|Narra Justin|
Tiro la colilla al húmedo suelo de la carretera donde el
agua comienza a mojar la grava lentamente. La chafo seguidamente con una de mis
supras rojas y me coloco el casco en la cabeza antes de que miles de gotas inunden
mi perfecto cabello. Arremango un poco la chaqueta de cuero negra y miro la
hora. Se supone que tendría que salir ya, aunque seguro que se ha perdido o se
ha quedado encerrada en el cuarto de baño. No me extrañaría. La normalidad no
es lo suyo.
Sin querer se me escapa una traviesa risa y al instante me
pregunto qué hago aquí esperándola si
todavía llevo la marca de la palma de su mano en mi mejilla. Lo pienso y siento
que aún puede dolerme. Maldita sea.
-¡Eh! –noto tras mi espalda su voz. Me giro.–¡Idiota!
-Está lloviendo. Sube. –tiro hacia adelante mi cuerpo
dejándole un hueco.
-¿Por qué? Me odias, no me soportas, me llamas bicho raro…
pero quieres llevarme a casa. –dice.
''No es que quiera, es que debo hacerlo'' pienso y dudo al
mismo tiempo. Y me quedo observando cómo
una gota de agua realiza un recorrido bajando por su labio inferior. Parece
sexy. Parece, dije. No. Retiro lo dicho… pero ¿por qué? Sigue siendo un bicho.
Es rara.
Caliento el motor.
-O te subes ahora mismo o te quedas aquí. –advierto. Ella
elige. Aunque creo que sería incapaz de abandonarla.
-No me has contestado. –dice apoyándose en la parte trasera
de la moto.
Se escucha un fuerte trueno y alza la vista contemplando el
cielo. Ni un rasgo de preocupación en su rostro.
-_____, que subas. Va a haber tormenta.
La lluvia empieza a caer con más intensidad en una milésima
de segundo. Su pelo comienza a empaparse y… quiero dejar mis pensamientos en
blanco. Esto no puede ser cierto. Definitivamente, está sexy de esa manera. Creo
que necesito un buen polvo, estas cosas no me pasan a mí.
Niega con su cabeza mientras la miro atentamente. Me veo obligado
a forzarle para que suba como si fuera una niña pequeña que quiere ser traviesa
y desafiar al mundo. La cojo de la muñeca y la tiro hacia mí. Se queja. Ahora
la cojo de la otra. Reniega de nuevo. La acerco más y casi chocan nuestras
frentes. Se queda quieta. Nunca hemos estado tan cerca.
-¿Me vas a obedecer? –le pregunto en un tono que parece amenazador.
-Sí. –nuestras miradas conectan al instante. Creo que un par
de hormigas se han colado por mi barriga y me hacen cosquillas.
-¿Vas a seguir mirándome, bicho? Intimidas un poco. –sonrío
con dulzura. Esa que pocas veces muestro.
-Me gustan tus ojos. –se decide a decir sin romper la única
distancia que comparten nuestras respiraciones. –Color miel.
-Puedes acercarte un poco más si no los ves bien. –digo.
¿Pero qué hago? Mi corazón bombea fuerte. Sonríe y me quedo
contemplándola como un auténtico subnormal enganchado a ella. Sus dientes son
blancos y perfectos. No imaginaba que escondiera dentro una cosa así. Sus
labios cobran un color más intenso y mis mejillas creo que también. Echa su
pelo hacia un lado y trago saliva. Eso sí, casi me atraganto.
El claxon de un coche nos interrumpe y ella sube rápidamente
a la moto aferrándose a mi cuerpo. Me abraza por detrás y otra vez esa
sensación. ''Justin, debes estar enfermo, con fiebre, ¿verdad?'' me pregunto a mí
mismo. Coloca su cabeza justo por la zona de mi clavícula y la observo por el
retrovisor de la moto tras limpiarlo con mis manos a pesar de que el agua cada
vez cae con más intensidad.
-_____, te tienes que poner el casco.
Se lo presto y me duele el hecho de que tenga que despegar
su cabeza de mí.
-Ya. –observo cómo se forman unas arruguitas bajo sus ojos.
Eso es que está sonriendo.
-Perfecto.
Arranco fuerte. Cojo esa velocidad que me gusta tanto,
vamos, voy a toda ostia. Gordas gotas chocan contra la parte delantera de mi
casco como si se trataran de misiles en un país que está en plena guerra. Adrenalina
con un toque de libertad. Siempre me hubiera gustado ser un pájaro. Volar. Hacer
mi vida. Crear mi camino sin que nadie me diga que es el erróneo.
Se me para un segundo el corazón cuando aprieta mi brazo y
me pide que reduzca un poco la velocidad. Lleva razón, voy demasiado rápido y
quizás la esté poniendo en peligro. Me cuesta asumirlo pero… le he hecho caso.
No queda nada para llegar. Tomo la dirección adecuada y giro
lentamente en la rotonda. Lo mismo de siempre. Odio la rutina. Ahora en casa
cenamos y a descansar para que al día siguiente rindamos en las malditas
clases. Aunque me alegra saber que mañana es viernes y toca celebrarlo. Pero me
invade en la cabeza otra pregunta más. Para, Justin. Deja de pensar en ella. Es
sólo un bicho. Lo tuyo son las chicas con faldas cortas y largos escotes. No te
conviene. O quizás sí. Quizás es lo que necesitas. Lo que necesitas para tomar
el camino correcto. Y todo esto me lo digo a mí mismo.
Un rayo cae allá a lo lejos y expectante levanto un poco mi
mirada pero sin dejar de centrarme en la carretera. Mi cabeza me taladra impertinentemente
y este tiempo me está poniendo peor aún. Freno bruscamente. Ella impacta contra
mí, pero no me doy ni cuenta.
-¿Qué haces? –grita bajando de la moto y quitándose el
casco.
Su cabello se empapa completamente. Yo simplemente agacho la
cabeza. No aguanto la presión que siento en mi pecho. Escucho de nuevo su voz y
una punzada me avisa de algo en mi estómago.
-¡Justin! ¿Qué coño te pasa?
Aprieto fuerte mis puños. Necesito descargar la fuerza
contra alguien. No con ella. Con algo. Mientras sigue con sus dudas. Y yo con
las mías, que son peores. ¿Por qué? ¿Por qué siento esta impotencia tan dentro
de mí? Cierro los ojos. No quiero abrirlos y verla. Es que la veo y algo
sucede. Algo.
-Por favor, ¿quieres contestar? Me estás preocupando.
{Por la noche}
Doy las buenas noches a mamá plantándole un beso en la
mejilla y me devuelve una sonrisa. Cómo me gusta verla feliz. Me muerdo los
labios pensando en la bicho mientras camino hacia el cuarto de baño. Allí se
encuentra. Mojada, con el pijama y una toalla azul enrollada en su pelo. Parece
que le incomode mi presencia.
-Hola. –me detengo a decir.
Hace una mueca elevando las cejas, pero no dice nada. Sigue
con lo suyo. Coloca un poco de pasta en su cepillo de dientes para a
continuación introducirlo en su boca realizando
diversos movimientos. Me sorprende el hecho de que no se sienta incómoda
mientras yo la observo apoyando mi brazo derecho en la pared. Quizás eso la hace
diferente. Especial. Todas las chicas con mi presencia y bajo mi mirada se
ponen tan nerviosas que no se comportan como son realmente. Pero aquí la tengo.
Delante. Y ni siquiera se percata de si la estoy mirando. ¿Soy un maldito
fantasma para ella? Mi consciencia me dice un ''Justin, te está comenzando a
gustar'', cosa que yo niego por completo. Pero una parte de mí sabe que es la
verdad.
Escupe contra la pila. Se hace un charco de agua con sus
manos y bebe para después volver a escupir. Se acerca a mí y me produce el
mismo efecto que yo mismo produzco en las demás chicas. Me estoy poniendo
nervioso. Socorro.
-Buenas noches. –dice dándome un toque en la mejilla. En la
que precisamente está marcada por ella.
-¿Ya te vas? –pregunto a medida que se aleja y casi cierra
la puerta en mi cara.
-Sí. Estoy cansada.
-Ponte el despertador, eh. No vaya a suceder otra vez lo de
esta mañana.
-Si estás deseando levantarme, Bieber.
-Eso es precisamente lo que te gustaría.
-¿Ver tu cara de buena mañana? ¿Bromeas? –ríe.
La sigo y se gira colocándose en el pelo una goma para
hacerse una larga y alta coleta.
-¿Me acosas? No dejas de seguirme. –dice bromeando ahora
mismo ella.
Puedo oler su aliento
a menta fresca. Creo que me sonrojo. No quiero que sienta que voy detrás.
-No, bicho. Sigue soñando. –digo sin convencimiento. Creo
que lo nota.
-Mmm… últimamente no tengo pesadillas. Lo siento.
-Es fácil, sólo tienes que… -trago saliva. Pienso. Me callo.
Agacho la cabeza y me rasco la nuca.
-¿Qué?
-Nada.
-Que lo digas, idiota.
Siento un nudo en la garganta y empiezo a ponerme nervioso a
medida que recorta la distancia entre nosotros. Otra vez no, Justin. Aprieto
las manos arrugando mis dedos y comienzan a sudar. ¿Qué es lo que me pasa? No,
consciencia, no me repitas lo mismo.
Me mira seria y fijamente. Sé lo que eso significa. Es como
si de sus ojos desprendiera un fuego que me quema poco a poco. Y también que me
derrite. Pestañea unas cuantas veces y no me resisto a tenerla tan cerca y no
poderla besar. Nunca pensé que diría esto. No soy yo. ¿Dónde ha quedado Justin
Bieber desde que este bicho chafó mi casa? No entiendo nada. No puedo explicar
lo que siento cuando pasa por mi lado y mucho menos cuando me llama ‘idiota’. Creo
que le estoy mirando con cara de gilipollas. No me reconocería ahora mismo si
me mirara al espejo. Así que mi maldita mente me lanza una señal y recurro a
huir de ahí.
Como un completo imbécil cobarde me tiro en mi cama sin
saber qué hacer. Cojo el móvil. 1 mensaje nuevo.
''Vanessa: Nene, ¿estás vivo? Tenemos que quedar…''
Resoplo y tecleo rápidamente.
''Mañana estoy ocupado. Lo siento. Otro día.''
Y no tengo ni la más mínima idea de por qué he escrito eso
si no tengo nada que hacer. Reviso la lista de mis contactos. Entre ellos ____.
Yo tengo su número, pero ella el mío no. Ya sé.
-Hola.
Escribo algo tímido.
-Hola, ¿quién eres?
-Eso no importa.
-A mí sí.
-…. ¿Por qué nunca sonríes?
-No me gusta. Además, no tengo motivos tampoco.
-Interesante.
-¿Ya resolví tu duda, anónimo?
-No. Tengo más preguntas.
-¿Me he hecho famosa y acaso no me he dado cuenta? Vale,
comienza.
-¿Qué es lo que más te gusta de ti?
-Nada.
-¿Playa o montaña?
-Playa y montaña.
-¿Alguna afición?
-Fotografía y
escritura.
-¿Escribes?
-Sí, todos los días.
-¿Y qué escribes?
-Lo que pasa por mi cabeza.
-Ah. ¿No te gusta la música?
-Me encanta.
-¿Cómo te gustan los chicos?
-No sé.
-¿Cuántos novios has tenido?
-No te interesa.
-Sí. Sí me interesa, sino no te estaría preguntando.
-Yo también te he hecho una pregunta. ¿Quién eres?
No respondo. Escondo el móvil bajo mi almohada y estiro mis
brazos mientras se escapa de mi boca un bostezo bastante largo. Me paro a
pensar. A pensar en ella. Y no tengo ni puta idea, pero me pregunto qué estará
pensando en este momento. Rasco mi barbilla un instante como si me ayudara a
idear un plan para que estos malditos pensamientos huyan de mi cabeza.
Suena. Suena mi móvil. Una llamada y no me da tiempo a
colgar cuando alguien enciende la luz de mi habitación. Me giro sorprendido y la
veo apoyada en el marco de la puerta. Un yo que sé me recorre toda la médula
espinal. Tiene su móvil en la mano derecha y lo mueve de una forma bastante
interesante. Ya sé qué hace aquí.
-No sabía que te importara tanto mi vida, Bieber. -dice
bajito.
Algo en su tono de voz consigue ponerme a mil por hora y
comienza a despertar sensaciones extrañas en mí. Extrañas como ella. O más.
No sé qué decir en este momento. Tierra, trágame y me harías
un favor inmenso.
-Me aburro y necesitaba gastar una broma. –miento.
-Ya. Claro. –dice aguantándose la risa.
-Bueno, ahora ya tienes mi número.
-No creo que lo necesite. –noto cierta ironía en su frase.
-¿Sabes qué? Eres la primera chica que se cuela en mi
habitación. –río poniéndome en pie y después me rasco la nuca de nuevo.
-La única que lleva ropa puesta, dirás. –moja sus labios.
-La única bicho. –doy un paso hacia delante.
-La que se negaría a pasar una noche contigo. –da un paso
ella.
-La que no sabe lo que se pierde. –otro paso acompañado de
un guiño de ojos.
-La que nunca lo sabrá. –uno más. Nos encontramos cerca.
-Nunca digas nunca, nena. –susurro.
Otra vez esas malditas ganas de estampar mi boca contra la
suya.
|Narra ____|
Parecemos dos gilipollas callados uno frente al otro e
intentando leernos mutuamente los pensamientos que recorren por nuestras
mentes. Como si tuviéramos delante una placa de hielo y quisiéramos romperla
pero a la vez nos inunda ese miedo a saber si hay algo malo detrás.
Me fijo por decimoctava vez en sus carnosos labios y mi
estómago hace un ruido extraño. Se me secan los ojos, se me traba la lengua y
se me entrecorta la voz. Creo que nunca he tenido unas sensaciones así. Me
estaré poniendo mala, pero ahora tan sólo me detengo a centrar mi mirada en la
suya. Atravieso su pupila que se vuelve un poco más grande.
-¿Qué está pasando? –pregunta él sin apartar la mirada.
-No lo sé. –digo mordiendo mi labio inferior despacio. -¿Tú
lo sabes?
-No lo quiero saber. –responde seco.
Me quedo clavada al suelo como si tuviera complejo de ser
una roca inmensa que no se mueve ni un milímetro. Estoy como… petrificada. Se
acerca a mí sin dejar de conectar sus ojos con los míos y escucho su agitada
respiración como si mi oreja estuviera situada encima de su pecho. Junta sus
manos justo por encima de mi trasero y esconde su cabeza en mi pelo mientras
apoya su barbilla en mi hombro. Cierro los ojos. Los abro. Sigue ahí. Y me doy
cuenta de que estoy temblando. De que la electricidad se ha apoderado de mi
cuerpo y no encuentra una salida. Todas las fuerzas se concentran en mi
interior y yo tan sólo lanzo un suspiro. Un suspiro fuerte. No doy crédito a
nada. Otra vez me repito ''¿qué me está pasando?''. Ahora mismo soy una mezcla de
confusiones. No sé. Lo tengo tan cerca… y quiero besarlo.
Parpadeo unas diez veces seguidas sin darme cuenta y a
continuación acaricio su coronilla suavemente. Estamos disfrutando el uno del
otro con nuestras bocas alejadas. Es raro. Y mira que odio esa palabra, pero es
que no encuentro otra para definir esta situación. No sé cómo me las apañaré
para escribir luego todo esto en mi diario.
Atrapa con su mano mi mano y un terremoto se avecina en mi
barriga. Ahora me acaricia él un poco y lentamente aparta la cabeza de su
refugio.
-De momento confórmate con esto. –susurra contra mi oído
mientras percibo su aroma a bebé. Muy dulce.
Entonces deposita un beso en mi mejilla que me hace cerrar
los ojos para sentirlo con más intensidad. Mis párpados se contraen y capturo
su sonrisa más lejos. No asimilo nada y camino despacio hacia mi habitación.
Cierro la puerta y estampo mi espalda contra ella bajando
poco a poco hasta que acabo sentada con las rodillas a la altura de mi nariz. Y
es ahí cuando comienzo a pensarte.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.