su novia a causa de la pelea.
-Tú también estás más guapo cuando me dices esas cosas.
-¿Cuándo digo verdades?
-Cuando te pones así de dulce.
-Eres tú quien me provoca. Yo no tengo la culpa. –aclara Justin encogiéndose de hombros. –Ven aquí.

Justin la arropa en sus brazos y ella se sienta sobre sus piernas. Ambos saben que lo que están sintiendo es cosa de ellos, de ese tipo de atracción insostenible que les hace sentir completos.

-¿Todavía te escuecen? –pregunta Justin acariciando con delicadeza las muñecas de _____. Ella rechista un segundo y él decide romper el contacto. –Lo siento.
-No te preocupes, tonto.
-No volverá a ponerte una mano encima, te lo aseguro.
-La odio. –suspira _____. Él vuelve a atraparla en sus brazos. -¿Cómo hiciste para conseguir el pañuelo?
-Si te lo digo prométeme que no te enfadarás.
-No me enfadaré. –lanza ella con la voz pesada.
-La seduje.
-¿Qué qué?
-Que la seduje. –Justin aplica un beso en la punta de la nariz de ella. –Pero no te pongas celosa, que lo hice por ti.

Ella le lanza una mirada de rabia a la que él responde con un profundo beso. Entonces sus lenguas reaccionan y se pelean sin querer. Ella acaba apoderándose de la boca de él, sintiendo su sabor y todas esas sensaciones que cada vez cuestan más explicar. Él desliza su mano por la espalda de ella, atrayéndola hacia él e impregnándola de escalofríos. Los mejores. La mano de Justin recorre su columna vertebral erizando su piel. Ella arquea la espalda mientras aprovecha para adentrarse más en su boca y acabar con un mordisco en los labios.

-Joder, nunca llegaría a imaginar que fueras así de bueno conmigo.

Justin desliza el dedo índice por el contorno de su cara. Ella hace una expresión extraña con ella, pero graciosa, que consigue ganarse una risa por parte de él.

-También puedo ser lo malo que tú quieras. –Justin guiña un ojo y _____ estalla en risas a la vez que se sonroja. Esa frase le ha provocado un intenso escalofrío por todo el cuerpo.
-¿Cómo de malo? –pregunta _____ acechándose peligrosamente a la boca de Justin. -¿Eh?
-Muy malo. –contesta él con la voz seca y dura, llevando una mano a su trasero y acercándola hacia él con esa mirada que pocas personas conocían.
-Yo también puedo ser muy mala. –susurra ella provocadora, despasando un botón de su camisa para dejar a la vista un gran escote. Justin traga saliva inmediatamente, comiéndosela con la vista. Clava su mirada ahí, así como sus dientes se clavan en su labio sin medida.
-Joder, pues mira que me gustan las chicas malas. Pero me gustan aun más las chicas inocentes que se vuelven rebeldes.

Él se acerca más y agarra su barbilla, manteniéndola firme para poco después besarla sin permiso. Pero es un beso duro y salvaje, de los que consiguen subir la temperatura corporal. Un beso apasionado y rebelde, pero a la vez irremediablemente tierno. Como él.

-Entonces… -suspira Justin, con la respiración entrecortada. -¿vas a ser mala?
-Voy a ser lo que tú quieras.

Ella clava sus dientes en la mandíbula de Justin y deja el rastro de varios besos por esa zona. Él domina las caderas de ella, regalándole caricias y subiendo sus manos hasta su vientre. Ella continúa con los besos, ahora bajando hacia su cuello, terriblemente sexy. _____ besa y mordisquea sin parar, colocándose ahora a ahorcadas sobre él.

-Nena, recuerda que estamos en un lugar público. –suspira él excitado.
-Me da igual. –responde ella, ahora realizando un tour de besos hasta su oreja, donde muerde el lóbulo. Justin consigue ponerse más caliente. En realidad, los dos arden por fuera y por dentro.
-¿Ya te ha dominado ese espíritu de chica mala, nena?
-Puede que sí. –dice _____ besando más fuerte la zona de detrás de su oreja. –Puede que no.
-Me gustas de todas formas.
-Tú a mí me gustas más.

En ese instante unos pasos se escuchan cerca y un silbido los interrumpe. _____ inmediatamente cambia de posición y Justin refunfuña en voz baja.

-Chicos, siento interrumpir pero creo que una habitación con su cama sería un lugar más cómodo. –comenta Ryan entre risas, pasando su brazo por el hombro de Vanessa. Justin y _____ los miran sorprendidos.
-Te lo dije, nena. –Justin se dirige a _____ en voz baja. –Estamos en un lugar público y…
-No importa. –le corta ella, regalándole un beso corto en los labios.
-Joder, no os cansáis. –vuelve a intervenir Ryan. Los dos se acercan más.
-No, tío. Y tú tampoco te cansas de ser tan pesado. –contesta Justin, bromeando. Su sonrisa lo dice todo.
-Bro, sabes que me pongo celoso de _____. Yo te quiero a ti. –dice esta vez Ryan. Todos estallan en risas.
-¡Ehhhhh! –interviene _____. –Él es mío. –dice abrazando a Justin, poseyéndolo en sus brazos. -¿Y qué hay de vosotros?
-Eso, tío. ¿Qué hacéis vosotros por aquí?
-Nosotros… -Ryan y Vanessa se miran conteniendo la risa. –nos estamos conociendo.
-¡Jura eso! –exclama _____ levantándose y corre para abrazar a su amiga.
-Jurado, nena. Relax. –carcajea Vanessa.

-Vaya, vaya... No me esperaba eso. -ríe Justin, saludando a Ryan.
-Tampoco nadie os imaginaba a vosotros dos, y ahí estáis, comiéndoos a besos a la mínima que se esconde el Sol. -Ryan señala a ambos.
-Bueno, tampoco nadie lo sabe. Así que sh... -añade _____, situando el dedo índice sobre sus labios.

El silencio se apodera de la situación y tan solo se escucha el ruido de las hojas de los árboles agitadas por una ráfaga de viento improvisada.

-¿Quién tiene hambre? -pregunta Justin, tocándose la zona de la barriga. -Porque yo estoy muy hambriento y la pizzeria está abierta.
-Yo tengo hambre. -contesta Vanessa, dando un paso al frente.
-Y yo. -añade tímida _____.
-Entonces creo que nos toca invitarlas, tío. -dice Justin dirigiéndose a Ryan.

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Pues un capítulo más.
Espero que os esté gustando esta historia.
Gracias por leer y comentar, me animan mucho vuestros comentarios 
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domingo, 13 de abril de 2014

''Improbable Dirección'' Capítulo 47.


|Narra _____|

Verano, vacaciones, playa. No sé dónde estamos, pero es la incógnita de los sueños. Sí, estoy soñando. Y no, nunca he visitado la playa.

Mis pies se camuflan descalzos en la áspera arena mientras observo como Justin se desprende de su camiseta y la lanza a unos pocos metros de mí. Yo sonrío traviesa desde mi sitio, visualizando cada pequeño detalle detrás de mis gafas de sol de pasta negra. Justin desaparece entre las olas, lanzándose al mar decidido sin pensárselo dos veces. Tal vez el agua esté congelada, tanto como yo cuando noto un temblor bajo mis pies. La arena se mueve sobre mi piel haciéndome cosquillas, provocándome una sensación dudosa. El aire acaricia salvajemente mi rostro y despeina completamente mi pelo. Tiendo una manta de cuadros roja y blanca, similar a las que aparecen en las películas cuando los dos protagonistas locamente enamorados se van de picnic, y sitúo un par de refrescos encima. Entonces otra oleada de malas sensaciones me sacude. Escucho mi nombre, escucho su voz, pero Justin no está en el agua. Un escalofrío intenso recorre toda mi columna vertebral y hace que mi corazón sufra un medio ataque de ansiedad. ¿Dónde está? Intento gritar su nombre pero se queda atrapado en mi garganta, no puedo hablar. Un nudo en mi estómago me acompaña mientras corro hacia la orilla. De nuevo intento gritar, pero las palabras se deshacen en mi boca. ¿Cómo es posible? ¿Por qué…?

Me sumerjo rápidamente luchando contra las olas que cada vez impactan más salvajes contra mí, pero no me detengo y resisto hasta que el agua me llega a la altura del pecho, cubriendo la mayor parte de mi cuerpo. Está congelada, justo como imaginaba, pero lo único que me preocupa es encontrar a Justin. Si está jugando, no le encuentro la gracia al juego. Y si está buceando, me estoy preocupando porque no sale a la superficie ni da señales de vida. Lo que supuestamente iba a ser una tarde magnífica y romántica se está convirtiendo en el desastre del año.

Entonces, de repente, algo se engancha en mi pelo y estira de él de raíz, haciéndome daño. Mucho daño. Y cuando me doy cuenta, estoy frente a Sarah, tiritando. Pero esta vez no sé si por el frío o por el miedo a lo que sea capaz de hacer conmigo. Mis labios parecen jugar solos moviéndose entre ellos, tiñéndose de un color morado que no tiene muy buen aspecto.

-Nos encontramos de nuevo, bicho raro.

Da un paso al frente y yo retrocedo, a pesar de ser casi absorbida por una ola.

-¿Qué es lo que quieres esta vez, Sarah? –pregunto con apariencia decidida y sin temor.
-Quiero lo mismo que la vez anterior, pero esta vez lo he conseguido.
-¿De qué hablas?
-De Justin. Ya lo tengo para mí, ¿verdad que no lo encuentras?
-No… -niego con mi cabeza. -¿Qué demonios es lo que has hecho?
-No he hecho nada, querida. He puesto cada cosa en su lugar, él conmigo y tú…

Me agarra fuertemente del cuello, siento sus uñas rasgar mi piel. Un dolor inmenso se mezcla con rabia. Noto la sangre caliente subir por mi garganta y estancarse justo ahí. Una vez se apodera de mí mete mi cabeza bajo el agua y todo se ve oscuro…

|Narra Justin|

Un grito ahogado me despierta en medio de una noche oscura y un tanto fría. Me levanto tan pronto como puedo y al abrir los ojos me encuentro a _____ respirando muy fuerte y con una mano en el corazón.

-¿Qué pasa? –pregunto, tendiendo a fundirla en mis brazos mientras su agitada respiración se va calmando en mi pecho. –Nena… tranquila… -acaricio su pelo delicadamente, hundiendo mis dedos en su cabello desordenado.

Tarda unos largos segundos en contestar, mientras sus brazos rodean mi espalda. Observo la franja de sudor que se crea en su frente.

-Justin… Justin… -susurra con la respiración todavía agitada. –Casi te pierdo.
-¿De qué hablas?
-He tenido una pesadilla…

Beso la comisura de sus labios y noto como se relaja bajo mi tacto.

-Bienvenida al mundo real.

Enarca una ceja y cierra los ojos tras un suspiro ahogado. Yo echo a reír bajito al observar sus gestos de niña pequeña.

-Mi pesadilla también parecía real, no te rías. –dispara.

De nuevo echo a reír ante su actitud y es que verla así me debilita tanto que no puedo permanecer serio. Entonces refunfuña y de nuevo apoya su cabeza en la almohada, esta vez dándome completamente la espalda. Unos cuantos pelos traviesos escapan del delicado agarre de su coletero y me percato en una de tantas marcas que le he regalado en el cuello. Deslizo mis dedos por esa zona como si de tocar el piano con dulzura se tratara. Entonces en mi cabeza me inundan los recuerdos de mi padre. De mi padre y la música, por supuesto, siempre iban unidos. A pesar de que nos abandonara cuando yo tenía muy poca edad recuerdo su voz y el acorde de su guitarra. Y es que algún tipo de conexión me hace enlazar a _____ con la música, no me explico cómo, pero es dulce como cualquier instrumento de cuerda. Y la música también me lleva a mi infancia, a mi padre.

Aplico un dulce beso en el cuello de _____ y aprovecho para aspirar su aroma que me llega a todos los sentidos, invadiéndome de una sensación que no sería capaz de explicar.

-No te preocupes, que nada de lo que haya pasado por tu cabeza va a suceder en la realidad. –susurro dedicándole otro beso, éste más cerca de su clavícula.
-¿Seguro? –se gira deteniéndose en mis ojos.
-Seguro. –sonrío, dejando un beso en su frente y bajando mis labios hasta rozar los suyos. –Ahora sigue durmiendo y no me des esos sustos de muerte, ¿vale?  Te estás acostumbrando a acelerar mi corazón de una manera peligrosa.
 -Eres un exagerado. Además, a ti te gusta lo peligroso.
-No estoy exagerando, ya sabes que tú haces magia aquí. –doy unos cuantos golpes en mi pecho.
-Y tú aquí. –coge mi mano y la lleva a la parte izquierda de su pecho. –Recuerda que estamos empatados.
-Hablando de empates… ¿Mañana me vendrás a ver jugar al partido?
-Hablando de novios corta royos… ¿Por qué te empeñas en cambiar de tema? –frunce su ceño. –Claro que iré a verte al partido.
-Esa es mi chica. –beso sus labios, sintiéndome en la gloria, y poco a poco me alejo de ellos. –Ahora toca descansar un poco más.

{7 horas más tarde}

|Narra _____|

-Historia cada vez es más aburrida, ¿es eso posible? –Vanessa suspira pesadamente, relajando los músculos de sus piernas en el pupitre.
-No exageres, Vann. –digo mientras doy un saltito acoplándome en aquella madera rígida y vieja. –A mí me gusta.
-Es que tú eres un caso aparte. –dice con completa sinceridad en los ojos. –Empollona. –sonríe burlona.
-¿Me has llamado empollona? –me señalo con mi dedo índice. -¿A mí? –abro la boca, sorprendida, conteniéndome la risa.
-Ajá, señorita Blair. Empollona. –repite mordiéndose el labio inferior.
-¡Empollona matona! ¡Te voy a matar a cosquillas!

Y antes de que empiecen las cosquillas ya está riéndose a más no poder. Atrapo sus manos mientras se resiste y continúan las risas.

-¡Te lo dije! –advierto sin parar de reír.
-¡Vale! ¡Perdóname! ¡No eres una empollona! –exclama Vanessa divertida huyendo ahora de mí.
-Eh, ¡no te vayas!

Vanessa abandona la clase por la puerta corriendo tras escaparse de mi agarre. A mí me falta el aire, pero antes de tomar una decisión mis piernas caminan rápidamente siguiendo a mi amiga. La localizo a lo largo del pasillo, acelero el paso y se gira. Se ríe. Me río. Freno unos segundos tratando de que el oxigeno llegue a mis pulmones y segundos después continúo la carrera improvisada para alcanzar a Vanessa y continuar con la batalla de cosquillas. Entonces mi mente viaja varias semanas atrás, cuando Justin y yo corríamos por los pasillos con la adrenalina en cada poro de la piel para ver quién conseguía llegar antes. Es imposible esconderse de algunos recuerdos.

El móvil vibra en mi bolsillo. Lo saco y puedo leer en la pantalla como tengo un nuevo mensaje.

De: Estúpido.
Nena, en 20 minutos va a empezar el partido, ¿vas a venir? Te quiero ver en la grada.

Una sonrisa muy tonta se forma discontinua en mis labios temblorosos.

Para: Estúpido.
De acuerdo, iré a la grada pero no esperes que sea una de esas aficionadas chillonas que dejan sordos a los espectadores por animar al tío bueno del equipo.

Alzo la vista buscando a Vanessa y no está. Debo advertirle de que cambiamos de rumbo, se aplaza el café de la tarde por ir a ver el partido. Otro mensaje.

De: Estúpido.
¿El tío bueno del equipo soy yo?

Para: Estúpido.
Sí.

De: Estúpido.
Entonces con que me animes en silencio me sobra.

Camino más rápido intentando localizar a mi amiga tragada por la multitud de estudiantes alojados en el pasillo. Consigo ver su larga coleta a lo lejos y me sumerjo entre la gente. Recibo varios codazos y unos cuantos pisotones, pero al final llego hasta Vanessa. Tiro de su brazo y la detengo. Se gira y suelta una carcajada.

-Te odio. –digo aparentando seriedad. –Te odio mucho, casi no salgo viva de ahí dentro. –señalo a toda la multitud.
-Lo siento, Blair. Me apetece un café bien caliente, vamos.
-Lo siento yo, porque te vas a quedar con las ganas.
-¿Qué?
-Vamos al partido, quiero ver a Justin jugar.
-Nena… ¡eso se avisa antes! –mueve sus manos. Yo me muerdo el labio despistada, mirando a un punto fijo del suelo.
-No me acordaba… De todas formas puedes comprarte un café en el puesto de al lado.
-Ese café está malísimo, además, lo sirven más frío que mis manos después de ser metidas en un congelador.
-¡Eres una exagerada! –carcajeo. –Venga, vamos.

Acompaño a Vanessa a por su café y la veo un poco más feliz, ahora me siento un poco más satisfecha. Llegamos a las gradas, segunda fila, tampoco quiero hacerme mucho de notar. Con tal de que Justin sepa que voy a estar ‘’apoyándole en silencio’’ el resto me da igual.
Vanessa absorbe su café supuestamente frío y se pone las gafas de sol mientras se acomoda en la butaca. Yo miro mi reloj desesperadamente, deseo que empiece ya el partido. Poco a poco se va llenando de gente y eso es buena señal. Pero hay señales que desearía arrancar de mi vista, como a Sarah, que se coloca justo delante de mí. Sube más su falda, dejándola más corta tratando de lucir piernas. La verdad es que las tiene bonitas, ¿pero de qué sirve comerse una manzana que tiene muy buena pinta si luego por dentro está podrida? Cuanto ya tiene bien arriba la falda, se sienta. Está a primera fila, para que la vean bien los jugadores, para que la vea bien Justin… Pero yo sé que él va a fijar sus ojos en mí, ignorando completamente todo lo que nos rodea. Confío en él.

-Mira quien está ahí. –musita Vanessa cerca de mi oído.
-Ya, ya vi quien está ahí. La más zorra del lugar. –termino yo, exhalando un suspiro.
-Tampoco te pases. –Vanessa golpea mi hombro delicadamente.
-¿Vas a defenderla después de todo?
-No la defendí, pero no merece ser insultada.
-Eso es lo mínimo que merece, Vann. –cierro la conversación y cruzo mis piernas, mirando al frente.
-No te pongas a la defensiva tú ahora, nena. Lo siento. –se disculpa Vanessa, yo asiento con mi cabeza sin apartar mi mirada de terreno de juego.

Al fin los jugadores de ambos equipos invaden el césped. Consigo ver a Justin, que sale camuflado por un tipo muy alto que lleva tras la camiseta el número 3. Justin observa las gradas detenidamente hasta que al final encuentra mis ojos y se detiene ahí. Sonríe y se lleva la mano derecha al pecho. Trata de acercarse más antes de que el árbitro pite el comienzo del partido. Su paso es acelerado y cuando se sitúa a escasos metros de mí, Sarah se pone en pie tapándome por completo la visión.

-Deberían renovar estos asientos, son demasiado incómodos y tendré que pasarles la factura de mi médico privado. –dice la repipi de turno, todavía en pie.

Yo exhalo varias respiraciones y me ruego a mí misma paciencia. El partido aún no ha comenzado y ya me estoy hartando de la lagarta que tengo delante y me impide ver a mi chico.

-Oh, ¡hola Justin! –exclama Sarah con una voz más falsa que sus propias extensiones del pelo. -¡Suerte en el partido!
-Muchas gracias. –logro escuchar decir a Justin.
-Gracias a ti por ser el líder del equipo. Ganaréis, confío en ti. –añade la chica más insoportable de la universidad.

Esta vez Justin no responde y mi conciencia empieza a dar saltos de alegría, creo que va a montar una fiesta con todo tipo de bebidas exóticas.

-La muy zorra le ha guiñado un ojo… -susurra Vanessa en mi oído. Yo cierro mis puños y respiro profundamente.
-Calla, por favor. No me digas nada que no quiera escuchar porque me levanto y uso sus extensiones como juguete para mi perro.
-Pero si tú no tienes perro, Blair.
-Da igual.

El árbitro señala el comienzo del partido. Los jugadores se mueven de un lugar a otro del campo. Unos siguen a la pelota, otros se quedan en sus posiciones esperando al rival.
Justin juega de delantero, realmente es el mejor de todo el equipo. Además de ser buen novio, también se le da esto muy bien. Aunque los estudios no sean su fuerte, en esto creo que nadie le puede ganar. Es el pichichi del equipo, el máximo goleador de la temporada. Y consigue marcar gol antes de empezar la segunda parte. La gente se levanta de sus asientos gritando y desprendiendo alegría coreando su nombre, y yo me siento la chica más feliz del mundo al observar en los ojos de los aficionados la admiración hacia Justin. Aunque nadie es capaz de hacerlo como lo hago yo, nadie va a igualar mi mirada absolutamente inyectada de un deseo que solo él puede satisfacer. Entonces me pregunto que si es de verdad, que no lo he inventado yo, que existe, que todo lo que buscaba en alguien lo he encontrado en la persona que menos esperaba. Y Justin se acerca hacia aquí celebrando el gol, seguido por el resto de jugadores del equipo. Me mira y me lanza la sonrisa más bonita que nadie conseguiría imaginar. Me deja la garganta seca, los labios pegados, y un vuelco en el corazón que no me deja moverme del sitio.

-Lo ha hecho increíble, ¡yo quiero un novio así!
-Él es increíble, Vann.
-Qué envidia me das, nena. Te odio mucho, ¿sabías?

Carcajeo y me acomodo en el sitio.

-Fíjate en Ryan, es guapo.
-Nunca dije que no fuera guapo. Además, también sabe jugar bien, y tiene un trasero…
-Nena, ¡tú necesitas a alguien que te quiera ya!

Vanessa mueve su pelo de un lado a otro y sonríe tímida.

-¿Ves? Lo necesitas.

En la segunda parte es Ryan quien marca un gol. Yo le guiño un ojo a Vanessa seguido de un codazo y ella carcajea por lo bajito.

-¡Basta! ¡Ya lo vi! –dice entre risas.
-Lo hizo bien.
-Lo hizo genial.

El árbitro pita el final del partido. 2-0. ‘’Nuestro’’ equipo sale vencedor gracias a Justin y a Ryan. Los jugadores se preparan para entrar en los vestuarios y Vannesa y yo decidimos esperarnos a que salgan.

Entonces Sarah se pone en pie y se gira observándome con unos ojos llenos de envidia y maldad capaz de envenenar a cualquiera que se ponga en el camino. Sus labios color rojo resaltan notablemente en su cara, la cual no es capaz de sostener un milígramo más de maquillaje. Pero hay algo que noto extraño en ella y a la vez familiar, algo que me desconcierta. Lleva el uniforme del colegio, hecho a su medida, por supuesto. Es decir, la falda es equivalente a un trozo de tela que deja ver al completo sus muslos. Y lo combina con un pañuelo color… Espera, ese pañuelo… Trago saliva… Ese es el pañuelo de mamá, el pañuelo que me robó. 


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Bueno, en primer lugar deciros que gracias por leerme, si tenéis alguna duda
o cualquier cosa podéis comentarme. 
Me he cambiado el user de twitter a @lluviadedeseos y también cambié 
el nombre del blog a feelitdreamitbelieveit.blogspot.com, 
¡¡hasta pronto!!

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