Tu rastro.

domingo, 2 de febrero de 2014

''Improbable Dirección'' Capítulo 45.


|Narra _____|

-¿Tienes frío? –me pregunta Justin antes de subir al coche. Reviso mi cuerpo empapado desde mis pies hasta mi cabeza.
-¿Tú qué crees?
-Yo creo que te estás congelando. –Justin abre el maletero y me lanza una toalla. –Sécate bien.
-Gracias. –digo en un susurro.
-De nada. –responde con una sonrisa, cerrando el maletero.

El garaje es un lugar oscuro, apenas hay luz. Mis pies se quedan clavados en el sucio suelo mientras envuelvo la toalla alrededor de mi cuerpo tiritando. Juraría que mis labios se están tiñendo de un color morado debido a la humedad del ambiente. La verdad es que tampoco mi cuerpo es mucha cosa para combatir el frío.

Justin se aproxima a mí con un andar bastante decidido. Él también se detiene a escasos metros de mí y revisa mi cuerpo de arriba abajo. Después me mira a los ojos y sostiene una sonrisa en sus labios.

-Mejor con la toalla, así también prevenimos eso de tener un accidente. –murmura acercándose más a mí y fijando su vista en mis labios.
-¿Por?
-Por despiste del conductor.
-Eso es absurdo.
-No es absurdo, nena. ¿No pretenderás que con ese vestido tan transparente mi mirada se clave en el asfalto? No, eso es casi imposible.
-Entonces no me desprendo de la toalla.
-No, no lo hagas.

Ahora una sonrisa se desliza en mis labios. Justin se aproxima aún más a mí y me refugia en sus brazos. Me abraza dejando el frío en un segundo plano. O en un tercero. O en un cuarto, quizás. Ahora lo que siento es un escalofrío que deja tiesa mi columna vertebral. Sus brazos cálidos me arropan y se mueven transfiriéndome calor.

-¿Así mejor?
-Mucho mejor. –aclaro.

Beso sus labios sin poderme resistir y ríe sobre mi boca.

-Joder, sí que estás fría.
-Te lo dije.

Avanzamos hacia el coche y mientras él se sitúa en el asiento de conductor yo me acomodo en el de copiloto, con la toalla incluida, no vaya a ser que tengamos un accidente como dice el chico que me quiere llevar a casa y me roba algunos besos traviesos cuando le apetece, sin pedir permiso.  

Justin introduce las llaves en la ranura y a los pocos segundos se enciende la radio. Una voz aguda acompaña la canción que suena en este momento. Todavía no arranca.

-Justin, ¿desde cuándo conduces? Quiero decir, siempre vas con la moto, no sabía que también podías manejar un coche.
-Claro que puedo. –suena brusco.
-¿Sucede algo? –me detengo a mirarle. Sus nudillos empiezan a ponerse blancos apretando al volante.
-No.
-Me estás mintiendo.

Ahora Justin me mira. Sus ojos están un poco más oscuros de lo habitual. Me sorprende y a la vez me asusta. No entiendo como una simple pregunta le puede haber molestado tanto.

-¿Confías en mí?
-Claro que confío en ti. –digo acariciando su muslo delicadamente, inclinándome para besar sus labios. Los beso y cuando me separo un poco él engancha sus dientes en mi labio inferior. Tira de él y lo besuquea. Frunzo mi ceño y vuelvo a colocar mi espalda en el respaldo de mi asiento.
-Vas a pensar que soy un monstruo. –dice con una voz dura y tajante, que me eriza el vello de los brazos.
-Jamás pensaría eso de ti. –añado yo. Trago saliva, temiendo lo que me va a contar a continuación. O no.
-Yo era el único del grupo que tenía coche. Había acabado la fiesta y yo iba todavía muy borracho. Apenas me podía sostener en pie. –Justin cierra los ojos, como si estuviera recordando lo que dicen sus palabras. –Creo que era el que peor iba. La gran mayoría volvía en moto a casa, todos menos Catherine. –una lágrima improvisada se desliza por su mejilla.
-No… No llores, por favor. –limpio su lágrima con mi dedo pulgar y acaricio su mejilla con cuidado, regalándole pequeñas caricias.
-Era un gilipollas. Le dije que yo la llevaría a casa, éramos amigos, muy buenos amigos. Y aceptó. Me dijo que le parecía bien, pero que nos diéramos prisa porque su novio se enfadaría demasiado si se pasaba un poco más de la hora. Yo le dije que esperara un poco a que se me pasara el efecto del alcohol, realmente no me encontraba en el sano juicio para conducir. Ella también lo sabía, pero me ignoró. Y me contó todo.
-¿Qué es todo? –pregunto con miedo. Con miedo a la respuesta, no sé porqué.
-Carlo era muy celoso.
-¿Carlo? –su nombre envía un escalofrío por todo mi cuerpo.
-Sí, eran novios. Él era muy protector, aunque yo no lo llamaría así. Según me dijo Catherine, le pegaba cuando hacía algo fuera de lugar.
-¿Fuera de lugar como ir de fiesta?
-Por ejemplo.
-Pero ir de fiesta no es hacer algo fuera de lugar.
-Para él sí. Por eso quería que la llevara ya a casa, sino él se enfadaría y…
-¿Qué pasó después? –pregunto abrigándome con mis propios brazos. Creo que ahora estoy temblando más que antes.
-Me negué a conducir en esas condiciones, pero él la llamó por teléfono y estaba furioso, así que no tuve más remedio que hacerlo. Apenas veía la carretera, tenía la vista nublada. Ni siquiera sé cómo fui capaz de avanzar unos metros sin estamparme contra algo, hasta que un coche vino de cara y me deslumbró lo suficiente para pegar un volantazo y salir del carril. Impactamos fuertemente…
-Joder… -mis lágrimas amenazaban con salir.
-Ella salió disparada, estuvo varios días en el hospital, pero no pudieron hacer nada por ella.

Mi corazón va rápido. Joder, qué trágico. En mi vida hubiera imaginado todo el dolor que escondía Justin dentro de él, cuando por fuera parecía el chico más feliz del mundo, sin problemas atados a su cuello, sin un pasado difícil de borrar. Como el mío, quizás. Pero es que el suyo estaba marcado y yo ni siquiera lo sabía.

-¿Qué pasó cuando Carlo se enteró?
-Tuvimos varios problemas. Él me culpaba a mí por todo, cuando realmente él se escondía detrás  del motivo por el que nos subimos al coche.
-Tú no tenías la culpa… -me acerco a él y me atrae por la cintura, colocándome entre sus piernas.
-Bueno… Yo también hice mal.
-No digas eso. ¿Catherine era muy amiga tuya?
-Sí, era una de las mejores.
-¿Y por qué no le advertiste de Carlo? Lo que él le hacía no estaba bien.
-Intenté convencerla, pero ella estaba ciega y enamorada. –detiene su mirada en mi cuello y luego la sube a mis ojos, pasando por mis labios y mis mejillas, como si me estuviera revisando lentamente. -En realidad, ahora la entiendo. A mí por mucho que me dijeran no me separaría de ti.

Todo mi cuerpo experimenta una sensación extraña. El corazón casi se me sale del sitio. ¿Me está confesando que está enamorado de mí y nunca me dejaría? Trago saliva rápido, asimilando todo.

-Por eso en cuanto te vi con Carlo no quería que te acercaras más a él. Sabía que traería problemas.
-Lo siento… -susurro cerca de sus labios. –Si me lo hubieras contado antes, todo esto hubiera cambiado.
-Entonces lo siento yo, debí de decírtelo. –añade Justin. Sus ojos todavía permanecen húmedos.
-Ahora ya lo sé y es lo que importa. –sonrío y beso sus tiernos labios. Él me recibe bien, justo como esperaba.
-Cuando pasó eso ya no quise más coches. Únicamente me sentía cómodo con la moto, así que creo que todo eso contesta a tu pregunta.
-Ajá. –afirmo deslizando mi dedo índice por la comisura de sus labios.
-Esta es la primera vez que voy a conducir desde aquel día. ¿Estás segura de que quieres que te lleve? –Justin me mira con serenidad y me transmite toda la confianza del mundo. Claro que quiero que me lleve, claro que confío en él.
-Estoy segurísima. Quiero ir a casa, Justin. Quiero darme una ducha y luego hacerte de rabiar un poco en tu habitación. ¿Te parece bien?

Él me contesta con una sonrisa mostrando sus dientes. Me encantan esas, porque sé que tiene que haber un buen motivo para que surjan. Y ese motivo soy yo.

-Me parece el plan más perfecto que me han sugerido jamás.
-Idiota. –golpeo su mejilla débilmente bromeando.
-Me parece bien, bicho. Pero ahora tenemos un problema. –hace una mueca con sus labios y sé que se está conteniendo la risa.
-¿Qué problema?
-Vuelve a tu asiento o te tendré que comer a besos y llegaremos tarde a casa.
-Eso no me parece un problema. –vacilo acercándome más a sus labios. Él humedece los suyos con su lengua.
-Joder… No digas eso, por Dios.

Muerdo mi labio. Sé lo mucho que eso le provoca. Además, me muevo sutilmente sobre él. Me coloco a ahorcadas y comienzo a besar sus labios como si fuera la última vez que pudiera hacerlo. Tiro la toalla hacia mi asiento y juraría que sus ojos casi se salen de sus órbitas al mirar hacia mis pechos, ligeramente transparentados, pero cubiertos por la tela. Me invade algo dentro que sube por mi estómago hacia mi garganta. Algo caliente. Beso más sus labios. La temperatura sube. Sus manos empiezan a trepar por mi espalda, yo juego con el dobladillo de su camiseta mientras se encarga de besar mi cuello. Baja hacia mi clavícula y planta besos salvajes. Nos vamos a devorar mutuamente. Me muevo más sobre él, sintiendo la erección de sus pantalones contra mi muslo. Joder, está muy duro. Pero esto no puede parar. Lo empujo hacia atrás mientras giro una palanca para tirar el respaldo hacia abajo. Justin me mira sorprendido, como si no fuera posible que nos estuviera consumiendo este deseo.

-Bicho…
-¿Qué?
-Te estás volviendo una chica muy…
-¿Traviesa?
-Juguetona, diría yo.

Se lanza a mi boca y yo le freno, no se lo permito porque antes de eso me encargo de quitarle la camiseta. Dios, trago saliva admirando su dorso ligeramente mojado y marcado. Y sin pensármelo dos veces, comienzo a besar su desnuda piel, empezando por sus abdominales. Aplico varios besos, subiendo hasta sus pectorales, y después a su cuello, donde empiezo a devorarlo a mordiscos.

-Ya te he regalado unas pequeñas marcas, que lo sepas. –digo entre suspiros. Mi respiración está descontrolada.
-Regalas muy bien. –es lo único que contesta.
-¿Sólo muy bien?
-Genial. Regalas genial.

Después de varios besos subidos de tono, también sube nuestra temperatura corporal. Creo que las ventanillas del coche se están empezando a empañar. Y no me importa. Tampoco me importa estar en un garaje y en el interior del coche de la mejor amiga de mi novio. Suena cutre, pero a mí nunca me ha interesado cómo puedan parecer las cosas.

Desliza sus fuertes manos por mis piernas desnudas y desequilibradas. Jamás he sentido tantos escalofríos a la vez. Como dicen, los mejores escalofríos no los produce el frío. En mi caso los produce la piel del mismísimo Justin Bieber. Voy a estallar por dentro y me voy a convertir en mil pedazos. Entonces sus manos tropiezan con mi vestido, aunque es casi invisible. Y le miro.

-Quítamelo. –le suplico. –Quítame el vestido.
-Nena…
-Quítamelo, por favor.
-Sabes que si fuera por mí ya estarías desnuda.
-¿Entonces? Quítame el vestido. –susurro cerca de su boca por cuarta vez. Puedo escuchar su entrecortada respiración. –Vamos, no pasa nada.
-No sé si podré controlarme, joder.
-O me lo quitas tú o me lo quito yo.

Parece que esta vez se lo toma enserio y rápidamente me encuentro en bragas y sujetador delante de él. Afortunadamente, van a conjunto.

-Joder, nena. Por qué me haces esto…

Sus manos se pegan a la piel de mi espalda enseguida, subiendo y bajando, mientras besos peligrosos juegan en nuestras bocas. Besos rápidos, como nuestras respiraciones. Besos que se pierden entre suspiros y susurros.

-Tengo muchas ganas de probarte, nena. Muchas. –dice mientras sus dedos tropiezan con una tira de mi sujetador.
-¿Te asusta que no lo haya hecho con nadie, verdad? –pregunto deslizando mis dedos por su pecho, sintiendo el calor que desprende su piel. Él me mira elevando una ceja, parece divertido.
-No, no me asusta.
-¿Y por qué no lo haces?
-Porque no quiero precipitarme contigo.
-A ti te gusta la velocidad, Justin.
-Pero tú me has enseñado a que no es tan malo aflojar. –besa mi barbilla y después se detiene en mis labios. –Eres preciosa, ¿lo sabías? Eres preciosa por dentro, como una joya. Mi joya. Y las joyas se cuidan bien y merecen ser llevadas con elegancia en ocasiones especiales. –su nariz y mi nariz se rozan. –Yo te voy a llevar al paraíso un día y ya verás como vas a querer repetir el viaje. Entonces te haré el amor todas las veces que quieras.

Un nudo se forma en mi estómago y mi pecho se mueve rápido como mi congelada respiración.

-Yo iba rápido con las demás, hasta que te encontré. Porque yo tengo mis metas y tengo mis miedos, pero sobretodo sigo en el puto proyecto de hacerte feliz.
-Eso suena bastante bien.

Entonces beso sus labios. Y trato de explicarle a mi manera todo lo que siento. Creo que lo he hecho bien porque sonríe al instante. Suspiro pesadamente, absorbiendo un poco de control, mentalizándome de ello. Así que inmediatamente cojo mi vestido y me lo coloco rápido pero sin quitarme de encima de Justin. Él me mira divertido, agradeciendo mi gesto, aunque su mente sucia a saber lo que está pensando mientras tanto. Me sujeta de la cintura hasta que mi vestido cubre mi piel, todavía cálida. Visualizo su camiseta y me muevo de nuevo para atraparla con mis manos y colocarla por encima de su cabeza hasta su cuello.

-Tenemos que llegar pronto a casa, vamos. –trato de decir lo más seria posible.

Él simula una cara triste y me deja arrastrar su camiseta pasando por sus abdominales. Trato de pasar la vista rápido pero me detengo sin querer. Trago saliva. De nuevo le miro a los ojos, como si no hubiera sucedido nada, y le dejo un beso virgen en los labios.

-Por cierto Justin, yo también sigo en mi puto proyecto. En nosotros. 

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