|Narra _____|
-¿Tienes frío? –me pregunta Justin antes de
subir al coche. Reviso mi cuerpo empapado desde mis pies hasta mi cabeza.
-¿Tú qué crees?
-Yo creo que te estás congelando. –Justin abre
el maletero y me lanza una toalla. –Sécate bien.
-Gracias. –digo en un susurro.
-De nada. –responde con una sonrisa, cerrando
el maletero.
El garaje es un lugar oscuro, apenas hay luz.
Mis pies se quedan clavados en el sucio suelo mientras envuelvo la toalla
alrededor de mi cuerpo tiritando. Juraría que mis labios se están tiñendo de un
color morado debido a la humedad del ambiente. La verdad es que tampoco mi
cuerpo es mucha cosa para combatir el frío.
Justin se aproxima a mí con un andar bastante
decidido. Él también se detiene a escasos metros de mí y revisa mi cuerpo de
arriba abajo. Después me mira a los ojos y sostiene una sonrisa en sus labios.
-Mejor con la toalla, así también prevenimos
eso de tener un accidente. –murmura acercándose más a mí y fijando su vista en
mis labios.
-¿Por?
-Por despiste del conductor.
-Eso es absurdo.
-No es absurdo, nena. ¿No pretenderás que con
ese vestido tan transparente mi mirada se clave en el asfalto? No, eso es casi
imposible.
-Entonces no me desprendo de la toalla.
-No, no lo hagas.
Ahora una sonrisa se desliza en mis labios.
Justin se aproxima aún más a mí y me refugia en sus brazos. Me abraza dejando
el frío en un segundo plano. O en un tercero. O en un cuarto, quizás. Ahora lo
que siento es un escalofrío que deja tiesa mi columna vertebral. Sus brazos cálidos me arropan y se mueven
transfiriéndome calor.
-¿Así mejor?
-Mucho mejor. –aclaro.
Beso sus labios sin poderme resistir y ríe
sobre mi boca.
-Joder, sí que estás fría.
-Te lo dije.
Avanzamos hacia el coche y mientras él se sitúa
en el asiento de conductor yo me acomodo en el de copiloto, con la toalla
incluida, no vaya a ser que tengamos un accidente como dice el chico que me
quiere llevar a casa y me roba algunos besos traviesos cuando le apetece, sin
pedir permiso.
Justin introduce las llaves en la ranura y a
los pocos segundos se enciende la radio. Una voz aguda acompaña la canción que
suena en este momento. Todavía no arranca.
-Justin, ¿desde cuándo conduces? Quiero decir,
siempre vas con la moto, no sabía que también podías manejar un coche.
-Claro que puedo. –suena brusco.
-¿Sucede algo? –me detengo a mirarle. Sus
nudillos empiezan a ponerse blancos apretando al volante.
-No.
-Me estás mintiendo.
Ahora Justin me mira. Sus ojos están un poco
más oscuros de lo habitual. Me sorprende y a la vez me asusta. No entiendo como
una simple pregunta le puede haber molestado tanto.
-¿Confías en mí?
-Claro que confío en ti. –digo acariciando su
muslo delicadamente, inclinándome para besar sus labios. Los beso y cuando me
separo un poco él engancha sus dientes en mi labio inferior. Tira de él y lo
besuquea. Frunzo mi ceño y vuelvo a colocar mi espalda en el respaldo de mi
asiento.
-Vas a pensar que soy un monstruo. –dice con
una voz dura y tajante, que me eriza el vello de los brazos.
-Jamás pensaría eso de ti. –añado yo. Trago
saliva, temiendo lo que me va a contar a continuación. O no.
-Yo era el único del grupo que tenía coche. Había
acabado la fiesta y yo iba todavía muy borracho. Apenas me podía sostener en
pie. –Justin cierra los ojos, como si estuviera recordando lo que dicen sus
palabras. –Creo que era el que peor iba. La gran mayoría volvía en moto a casa,
todos menos Catherine. –una lágrima improvisada se desliza por su mejilla.
-No… No llores, por favor. –limpio su lágrima
con mi dedo pulgar y acaricio su mejilla con cuidado, regalándole pequeñas
caricias.
-Era un gilipollas. Le dije que yo la llevaría
a casa, éramos amigos, muy buenos amigos. Y aceptó. Me dijo que le parecía
bien, pero que nos diéramos prisa porque su novio se enfadaría demasiado si se
pasaba un poco más de la hora. Yo le dije que esperara un poco a que se me
pasara el efecto del alcohol, realmente no me encontraba en el sano juicio para
conducir. Ella también lo sabía, pero me ignoró. Y me contó todo.
-¿Qué es todo? –pregunto con miedo. Con miedo a
la respuesta, no sé porqué.
-Carlo era muy celoso.
-¿Carlo? –su nombre envía un escalofrío por
todo mi cuerpo.
-Sí, eran novios. Él era muy protector, aunque
yo no lo llamaría así. Según me dijo Catherine, le pegaba cuando hacía algo
fuera de lugar.
-¿Fuera de lugar como ir de fiesta?
-Por ejemplo.
-Pero ir de fiesta no es hacer algo fuera de
lugar.
-Para él sí. Por eso quería que la llevara ya a
casa, sino él se enfadaría y…
-¿Qué pasó después? –pregunto abrigándome con
mis propios brazos. Creo que ahora estoy temblando más que antes.
-Me negué a conducir en esas condiciones, pero
él la llamó por teléfono y estaba furioso, así que no tuve más remedio que
hacerlo. Apenas veía la carretera, tenía la vista nublada. Ni siquiera sé cómo
fui capaz de avanzar unos metros sin estamparme contra algo, hasta que un coche
vino de cara y me deslumbró lo suficiente para pegar un volantazo y salir del
carril. Impactamos fuertemente…
-Joder… -mis lágrimas amenazaban con salir.
-Ella salió disparada, estuvo varios días en el
hospital, pero no pudieron hacer nada por ella.
Mi corazón va rápido. Joder, qué trágico. En mi
vida hubiera imaginado todo el dolor que escondía Justin dentro de él, cuando
por fuera parecía el chico más feliz del mundo, sin problemas atados a su
cuello, sin un pasado difícil de borrar. Como el mío, quizás. Pero es que el
suyo estaba marcado y yo ni siquiera lo sabía.
-¿Qué pasó cuando Carlo se enteró?
-Tuvimos varios problemas. Él me culpaba a mí
por todo, cuando realmente él se escondía detrás del motivo por el que nos subimos al coche.
-Tú no tenías la culpa… -me acerco a él y me
atrae por la cintura, colocándome entre sus piernas.
-Bueno… Yo también hice mal.
-No digas eso. ¿Catherine era muy amiga tuya?
-Sí, era una de las mejores.
-¿Y por qué no le advertiste de Carlo? Lo que
él le hacía no estaba bien.
-Intenté convencerla, pero ella estaba ciega y
enamorada. –detiene su mirada en mi cuello y luego la sube a mis ojos, pasando
por mis labios y mis mejillas, como si me estuviera revisando lentamente. -En
realidad, ahora la entiendo. A mí por mucho que me dijeran no me separaría de
ti.
Todo mi cuerpo experimenta una sensación
extraña. El corazón casi se me sale del sitio. ¿Me está confesando que está
enamorado de mí y nunca me dejaría? Trago saliva rápido, asimilando todo.
-Por eso en cuanto te vi con Carlo no quería
que te acercaras más a él. Sabía que traería problemas.
-Lo siento… -susurro cerca de sus labios. –Si
me lo hubieras contado antes, todo esto hubiera cambiado.
-Entonces lo siento yo, debí de decírtelo. –añade
Justin. Sus ojos todavía permanecen húmedos.
-Ahora ya lo sé y es lo que importa. –sonrío y
beso sus tiernos labios. Él me recibe bien, justo como esperaba.
-Cuando pasó eso ya no quise más coches.
Únicamente me sentía cómodo con la moto, así que creo que todo eso contesta a
tu pregunta.
-Ajá. –afirmo deslizando mi dedo índice por la
comisura de sus labios.
-Esta es la primera vez que voy a conducir
desde aquel día. ¿Estás segura de que quieres que te lleve? –Justin me mira con
serenidad y me transmite toda la confianza del mundo. Claro que quiero que me
lleve, claro que confío en él.
-Estoy segurísima. Quiero ir a casa, Justin.
Quiero darme una ducha y luego hacerte de rabiar un poco en tu habitación. ¿Te parece
bien?
Él me contesta con una sonrisa mostrando sus
dientes. Me encantan esas, porque sé que tiene que haber un buen motivo para
que surjan. Y ese motivo soy yo.
-Me parece el plan más perfecto que me han
sugerido jamás.
-Idiota. –golpeo su mejilla débilmente
bromeando.
-Me parece bien, bicho. Pero ahora tenemos un
problema. –hace una mueca con sus labios y sé que se está conteniendo la risa.
-¿Qué problema?
-Vuelve a tu asiento o te tendré que comer a
besos y llegaremos tarde a casa.
-Eso no me parece un problema. –vacilo
acercándome más a sus labios. Él humedece los suyos con su lengua.
-Joder… No digas eso, por Dios.
Muerdo mi labio. Sé lo mucho que eso le
provoca. Además, me muevo sutilmente sobre él. Me coloco a ahorcadas y comienzo
a besar sus labios como si fuera la última vez que pudiera hacerlo. Tiro la
toalla hacia mi asiento y juraría que sus ojos casi se salen de sus órbitas al
mirar hacia mis pechos, ligeramente transparentados, pero cubiertos por la
tela. Me invade algo dentro que sube por mi estómago hacia mi garganta. Algo
caliente. Beso más sus labios. La temperatura sube. Sus manos empiezan a trepar
por mi espalda, yo juego con el dobladillo de su camiseta mientras se encarga
de besar mi cuello. Baja hacia mi clavícula y planta besos salvajes. Nos vamos
a devorar mutuamente. Me muevo más sobre él, sintiendo la erección de sus
pantalones contra mi muslo. Joder, está muy duro. Pero esto no puede parar. Lo
empujo hacia atrás mientras giro una palanca para tirar el respaldo hacia
abajo. Justin me mira sorprendido, como si no fuera posible que nos estuviera
consumiendo este deseo.
-Bicho…
-¿Qué?
-Te estás volviendo una chica muy…
-¿Traviesa?
-Juguetona, diría yo.
Se lanza a mi boca y yo le freno, no se lo permito
porque antes de eso me encargo de quitarle la camiseta. Dios, trago saliva
admirando su dorso ligeramente mojado y marcado. Y sin pensármelo dos veces, comienzo
a besar su desnuda piel, empezando por sus abdominales. Aplico varios besos,
subiendo hasta sus pectorales, y después a su cuello, donde empiezo a devorarlo
a mordiscos.
-Ya te he regalado unas pequeñas marcas, que lo
sepas. –digo entre suspiros. Mi respiración está descontrolada.
-Regalas muy bien. –es lo único que contesta.
-¿Sólo muy bien?
-Genial. Regalas genial.
Después de varios besos subidos de tono,
también sube nuestra temperatura corporal. Creo que las ventanillas del coche
se están empezando a empañar. Y no me importa. Tampoco me importa estar en un
garaje y en el interior del coche de la mejor amiga de mi novio. Suena cutre, pero a mí
nunca me ha interesado cómo puedan parecer las cosas.
Desliza sus fuertes manos por mis piernas
desnudas y desequilibradas. Jamás he sentido tantos escalofríos a la vez. Como dicen, los mejores escalofríos no los produce el frío. En mi caso los produce la piel del mismísimo Justin Bieber. Voy a
estallar por dentro y me voy a convertir en mil pedazos. Entonces sus manos
tropiezan con mi vestido, aunque es casi invisible. Y le miro.
-Quítamelo. –le suplico. –Quítame el vestido.
-Nena…
-Quítamelo, por favor.
-Sabes que si fuera por mí ya estarías desnuda.
-¿Entonces? Quítame el vestido. –susurro cerca
de su boca por cuarta vez. Puedo escuchar su entrecortada respiración. –Vamos,
no pasa nada.
-No sé si podré controlarme, joder.
-O me lo quitas tú o me lo quito yo.
Parece que esta vez se lo toma enserio y
rápidamente me encuentro en bragas y sujetador delante de él. Afortunadamente,
van a conjunto.
-Joder, nena. Por qué me haces esto…
Sus manos se pegan a la piel de mi espalda
enseguida, subiendo y bajando, mientras besos peligrosos juegan en nuestras
bocas. Besos rápidos, como nuestras respiraciones. Besos que se pierden entre
suspiros y susurros.
-Tengo muchas ganas de probarte, nena. Muchas.
–dice mientras sus dedos tropiezan con una tira de mi sujetador.
-¿Te asusta que no lo haya hecho con nadie,
verdad? –pregunto deslizando mis dedos por su pecho, sintiendo el calor que
desprende su piel. Él me mira elevando una ceja, parece divertido.
-No, no me asusta.
-¿Y por qué no lo haces?
-Porque no quiero precipitarme contigo.
-A ti te gusta la velocidad, Justin.
-Pero tú me has enseñado a que no es tan malo
aflojar. –besa mi barbilla y después se detiene en mis labios. –Eres preciosa,
¿lo sabías? Eres preciosa por dentro, como una joya. Mi joya. Y las joyas se
cuidan bien y merecen ser llevadas con elegancia en ocasiones especiales. –su
nariz y mi nariz se rozan. –Yo te voy a llevar al paraíso un día y ya verás
como vas a querer repetir el viaje. Entonces te haré el amor todas las veces que
quieras.
Un nudo se forma en mi estómago y mi pecho se
mueve rápido como mi congelada respiración.
-Yo iba rápido con las demás, hasta que te encontré. Porque yo tengo
mis metas y tengo mis miedos, pero sobretodo sigo en el puto proyecto de
hacerte feliz.
-Eso suena bastante bien.
Entonces beso sus labios. Y trato de explicarle
a mi manera todo lo que siento. Creo que lo he hecho bien porque sonríe al
instante. Suspiro pesadamente, absorbiendo un poco de
control, mentalizándome de ello. Así que inmediatamente cojo mi vestido y me lo
coloco rápido pero sin quitarme de encima de Justin. Él me mira divertido,
agradeciendo mi gesto, aunque su mente sucia a saber lo que está pensando
mientras tanto. Me sujeta de la cintura hasta que mi vestido cubre mi piel,
todavía cálida. Visualizo su camiseta y me muevo de nuevo para atraparla con
mis manos y colocarla por encima de su cabeza hasta su cuello.
-Tenemos que llegar pronto a casa, vamos.
–trato de decir lo más seria posible.
Él simula una cara triste y me deja arrastrar
su camiseta pasando por sus abdominales. Trato de pasar la vista rápido pero me
detengo sin querer. Trago saliva. De nuevo le miro a los ojos, como si no
hubiera sucedido nada, y le dejo un beso virgen en los labios.
-Por cierto Justin, yo también sigo en mi puto
proyecto. En nosotros.
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