Tu rastro.

domingo, 24 de marzo de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 6.


|Narra Justin|

Tiro la colilla al húmedo suelo de la carretera donde el agua comienza a mojar la grava lentamente. La chafo seguidamente con una de mis supras rojas y me coloco el casco en la cabeza antes de que miles de gotas inunden mi perfecto cabello. Arremango un poco la chaqueta de cuero negra y miro la hora. Se supone que tendría que salir ya, aunque seguro que se ha perdido o se ha quedado encerrada en el cuarto de baño. No me extrañaría. La normalidad no es lo suyo.

Sin querer se me escapa una traviesa risa y al instante me pregunto  qué hago aquí esperándola si todavía llevo la marca de la palma de su mano en mi mejilla. Lo pienso y siento que aún puede dolerme. Maldita sea.

-¡Eh! –noto tras mi espalda su voz. Me giro.–¡Idiota!
-Está lloviendo. Sube. –tiro hacia adelante mi cuerpo dejándole un hueco.
-¿Por qué? Me odias, no me soportas, me llamas bicho raro… pero quieres llevarme a casa. –dice.

''No es que quiera, es que debo hacerlo'' pienso y dudo al mismo tiempo. Y  me quedo observando cómo una gota de agua realiza un recorrido bajando por su labio inferior. Parece sexy. Parece, dije. No. Retiro lo dicho… pero ¿por qué? Sigue siendo un bicho. Es rara.
Caliento el motor.

-O te subes ahora mismo o te quedas aquí. –advierto. Ella elige. Aunque creo que sería incapaz de abandonarla.
-No me has contestado. –dice apoyándose en la parte trasera de la moto.

Se escucha un fuerte trueno y alza la vista contemplando el cielo. Ni un rasgo de preocupación en su rostro.

-_____, que subas. Va a haber tormenta.

La lluvia empieza a caer con más intensidad en una milésima de segundo. Su pelo comienza a empaparse y… quiero dejar mis pensamientos en blanco. Esto no puede ser cierto. Definitivamente, está sexy de esa manera. Creo que necesito un buen polvo, estas cosas no me pasan a mí.

Niega con su cabeza mientras la miro atentamente. Me veo obligado a forzarle para que suba como si fuera una niña pequeña que quiere ser traviesa y desafiar al mundo. La cojo de la muñeca y la tiro hacia mí. Se queja. Ahora la cojo de la otra. Reniega de nuevo. La acerco más y casi chocan nuestras frentes. Se queda quieta. Nunca hemos estado tan cerca.

-¿Me vas a obedecer? –le pregunto en un tono que parece amenazador.
-Sí. –nuestras miradas conectan al instante. Creo que un par de hormigas se han colado por mi barriga y me hacen cosquillas.
-¿Vas a seguir mirándome, bicho? Intimidas un poco. –sonrío con dulzura. Esa que pocas veces muestro.
-Me gustan tus ojos. –se decide a decir sin romper la única distancia que comparten nuestras respiraciones. –Color miel.
-Puedes acercarte un poco más si no los ves bien. –digo.

¿Pero qué hago? Mi corazón bombea fuerte. Sonríe y me quedo contemplándola como un auténtico subnormal enganchado a ella. Sus dientes son blancos y perfectos. No imaginaba que escondiera dentro una cosa así. Sus labios cobran un color más intenso y mis mejillas creo que también. Echa su pelo hacia un lado y trago saliva. Eso sí, casi me atraganto.

El claxon de un coche nos interrumpe y ella sube rápidamente a la moto aferrándose a mi cuerpo. Me abraza por detrás y otra vez esa sensación. ''Justin, debes estar enfermo, con fiebre, ¿verdad?'' me pregunto a mí mismo. Coloca su cabeza justo por la zona de mi clavícula y la observo por el retrovisor de la moto tras limpiarlo con mis manos a pesar de que el agua cada vez cae con más intensidad.

-_____, te tienes que poner el casco.

Se lo presto y me duele el hecho de que tenga que despegar su cabeza de mí.

-Ya. –observo cómo se forman unas arruguitas bajo sus ojos. Eso es que está sonriendo.
-Perfecto.

Arranco fuerte. Cojo esa velocidad que me gusta tanto, vamos, voy a toda ostia. Gordas gotas chocan contra la parte delantera de mi casco como si se trataran de misiles en un país que está en plena guerra. Adrenalina con un toque de libertad. Siempre me hubiera gustado ser un pájaro. Volar. Hacer mi vida. Crear mi camino sin que nadie me diga que es el erróneo.
Se me para un segundo el corazón cuando aprieta mi brazo y me pide que reduzca un poco la velocidad. Lleva razón, voy demasiado rápido y quizás la esté poniendo en peligro. Me cuesta asumirlo pero… le he hecho caso.

No queda nada para llegar. Tomo la dirección adecuada y giro lentamente en la rotonda. Lo mismo de siempre. Odio la rutina. Ahora en casa cenamos y a descansar para que al día siguiente rindamos en las malditas clases. Aunque me alegra saber que mañana es viernes y toca celebrarlo. Pero me invade en la cabeza otra pregunta más. Para, Justin. Deja de pensar en ella. Es sólo un bicho. Lo tuyo son las chicas con faldas cortas y largos escotes. No te conviene. O quizás sí. Quizás es lo que necesitas. Lo que necesitas para tomar el camino correcto. Y todo esto me lo digo a mí mismo.

Un rayo cae allá a lo lejos y expectante levanto un poco mi mirada pero sin dejar de centrarme en la carretera. Mi cabeza me taladra impertinentemente y este tiempo me está poniendo peor aún. Freno bruscamente. Ella impacta contra mí, pero no me doy ni cuenta.

-¿Qué haces? –grita bajando de la moto y quitándose el casco.

Su cabello se empapa completamente. Yo simplemente agacho la cabeza. No aguanto la presión que siento en mi pecho. Escucho de nuevo su voz y una punzada me avisa de algo en mi estómago.

-¡Justin! ¿Qué coño te pasa?

Aprieto fuerte mis puños. Necesito descargar la fuerza contra alguien. No con ella. Con algo. Mientras sigue con sus dudas. Y yo con las mías, que son peores. ¿Por qué? ¿Por qué siento esta impotencia tan dentro de mí? Cierro los ojos. No quiero abrirlos y verla. Es que la veo y algo sucede. Algo.

-Por favor, ¿quieres contestar? Me estás preocupando.

{Por la noche}

Doy las buenas noches a mamá plantándole un beso en la mejilla y me devuelve una sonrisa. Cómo me gusta verla feliz. Me muerdo los labios pensando en la bicho mientras camino hacia el cuarto de baño. Allí se encuentra. Mojada, con el pijama y una toalla azul enrollada en su pelo. Parece que le incomode mi presencia.

-Hola. –me detengo a decir.

Hace una mueca elevando las cejas, pero no dice nada. Sigue con lo suyo. Coloca un poco de pasta en su cepillo de dientes para a continuación introducirlo en su boca realizando  diversos movimientos. Me sorprende el hecho de que no se sienta incómoda mientras yo la observo apoyando mi brazo derecho en la pared. Quizás eso la hace diferente. Especial. Todas las chicas con mi presencia y bajo mi mirada se ponen tan nerviosas que no se comportan como son realmente. Pero aquí la tengo. Delante. Y ni siquiera se percata de si la estoy mirando. ¿Soy un maldito fantasma para ella? Mi consciencia me dice un ''Justin, te está comenzando a gustar'', cosa que yo niego por completo. Pero una parte de mí sabe que es la verdad.

Escupe contra la pila. Se hace un charco de agua con sus manos y bebe para después volver a escupir. Se acerca a mí y me produce el mismo efecto que yo mismo produzco en las demás chicas. Me estoy poniendo nervioso. Socorro.

-Buenas noches. –dice dándome un toque en la mejilla. En la que precisamente está marcada por ella.
-¿Ya te vas? –pregunto a medida que se aleja y casi cierra la puerta en mi cara.
-Sí. Estoy cansada.
-Ponte el despertador, eh. No vaya a suceder otra vez lo de esta mañana.
-Si estás deseando levantarme, Bieber.
-Eso es precisamente lo que te gustaría.
-¿Ver tu cara de buena mañana? ¿Bromeas? –ríe.

La sigo y se gira colocándose en el pelo una goma para hacerse una larga y alta coleta.

-¿Me acosas? No dejas de seguirme. –dice bromeando ahora mismo ella.

 Puedo oler su aliento a menta fresca. Creo que me sonrojo. No quiero que sienta que voy detrás.

-No, bicho. Sigue soñando. –digo sin convencimiento. Creo que lo nota.
-Mmm… últimamente no tengo pesadillas. Lo siento.
-Es fácil, sólo tienes que… -trago saliva. Pienso. Me callo. Agacho la cabeza y me rasco la nuca.
-¿Qué?
-Nada.
-Que lo digas, idiota.

Siento un nudo en la garganta y empiezo a ponerme nervioso a medida que recorta la distancia entre nosotros. Otra vez no, Justin. Aprieto las manos arrugando mis dedos y comienzan a sudar. ¿Qué es lo que me pasa? No, consciencia, no me repitas lo mismo.

Me mira seria y fijamente. Sé lo que eso significa. Es como si de sus ojos desprendiera un fuego que me quema poco a poco. Y también que me derrite. Pestañea unas cuantas veces y no me resisto a tenerla tan cerca y no poderla besar. Nunca pensé que diría esto. No soy yo. ¿Dónde ha quedado Justin Bieber desde que este bicho chafó mi casa? No entiendo nada. No puedo explicar lo que siento cuando pasa por mi lado y mucho menos cuando me llama ‘idiota’. Creo que le estoy mirando con cara de gilipollas. No me reconocería ahora mismo si me mirara al espejo. Así que mi maldita mente me lanza una señal y recurro a huir de ahí.
Como un completo imbécil cobarde me tiro en mi cama sin saber qué hacer. Cojo el móvil. 1 mensaje nuevo.

''Vanessa: Nene, ¿estás vivo? Tenemos que quedar…''

Resoplo y tecleo rápidamente.

''Mañana estoy ocupado. Lo siento. Otro día.''

Y no tengo ni la más mínima idea de por qué he escrito eso si no tengo nada que hacer. Reviso la lista de mis contactos. Entre ellos ____. Yo tengo su número, pero ella el mío no. Ya sé.

-Hola.

Escribo algo tímido.

-Hola, ¿quién eres?
-Eso no importa.
-A mí sí.
-…. ¿Por qué nunca sonríes?
-No me gusta. Además, no tengo motivos tampoco.
-Interesante.
-¿Ya resolví tu duda, anónimo?
-No. Tengo más preguntas.
-¿Me he hecho famosa y acaso no me he dado cuenta? Vale, comienza.
-¿Qué es lo que más te gusta de ti?
-Nada.
-¿Playa o montaña?
-Playa y montaña.
-¿Alguna afición?
-Fotografía  y escritura.
-¿Escribes?
-Sí, todos los días.
-¿Y qué escribes?
-Lo que pasa por mi cabeza.
-Ah. ¿No te gusta la música?
-Me encanta.
-¿Cómo te gustan los chicos?
-No sé.
-¿Cuántos novios has tenido?
-No te interesa.
-Sí. Sí me interesa, sino no te estaría preguntando.
-Yo también te he hecho una pregunta. ¿Quién eres?

No respondo. Escondo el móvil bajo mi almohada y estiro mis brazos mientras se escapa de mi boca un bostezo bastante largo. Me paro a pensar. A pensar en ella. Y no tengo ni puta idea, pero me pregunto qué estará pensando en este momento. Rasco mi barbilla un instante como si me ayudara a idear un plan para que estos malditos pensamientos huyan de mi cabeza.

Suena. Suena mi móvil. Una llamada y no me da tiempo a colgar cuando alguien enciende la luz de mi habitación. Me giro sorprendido y la veo apoyada en el marco de la puerta. Un yo que sé me recorre toda la médula espinal. Tiene su móvil en la mano derecha y lo mueve de una forma bastante interesante. Ya sé qué hace aquí.

-No sabía que te importara tanto mi vida, Bieber. -dice bajito.

Algo en su tono de voz consigue ponerme a mil por hora y comienza a despertar sensaciones extrañas en mí. Extrañas como ella. O más.
No sé qué decir en este momento. Tierra, trágame y me harías un favor inmenso.

-Me aburro y necesitaba gastar una broma. –miento.
-Ya. Claro. –dice aguantándose la risa.
-Bueno, ahora ya tienes mi número.
-No creo que lo necesite. –noto cierta ironía en su frase.
-¿Sabes qué? Eres la primera chica que se cuela en mi habitación. –río poniéndome en pie y después me rasco la nuca de nuevo.
-La única que lleva ropa puesta, dirás. –moja sus labios.
-La única bicho. –doy un paso hacia delante.
-La que se negaría a pasar una noche contigo. –da un paso ella.
-La que no sabe lo que se pierde. –otro paso acompañado de un guiño de ojos.
-La que nunca lo sabrá. –uno más. Nos encontramos cerca.
-Nunca digas nunca, nena. –susurro.

Otra vez esas malditas ganas de estampar mi boca contra la suya.

|Narra ____|

Parecemos dos gilipollas callados uno frente al otro e intentando leernos mutuamente los pensamientos que recorren por nuestras mentes. Como si tuviéramos delante una placa de hielo y quisiéramos romperla pero a la vez nos inunda ese miedo a saber si hay algo malo detrás.

Me fijo por decimoctava vez en sus carnosos labios y mi estómago hace un ruido extraño. Se me secan los ojos, se me traba la lengua y se me entrecorta la voz. Creo que nunca he tenido unas sensaciones así. Me estaré poniendo mala, pero ahora tan sólo me detengo a centrar mi mirada en la suya. Atravieso su pupila que se vuelve un poco más grande.

-¿Qué está pasando? –pregunta él sin apartar la mirada.
-No lo sé. –digo mordiendo mi labio inferior despacio. -¿Tú lo sabes?
-No lo quiero saber. –responde seco.

Me quedo clavada al suelo como si tuviera complejo de ser una roca inmensa que no se mueve ni un milímetro. Estoy como… petrificada. Se acerca a mí sin dejar de conectar sus ojos con los míos y escucho su agitada respiración como si mi oreja estuviera situada encima de su pecho. Junta sus manos justo por encima de mi trasero y esconde su cabeza en mi pelo mientras apoya su barbilla en mi hombro. Cierro los ojos. Los abro. Sigue ahí. Y me doy cuenta de que estoy temblando. De que la electricidad se ha apoderado de mi cuerpo y no encuentra una salida. Todas las fuerzas se concentran en mi interior y yo tan sólo lanzo un suspiro. Un suspiro fuerte. No doy crédito a nada. Otra vez me repito ''¿qué me está pasando?''. Ahora mismo soy una mezcla de confusiones. No sé. Lo tengo tan cerca… y quiero besarlo. 

Parpadeo unas diez veces seguidas sin darme cuenta y a continuación acaricio su coronilla suavemente. Estamos disfrutando el uno del otro con nuestras bocas alejadas. Es raro. Y mira que odio esa palabra, pero es que no encuentro otra para definir esta situación. No sé cómo me las apañaré para escribir luego todo esto en mi diario.
Atrapa con su mano mi mano y un terremoto se avecina en mi barriga. Ahora me acaricia él un poco y lentamente aparta la cabeza de su refugio.

-De momento confórmate con esto. –susurra contra mi oído mientras percibo su aroma a bebé. Muy dulce.

Entonces deposita un beso en mi mejilla que me hace cerrar los ojos para sentirlo con más intensidad. Mis párpados se contraen y capturo su sonrisa más lejos. No asimilo nada y camino despacio hacia mi habitación.
Cierro la puerta y estampo mi espalda contra ella bajando poco a poco hasta que acabo sentada con las rodillas a la altura de mi nariz. Y es ahí cuando comienzo a pensarte.



RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.