Tu rastro.

domingo, 9 de marzo de 2014

''Improbable Dirección'' Capítulo 46.


|Narra _____|

El camino hacia casa marcha rápido. El tiempo a su lado se esfuma a la máxima velocidad, incluso diría que algún tipo de fenómeno sobrenatural me lo roba.

Dejo caer el peso de todo mi cuerpo en la cama mientras mi pelo todavía continúa mojado después de una refrescante ducha. Sí, una vez en el coche no volví a pasar frío y juraría que mi piel ardía, todo es culpa de Justin por alborotar mis pensamientos y dejar que diéramos un paso más en nuestro camino lleno de piedras. Afortunadamente, no hemos tropezado. Continuamos avanzando mirando al frente y eso me gusta. Me gusta porque confío en nosotros. Y yo no suelo confiar en las personas. Creo que las excepciones están llegando a mi vida.

Me pongo el pijama y le dedico varios minutos a mi diario, como siempre. Y como últimamente sucede, su nombre ahora ocupa cada página escrita. Inconscientemente mi mano viaja sola por el blanco papel, creando un nuevo mundo con mis palabras escondidas quizás tras el humo de su cigarro. Huelo a tabaco, aunque sea una impresión mía. Pero sigo escribiendo y continúo reflejándome en el espejismo de mi realidad, en lo que no digo pero es, en lo que silencio y mi mirada dice a gritos sin querer. Mamá siempre me decía que con mirarme a los ojos sabía lo que estaba pensando, que cuando quisiera saber la verdad siempre mirara a los ojos de la otra persona, eso siempre la delataría.

-Bonito diario. –susurra una voz a mi espalda que me sobresalta. Casi suelto un chillido pero logro contenerlo.

Aparto rápidamente el diario a un extremo del escritorio, rezando a todos los posibles Dioses que existan por que Justin no haya sido capaz de leer nada de lo que había escrito.

-Idiota, casi me matas del susto. –digo poniéndome en pie y deslizando mi brazo por mi frente recuperándome.
-¿Qué escribías?
-Mi día de hoy, creo que es obvio.
-Entonces habrá aparecido mi nombre por ahí.
-Tal vez. –suelto una risa tímida. -¿Qué haces aquí?
-¿Quieres que me vaya? –pregunta enarcando una ceja. –No, no quieres que me vaya. –sonríe burlón.
-No preguntes si te vas a contestar tú solito. –continúo bromeando dándole una pequeña palmada en la mejilla. Intenta atrapar mi mano, pero todo se queda en el intento.  Corro hacia mi cama y antes de lanzar todo mi peso contra el colchón sus brazos envuelven mi cintura.
-¿Sabes, Blair? Por mucho que huyas nunca vas a poder escapar de mí. –susurra cerca de mi cuello, electrocutando mi piel, si eso es posible.

Entonces vuelve a suceder. Me quedo muda, con los labios sellados y una sensación en mi pecho que no me permite respirar. Se llama de alguna manera, le puse un nombre, justo hace un rato lo escribí en mi diario. Es precisamente Roma escrita al revés, es magia, es la sensación de alcanzar la decimocuarta estrella. Juraría que es eso, pero tal vez no puedo encontrar una palabra que defina lo que siento. Es complicado. Soy complicada. En realidad, soy todo un caos. Aquí estoy, con cara de tonta mientras Justin me mira con esa cara tan tierna de querer llenarme de besos.

-Esta es la parte que estaba esperando. –dice sonriendo, con cierto brillo destacado en sus ojos. Pienso en lo que me decía mamá. ''Los ojos delatan a las personas'' y Justin me está mirando de esa manera. Trago saliva. Presiento que es una buena señal.
-¿Qué parte? –pregunto casi tartamudeando. Me siento estúpida porque él produce ese efecto en mí y me flaquea hasta la voz.
-Esta. –susurra ahora un poco más cerca de mi oído para después besar el lóbulo de mi oreja despacio. Esto hace que todo mi cuerpo vuelva a experimentar algo extraño, pero que estoy empezando a conocer. –Esta es mi parte favorita. –suspira aplicando besos delicados en mi cuello mientras yo contengo la respiración y trato de equilibrar el pulso. Con mis manos acaricio su pelo mientras se empeña en besar ahora mi nuca, erizándome el vello. –Hueles muy bien. Demasiado bien, Blair. –añade con la respiración entrecortada, echando mi pelo hacia a un lado fuera de cualquier molestia que pueda suponer. –Es una de las cosas que me enganchan de ti.
-¿Ah, sí? –me giro ahora tirando de su mano para estar más próximos.
-Sí, bicho.
-Yo pensaba que el único enganche que tenías era a ese humo que expulsas por la boca. –provoco, deslizando mi índice por su cuello hasta su camiseta, siguiendo el camino con mi mirada indecisa.
-Y yo pensaba que nadie le haría la competencia hasta que me fijé en tu cuello, bicho. Y en tus labios, me fijé en cómo te los mordías sin querer cuando tuviste que presentarte frente a toda la clase. –ahora se muerde los suyos mientras observa los míos. -Y tus piernas, bendito uniforme. Desde ahí no he vuelto a ser el mismo.

Me sonrojo lo suficiente como para que Justin lo note y me bese dulcemente los labios sin pedir permiso. Y esa decisión improvisada me gusta. Mi lengua se adentra en su boca tan rápido como puede mientras mi estómago se contrae. Justin pelea por hacerse con mi boca, suelto un leve quejido y él me coge de la cintura sujetándome con sus brazos. 

Instintivamente enrollo mis piernas volteando su cadera, mientras camina con su boca pegada en la mía y unos cuantos mordiscos lo delatan sin querer. Me apoya contra la puerta, soltando su mano apenas unos segundos para delinear con su dedo índice mi labio inferior y lo mira como si estuviera pensando la mejor forma de devorarlo.

-Tengo una idea. –suelta de repente, con la voz ronca y desgastada.
-Tus ideas son locas. –digo formulando una sonrisa en mi rostro.
-Sólo contigo, adivina tú sola el motivo de por qué lo son. –sonríe pícaro, dejándome en el suelo y atrayéndome hacia él tirando de mi cintura. Yo miro hacia arriba, atrapándome en sus ojos color miel y no puedo borrar la sonrisa. Por más que lo intente, no puedo permanecer seria.
-Cuéntame tu idea loca.
-Hoy duermo contigo.

Mi corazón frena en seco.

-¿Qué has dicho, Justin?
-Que hoy duermo contigo. –dice con una sonrisa vacilante entre sus labios. –Y tú duermes conmigo. Por si no lo has entendido, hoy dormimos juntos. –su sonrisa se ensancha.
-Lo he pillado. –le fulmino con la mirada. Él se detiene a reírse. –Pero es que esto parece un juego. –digo enrollando mis brazos en su cuello, observando su cara y sus labios levemente inflados y rosados.
-¿Un juego? –pregunta enarcando una ceja y apartando un mechón de mi pelo que se ha colado en mi mejilla.
-Un juego peligroso. Nos pueden descubrir.
-Un juego de niños. –dice deslizando su dedo pulgar por el contorno de mis labios. -Yo me siento como un niño cuando estoy contigo. Me olvido de todo. Vamos nena, déjame dormir contigo.
-Tú mismo decías que eso era peligroso.
-Y sigo manteniendo mi palabra. Es peligroso. –de nuevo su sonrisa impregna  de magia todos mis sentidos y yo maldigo a todas esas sensaciones que me van a provocar caer rendida ante él. No conozco ya el autocontrol.
-Dime cómo lo haces, Justin. –reniego deshaciéndome de su agarre y apresurándome a la cama. Acomodo mi cabeza en la almohada y busco una sábana en la que refugiarme.
-¿Cómo hago el qué? –pregunta desde la otra punta de la habitación, rascándose la nuca y observando cada uno de mis movimientos.
-Convencerme. –digo con la garganta seca, mientras doy pequeños golpes al hueco vacío a mi lado del colchón. –Ven, vamos a dormir juntos.

Una sonrisa tira de sus labios y mi estómago se hace partícipe de ello. Camina hacia a mí, con esa mirada pícara que esconde sus pensamientos más oscuros, y se detiene.

-¿De verdad me invitas, Blair?
-Claro.

Se acerca más, hundiendo una mano en mi colchón.

-¿Me invitas a dormir contigo? –vuelve a preguntar, con la voz más tensa.
-Te he dicho que sí, Justin. ¿Dudas de mi palabra?
-No, -apoya ahora su otra mano en el colchón y se inclina hacia a mí, dirigiendo su mirada a mis labios que juraría que están comenzando a sentir la electricidad. -es que quiero escucharlo de nuevo de tu boca. Dímelo de nuevo. –añade, acechándose.
-Eres un caprichoso. –digo conteniendo mi sonrisa. –Te invito a dormir conmigo, Justin.
-Joder nena, ¿de verdad estás haciéndome esa petición? Por supuesto que sí, no iba a rechazarla.
-Eres un estúpido.
-Y también tu debilidad.

Entonces se hace con mis labios. Ha ganado, ha conseguido lo que quería y además está disfrutando de los pequeños besos que van marcando su mejilla. Hundo mis dientes un poco más abajo, cerca de su barbilla y suspira excitado. Entonces empiezan los besos desenfrenados, que se saltan todas las señales de STOP y, por si fuera poco, también los semáforos en rojo. ¿Pero qué hacer? Me puede. Y mientras me besa, unos segundos abro los ojos, observo su cara, y sonrío sin querer. Me siento grande, feliz. En realidad, me siento afortunada.

Mi pierna se cuela por encima de la suya y cuando me doy cuenta trato de apartarla de ahí, pero su mano se detiene en mi muslo y me frena.

-No pasa nada, aprendí a controlarme. –susurra despegando sus labios de los míos.

Sonrío nerviosa por la situación y no soy capaz de añadir nada. Me devuelve una sonrisa y se acomoda a mi lado.

-¿Te sientes incómoda? –pregunta estrechándome contra él.
-No… -trago saliva. -¿Por qué debería estarlo?
-Por nada, nena. No tienes por qué verte forzada a nada, pero sabes que soy muy lanzado. Ya sabes, yo soy así.
-Lo sé y contigo me siento como hacía mucho tiempo que no me sentía. Quiero decir, me siento bien, muy bien. –de nuevo sonrío nerviosa, temblando por dentro. Y es que no me acostumbro a tenerlo tan cerca.
-No quiero que hagas nada que no quieras hacer, ¿vale?
-No haría nada que no quisiera hacer, Justin. –tomo su barbilla y la aproximo a mí. Respiro hondo, intentando tranquilizarme. –Quiero besarte. –susurro. Mis labios chocan contra los suyos y nuestras lenguas mezclan sabores. Fresa y menta. Electricidad. -¿Ves? Quería besarte y te he besado.
-Vale, es mi turno. Quiero besarte. –no me da tiempo a asimilar sus palabras y sus labios ya están camuflándose en los míos. Cierro los ojos y me transporto a otro lugar. Lejos, donde no existe el miedo ni el pasado. –No era justo que solo tú participaras en el jueguecito.
-Tonto, podemos jugar todas las veces que quieras.

Pasamos unos largos minutos en silencio, mientras él me acaricia el pelo yo dibujo figuras imaginarias en su mejilla con mis dedos. Su piel es suave y delicada, se asemeja a la de un bebé. Me acomodo en su pecho y elevo mi cabeza para plantarle un húmedo beso en la barbilla.

-¿Sabes qué? Estoy notando tu corazón bombear muy fuerte.
-Es que estoy contigo, nena.
-¿Y qué?
-Que lo activas tú sola.
-¿Enserio? Pero si no puedo tocarlo. –aclaro con voz inocente.
-Puedes acelerarlo sin tocarlo.
-¿Entonces tengo magia?
-¿Quieres comprobarlo? –afirmo con mi cabeza. –Coloca tu mano justo aquí. –señala la parte izquierda de su pecho y ahí coloco mi mano.  -¿Puedes notarlo?
-Un poco… -susurro. Puedo notar sus latidos cada vez con más intensidad.
-Ahora bésame.

Me quedo paralizada, estancada en ese momento, sintiendo su corazón bombear en la misma palma de mi mano.

-¿A qué estás esperando, nena?
-¿Q... qué? –pregunto aturdida, tratando de concentrarme ahora en sus palabras.
-Que me beses y verás lo que sucede.

Sonrío tímidamente a la vez que recorto la distancia entre nuestros labios. Con una mano en su pecho y la otra en su mejilla, dejo estampar mis labios contra los suyos aplicándole un tierno beso. Su pulso aumenta notablemente y lo puedo notar, su corazón va mucho más rápido que antes. Y, joder, el mío también.

-¿Ves como tienes magia? Solo tú sabes acelerar mi corazón de esa manera. –susurra regalándome ahora él un beso en la punta de mi nariz.

Sonrío tontamente. Y es que me sentiría poderosa, pero es que él también es capaz de hacer magia conmigo. Vuelvo a acomodar mi cabeza en su pecho, esta noche se encarga de ser mi peculiar almohada. Además, su camiseta desprende un olor a colonia de hombre que me encanta. En resumidas cuentas, creo que estas noches son las que quiero para… quizás, para el resto de mis días. Sé que soy una adolescente atormentada, sé que mi vida acaba de empezar desde que pisé esta casa, sé que puede venir la lluvia y tal vez se apodere de la calma, pero las sensaciones que bombean en mi interior a toda velocidad no son como las demás. Por eso confío en ellas, porque son diferentes y eso las hace especiales. Por eso me levanto cada mañana con una sonrisa tirando de mis labios al saber lo que me espera al otro lado de la pared de mi habitación. Por eso cuando me descalzo me siento libre, pero si me acomodo en mis zapatos juraría que me han introducido unos pocos polvitos de magia. Entonces, sí, estoy segura de que creo en esto. Y puede que me equivoque, pero en estos momentos quiero arriesgarme. Me arriesgo porque me siento más viva que nunca a su lado.

-¿Qué vas a hacer si nos pillan? –pregunto dejando mis pensamientos en un rincón de mi cabeza.
-Les diré que me equivoqué de cama. –su pecho vibra y puedo percibir que se está riendo débilmente sin hacer ruido.
-Eso no va a colar, entonces estamos perdidos.
-Sí, estamos perdidos, pero no me importa.
-¿Por qué? Eres un despreocupado…
-Porque ahora mismo lo único que me preocuparía sería perderte.

----------------------------
Siento haber tardado tanto esta vez. 
Sé que el capítulo no ha sido gran cosa pero se avecina una tormenta, aviso.
No sé cuándo subiré el próximo, dudo que la semana que viene pueda escribir porque son
las Fallas aquí en Valencia y como comprenderéis no pararé en casa.
También os digo que no tardaré tanto en subir como esta vez.
Mil besitos y gracias por leerme.

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.